Uno de los principales aciertos de Poesía en la ciudad, asociación cultural dirigida por la administradora de turismo, gestora cultural y escritora Úrsula Alvarado, es sin duda, la difusión y el impulso de la poesía peruana en espacios patrimoniales de Lima y Callao fomentando así la interacción con el espacio público. “Hacer de la poesía una aliada que nos ayude a reformular nuestra manera de ser y estar en una ciudad que si bien, está lejos de ser la más inclusiva y accesible, cuenta con un enorme potencial que podemos usar para dialogar y reflexionar sobre nuestra manera de interactuar con el espacio que habitamos”, nos explica la poeta, quien asevera, “he vivido amando el arte y la arquitectura de mi ciudad sin ignorar sus debilidades y carencias”. Fotos: Patrick Valdez
Justamente, para que nos cuente sobre este importante proyecto, Lima en Escena charló con Úrsula Alvarado.

-Úrsula, en esta ocasión charlaremos sobre tu labor como gestora cultural al frente de Poesía en la ciudad, una asociación sin fines de lucro que promueve la literatura peruana, desde varios ángulos. En retrospectiva. ¿Qué ha implicado trabajar estos años al frente de Poesía en la ciudad?
-Hola, Rosana, inicio agradeciéndote por esta oportunidad de conversar sobre Poesía en la ciudad, que es un proyecto al cual dedico gran parte de mis energías y que dirijo de manera independiente desde el 2018. Bueno, trabajar estos años en el proyecto ha implicado principalmente un aprendizaje continuo. Cuando nació Poesía en la ciudad la premisa era sencilla, visibilizar espacios patrimoniales de la ciudad por medio de la poesía, sin embargo, luego llegó la pandemia y con ella el aislamiento social, la ciudad deshabitada y esa necesidad que luego comenzamos a sentir por el espacio público (con todo lo que ello significaba). Después de esto, tuve la sensación de que el enfoque inicial del proyecto podría carecer de sustancia. En aquel tiempo, además, llevé un diplomado en gestión cultural que amé y mi mirada fue cambiando, me enamoré del derecho a la ciudad, los derechos culturales y lo tuve un poquito más claro. Ya no me apetecía tan solo organizar un recital sino más bien hacer de la poesía una aliada que nos ayude a reformular nuestra manera de ser y estar en una ciudad que si bien, está lejos de ser la más inclusiva y accesible, cuenta con un enorme potencial que podemos usar para dialogar y reflexionar sobre nuestra manera de interactuar con el espacio que habitamos. Entonces, armar los recitales, diseñar los recorridos literarios y crear el contenido para las redes y la web del proyecto implica un trabajo no muy sencillo, pero estoy siempre aprendiendo y esto es algo que realmente agradezco.
– Una de las tareas principales es la difusión de la poesía peruana y sus autores y autoras de generaciones diversas en espacios patrimoniales. Cuéntanos sobre la participación de las personas en esta propuesta de unir poesía y espacio público…
-La respuesta ha sido positiva. A pesar de que la poesía no es una de las manifestaciones artísticas más arraigadas o de lectura masiva, siempre hay personas interesadas en escuchar poesía. El factor sorpresa también hace su trabajo, hacer un recital en un espacio por el que siempre has transitado, pero al que nunca has accedido, como el Pabellón Presidencial del Parque de la Exposición, por ejemplo, tiene su cuota de magia. Algunos llegan por la poesía y otros, por la propuesta; no solo sucede con los recitales sino también con las diversas rutas literarias que realizo, porque finalmente el objetivo es el mismo: reconocernos, reconectar con espacios, plazas y calles, que son nuestras, que guardan una memoria y que nos llega desde la poesía.

– Desde tu experiencia como gestora cultural. ¿Por qué es vital trabajar en espacios patrimoniales o públicos?
-Creo que es fundamental porque las ciudades son grandes repositorios de memoria. Todo lo que encontramos en la ciudad nos cuenta una historia y esta dista mucho de un cuento de hadas. No ha sido muy fácil para mí trabajar el turismo literario desde mi enfoque de gestora cultural, alejándome un poco de la mirada turística que podría aplicar por mi formación profesional. Trato de mantener un equilibrio. Si bien, he vivido amando el arte y la arquitectura de mi ciudad, no puedo ignorar sus debilidades y carencias. Mi disfrute de la ciudad no me impide criticar la ausencia de baños públicos o de aceras que privilegien el paso del transeúnte antes que el de los autos, por nombrar lo primero que viene a mi mente. Si la ciudad es como una casa, el espacio público es la sala, el lugar de encuentro. Es importante comprobar si todos entramos, si todos disfrutamos por igual de esta ciudad sin rampas. Quienes han realizado conmigo la ruta literaria de Barranco seguramente recordará tanto la gran tradición poética del balneario como la condición insalubre de la Bajada de Baños a pesar de la gran afluencia de visitantes que recorre uno de nuestros distritos más turísticos. Trabajar en el espacio público nos permite ver. No apuesto por una ciudad museo que no podamos tocar, sino por una ciudad que sea como una gran casa, que nos cuente lo bueno, lo malo, lo feo de la historia y que nos acoja a todos por igual.
– Desde tu experiencias, desde tu mirada. ¿Cuál es la importancia del trabajo poesía y espacios patrimoniales?
-La poesía es el género de la libertad y la ciudad es el espacio en donde se debieran respetar nuestros derechos humanos fundamentales. Hacen un dúo perfecto.
Del ciclo de entrevistas Cuerpos heridos & proceso creativo, observamos a las escritoras participantes Victoria Guerrero, Margarita Saona, Susanne Noltenius, Virginia Benavides y Teresa Orbegoso

-Si bien a lo largo de estos últimos años Poesía en la ciudad realizó una serie de eventos vinculados a la poesía: recitales, presentaciones de libros y afines, me pareció significativo la secuencia de entrevistas “Cuerpos heridos y proceso creativo” a cargo de la Julia Wong. ¿Cómo surgió la idea de charlar sobre la enfermedad y la creación literaria?
-A raíz de una experiencia personal conecté mucho con la temática de la enfermedad abordada desde la poesía lo que me llevó a conocer diversas propuestas de escritores sobre el tema. Cuando llegó la pandemia, surgió el deseo de volver a explorar estas lecturas y me animé a presentar en la edición virtual de la ANTIFIL una mesa de diálogo llamada La palabra & el cuerpo en donde conversé con Margarita Saona y Mario Morquencho que habían trabajado poemarios motivados por experiencias clínicas. Algunos meses después, conversaba con Julia Wong sobre este diálogo y otros libros que se podrían incluir en esa temática y entonces surgió la idea de Cuerpos heridos & proceso creativo, un ciclo que finalmente realizamos con la participación de Victoria Guerrero, Margarita Saona, Susanne Noltenius, Virginia Benavides y un recital de clausura con la participación de Teresa Orbegoso. Tengo un muy bonito recuerdo de este ciclo, no solo por las reflexiones compartidas sino también porque fue el primer proyecto que trabajé con Julia, de quién aprendí muchísimo. Una de las grandes interrogantes del ciclo fue acerca de la capacidad terapéutica o reparadora de la escritura. Y yo creo que, si bien no podemos decir que la escritura nos sana, nos permite contar, gritar, canalizar el dolor y eso es un gran alivio.
Poeta Julia Wong, coorganizadora del Ciclo «Cuerpos heridos & proceso creativo»

-Finalmente, el sector cultura atraviesa por una de sus peores crisis ocasionadas por el gobierno de turno cuya campaña de censura imposibilita una mejor producción cultural en el tema libro, cine, entre otros. ¿Qué hacer para evitar que nos amordacen, nos callen…?
-Ante la censura y la precarización institucional, no podemos más que resistir, pero haciendo un frente común. En nuestro sector cultural, la transversalidad es importante pero hoy necesitamos más que nunca crear redes y gestar acciones conjuntas para hacer frente a las medidas represivas y/o abusivas. Trabajar en conjunto siempre será mucho más contundente, tendrá mayor alcance y será más difícil de callar o invisibilizar, en este sentido el espacio público es fundamental porque hace evidente la lucha y la protesta. Considero que el arte y la palabra son armas poderosas que podemos usar para resistir a estos tiempos de crisis, no coincido con quienes creen en el arte por el arte o que la poesía pueda “mancharse” si habla de ideologías, si leemos el Réquiem de Anna Ajmátova nos damos cuenta que es ahí donde la poesía está más viva que nunca. Hay que seguir creando.
-Hace poco realizaste un recital en el Parque Chino de Miraflores, ¿qué otras actividades se vienen este año en Poesía en la ciudad?
-Hace poco celebramos la tercera edición del recital Fuegos del equinoccio, que es nuestra celebración por el Día Mundial de la Poesía en el Parque Chino de Miraflores que dedicamos a la poeta Julia Wong y ahora me encuentro preparando un taller de lectura y escritura llamado Poéticas chalacas, dirigido a adolescentes del Centro Histórico del Callao. Es un proyecto que resultó beneficiado por los Estímulos económicos del Ministerio de Cultura el año 2024 y es una acción de Poesía en la ciudad para seguir fomentando el ejercicio de los derechos culturales en los jóvenes del Callao.
Sobre Úrsula Alvarado Noblecilla

Administradora de turismo, gestora cultural y escritora. Ha publicado en poesía «Metamorfosis inversa» (2015), «Canto a la hoja que cae» (2021) y «Albas a Orfeo» (2022). Dirige la asociación cultural Poesía en la ciudad, que pretende fomentar el ejercicio de los derechos culturales y el derecho a la ciudad por medio de la poesía mediante eventos diversos como recitales de poesía en espacios no convencionales y recorridos literarios en diversos puntos de la ciudad. En 2021, escribió y produjo el documental «Una ciudad como yo» que explora la relación entre poesía, mujeres y espacio público. En 2023, fue curadora de la instalación poética «Pulsaciones» en Casa Fugaz de Monumental Callao. Actualmente prepara un taller de lectoescritura poética para adolescentes en el Callao y escribe un ensayo sobre patrimonio literario. www.poesiaenlaciudad.org










