Edgar Montiel: “El ensayo es un género eminentemente moderno”

Con sus 7 ensayos, Mariátegui se propone hacer un diagnóstico de la sociedad peruana, nos refiere el autor del libro “Ensayos de América. Interrogar nuestro tiempo”

El Grupo de Estudios Pedro Zulen y el Centro de Estudiantes de Filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), llevará a cabo la presentación del libro: “Ensayos de América. Interrogar nuestro tiempo” del Dr. Edgar Montiel. La ceremonia contará con la participación de Joel Rojas (UNMSM), Sara Beatriz Guardia (USMP), Héctor Rentería (UNMSM), quienes acompañarán al autor. La cita será el miércoles 27 de marzo a las 5:00 p.m., en el Auditorio Russo Delgado-Facultad de Letras (Calle Germán Amezaga – Ciudad Universitaria UNMSM).

El aludido título compilado por el filósofo Joel Rojas, presenta una selección de textos en donde el autor problematiza el rol del intelectual en una América Latina globalizada, la cual demanda una relectura de los fenómenos sociales y culturales propios de su región. En tal sentido, el ensayo se presenta como una herramienta para repensar nuestra realidad continental; la situación de la juventud latinoamericana y su impacto como agente de cambio social dentro y fuera de las instituciones políticas; las variadas dimensiones de la producción literaria de César Vallejo, José Carlos Mariátegui y el Inca Garcilaso de la Vega; la presencia de África en América Latina; el reconocimiento de la interculturalidad como componente esencial de la gobernanza global; y la práctica del pensamiento estratégico con miras a formular las futuras políticas de la modernidad.

Al respecto charlamos brevemente con el autor Edgar Montiel.

 

-Dr. Edgar, este miércoles presenta el libro “Ensayos de América. Interrogar nuestro tiempo”, un libro que recopila una serie de estudios sobre fenómenos sociales y culturales que nos compete como país, como nación. ¿Es el ensayo el género literario más enriquecedor en temas de investigación?

-El ensayo es un género privilegiado que transmite ideas, invoca la acción, comunica saberes y sentires, y comparte conocimientos. El ensayo está dotado de posibilidades para transmitir tanto sentimientos estéticos y emociones, como conceptos razonadores para avanzar propuestas. Es, pues, un género muy versátil que, bien manejado, puede permitirle a uno persuadir mediante ideas y
planteamientos.

Pero hay otro elemento a considerar: el ensayo es un género eminentemente moderno que surge y florece con la propia presencia de América en el mundo. Es asumido por Montaigne en sus Ensayos en 1588 para hablar de la naturaleza y de los hombres de América, y funda lo que se podría llamar la alteridad como expresión del relativismo cultural. De modo que me siento cómodo con este modo de comunicar. No ha de ser casual, porque el ensayo se inscribe en una señalada tradición latino e iberoamericana. Hemos tenido grandes figuras dedicadas al ensayo. El ensayo pensativo ha tenido un notable desarrollo y ha servido en gran medida para revelar la realidad muchas veces laberíntica del continente americano.

Podemos mencionar a figuras como Juan Pablo Viscardo y Guzmán, Simón Bolívar, Cecilio del Valle, Simón Rodríguez, Francisco Miranda, Manuel Lorenzo de Vidaurre, Andrés Bello, Flora Tristán, entre otros. Contemporáneos como Mariátegui, González Prada, Vasconcelos, Alfonso Reyes, Germán Arciniegas, Uslar Pietri, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Eduardo Galeano, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa; todos son espléndidos ensayistas.

Se puede decir que los intelectuales latinoamericanos han adoptado el ensayo como un medio privilegiado para hacernos entrar en comunión con sus ideas y visiones. Por tratarse de un género tan versátil lo he adoptado desde muy joven, y probablemente por eso sigo montado en este “centauro de los géneros”, como lo llamó Alfonso Reyes, para recorrer con la pluma y con la mirada alerta las diversas comarcas de nuestra América.

-Podría comentarnos, ¿cómo empieza a desarrollarse en este género?

-Comencé en 1973 cuando escribí sobre Mariátegui para la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y me concedieron el Primer Premio en la categoría Ensayo de los Juegos Florales de ese año. Allí el rector me declaró ensayista para el resto de mi vida. Desde entonces lo he pensado, lo he desarrollado, lo he practicado y hace unos años publiqué un trabajo que ha ganado lectoría en el continente, “América, un ensayo”, incluido en el volumen de El humanismo americano; ahí sostengo que el ensayo, por su ductilidad, es un género para razonar, pensar, comunicar, persuadir. Además, sin renunciar al rigor, tiene una voluntad de estilo, y de claridad, que es la “cortesía del filósofo con el lector”, como decía Ortega y Gasset.

– El Perú está próximo a celebrar el Bicentenario. ¿Cuáles considera usted deben ser los temas urgentes de reflexión y diálogo que se deberían traer a la mesa de conmemoraciones?

-La agenda de Gobierno no incorpora los intangibles de la historia y la cultura en la canasta básica de la conciencia ciudadana, sin los cuales se dificulta construir día a día la nación, la sociedad y la república. Un efecto visible de esta ausencia es concebir la celebración del Bicentenario de la Independencia como día totémico, el 28 de julio de 1821. Así se silenciarían injustamente los movimientos sociales que en el siglo XVIII se rebelaron primero contra el Imperio colonial, cuya expresión mayor fue la rebelión liderada por José Gabriel Túpac Amaru. Esto se tomaría como una negación al derecho de memoria de los pueblos andinos y una adhesión a una visión parcial, limeña y criolla de la independencia. La historiografía continental reconoce esta rebelión como el primer movimiento sudamericano de independencia del poder colonial. A pesar de la atonía oficial, hay una actividad efervescente del lado de la sociedad, como de universidades y facultades; frecuentes debates que, desde enfoques históricos, discuten temas literarios,
políticos, económicos, filosóficos y propiamente históricos.

-Pensamos que la independencia nos liberó de la monarquía española, sin embargo, el Perú sigue siendo un país colonial, patriarcal. ¿Qué aspectos no nos permiten desarrollarnos como país, como nación, como sociedad?

-A la luz del efecto desencadenante que juegan las fuerzas productivas en las ideas y las acciones de los hombres, hagamos un repaso del proceso independentista. El movimiento de independencia de las Américas se gesta a lo largo del siglo XVIII y tiene su período cimero en 1776 con la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la guerra de Independencia de 1780 a 1783, exactamente en el mismo período en que se produce una rebelión separatista en el sur liderada por José Gabriel Túpac Amaru. El levantamiento se inicia en Tungasuca con una declaración que pone al bien común al centro del movimiento, proclama la libertad de los esclavos, la reducción de los impuestos y el respeto a los pueblos originarios, e invita a la concordia entre los pueblos del común. Una rebelión fundada en conceptos modernos, donde se advierte la huella de los círculos intelectuales del Cusco y Lima, donde José Gabriel anudó compromisos con comerciantes, indios nobles, mestizos y criollos, interesados en el desarrollo de las fuerzas productivas. Este levantamiento fue atrozmente reprimido, siguiendo los protocolos de la dinastía borbónica cuando se atenta contra el rey. El castigo fue extremadamente violento, traumático.

El rey decretó que había que desaparecer a todos los Túpac Amaru, a quienes se aplicaron severas penas, y decretó una revolución contra todo el legado inca: vestidos, pinturas, fiestas, músicas, ceremonias; se dispuso a desaparecer los ritos y las fiestas «paganas»; se prohibió la circulación de los Comentarios reales. De todo esto fue testigo un niño de once años, Fernandito Túpac Amaru, llevado a la fuerza a Cádiz, donde se educó en las escuelas pías. Estaba interesado por lo que pasaba en París y siguió de cerca los acontecimientos de la Revolución francesa y el proceso de independencia.

El acceso a nuevas fuentes documentales y la conceptualización de nuevos enfoques historiográficos permitirían una seria revisión del relato histórico. La historia de la Independencia merece volver a ser replanteada a la luz de documentos provenientes de Inglaterra, Francia, España y de Norteamérica, como son los papeles de los embajadores norteamericanos en París y Londres, como Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, Gouverneur Morris, John Adams, Rufus King. Entre estos papeles están los informes de Juan Pablo Viscardo y Guzmán, el joven jesuita expulsado a Italia.

Cuando se produjo el levantamiento de Túpac Amaru se convirtió en informante y consejero de la corte inglesa sobre los alcances del movimiento tupacamarista. Entre 1781 y 1783, los ingleses ya disponían de un informe detallado de lo que había sido este levantamiento gracias a la visión estratégica y la experiencia de Viscardo y Guzmán. Era lo que ahora se podría llamar un «agente de inteligencia», tenía una visión intelectual y operacional de los procesos.

Lo que surge de estos materiales es que los procesos de independencia de América del Sur y el de América del Norte forman parte de un mismo proceso de independencia continental que arrancó temprano, desde 1750, con levantamientos y proclamaciones. Llama la atención que la guerra de Independencia de los Estados Unidos se diese en el mismo momento en que Túpac Amaru estaba luchando en el sur. Los españoles estaban preocupados de una eventual injerencia inglesa, pues ya estaban presentes en el Río de la Plata.

En Arequipa hay un documento que menciona la independencia de las colonias del norte. En 1780, en Filadelfia, se editaban muchos libros revolucionarios y fue donde se juntaron los expulsados de los virreinatos de México y Perú con Thomas Paine, Thomas Jefferson, John Adams, George Washington. En París se lee al Inca Garcilaso, autor de referencia gracias a la edición de los enciclopedistas (1744, conocida como Jardin du Roi), la cual fue leída por Condorcet, Voltaire, Montesquieu. También hubo un círculo revolucionario que se hizo llamar “Pachacútec, el reformador del mundo”, donde se encontraban los amigos de Jacques Pierre Brissot, el “americano”, cabeza de los girondinos y decapitado en la Época del Terror; hispanohablante cercano a Francisco de Miranda, había estado en los Estados Unidos y conocía bien la situación de las colonias iberoamericanas.

– El pensamiento y obras de José Carlos Mariátegui, uno de nuestros máximos pensadores, forma parte de sus investigaciones. ¿Qué aspectos de sus principios dialogan con nuestra sociedad actual?

-En la corta vida de José Carlos Mariátegui existió una notable complicidad entre praxis cotidiana y prédica teórica: concilió ciencias y conciencias, historia y sensualidad, política y estética. Desde este punto de vista, adentrarse en su biografía permite compenetrarse con sus ideas. En el itinerario intelectual de Mariátegui merece destacarse una labor particular: la dirección de la revista Amauta, fundada en 1926 con el objeto de “esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos”, y medio para “vincular a los hombres nuevos de Perú, primero con los otros pueblos de América, en seguida con los de los otros pueblos del mundo”.

Hace más de 90 años se publicaron los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, uno de los libros pioneros en el estudio de las sociedades latinoamericanas. Libro fundador, a veces controvertido por la filiación política del autor: para sus detractores se trataría de un estudio abordado desde los a priori marxistas y para sus defensores el estudio sería fuente obligada de todo análisis de la sociedad peruana. Al margen de estas diferencias de perspectivas, el consenso sobre Mariátegui se alcanza cuando se reconoce en sus 7 ensayos el primer intento de interpretación global, estructural y causal de la formación peruana.

Al tratar de revelar las tendencias estructurales de la sociedad peruana, el estudio adquiere carácter científico. Esa es la razón por la que analistas sociales de diversas concepciones han expresado su reconocimiento a un libro inaugural en el ejercicio de las ciencias sociales en Latinoamérica. Con sus 7 ensayos, Mariátegui se propone hacer un diagnóstico de la sociedad peruana. Tratarla como un objeto global de estudio: considerando todas sus dimensiones, estableciendo el ordenamiento de sus estructuras y las relaciones causales que componen el cuerpo de la sociedad. Este estudio le parecía esencial dada la ausencia de interpretaciones conceptuales que dieran luces sobre las tendencias evolutivas de la formación peruana.

-Hablemos del Inca Garcilaso, otro de los personajes ejes del libro.

-El Inca Garcilaso de la Vega es ciertamente la primera piedra de la nacionalidad. Pero no cualquiera, es una piedra del Cusco, la ciudad ciclópea de los ancestros, donde nació el 12 de abril de 1539, cinco años después de ser hallada por los conquistadores. Es también el primer héroe civil, el hombre que al asumirse como Inca (o Garcilaso Chimpuocllo, como le llama el historiador Carlos Daniel Valcárcel) se apropia con honra y sentido profético de una doble raigambre, con lo que dejará enraizado el proceso de “unidad de la sustancia” —unimismar los elementos dispersos— que es como se define en términos aristotélicos la identidad.

Así se inicia la larga lucha por forjar la unidad de las raíces, por hacer fecundar las raíces en libertad, no en la uniformidad ni en oposiciones irreconciliables; pues el hombre mezclado había nacido para siempre y se desarrollaba preñado de destino, era el llamado a ser protagonista del devenir. En contrapunto sistemático a las otras versiones, el Inca va reconstruyendo la historia de sus antepasados, de nuestros antepasados, perfilando poco a poco el discurso de la identidad. Discurso nacido del ejercicio crítico como un logos ordenador que presenta el discurrir accidentado de nuestro mundo, el sentido y el destino de la historia peruana.

Por último, ¿qué agenda académica tiene planeado en su visita a Lima?

-El jueves pasado expuse la conferencia “Repensar la República en el Bicentenario” donde realicé un diagnóstico sobre la situación política peruana caracterizado como una cleptocracia y una cacocracia, que tuvo comentarios positivos entre los asistentes. Este miércoles se presentará en San Marcos, mi alma mater, la presentación de una recopilación de mi obra. Asimismo, crearemos el Premio de Ensayo Joven Miguel Montiel “Miguel Montiel, el paisano y contribuyente de Túpac Amaru II como refiere el historiador Carlos Daniel Valcárcel”– que estará dirigido para jóvenes menores de 30 años. De modo que incentivaremos en las futuras generaciones el ejercicio del ensayar.

Sobre el autor

Edgar Montiel, es un prestigioso economista y filósofo peruano, funcionario de las Naciones Unidas. Inició sus estudios en la Universidad de San Marcos, donde ganó el Premio Ensayo de los Juegos Florales de 1973. En esos años frecuentó a los Maestros Augusto Salazar Bondy, Francisco Miró Quesada y Gustavo Gutiérrez. En la Universidad de París obtuvo la Maestría y el Diplomado de Estudios Avanzados en Economía y en Filosofía Política. Discípulos de Alain Touraine y de Fernando Henrique Cardoso, en 1981 obtuvo en La Sorbona el grado de Doctor en Desarrollo Económico y Social. Desde entonces, aunando el pensamiento a la práctica, se ha consagrado a la cooperación técnica internacional.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.