Abrimos este 2026 con una charla con Yana Wayta (Andrea Orduña), autora del libro Wañuq/fallecido (Hipatia Ediciones, 2025), poemario en donde la voz poética se arraiga en las entrañas de los Andes a través de ríos que arrastran duelos, madres cuyos senos guardan leche envenenada por el miedo y cuyes sacrificados como mártires domésticos… Fotos: colección de la autora
Wañuq explora la memoria de un cuerpo doliente que construye un territorio desde la pérdida y la ausencia. Esa sensación latente por la muerte se experimenta de manera constante con imágenes que evocan malos vientos, demonios andinos, la sangre comunal, la enfermedad del miedo, la puna, las quewiñas que constituyen un origen vital.
La poeta cusqueña Yana Wayta (Andrea Orduña) nos acerca a su libro Wañuq en una breve interviú. ¡Disfruten!

– Yana Wayta, si bien el corpus del poemario Wañuq nos adentra por diversos temas, la muerte es el central…
– ¡Así es!
-Me conmovió, pero sobre todo me llamó la atención dado que la autora es jovencita.
-A mí también me sorprendió tener esta conexión tan intensa con la muerte. Esta cercanía surgió desde mi nacimiento. Mi madre murió cuando tenía apenas dos años. Desde pequeña crecí con este luto que no entiendo.
-Esta experiencia se percibe en el poema que da el título al poemario.
-Sí. El poema Wañuy habla sobre este vínculo. Hablo de la muerte de una madre, de una amiga entrañable que fallece como consecuencia de una leucemia severa. Esto último sucedió cuando tenía siete años. Un infante no entiende el significado de la partida física de un ser querido, no entiende la verdadera dimensión de la pérdida, el luto. Estos temas los entendí recién a los siete años cuando justamente murió mi amiga y asistí por vez primera a un velorio, a su velorio. Observé incluso su cuerpo inerte en su pequeño cajón. Ese momento, ese instante fue crucial porque recién con esta experiencia proceso el luto en su real dimensión. El luto de mi madre y de otros familiares cercanos. Cuando la madre muere su ausencia a lo largo del tiempo produce un dolor indescriptible.

-Sin embargo, en el poemario también se sienten atisbos de florecimiento.
– ¡Lógico! A lo largo del poemario y desde lo poético hay también una apuesta por renacer, yo renazco, la poesía me salvó. En los poemas se evidencia este renacer. Mi mirada hacía la muerte, por ejemplo, es algunas veces fatal, otras dramáticas, sin embargo, también encontramos una mirada dulce. Lo dulce es lo más resaltante.
– Se percibe también la presencia de la cosmovisión andina desde lo religioso…
-Crecí con esta sincronía entre lo andino y lo colonial pese a que mi poesía es decolonial y crítica a todo lo que signifiqué poder foráneo, sin embargo, está presente en mi poética porque crecí en medio de la cultura andina y el catolicismo. Alabo a los apus y resignifico a los santos europeos. Mi acercamiento a las figuras religiosas va desde la posibilidad de cuestionarlas o encontrarles nuevos significados. En el poema “Domingo de Ramos”, por ejemplo, intento meterme en el cuerpo de un Jesús herido. Asimismo, tengo un poema inédito “Jesús murió en un genocidio”. Es un texto atrevido. El primer verso empieza así: “Alguna vez me cogí a Jesús”. En este describo cómo Jesús muere en un genocidio, pero en un genocidio actual…
– ¿Qué papel juega tu abuela en tu proceso creativo?
-Mis abuelas son sumamente importante en mi escritura. Mi abuela materna es quechua hablante y fue quien me dio identidad y me acercó a nuestras tradiciones. Mi madre no pudo hacerlo porque falleció joven, cuando yo era apenas una bebé. El tema de mis abuelas es profundamente sensible para mí. Mi abuela paterna padeció de Alzheimer, una forma de pérdida que no siempre es física, pero que también genera duelo. Mi poética, al referirse a mis abuelas y a las mujeres de mi familia, es una poética de lamento y de memoria, porque son mujeres que han sufrido mucho.
Sobre Yana Wayta (Andrea Orduña)

Escritora, artista, gestora cultural y abogada con enfoque en estudios de género, derechos humanos y derecho internacional. Nacida en Cusco, escribe bajo el seudónimo Yana Wayta (en español, ‘flor negra’). Ha sido incluida en la muestra de poetas peruanas/os nacidas/os entre 1990 y 2005 titulada Lo que quiero es que imaginemos un paisaje de acuarelas, en la antología de poesía femenina La tentativa de sentir y en la muestra poética Esa casa existe. Sus textos han sido publicados en diversas revistas y fanzines independientes. Como artista, ha participado y organizado diversas muestras interdisciplinarias y expuesto su obra en el Museo de Arte Contemporáneo del Cusco.
En palabras de la autora: “Yo no soy poeta. Soy la imagen del vacío central del Picol o la helada de cada junio”.










