Sergio Velarde: “Todo concurso de dramaturgia es para celebrar”

Crítico de teatro y director del portal Oficio Crítico nos ofrece un paneo de todo lo acontecido en el segmento teatral local

Cada año, las producciones teatrales: clásicas, de autor, creaciones colectivas independientes o comerciales, reformulan su vínculo con el público. Las campañas del 2×1, los lunes populares, o las preventa, motivan a los potenciales asiduos al teatro; sin embargo, no necesariamente estas estrategias garantizan la presencia de público. Pese a ello, el teatro local laboró intensamente y disciplinas como los títeres, la impro, los clowns, el mimo, estrenaron obras significativas. Precisamente para charlar al respecto, Lima en Escena entrevistó a Sergio Velarde, crítico y director del portal Oficio Crítico, de quien destacamos su posición nada oficialista, nada canónica sobre la escena teatral contemporánea.

-Sergio, este 2019 el segmento teatral estuvo productivo. Pudimos apreciar obras independientes de autores locales, internacionales, piezas comerciales de alta demanda, -las de La Plaza, Teatro Pirandello, el Peruano Japonés- ¿Cuál es su balance?

-No podemos negar que la cartelera limeña estuvo bastante variada este año. Como siempre, Oficio Crítico la tiene muy difícil para intentar verlo todo. Llaman la atención, por ejemplo, las temporadas alternativas cada vez más cortas, aprovechando inclusive días de la semana poco convencionales. Uno tiene muy pocas chances para verlas. Es así como llegaron a las salas, puestas muy interesantes de dramaturgia peruana reciente, como La obra que nunca pensamos hacer de Leo Cubas Ruiz; Rebobina’94 de Claudia Ruiz y Alejandra Núñez; Xauxa, una creación colectiva de La Casa de Tespis dirigida por César Golac; Horizonte de evento de Karlos López Rentería o Magia en una Lima de noche de Javier Merino, entre muchas otras. Eso sí, el público es otro asunto, acaso más grave.

En cuanto a las piezas comerciales, se debe resaltar el encomiable esfuerzo de rescatar algunos clásicos universales y presentarlos en escena con versiones libres de personalidad propia. Con muchos aciertos, pudimos disfrutar de Yerma de García Lorca y Hamlet de Shakespeare en el Teatro La Plaza; Hedda de Ibsen en el Británico; o La Celestina de De Rojas en La Pacífico, por citar un par de ejemplos.

-Los musicales ya tienen un espacio ganado en toda esta cartografía teatral local. ¿Cómo observas este nicho?

-El musical demanda una serie de consideraciones muy particulares para su puesta en escena; en ese sentido, por ejemplo, Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa en versión de David Serrano o Todos vuelven, un musical para el Perú presentado por la Asociación Cultura Preludio cumplieron las expectativas, cada una a su estilo. Sin embargo, es necesario aplaudir las propuestas independientes, como La loca del frente, una adaptación de Daniel Fernández sobre el texto original de Pedro Lemebel, con letra y música de Sebastián Abad, una arriesgada producción alternativa de la Asociación Playbill con un horario complicado (solo los miércoles) y que logró excelentes resultados de público y crítica.

-Las piezas infantiles no se quedan atrás. Estrenos en salas independientes y comerciales. Muchos de estos montajes trabajan con dramaturgia propia, local. ¿Qué nos puedes decir al respecto?

-Percibo que el Teatro para la infancia, tan maltratado durante muchos años, está siendo felizmente revalorizado. Las puestas que se han presentado este año han tenido un nivel promedio bastante aceptable, que han entretenido y puesto a los niños oportunamente a reflexionar. Varios colectivos siguen afianzando sus propuestas y consolidando sus públicos, como Ayepotamono de Alexander Pacheco con El Lobo y las habichuelas mágicas o El viaje del Lobo Feroz; Palosanto de Ismael Contreras y Cecilia Zapata con Historia del círculo de tiza; Cola de Cometa en el Teatro Aranwa con El Zorrito Audaz y el Ave Voraz; o las producciones de Gloria María Solari con La Tropa de Lata y la Princesa Recicladora.

Nuestra dramaturgia también estuvo presente: Vampi 2: Pulgoso amor de Juan José Oviedo, el reestreno de La pera de oro de César de María o la muy estimable Nuestra gran aventura en las ciencias de Paola Vicente. También pudimos ver este año interesantes propuestas de autores extranjeros como Los hombres lobo viven en mi clóset del mexicano Oz Jiménez, La niña perdida del inglés Mike Kenny o Pacamambo del canadiense de origen libanés Wajdi Mouawad.

-Los títeres. Más allá de los clásicos Kusi Kusi, tenemos a Tárbol Títeres, Ana Santa Cruz, por citar un par de ejemplos. Estos ganan sus propios espacios. ¿Cómo observas esta disciplina? ¿Consideras que están en franco crecimiento?

-Definitivamente, los títeres y marionetas son herramientas muy útiles para llevar sano esparcimiento a los más pequeños, con valores incluidos. Así, la Asociación Cultural Tárbol Teatro de Títeres ya es un colectivo emblemático peruano, que se destaca por sus extraordinarios espectáculos para toda la familia. María Laura Vélez y Martín Molina llevan ya veinte años de actividad paseando su arte por el Perú y el extranjero; solo en este año, han sido reconocidos por el Ministerio de Cultura como proyecto ganador de Estímulos Económicos para Cultura 2019; presentaron una de sus obras más aplaudidas, Churi, hijo del río, en Francia; y han ganado un merecido premio en el Festival World Puppet Carnival en Malasia. Por su parte, Ana Santa Cruz viene realizando una extraordinaria labor con su arte. Su última obra, Máxima, protectora del agua, es un muy pertinente homenaje a Máxima Acuña, la valiente mujer cajamarquina dedicada a la lucha por el medioambiente. El trabajo de Santa Cruz es verdaderamente notable, justamente reconocido por Oficio Crítico para su balance de fin de año.

– ¿Y en el caso de los mimos…?

-Se sigue consolidando el Festival de Mimo de Lima, que este año conmemoró la partida del inigualable Marcel Marceau. Con la efectiva organización de César Chirinos y su Familia Mimo, se realizó la Mimotón (carrera en cámara lenta) por las calles del Centro de Lima (Plaza San Martín), para posteriormente presentar talleres y charlas gratuitas, así como espectáculos con nuevos artistas del mimo. Se trata de un evento invalorable, que cuenta con el apoyo del ICPNA en su sede de Lima Centro.

-La impro y los clowns también están en franco crecimiento. Me parecen interesante sus dramaturgias. Sus temáticas. ¿Te parece?

-La improvisación no solo es una herramienta muy útil para el actor; a estas alturas, ya son sabidos sus enormes beneficios para nuestro desenvolvimiento personal y profesional. Ahora, convertir este ejercicio en un espectáculo independiente en sí, me sigue pareciendo arriesgado. No obstante, es innegable su éxito y, sobre todo, la acogida que ha tenido entre los más jóvenes. Y obviamente, el riesgo que siempre está presente en estos espectáculos. Los famosos “match de impro” en el Club de Teatro, en el Teatro La Plaza y en el Nuevo Teatro Julieta son todo un éxito.

En cuanto al clown, el último espectáculo que alcancé a ver este año, Misky, el unipersonal de la actriz y clown Hilda Tovar, dirigido por César García, fue una gratísima propuesta de la escuela Gestus. Este formato permite crear puestas en escena de literalmente cualquier problemática y a través del humor, conseguir mover al espectador. En el caso de Misky, el tema de valorar nuestra propia identidad y nuestras raíces fue tratado de manera inteligente y efectiva.

-Se incrementó el número de concursos de dramaturgia…

-Todo concurso de dramaturgia es para celebrar. Los estímulos son indispensables para despertar el interés por escribir. Acaso pueda haber más cantidad que calidad, pero no hay otra manera de lograr una propia y buena producción dramática. Pero una obra nunca estará completa al 100% hasta no llegar a escena. En ese sentido, los estrenos este año de piezas peruanas, especialmente de jóvenes valores, ha sido muy auspiciosa. Dan fe de ello las temporadas de, auspiciadas o no por su dramaturgia, La sonrisa del niño araña de Desly Angulo; Este lugar no existe de Alejandra Vieira; Mercuccio: Venganza, muerte y redención de Jorge Bazalar y Henry Sotomayor; El rancho de los niños perdidos de Sebastián Eddowes; Juego de roles y Circo Televisión de Abel Enríquez; La obra del sexo de Federico Abrill; Una pequeña guerra de independencia de Cinthia Delgado o Love de Jesús Oro, por ejemplo.

– El teatro descentralizado continúa su trabajo en sus propios distritos. Villa El Salvador, Comas, Carabayllo, entre otros. ¿La torta a nivel teatral está bien compartida?

-Definitivamente, nuestro teatro todavía tiene mucho camino por recorrer para descentralizarse por completo. Hacen falta más salas de teatro fuera del circuito comercial de unos cuantos distritos de la capital. Pero el trabajo que se realiza en los conos es encomiable. Precisamente, este año Oficio Crítico le hará un merecido homenaje al colectivo Arena y Esteras, que viene realizando una importante labor artística comunitaria en Villa El Salvador desde hace veintisiete años.

-Finalmente ¿cómo marchan los públicos?

-Como decía anteriormente, el público es harina de otro costal. Las temporadas se han multiplicado, pero el público no lo hace de manera proporcional. Oferta y demanda no van de la mano en demasiados casos. Es imperativo realizar estudios serios sobre el público que va al teatro. Actualmente, solo quedan dos opciones para los valientes que se atreven a estar en temporadas independientes: mantener el nivel de excelencia y calidad en los espectáculos que llevan a escena; y realizar preventa, muchas veces a un precio bastante menor que la entrada general, para asegurar de alguna u otra manera la temporada. Valiosas iniciativas como la de Percy Encinas de Investigadores AIBAL sobre una Escuela de Espectadores deberían replicarse. Es vital conocer y entender a nuestro público objetivo. Los tiempos han cambiado, es cierto; pero el problema del público espectador siempre ha estado latente para los teatristas desde siempre. Solo organizándonos y dejando de lado nuestros egos podemos salir airosos de la actual adversidad, pero siempre en comunidad.

 

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.