En este abril que el país celebra al poeta peruano, Diana Arenas llega sin pretensiones de grandeza, pero con la claridad de quien sabe exactamente lo que quiere decir. Con Palabras Llanas, su ópera prima, esta nueva voz de la poesía peruana irrumpe en el panorama literario nacional y ya está empezando la circulación de su ópera prima: Palabras Llanas, aguardando con impaciencia contenida el encuentro con sus lectores

Nacida en un hogar donde la poesía era tan cotidiana como el desayuno —su padre recitaba versos en voz alta con naturalidad, sin solemnidades ni ceremonias—, Diana creció expuesta a la palabra dicha y a la emoción transmitida solo con la voz humana. Esa infancia marcó para siempre su manera de entender la literatura.
Su llegada a la escritura poética fue inesperada, incluso para ella. No hubo un plan ni una decisión consciente: los versos surgieron solos, impulsados por esa exposición temprana a la lírica. Lo que emergió fue una voz propia, que algunos han empezado a llamar “poesía urbana”, aunque Diana prefiere no encasillarse: “Escribo lo que sale de dentro. No tengo idea de cuándo ni qué va a salir, tampoco sabría cómo clasificar mi poesía. Apenas sé que es simple.”

“Por ahora, con publicar mi libro, apenas he hablado yo.
Falta que me lean, que será como que me escuchen.
Cuando pase, será fantástico.”
Diana Arenas
Palabras Llanas se organiza en cinco partes —Pesares, Hábitat, Liberación, Expresión y Núcleo— y traza un recorrido profundamente humano: del dolor a la familia, de la soledad al amor. El poeta y prologuista Alejandro Medina Ycochea lo describe como “un buen libro de poesía que transmite eficazmente emociones” y resalta en Diana “una voz propia” junto con un dominio de las figuras literarias que otorgan musicalidad y densidad a sus textos.
Periodista de formación, Diana no busca complacer ni agradar. Su visión de la comunicación literaria es tan lúcida como directa: “Me interesa que lean lo que escribo. No es importante que les guste, basta con que lo lean. Así se habrá completado el proceso de comunicación.” Una postura que claramente bebe de su experiencia en el periodismo: lo que importa es que el mensaje llegue y el circuito entre autor y lector se cierre.
Diana se ha empezado a pasear por ferias independientes llevando su libro a los lectores siempre que puede. “Por ahora me retiene la vida normal, ya sabes, el trabajo de oficina”, admite y justifica así su escasa, aunque entusiasta participación en dichos eventos. Sobre la poesía musicalizada, mantiene una postura clara: “Prefiero la poesía desnuda”. Y aunque se inclina por el poema dicho solo con el acompañamiento del temperamento y el sentimiento de quien lo recita, admite que en el fondo le gusta toda poesía, suficiente con que la toque, “incluso con música”.
La escena poética peruana tiene la hermosa costumbre de renovarse en silencio. Las nuevas voces no suelen anunciarse con fanfarrias; simplemente aparecen. Y cuando uno las lee, entiende que algo ha cambiado. Diana Arenas es una de esas apariciones que vale la pena no perderse. Trae consigo una sensibilidad formada entre la urgencia de las noticias y la lentitud necesaria de la poesía. Esa tensión entre dos mundos produce algo genuino, fresco y distinto a lo que ya existe. Descubrir lo que tiene para ofrecer es, en este abril de poetas, una de las razones más interesantes para abrir un libro.










