Autoras nunca más ignoradas

Con el movimiento Mee too, las movidas contra el acoso y una actitud más abierta de las escritoras de todas las tendencias políticas e ideológicas, la puesta en valor de la obra de autoras y artistas –falta aún el rescate de mujeres compositoras, pintoras y escultoras- es un evento que tenemos que aplaudir literariamente

 

Por: Carmen Ollé

En los últimos tiempos, académicas y feministas han decidido sacar a la luz la obra al parecer “perdida” o silenciada de las escritoras latinoamericanas del siglo XIX y el XX. La primera generación de mujeres ilustradas del XIX es poco conocida en nuestro medio tan inclinado a las modas pasajeras que imponen las libreras transnacionales; mujeres encabezadas por la argentina Juana Manuela Gorriti, por ejemplo –quien impulsó las famosas veladas literarias limeñas, 1860-1870- y por las peruanas Carolina Freire de Jaimes, Mercedes Cabello de Carbonera, Teresa González de Fanning y Clorida Matto de Turner.

Y en el siglo XX la lista también es interesante: Magda Portal, Nelly Fonseca, María Wiesse, Dora Mayer, entre otras. La acción de recuperar voces y figuras en el anonimato por décadas es universal, tenemos como muestra a las pintoras surrealistas de la era Breton, y sin llegar a mencionar a las europeas quedémonos con las mexicanas María Izquierdo o las que hicieron su obra como Remedios Varo, Leonora Carrington, Nahu Ollín

Los libros de las escritoras del siglo XIX han sido reeditados recién en la década del noventa, en 1995 bajo el auspicio de la Universidad de Buenos Aires apareció La cocina ecléctica de Juana M. Gorriti. La pregunta que sale al paso es ¿qué impulsa a las investigadoras a estudiar y promocionar, sobre todo, la obra no aclamada por la crítica especializada? En su libro El abanico y la cigarrera, la profesora Francesca Denegri hurga en el corpus excitante –a veces contradictorio- que constituye la obra de estas autoras para explicar el éxito que tuvieron las del siglo XIX entre sus coetáneos. Teniendo como punto de partida la teoría psicoanalítica lacaniana, analiza el universo narrativo plagado de sueños, pasiones, intuiciones y locura a través de personajes que estaban siendo marginados de las historias oficiales.

Más difícil aún es explicar el anonimato en el que se impuso la figura de Magda Portal, nacida con el siglo XX, aunque es fácil sacar conclusiones como el origen político de la animadversión hacia la autora, ya que en su novela La trampa -que según afirman las estudiosas fueron retiradas de las librerías las ediciones de 1957 y 1983 por los mismos personajes aludidos- ahonda en las ambiciones y mezquindad de los políticos que anhelan el poder a toda costa.

Clorinda Matto tuvo una sanción parecida, especialmente por apuntar su batería contra la Iglesia de su tiempo y denunciar la injusticia social. Para escritoras contemporáneas peruanas, como Rocío Silva, Mariella Sala, Bethsabé Huamán o Yolanda Westphalen, La trampa es un libro vigente, actual y necesario, según han declarado las autoras en un especial publicado por el portal Lima en Escena. Es necesario destacar la última reedición de la citada novela por Cocodrilo Editores, que la publicó después de 36 años.

Lo mismo ha sucedido con la activista indigenista y pensadora Dora Mayer cuya obra fue compilada el año pasado con el título El sol que disipa las nubes. Textos esenciales (Fondo Editorial del Congreso 2018), gracias al filósofo de la Universidad de San Marcos Joel Rojas. El autor nos da a conocer los ideales políticos y sociales, su acercamiento y divergencias con el pope de la izquierda peruana José Carlos Mariátegui. Igual que otra escritora poco reconocida, María Wiesse, Mayer tuvo ideas contrarias a las luchas feministas, incluso llegó a cuestionar el voto femenino: “Su postura fue un feminismo maternal cuyo núcleo central era la familia y la mujer por medio del rol maternal permitiría que la familia sea una fuente de regeneración social frente a una sociedad corrupta.”, afirma el académico Joel Rojas en una entrevista.

Probablemente, las feministas ortodoxas no quisieron aceptar las discrepancias en materia del voto y su oposición a alzar la voz en las manifestaciones, pero hoy en día con el movimiento Mee too, las movidas contra el acoso y una actitud más abierta de las escritoras de todas las tendencias políticas e ideológicas, la puesta en valor de la obra de escritoras y artistas –falta aún el rescate de mujeres compositoras, pintoras y escultoras- es un evento que tenemos que aplaudir literariamente aunque también por la inquietud y malestar que provoca incluso en nuestro Congreso la paridad y el enfoque de género.

Prolífica escritora peruana. Marcó un antes y un después en la historia de la literatura local a propósito de la publicación de su primer libro Noches de Adrenalina. Tiene publicado más de 10 libros de narrativa. Actualmente conduce un Taller de Escritura Creativa.