Teo Pinzás: “Empezamos el camino a la internacionalización”

Posee un catálogo atractivo y diverso. El público lector y los amantes de la lectura pueden acceder a títulos de narrativa contemporánea, poesía, ensayo, rescate literario, libros infantiles y una sección internacional. Hoy por hoy es uno de los sellos editoriales independientes peruanos más sólidos del mercado editorial local…

Además de ser amigos, son amantes de los libros y de la lectura. Justamente motivados por estas pasiones hace ocho años Carlos Vela, Paloma Reaño y Teo Pinzas, se juntaron para dar vida a la editorial Pesopluma, sello que ahora cuenta con las colecciones Crisálida, LiteraRutas Contemporáneas, Iceberg, Pensamiento, Infantil y Universo Luis Hernández, amén de publicar a autoras/autores representativos de la literatura peruana como Julio Ramón Ribeyro, Luis Hernández, Rósa Arciniega, Violeta Barrientos, Gabriela Wiener, Eliana Otta, Tilsa Otta, Miguel A. López, Roger Santiváñez, Lizardo Cruzado y Orlando Mazeyra, entre otros.

Se suma a todo este itinerario editorial la publicación de autores y autoras internacionales como Margarita García Robayo, María Sonia Cristoff, Mariana Enríquez, Marina Perezagua, Constanza Gutiérrez, entre otros. “Publicar extranjeros en Perú es complicado porque hay que hacer un minucioso trabajo de construcción de autor y a veces, incluso trayendo al autor o la autora, los lectores muchas veces no se arriesgan a darle una oportunidad. Pero nosotros insistimos en que hay que ampliar la oferta literaria que existe en Perú, fortalecer la bibliodiversidad de nuestro medio y propiciar diálogos entre diferentes escrituras…”, señala Teo Pinzás, con quien conversamos sobre Pesopluma a ocho años de su creación.

-Teo…Han pasado ocho años desde que junto a Carlos y Paloma decidieron dar vida a Pesopluma. ¿Qué resultados han obtenido a partir de esta fusión de tres amantes del libro, de autores locales como internacionales?

-Pesopluma es probablemente el proyecto más importante que cualquiera de los tres socios fundadores, Paloma, Carlos y yo, hemos emprendido en nuestra vida. Como plataforma cultural, nos sobrepasa individualmente, pues es la suma de nuestros intereses, fetiches, vicios, obsesiones y capacidades; y también el reflejo de lo que nos aportan colaboradores como diseñadores o practicantes. Tras siete años de actividad, somos ya un sello establecido en Perú y estamos comenzando el largo camino de la internacionalización, paso a paso, con presencia actual en cuatro ciudades de España y pronto estaremos también en otro país latino. En ese sentido, hemos logrado hacer de aquello que nos gusta, los libros y la lectura, nuestra vida, y comenzamos a vivir de esto.

A nivel sectorial, creo que estamos ayudando a replantear algunas prácticas editoriales en el país, porque trabajamos de forma seria y formal, pagamos lo que debemos, respetamos los derechos de autor y buscamos implementar buenas prácticas al trabajo. Puede sonar elemental —y lo es—, pero en el Perú estas cosas no pasaban muy seguido antes, así que es importante reforzarlas. Creo también que venimos haciendo un trabajo consciente para visibilizar la producción editorial peruana en otras latitudes. Acabo de estar en la FIL Guadalajara y el interés por nuestro trabajo es palpable, lo que sirve para que esa buena disposición refleje sobre nuestros colegas del medio editorial peruano, a muchos de los cuales solemos recomendar. Por último, hacer libros es algo que nos permite incidir en cierto grado sobre la realidad, tanto políticamente, desde el gremio de Editores Independientes del Perú (EIP), como indirectamente, por medio de los libros en sí mismos. Son pequeños logros de los que nos sentimos orgullosos.

-En un principio apostaron por los rescates de títulos emblemáticos de autores como Julio Ramón Ribeyro, Luis Hernández, Rosa Arciniega. Ahí queda o seguirán con rescates de otros autores.

-El rescate es un componente fundamental del trabajo de Pesopluma, que es una editorial que procura mirar para adelante siempre, pero sin descuidar el pasado. Tenemos varios proyectos de este corte en bandeja, cosas realmente interesantes e, incluso, un par de rescates de materiales completamente inéditos. No vamos a dejar de hacer rescate porque hay aún muchos títulos por redescubrir y revalorizar, pero además porque nos encanta hacer labor de investigación y «arqueología literaria», por llamarlo de alguna manera. Muy por el contrario, tenemos como misión a mediano plazo reforzar Crisálida, la serie destinada al rescate, sumándole al menos un nuevo título por año.

-Si bien Pesopluma surgió a partir de rescates de títulos, su catálogo se diversificó y afianzó progresivamente. ¿Qué lo hace diferente, original, ahora?

-Primero, es importante precisar que Pesopluma no surgió con la idea de dedicarse exclusivamente al rescate; es más, nuestro segundo libro fue Antimateria, de Tilsa Otta, e inauguró la serie Iceberg de autores jóvenes y nóveles; y el tercero, un libro sin colección (lo que llamamos un «fuera de serie»). Creo que tenemos un catálogo muy diverso destinado a dialogar con muchos públicos diferentes y en el que lo primordial es siempre la calidad de los libros; poner sobre la mesa temas, obras, autores y autoras postergados; la apertura a lo lúdico y al hibridaje; y la idea de brindar, a través de los libros, herramientas y juguetes mentales de manera poco acartonada. Otro componente de nuestra identidad es que procuramos que todo tenga un valor estético, somos muy susceptibles a lo bello y queremos que eso se vea reflejado en nuestro trabajo. Y también hay un poco de ganas de ir contracorriente y fundir la paciencia, ¿no?, partiendo de preguntas como: ¿qué falta leer acá?, ¿qué temas se deben discutir y están relegados?, ¿qué está subrepresentado? Por poner un ejemplo, si todos publican autoficción, nosotros publicaremos un libro de narrativa realista y de protesta social. En resumen, en el catálogo de Pesopluma están los libros que nosotros quisiéramos leer y no encontramos.

-Perfecto. Qué implicó para la editorial incorporar a autores diversos. Desde las nuevas voces como Tilsa Otta, hasta Violeta Barrientos.

-La diversidad está en la base del ADN de Pesopluma y es algo que abrazamos con gusto. Tiene que ver con que somos un grupo de trabajo variado, lo que genera un intercambio de miradas provechoso. Buscamos que nuestro catálogo sea plural e inclusivo, que las voces que reúne se complementen entre sí y que podamos dar cabida a una muestra heterogénea de escrituras. No nos gusta encajonarnos, ni repetirnos; y, como somos tres socios, se da un entrecruzamiento de gustos e intereses que se ve traducido en el catálogo y en nuestro trabajo editorial. Y queremos que esa diversidad siga creciendo, dando espacio a escrituras y voces que de repente tienen difícil el acceso a plataformas como la editorial. Espero que, poco a poco, podamos ir afianzando esa intención.

– ¿Cómo camina su apuesta por los autores internacionales?

-La mantenemos siempre, sobre todo a través de la serie LiteraRutas Contemporáneas, que este año tendrá dos títulos nuevos. Publicar extranjeros en Perú es complicado porque hay que hacer un minucioso trabajo de construcción de autor y a veces, incluso trayendo al autor o la autora, los lectores muchas veces no se arriesgan a darle una oportunidad. Pero nosotros insistimos en que hay que ampliar la oferta literaria que existe en Perú, fortalecer la bibliodiversidad de nuestro medio y propiciar diálogos entre diferentes escrituras. Además, de un tiempo a esta parte vendemos en España y pronto entraremos a otro mercado latino, así que pensamos también en otra demanda y otros perfiles de lector. A raíz de ese tipo de reflexiones, por ejemplo, estamos publicando este año No somos cazafantasmas, de Juan Manuel Robles, pero solo para el mercado español, haciendo el ejercicio de invertir el flujo convencional de conocimiento y cultura al que estamos sometidos los países sudamericanos, que sigue siendo sobre todo del norte hacia el sur.

-El 2021 fue más que fructífero. Autores como Shane Greene, Roger Santiváñez, Violeta Barrientos, nos ofrecieron títulos contundentes. ¿Qué impacto han tenido sus títulos, pero sobre todo las temáticas que abordan?

-Nos gusta pensar que, cada vez más, los libros que hacemos van sirviendo para que ciertos temas se pongan en discusión. Títulos como Pank y Revolución o el mismo Kloaka & los subterráneos han propiciado encendidos debates, enfrentamientos, discusiones, y eso es positivo, siempre y cuando el intercambio se desarrolle con respeto. Lo de Violeta, además, es importante porque se suma al esfuerzo previo de Miguel Á. López (con Ficciones disidentes en la tierra de la misoginia) por reconstruir movidas o trazar o genealogías de propuestas e ideas que subvierten el poder hegemónico, escapan al mercado dominante, o problematizan la opinión generalizada o el statu quo en un periodo. Me da la impresión de que, inconscientemente, somos fans de las genealogías y que eso se da, en parte, porque permiten reordenar la historia y replantear las narrativas, añadiendo nuevos elementos, actores y hechos, entre otros, que habían sido marginados previamente. En ese sentido, todos esos libritos proponen de alguna manera reconstrucciones de escenas, épocas, movidas que brindan nuevas miradas sobre cosas que la gente ya cree conocer, como la escena del rock subterráneo, la escena del arte plástico peruano del siglo XX, la historia de un grupo poético o el establecimiento del movimiento feminista en el Perú en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. En el fondo, la colección Pensamiento es una apuesta por fomentar el pensamiento divergente en un país donde pensar distinto es visto como un peligro o una excentricidad.

-Finalmente. Eliana Otta y José Miguel Vásquez nos ofrecieron dos libros que van más allá de lo clásico en cuanto a libros para niños se refiere. ¿Qué nos puedes decir al respecto?

En la serie Infantil nos interesa mucho plantear temas que se podrían considerar tabú para niños y niñas, como la tolerancia, el respeto a la diversidad sexual e identitaria, la igualdad de género o la idea del mal. Creemos que no hay temas prohibidos para los más pequeños, sino maneras inadecuadas de plantearlos y abordarlos; y que los libros infantiles tienen un potencial desaprovechado cuando se trata de inculcar ideas y valores, y producir un impacto social positivo. Pero, más allá de eso, también hay una premisa tácita de intentar siempre ser originales, creativos, y de procurar salir de lo ordinario y convencional. Eso lo vemos claramente en los dos títulos que mencionas: en el de Eliana, porque la mirada es la de una niña que recorre una Lima que desaparece y se transforma, un punto de enunciación aún poco visitado; y en el de José Miguel, porque el libro propone un juego de construcción de historias y apuesta, a su vez, por una lógica de lectura diferente, presentando una imagen de la que emanan dos cuentos muy distintos. Entonces, sí, plantar ideas nuevas, positivas, en los más chiquitos es una parte del trabajo; pero también hacerlo siempre de manera original, jugando y propiciando el juego, que es la mejor manera de aprender.