Victoria Guerrero: “Me interesa explorar las relaciones entre lo humano y lo no humano”

Autora de Corazón de perra, nos acerca a esta su segunda novela en donde la experiencia de la enfermedad se transforma en una indagación radical sobre el poder, el dolor y la resistencia. Fotos: Rosana López Cubas

En nombre de la ciencia, un médico siniestro, una mujer seductora e implacable la convierten en objeto de estudio, la rebautizan con el nombre de Laika y la empujan a un territorio donde el cuerpo deja de pertenecerle por completo. Entre clínicas, quirófanos, celdas y fugas, la narradora intenta sostener lo único que no puede dejarse arrebatar del todo: la memoria de sí misma, su lengua y una precaria pero feroz voluntad de autonomía. Es en síntesis el nudo de Corazón de perra (Literatura Random House, 2026), de Victoria Guerrero Peirano que construye una voz hipnótica que cruza delirio, lucidez y violencia para narrar un cuerpo intervenido, vigilado y aun así indócil. Un relato perturbador y deslumbrante sobre lo que significa perderse y luchar, incluso en ruinas, por volver a pertenecerse. Al respecto, Lima en Escena entrevistó a la autora.

-Victoria, el parentesco, vínculo o hilo conductor entre tus libros de poesía, narrativa, ensayo es implícito. En ellos confluyen lo político, el activismo, la enfermedad, lo mental, pero, sobre todo, el poder desde diversos flancos. Leer “Corazón de perra”, me remitió a tu primera novela, Golpe de dados (novelita sentimental pequeño burguesa), pese a que las temáticas abordadas están más centradas en lo local. ¿Sientes esta conexión?

-Encuentro que hay varias relaciones entre esta novela y “Un golpe de dados”, novelita que publiqué hace ya varios años. El personaje, Nadja, tiene algo de Emily, y ambas están emparentadas con lo poético. El nombre Nadja -nombre de origen ruso, además- lo tomo del título de la novela de André Breton, fundador del surrealismo. Mientras que Emily alude a la poeta Emily Dickinson, ambos son personajes, en cierto sentido, fuera del mundo. Por supuesto, en cuanto al estilo, exploro mucho en cierto onirismo que me abre las puertas al absurdo o a una lógica distinta, sensible más que racional. En la primera hay una crisis mental evidente producto de la violencia política, mientras que en “Corazón de perra” la crisis se presenta, sobre todo, en el cuerpo como espacio altamente vulnerable, pero también manipulable y resistente.

-Tu vínculo con los animales igualmente no es nuevo. En un poemario aludiste a los loros, sus gritos; los gatos, en su momento, formaron parte de tus personajes, tus recreaciones poéticas. Más allá de los experimentos y este sacrificio inhumano a los que se sometió a Laika, ¿la presencia de ella en tu novela responde a tu relación con tu perrito Varela quien llegó a ti durante un proceso de enfermedad?

-Sí, completamente, pero también porque me interesa explorar las relaciones entre lo humano y lo no humano, es decir, la forma en que muchos sujetos, entre ellos las mujeres, lxs indígenas, los grupos queer, lgtb+, en un momento los judíos y ahora los palestinos, por ejemplo, han sido cuestionados históricamente en su humanidad. Siempre ha tenido que venir alguien en nombre de la religión y, posteriormente, de la ciencia, a justificar que somos humanas. Entonces, me interesó más observar la relación entre el proceso de ser cuerpo durante el periodo de enfermedad y lo animal. Tenía a Varela conviviendo conmigo en ese tiempo. Acompañándome a su manera. Era inevitable que pasara largas horas observándolo. Encontrando lo que me unía a él más que cualquier diferencia aprendida. Me sentía muy cercana. Supongo que por eso le puse Varela, también. Era mi forma de honrar la poesía de Blanca a través del uso de su apellido.

-Por temas literarios y académicos has cruzado el charco en diversas oportunidades, incluso, como bien lo expresas en una entrevista, ya habías visitado Rusia, país poseedor de una poderosa tradición literaria, política, y una vasta cultura popular. La corrupción política, las dictaduras, los patriarcados, los experimentos médicos se suman a toda esta parafernalia. En Corazón de perra, lo policíaco juega aquí un rol importante al igual que la enfermedad, entre otros temas. ¿Es tu primera incursión en este género o es simplemente un guiño?

-Yo diría que es simplemente un guiño, no tenía la intención de que fuera un policial, pero, de hecho, está el elemento persecutorio y también paranoide. Mientras más avanza la novela, el sentimiento de encierro es poderoso. Incluso algunos lectores me han comentado que tienen que descansar un poco porque lo sienten en la piel. Y también está el hecho de que cuando la opresión y la violencia se repiten de alguna manera se inscriben en la psique del sujeto. De allí que el personaje de Emily-Laika no pueda celebrar su huida en un primer momento, pues aún siente la mirada de vigilancia. Y la vigilancia es algo a lo que las mujeres y otras comunidades hemos sido sometidas desde que somos pequeñas. El patriarcado impone su vigilancia sobre los cuerpos femeninos o feminizados, para protegerlos de sí, pero también impone su disciplina a través de esa misma violencia, que puede ser psicológica, económica, sexual, incluso asesina. Esa es la esencia de su crueldad.

–Corazón de perra cierra con la recuperación de la libertad del personaje principal. Pisar Alemania en este proceso de liberación no es casual. Háblanos de tu vínculo con este país europeo cuya historia y tradición cultural es vasto y significativo.

-Cuando publiqué el poemario “Berlín” fue el momento en que más expresé mi relación con esa ciudad. Fue como un amor a primera vista, con el tiempo he seguido visitando Berlín y he conocido otras ciudades de ese país. Me atrae su historia, especialmente, el periodo de la Guerra Fría, y la DDR (Alemania oriental), sus restos, la memoria, la música. También, su relación con la URSS. El régimen nazi y el genocidio son una herencia muy fuerte; sin embargo, Alemania del Este pasó por otro proceso y en el camino vemos cómo los grupos neofascistas encuentran a sus mayores adeptos allí. Se dice que Berlín no es Alemania, allí está la música, la fiesta que no para y el arte por todos lados, pero como toda ciudad del siglo XXI ha crecido mucho y siempre puede haber resistencias a lo extranjero. No son indemnes al boom inmobiliario ni a la homogenización que pretenden imponer los nuevos dueños del mundo a través de la tecnología, pero aún existe cierta resistencia y una defensa férrea de la salud y la educación pública. Hace unos días vimos la noticia de que ha ganado la izquierda en Berlín, pero igual se observa el avance de la ultraderecha y la censura pública por el apoyo a Palestina en el resto de Alemania.

-La protagonista de la nouvelle llega a una Rusia que la secuestra, que experimenta con su cuerpo, que la enloquece: sin embargo, logra salir de esta retención y llega a Alemania en donde la recibe una amiga. Más allá de todos estos personajes oscuros que la persiguen, ¿Corazón de Perra es, también, una historia que rescata la amistad…?

-No puedo afirmar que es el centro de la historia, pero sí que hay personajes que actúan de manera positiva sobre Emily-Laika como la psicóloga, la cachorra Marina y, finalmente, Carmen que la acoge en su casa. Es como el regreso a un espacio familiar, de protección, y también el regreso a la lengua materna. No se dice mucho sobre Carmen, pero hablan la misma lengua. Eso es relevante en el contexto de la novela que opera, a ratos, como una babel.

-Las escritoras latinoamericanas contemporáneas rompen con la estructura de sus historias. Ahora, por ejemplo, es más frecuente observar que sus libros dialoguen con espacios, hechos y geografías más globales. No es nuevo, pero sí más frecuente. Lo veo en Corazón de Perra, por ejemplo. ¿Qué tan importante es tejer con otras realidades que no necesariamente se tratan de lo que sucede o se vive en nuestro país?

-La verdad es que Moscú y Berlín actúan como ciudades-metáfora. No tengo que hablar directamente de mi propia ciudad o del país P (que Rocío Silva en su presentación leyó, interesantemente, como el país de las perras), y eso que aparecen siempre mencionados. Estas ciudades (Berlín, Moscú) funcionan como escenarios en que remiten a lo álgido de su historia contemporánea como la historia, a ratos distópica, que narro allí. Esa experiencia necesitaba de un territorio familiar en cierto sentido, pero que a la vez resultaba desconocido, con una lengua distinta, con personajes extraños y extravagantes. Un lugar que pudiera transmitir la vulnerabilidad y la opresión por la que pasa la protagonista. De hecho, me podrías decir que otras ciudades nos son más lejanas, pero creo que lo interesante para mí era que estas ciudades tienen historias que me interesan política, afectiva y literariamente. De hecho, me convocan en este libro las vidas y los escritos de las poetas Anna Ajmatova y Marina Tsvetaieva, además, las novelas Moscú-Petushki, Corazón de perro y la autobiografía de Yevguenia Yaroslávkaia titulada “La insumisa”, entre otros.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. El 2000 fundó el portal digital MIAMI EN ESCENA (Florida, Estados Unidos) en donde radicó 10 años. A su retorno al Perú crea el magazine online LIMA EN ESCENA.