Augusto Higa: “Japón no da dos oportunidades es una historia de fracaso”

Autor destacado de la Generación del 70 y del Grupo Narración. Entre sus obras figuran Que te coma el tigre (1978), La casa de Albaceleste (1987), Final del Porvenir (1992), La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2008), Japón no da dos oportunidades (1994/2019), entre otras

Corría la década de los noventas. Período de crisis social, política y económica que lo obligaron a dejar el lápiz y el papel. Sus labores de editor, periodista y escritor quedaron en el abandono y el olvido tras enrumbar a Japón, país de origen de sus padres, inmigrantes japoneses que se afincaron en el Perú durante el siglo pasado.

Una vez instalado en ese Japón idealizado muchos mitos sobre el país de sus ancestros se vinieron abajo. Allí Augusto Higa Oshiro experimentó las brechas entre dos culturas radicalmente opuestas. Pese a la discriminación y la falta de comunicación en una sociedad absolutamente tradicional y vertical trabajó como obrero en oficios diversos. Fruto de esa experiencia dio vida a Japón no da dos oportunidades, título cuya primera edición se publicó en 1994 y 25 años después es reeditado por la editorial independiente Animal de Invierno.

 

Para Lima en Escena es un honor charlar sobre este brillante rescate literario con el escritor Augusto Higa Oshiro.

-Maestro Higa el libro Japón no da dos oportunidades tiene su origen en la crónica periodística…

-Así es…

-Cuéntenos sobre este título y su vínculo con la crónica periodística.

-Apenas regresé del Japón, en el año 1992/1993, empecé a escribir crónicas periodísticas. Una vez terminadas las dejaba en medios como Perú Shimpo, en la revista Quehacer, entre otros medios escritos. En ese momento el Diario Uno, un diario de la época me contactó para que escribiera algunas de estas crónicas. Estas gustaron. Ganaron lectoría. Repercutieron en un público que las leía y las seguía.

-Es así como empiezan a publicarse día a día.

-Sí. Empecé a escribir más de 10 crónicas las cuales se publicaron en la edición diaria.

– ¿Existe una distancia entre aquellas crónicas y las que dieron vida a su libro Japón no da dos oportunidades?

– ¡Por supuesto! Las crónicas periodísticas que escribí en aquella época abordaban problemáticas concretas. Escribía sobre conflictos laborales, hechos que sucedían en las fábricas de Japón.

– ¿Estas crónicas periodísticas fueron los primeros esbozos de su libro Japón no da dos oportunidades?

-Así es. Fueron los primeros esquemas.

– ¿Cómo empezó esta aventura literaria?

-Todo empezó a propósito del éxito de estás crónicas periodísticas. A partir de esta demanda contacté con un editor de un diario de la colonia nikkei. Para escribir un libro me consiguió un presupuesto mínimo. Este editor deseaba publicar las crónicas que aparecieron en el diario Página Uno y le comenté que podría escribir una mejor historia. Es así como empiezo a darle vida a Japón no da dos oportunidades. Armé la historia con varios capítulos.

-En este libro se centró en narrar aspectos básicamente laborales que daban cuenta de la sobrevivencia de los inmigrantes en un país extraño.

– Sí. La crónica periodística, en este caso literaria, me permitió escribir con más detalles sobre los inmigrantes. Cómo sobreviven en un sistema laboral adverso. Este libro nos permite además ingresar a ese mundo desde una mirada externa.

– Las condiciones en las cuales vivían los trabajadores eran implacables.

-Era un loquerío. Laboralmente no teníamos nada. La mano de obra era tercerizada. Éramos trabajadores sin seguro médico, sin beneficios. Pertenecíamos a las agencias de empleo, pequeñas compañías que nos colocaban en fábricas. Ellos nos pagaban a nosotros y las fábricas a ellos. Conocí a personas que laboraron 20 años y jamás obtuvieron una pensión.

– ¿Cómo sobrevivió?

-A punta de esfuerzo y voluntad. Aquí en la ciudad de Lima nunca ejercí tareas laborales de obrero. Siempre laboré en el campo académico. Trabajé como editor, como periodista, como responsable de revistas de educación. Jamás pisé una fábrica para trabajar como obrero.

– Imagino lo difícil que fue para usted trabajar como obrero…

-Fue difícil pero no imposible. La experiencia más dura fue cuando trabajé en construcción civil. En la construcción de caminos. Fue lo más agotador y hostil.

– ¿De qué manera disipó este momento laboral tan duro?

-A través de la lectura de la Biblia. Llevé una biblia en español y la comencé a leer a profundidad en mis tiempos libres.

– ¿Qué le provocó esta lectura?

– ¡Fascinación! El libro de Job, sobre todo.

-En retrospectiva ¿cómo observa todo lo vivido en Japón?

-Japón es un país difícil. Lo más grave fue la discriminación y la falta de comunicación. Es difícil dominar el idioma japonés. En los dos años que estuve allá nunca pude hacer amistad con los japoneses. Los peruanos nos reuníamos con los brasileños y amigos de otras nacionalidades. En los días de descanso nos encontrábamos en las estaciones de los trenes. Charlábamos, tomábamos café, hacíamos bromas…

– ¿Brindaban?

– ¡Bastante! Brindábamos con Cerveza, Whisky, Café…

– ¿Qué hay más allá de todas estas historias, de todo este testimonio?

– ¡El fracaso! Este libro es una historia de fracaso. Mi adaptación fue lenta y extraviada. Justamente todo esto lo narro en la parte final del libro.

– ¿Pudo escribir en Japón?

– ¡No! ¡Nada! No tomé ningún apunte.

– ¿Qué significó volver al Perú?

– ¡Escribir! Volver a la normalidad.

-Infinitas anécdotas maestro…

-Infinitas. Unas delirantes, otras llenas de mitos. Conocí la historia de una inmigrante boliviana que empezó a convivir con un pakistaní. No sabíamos en que idioma se entendían. Los dos vivían juntos. Así como esta historia hay innumerables. Otras más dramáticas. Tipos que deseaban suicidarse porque no aguantaban el trajín del trabajo, de la vida. Es triste la soledad. Triste, triste…

-Anímicamente, ¿pudo con todo ese proceso?

– ¡No! Me descolocó. Al llegar allá no me encontré con el mundo académico sino con el mundo de los obreros de construcción. Con el proletariado…

-Para terminar maestro. ¿Guarda alguna influencia de la literatura japonesa?

– ¡No! Sin embargo, he leído a algunos autores que me han sorprendido. Akutagawa es uno de ellos. Él tiene un cuento muy bonito en donde al final de la historia el protagonista sale volando al cielo. Esta anécdota lo traduje en mi cuento Corazón sencillo. En este hablo sobre un hombre que trabaja en el Ministerio de Educación que al final de su vida se va volando al cielo.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.