Carlos López Degregori: “A mano umbría es un poema-vida”

Poeta destacado cuya lírica es “un universo cerrado y autosuficiente que cuenta con sus propios paisajes, sus propios climas y sus propios personajes” (Eduardo Chirinos), nos acerca a su último y original libro que a lo largo de sus cinco secciones accedemos a interesantes relatos sobre situaciones que han marcado al autor desde su niñez

El título A mano umbría (Animal de Invierno, 2019), del escritor Carlos López Degregori, nos ofrece una cartografía de textos testimoniales, memoriosos, reflexivos, poemas en prosa, ensayos literarios y componentes narrativos, algunos de los cuales se acompañan con collages realizados por el propio autor para crear una obra única, un testimonio cargado de interesantes flashbacks escrito en el original idioma del poeta para beneplácito de los lectores. Al respecto, Lima en Escena charló con el autor. Fotos:Lima en Escena

-Carlos A mano umbría nos brinda un periplo por temas personales significativos para ti y en ese tenor me agradó descubrir a Dina Degregori…

– Dina Degregori fue mi abuela. Ella es una figura, una presencia esencial en mi formación como persona, como escritor. Soy el primer nieto de una generación y me convertí en el predilecto. Ella era una persona sensible que me leía con frecuencia poesía y narrativa.

– ¿Ella te formó como lector?

– ¡Claro! Tenía alrededor de cuatro años cuando me leía poemas de Rubén Darío.

– ¿Rubén Darío es un autor importante en tu formación como lector?

– En ese momento, sí… Quizá por lo que significó en mi niñez. Sin embargo, desde pequeño he sido un lector predominantemente de ficción. En esa etapa de mi vida me atraían mucho los relatos maravillosos. Los cuentos de Hans Christian Andersen, los Hermanos Grimm, entre muchos más.

– ¿Qué libros te leía tu abuela?

-Recuerdo un poema narrativo de Darío. Me agradaba mucho. Se llama Los motivos del lobo. ¡Una maravilla! En este poema Rubén Darío relata una sencilla historia en verso sobre San Francisco de Asís y el lobo de Gubbia. Este lobo asolaba los campos, destruía el ganado, aterrorizaba a las personas.

-Permíteme insistir en los poetas españoles. Urdir en el relato I/Palabras indebidas. ¿Qué nos puedes decir de Antonio Machado?

-Leí algunos poemas suyos en el colegio. Antonio Machado es uno de los grandes poetas españoles del Siglo XX. A diferencia de muchos otros, es un poeta cuyas obras siempre son rescatadas. Por ejemplo, Joan Manuel Serrat lo resucitó en los setenta. Un poeta que siempre buscó la palabra exacta, precisa. Un autor desprovisto de retórica. Si bien es un poeta que no leo con frecuencia, Machado fue importante para mí.

– Ingresemos a otros testimonios ocurridos en tu infancia. Tus recuerdos sobre el sanatorio de Collique son realmente mágicos.

-Ahora es el Hospital Sergio E. Bernales. Mi padre era tisiólogo y luego se dedicó a la administración de hospitales. Tenía alrededor de tres a cuatro años cuando vivíamos en Lima. De pronto nos mudamos a Collique porque mi padre fue destacado como residente encargado del Sanatorio Infantil de Collique. Este hospital estaba dedicado exclusivamente a niños con tuberculosis. En ese momento el Sanatorio Infantil quedaba en el campo. Estaba rodeado de zonas agrícolas y relativamente cerca se ubicaba el Aeroclub de Collique.

-Actualmente toda esa zona está sumamente poblada.

– ¡Si! Cuando vivíamos por allá era un espacio no urbano, extraño, raro porque nuestra casa quedaba al lado del hospital. Nuestra familia estaba totalmente prohibida de acercarse a las instalaciones. Recuerdo que infringí esa norma y pude ingresar a determinados ambientes. El vestíbulo, el pabellón en donde se ubicaban las camas. Gracias a esta travesura pude ver a los niños convalecientes.

– ¿Te impactó esta experiencia?

– ¡Me impactó! Me sacaron de inmediato. Fue como ingresar a un lugar prohibido.

-Después se trasladan a Arequipa.

-Sí, nos trasladamos a Arequipa cuando mi padre asumió la dirección del Hospital General. Nuestra casa también quedaba al lado del hospital. He vivido de los cuatro años hasta los quince al lado de la enfermedad y esta experiencia ha marcado mi escritura.

– En Arequipa suceden cosas que te marcaron también…

– ¡Lógico! Estaba en pleno proceso de desarrollo. Me quedé en Arequipa hasta los 15 años. Recuerdo que cuando iba a la Catedral me quedada mirando el pulpito que tiene tallado un demonio de tamaño natural. Es una presencia siniestra. La oscuridad que invade la vida cotidiana. Justamente un texto en “A mano umbría” recoge esta experiencia.

-Cuanto me cuentas estas experiencias y dada tu afición por la literatura fantástica imagino que observabas todo esto desde ese ángulo, ¿no?

– ¡Sí! Buscaba lo perturbador. En la iglesia La Merced, por ejemplo -en esos años cuando nos obligaban a ir a misa en familia- había un mendigo en la puerta. Era ciego y estaba en compañía de su lazarillo. Tenía unos enormes lentes y el rostro totalmente destruido, sin nariz ni labios. Asumí que era lepra. La enfermedad bíblica del mal. Al indagar sobre este rostro destrozado descubrí que tenía la enfermedad de la uta. La figura de este ciego la tengo grabada con absoluta nitidez.

– Todas y todos recordamos al popular lapicero Parker. Un lapicero famoso en nuestra etapa infantil. Justamente en tu libro nos cuentas un episodio con esta pluma.

-Mi padre me obsequió, me legó un lapicero Parker cuando terminé de estudiar literatura en Colombia. Lleva sus iniciales y aún lo conservo. Es significativo para mí, un símbolo de mi dedicación a la escritura.

– El sexo en los caballos es una metáfora que nos lleva al descubrir la sexualidad de un infante.

-Al margen del juego que hace el niño con sus genitales, al margen de su primera masturbación -en mi caso como en muchos otros- descubrí el primer acto sexual en los animales. En los perros. Recuerdo también haber visto esta escena entre un caballo y una yegua y me impresionó profundamente.

– Qué hay más allá del relato Escribir para el olvido

– Está la conciencia de que somos “escritores menores”, de que nos aguarda a casi todos el olvido o la invisibilidad. Parto de la famosa “Antología de la literatura fantástica” de Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. En esta antología figura “Enoch Soames”, un cuento que da pie a esta historia. Soames es un escritor ignorado que hace un pacto con el demonio para conocer su lugar en la posteridad. El cuento revela que su literatura fue y será ignorada para siempre. Pero lo que tiene valor es la insistencia en la escritura. Esa ha sido mi experiencia y A mano umbría lo comprueba en su hilo testimonial. También este texto es una poética, descubrir que el libro se mueve a partir de asociaciones. Una referencia, una cita, un nombre son elementos que dan origen a muchos textos. De allí parte una deriva

-Rememorar La ciudad y los perros de Mario Vargas es un tributo al libro o sencillamente una evocación…

– Es un tributo a la narrativa, al significado de la literatura. Podría ser además un tributo a la primera etapa de escritor de Mario Vargas Llosa. Hasta La guerra del fin del mundo me parece un autor emblemático. La ciudad y los perros es el primer libro que leí totalmente alejado de las novelas de aventura, libros con los que estaba familiarizado. Este estaba en la biblioteca de casa y me prohibieron leerlo. Tenía 13 años. Cuando te prohíben leer un título especial a esa edad obviamente lo que más te importa es leerlo y así lo hice.

– ¿Qué impresión te dejó esta primera lectura?

– Literalmente fue un puñetazo. Un golpe. Este clásico de Mario Vargas Llosa me expuso situaciones extremas, experiencias crudas. La violencia, la sexualidad transgresora, las relaciones siniestras en un colegio militar, la fragmentación del Perú. Aunque entonces no era del todo consciente, todos estos elementos me permitieron descubrir una nueva narrativa.

– Finalmente. A mano umbría nos lleva también por Martín Adán.

-A Martín Adán lo descubrí tardíamente. Leí La casa de cartón y me gustó mucho. En los ochentas Petroperú publicó por primera vez una antología de su obra. Por esos años en el diario La República se publicaban sus sonetos. A partir de estas publicaciones empecé a leerlo. Es un autor difícil. Sus obras exigen lectores especiales. Es un poeta del cual me siento cercano también, no por su lenguaje barroco, sino por su capacidad para encubrir su biografía para quitarle lo externo y anecdótico y transformarla en un largo poema vida, en una errancia interior. La importancia que tiene para mi escritura trato de explicarla en un texto de “A mano umbría”.