Nuestra invitada de hoy es diseñadora de interiores y escenógrafa con especialización en gestión de procesos y calidad para la construcción. Su trayectoria destaca por la implementación de mobiliario museográfico para proyectos de gran relevancia como el Museo de Sitio de Pachacamac y el Museo Lugar de la Memoria Yalpana Wasi de Huancayo, además de ejercer la labor de asesora en diseño escénico y diseño de producto para astroturismo o turismo astronómico. Actualmente, reside en Cusco en donde lidera la especialidad de diseño de interiores e implementación del proyecto Hannac Solar en el Valle Sagrado. Foto de portada. Rosana López Cubas. Fotos de interiores: archivo personal de la artista. Veamos su historia
Creció en un taller de ebanistería en donde trabajaban su abuelo y su padre. Desde pequeña se vinculó con la madera, los barnices, los tornos y materiales afines. De su madre, quien de niña bailó en el programa del Tío Johnny – finales de los sesentas- heredó su pasión por el baile, la música. Con el paso de los años su papá trabajó como realizador de escenografía para Iguana Producciones y América Producciones. Laboró en varias telenovelas, series y películas. Ella estuvo a su lado observando todo su trabajo. Con el paso de los años estudió danza con la bailarina, coreógrafa y artista Patricia Awapara y teatro experimental con Soledad Piqueras. Después de estudiar diseño de interiores y escenografía empezó a trabajar sostenidamente en proyectos inmobiliarios como la museografía y el diseño de interiores. Para Lima en Escena es un honor charlar sobre todas estas experiencias con la diseñadora de interiores y escenógrafa Sandra Marte, quien desde hace un puñado de años trabaja y vive en el Cusco.
Diseño de interiores. Obra final

-Sandra, conocemos tu labor de artista multidisciplinaria por tu cercanía con la danza, el teatro y desde hace años trabajas en el diseño de interiores. ¿Cuéntanos sobre tus vínculos con estas disciplinas? ¿Cómo surgió todo?
-Tengo 44 años. Continuamente hago memoria, una especie de inventario personal porque cada vez más personas me preguntan desde cuándo me dedico al ejercicio de estas disciplinas a lo que respondo desde los 17 años. Sin embargo, debo de admitir que estoy en el mundo del diseño de interiores desde que nací. Crecí en un taller de ebanistería, un taller de carpintería, gracias a mi padre y mi abuelo. Ellos son ebanistas y gracias a ellos crecí en medio de la madera, las herramientas y diversos materiales afines. Absorber toda esta relación con estos materiales y el trabajo de mi abuelo y papá prácticamente fue mi primera escuela con este tema. La sensibilidad, las texturas, los colores, los materiales y sonidos se activaron desde que tengo uso de razón. Soy melómana desde niña. Ahora, por ejemplo, soy el resultado de toda esta formación. El tema de la memoria familiar y las experiencias vividas se refuerzan con las conversaciones con mi mamá. Ella, por su parte, me contó que de niña bailaba en el programa del Tío Johnny.
¿En el emblemático canal 5 de aquella ápoca, por supuesto?
-Así es. De pequeña mi abuelo la llevaba al programa del Tío Johnny. Le compraba los trajes para su presentación y siempre la tenía lista. En la casa familiar todos estaban felices de ver a la niña de la casa en la tele. Mi madre me contaba esta anécdota y me hablaba de los musicales de la época. Sesentas y setentas imagino.
– ¿Lo artístico lo heredas de ambas partes?
-Exacto. Un buen día mi papá se convirtió en realizador de escenografía de Iguana Producciones (fundada por el cineasta peruano Luis Llosa) y América Producciones. Durante el ejercicio de esta especialidad trabajó en varias telenovelas, series y cine también. Hizo la escenografía de telenovelas como «Malicia», «Obsesión», «Torbellino», entre otras. Crecí en medio de todo esto. Él me explicaba que era un plano, una vista de pájaro, qué es la vista de arriba, cómo construir la extensión de una construcción. Todas estas experiencias fueron las detonantes para dedicarme a los aspectos técnicos del segmento artístico cultural.


¿Cómo decides estudiar en la ENSAD?
-Había terminado mis estudios de diseño de interiores y opté por estudiar escenografía. Asimismo, seguí clases de danza con la bailarina, coreógrafa y artista Patricia Awapara en su estudio de Magdalena. En ese momento tenía 17 años. Empecé a tener contacto con el espacio escénico a través del movimiento. Fue enriquecedor porque la sensibilidad es otra, la sensibilidad la tienes a través del cuerpo, del tacto y todos los sentidos. Debemos estar alertas, despiertas. En ese interín con un grupo de amigos hacíamos los montajes de sus escenografías en el Teatro Segura, en el Teatro Británico. Veíamos las luces. En esos años comencé a trabajar en el proyecto arqueológico de Caral. Laboraba en el día y estudiaba por la noche. Hice teatro previamente con Soledad Piqueras, que también fue una ventana de aprendizaje. Deseaba irme a estudiar a Argentina y por un tema burocrático, de papeles desistí. Opté por estudiar escenografía en la ENSAD. Mi ingreso fue anecdótico.
– ¿Por qué?
-Porque fueron cuatro exámenes. Uno de conocimientos, otro de modelado, de dibujo. El otro no me acuerdo de qué era. Pero fueron cuatro exámenes. Demasiadas preguntas. Me invadió la fatalidad. No entraré me dije…
– ¿Sí?
– Sí. Finamente, ingresé en el último puesto. Feliz. Iba a mis clases y trabajaba en paralelo. Por motivos estrictamente de trabajo dejé la ENSAD y me involucré en proyectos inmobiliarios como la museografía del Museo de Pachacamac. Con el paso del tiempo se acrecentó mi formación y mi vocación por el diseño. Desde esos años no paré hasta el momento.
¿Tu labor de diseñadora te llevó al Cusco?
– ¡Por supuesto! Empecé a viajar al Cusco por trabajo desde el año 2006. Trabajé en la oficina de Dirección de Museos como diseñadora y desarrollé diferentes proyectos museográficos con Marisol Zumaeta. En estas idas y venidas pasaron 20 años laborando en el campo museográfico. Actualmente soy la diseñadora principal de interiores de un mega proyecto en el Valle Sagrado. Este proyecto me hace ver las cosas de cerca que me deriva al diseño de producto y toda esta comunión de disciplinas en este proyecto, uno de los más grandes que se están construyendo en el Cusco actualmente.
Diseño de interiores: Obra final

– ¿Cómo se llama?
– Hannac Solar. Es un proyecto cuya arquitectura es vernácula, de un diseño totalmente orgánico que se levanta entre las montañas en medio de la naturaleza. Hay una conectividad con todo el entorno. Mi propuesta laboral es trabajar con los artistas y artesanos locales. Es la consigna del proyecto también. Hemos creado un buen vínculo. Hacemos capacitaciones y la gente está agradecida, súper feliz aprendiendo. Me parece importante todo este intercambio. Como dice una colega: es un 80% de educación y 20% de diseño. Esta obra se enfoca en el turismo espiritual. Es una labor que me estimula porque aplico mis conocimientos de arquitectura, diseño interior, diseño industrial. El diseño escénico también me ayuda a desarrollar estos proyectos.
– ¿De qué manera dialogan disciplinas como la danza, el teatro y el diseño?
-Estas disciplinas tienen algo en común: el espacio lo cual es una oportunidad para no encasillarme en un solo estado espacial, sino que me permite el uso del espacio y representar así diferentes estados en el tiempo. Son fotografías móviles. Personalmente me gusta más la danza porque es el encuentro sublime, perfecto con mi sensibilidad. El diseño como tal, es el agente que permite traducir un lenguaje a dos tipos de usuarios: el actor en escena y el espectador lo cual crea diversos mundos de percepciones. No es lo mismo diseñar para un teatro que para un hotel. El segundo esta más próximo al tacto y en el teatro se diseña para que las cosas sean apreciadas desde puntos largos de distancia, esto significa que se necesitan muchos elementos artísticos y técnicos para lograr un diálogo en la proximidad, una atmósfera a través de la materialidad y un tránsito entre las escalas.


-Sandra, para terminar, quisiera que nos cuentes un poquito sobre esta autodefinición que observamos en tus redes sociales: Sandra Marte…
-Se armó con el paso de los años y de manera inconsciente. Todo empezó con el planeta Marte en el año 98. El año 1999 me inscribí en el taller de Soledad Piqueras. Con ella estudié teatro experimental. Soledad nos decía: “no quiero saber sobre sus nombres verdaderos, pónganse un nombre, invéntense uno”. Después de esa clase pasé por un puesto de periódicos y vi una revista de National Geographic que decía Marte “Mars”. Observé un aparatito que había ido a Marte a explorar este planeta y me dije: ¡Marte! En el momento que Soledad me preguntó cómo me llamaba le contesté: ¡Marte! Posteriormente, surgió Facebook y me puse Sandra Marte…
– ¿Y criatura espacial?
-Por el espacio, por el diseño espacial. En lo laboral me autodefino como diseñadora espacial. Diseñadora espacial viene del diseño de todo tipo de espacio arquitectónico. O sea, puedo diseñar en el espacio escénico, en un espacio turístico, un espacio museográfico, en un espacio hotelero como estoy ahora… Es como más versátil, más abierto. No me gusta encasillarme en una sola cosa porque me parece aburrido. Además, va con mi filosofía de curiosa, de aprender, de estar mirando todos los detalles. Eso básicamente…
Sobre Sandra Marte

Nació en Lima (1981). Es diseñadora de interiores y escenógrafa con especialización en gestión de procesos y calidad para la construcción. Su trayectoria destaca por la implementación de mobiliario museográfico en proyectos de gran relevancia como el Museo de Sitio de Pachacamac y el Museo Lugar de la Memoria Yalpana Wasi de Huancayo, además de ejercer la labor de asesora en diseño escénico y diseño de producto para astroturismo o turismo astronómico. Actualmente reside en Cusco en donde lidera la especialidad de diseño de interiores e implementación del proyecto Hannac Solar en el Valle Sagrado, integrando la hotelería con el desarrollo espiritual a través de la creación de espacios funcionales y objetos con identidad. Para Sandra el diseño es un puente entre la precisión operativa y la sensibilidad humana proyectando entornos que invitan a la pausa, a la observación del cosmos y la trascendencia. Su práctica profesional busca armonizar la utilidad técnica con la mística del territorio para transformar la conexión del usuario con el entorno.










