Paul Baudry: “El presente es el extranjero del pasado”

Autor
del destacado libro de relatos “El arte antiguo de la cetrería” en una amena
charla con Lima en Escena
Fotos: Rosana López Cubas

Se encuentra en Lima, el investigador
peruano, especialista en literatura latinoamericana, Paul Baudry, quien hace
algunos días presentó su segundo libro de relatos “El arte antiguo de la
cetrería” (Peisa, 2017). 

Impregnadas de una sutil ironía, estas ficciones proponen una
perspectiva nueva de los hechos bajo escrutinio, donde la mirada del narrador
invita al lector a desentrañar los mecanismos de poder o de encantamiento que
subyacen en ellas.

El vuelo amenazador de un halcón
sobre la Casa del Pueblo, los vaivenes de la relación que se teje entre Ray
Bradbury y María Reiche en el desierto de Nazca, la imaginación perversa de los
estrategas militares franceses y argentinos que tienen la misión de eliminar a
los enemigos de sus respectivos regímenes, y las ocurrencias de la viuda de un
escritor mexicano en Londres para alcanzar la fama, son las piezas que componen
este mosaico narrativo.
Premio de la Sorbona (Mención
Piedallu Philoche) por su tesis doctoral sobre el escritor peruano Julio Ramón
Ribeyro, Paul Baudry, accedió amablemente a nuestra solicitud de entrevista.
Allí va.

-Paul,
¿cómo decides continuar con el ejercicio de la ficción narrativa, tarea que nos
permite tener en nuestras manos “El arte antiguo de la cetrería»?
-“El arte antiguo de la
cetrería” es mi segundo libro y lo empecé a escribir en el año 2011. Estaba
harto de estar esperando. Deseaba pasar al acto, trabajar en un libro a través
del cual el lector pueda juzgarme. Un libro que implique dar lo mejor de mí en
ese momento. Cada libro es una fotografía del escritor, de la etapa que, para
bien o para mal, está atravesando. Escribí estos relatos con la idea de que
fueran el mejor reflejo de lo que yo pudiera hacer actualmente.
-Me
comentabas que este libro contenía más de seis relatos…



   -Sí, este libro originalmente
tenía dos relatos más pero nos ceñimos a cuatro para esta entrega. Aunque hayan
quedado fuera, gran parte de su aura permanece en los textos seleccionados. Por
ejemplo, “Malas aguas”, que versa sobre el reflotamiento de la Covadonga y que
no hemos incluido, entremezcla la cultura popular y la alta cultura. Este cruce
fecundo aparece en “La guerra de los langostinos” o en “Historia de una rana”
donde se hace referencia tanto a la cantante comprometida argentina Mercedes
Sosa como al artista visual norteamericano Alexander Calder. Lo mismo sucede
con la relación entre Ray Bradbury y María Reiche en el relato “Miniatura de la
muerte” donde el texto fantasea sobre ese posible encuentro. Para mí, esos
universos referenciales coexisten, se superponen y se retroalimentan dentro de
mi escritura.
-“El
arte antiguo de la cetrería”, es el título del libro y el cuento que abre este conjunto
de relatos. Entre otras cosas esta historia nos habla de una amistad entre Haya
de la Torre y un hacendado en el valle de Lurín. Una clara relación amical con
tintes de homosexualidad.
-Es un rumor que, por ejemplo,
retoma Ribeyro en una de sus cartas a su hermano cuando le dice que Haya de la
Torre frecuentaba un “bar de maricas en París”. No me interesa la verdad
histórica de este comentario porque el relato tampoco lo evoca como un hecho.
Es más, no hay ninguna mención explícita a una relación amorosa entre los dos
personajes. Quería, en cambio, reflexionar sobre la ambigüedad de una amistad
entre dos hombres que se admiran, se necesitan y hasta dependen afectivamente
uno de otro. Gaetano Sandoval, el padre del personaje principal, es un
hacendado que se desvive por el aprismo y por Haya de la Torre: su fascinación
por el líder histórico hace que desatienda su hacienda, su familia y sobre todo
a su hijo. Sus sentimientos son confusos porque tiene una admiración
intelectual hacia el aprismo pero también proyecta sus deseos en su fundador. Las
pasiones personales no solo no están excluidas de la política sino que son la
política. Dentro del triángulo entre Gaetano Sandoval, su hijo y el fundador
del Apra, Haya sigue siendo un personaje secundario.
-Claro,
en este relato predomina la relación padre hijo…
-Exacto, el drama principal se
articular alrededor de una relación postegarda entre un padre ausente y un hijo
que no solo lo necesita sino que termina desfigurado en un accidente cuya
responsabilidad le compete. Ese trauma tiene consecuencias sobre el presente
cuando, convertido en un perito del Ministerio de Salud, Sandro Sandoval tiene
que investigar sobre un extraño suceso en la Casa del Pueblo: la muerte de
decenas de palomas apristas en la pajarera que, como propone el texto, habría
en el patio trasero. Esta misión reactiva los recuerdos dolorosos de Sandro en
la hacienda de Lurín cuando su padre intenta compensar su ausencia al regalarle
un nuevo juguete: un halcón para practicar el arte antiguo de la cetrería que,
como dice Haya de la Torre en la ficción, consiste en “entrenar a otro para que
elimine a un tercero”. Para Gaetano se trata de una excusa, una manera de no
afrontar sus propios errores, pero para Sandro este pajáro termina
convirtiéndose en un peligro real. Este descuido tiene consecuencias en el
presente del personaje principal que, contrariamente a su padre, encara su
pasado para resolver el misterio en la Casa del Pueblo. Pero las garras de su
memoria siempre lo acechan, y no digo más.
-A
propósito de este cuento. ¿Cuál es tu percepción sobre el Apra, este partido
que en un periodo de nuestra historia fue una de los más importantes del país?
-La decadencia del Apra empieza
con Alan García durante su primer gobierno en el año 1985. Desde entonces,
transforma su código genético. Se trasmuta en una organización populista,
demagógica y sobre todo en un cascaron vacío cuyo único objetivo es legitimar
la candidatura o permanencia de la figura de Alan García a través del tiempo.
Es un partido que ha sido nefasto para el país. Tiene un origen progresista
pero se trasformó en un partido de derecha, demagógico, que se ha enriquecido
ilícitamente sobre todo con las coimas que García ha recibido. Lo que me
interesaba a nivel ficcional es cómo este hombre tan interesante, tan complejo
como Haya de la Torre, un político de carrera, siga siendo, a pesar de García,
la gran figura del Apra.
-En
el relato “Miniatura de la muerte”, llama nuestra atención la manera cómo has
jugado, entretejido este vínculo entre Ray Bradbury, un autor de culto del
género fantástico, de terror y ciencia ficción y María Reiche, la arqueóloga e investigadora
alemana y peruana que ha estudiado las líneas de Nazca. Me pareció una locura.
-Lo es. Pero son personajes
antitéticos y a la vez compatibles. Bradbury, como Isaac Asimov, es uno de los grandes
escritores de ciencia ficción del siglo XX que se apoya sobre la ciencia para
que lo imposible parezca posible y sobre todo verosímil: en ese sentido,
persigue una verdad ficcional. María Reiche, en cambio, es una científica que
utiliza un método cartesiano para probar hipótesis que a veces parecen
descabelladas: busca, en realidad, una verdad racional. A pesar de estas
diferencias, los dos son personajes algo excéntricos, olvidados y que cierto
establishment no tomaba en serio. Además, el relato los equipara por su edad:
los dos sufren de los achaques de la vejez (incontinencia urinaria e insomnio,
respectivamente), lo cual es una manera de darles humanidad y de insistir sobre
ese momento crepuscular de sus vidas en el que están a punto de conocerse.
Porque nunca lo consiguen. Me interesaba escribir sobre el prejuicio, sobre la
idea que tenía cada uno del otro a la distancia antes del encuentro y cómo las
expectativas de cada uno van deformando al otro. El relato plantea a un
Bradbury lector de María Reiche, a un escritor en busca de imágenes sobre el
desierto peruano para imaginar el desierto extraterrestre en “Crónicas
marcianas”.

-Este
cuento es como una fotografía en donde visualizamos a ambos personajes en el
desarrollo de su día a día…
-Sí, exacto, incluso trabajé con
fotografías de archivo para combinar imágenes reales con mis propios recuerdos,
fantasías y proyecciones. Escribir esta historia desde el extranjero implicaba
asumir esa distancia. Creo que siempre se escribe desde esa extranjería porque
el presente, en cierta medida, es el extranjero del pasado. Recordé a Ribeyro,
cuando le pedía recortes de prensa desde Perú para estimular su imaginación, y
a Garcilaso, cuando recreaba su tierra desde España. Para escribir desde
afuera, importa el Perú real, desde luego, pero la transformación que opera la
fantasía es mucho más rica porque echa mano de los afectos sedimentados, de
algo que la historia no puede nombrar ni cuantificar. Uno de esos lugares que
siempre me ha habitado es el desierto. Lima, aunque tenga la cabeza en las
nubes, se extiende sobre una tablada de arena, forma parte de una larga franja
que tiene su propia historia y su propia mística. Esas sensaciones heredadas
son suficientes para alimentar mi trabajo. Nunca he ido a Nazca, por ejemplo,
salvo hace un par de semanas porque nuestro bus tuvo que regresarse de Arequipa
y terminamos varados en un espacio que recreaba mi libro. Pero todo el material
que necesitaba ya lo llevaba dentro.
-“La
guerra de los langostinos”, el tercer relato, nos confronta con el bien el mal.
-Todo comenzó con una imagen
poderosísima: un hombre de pie, dentro de un cilindro, rodeado de cemento
fresco de la cintura para abajo. Estaba escuchando la radio mientras caminaba
en París y me enteré de que se trataba de un método de desaparición utilizado
por un general francés, Marcel Bigeard, durante la guerra de Argelia. Se
llamaban los “langostinos Bigeard” y consistían en lanzar a estos hombres
inmovilizados desde un avión sobre el Mediterráneo para que sus cuerpos se
hundieran y no regresaran a la costa. La idea en sí de esta técnica resulta
escalofriante no solo por su crueldad sino por la imaginación que requiere para
obrar por el mal. A partir de esta premisa, el relato se fraguó como una
metáfora del aprendizaje. Si bien el hecho de aprender tiene, en general,
connotaciones progresistas, ¿qué sucede cuando se debe enseñar el mal? Es
evidente que, en ese caso, se deben racionalizar varios procesos para vencer
las resistencias morales del aprendiz. Pero, incluso así, ¿qué pudo haber
pasado cuando el aprendiz no solo no estaba de acuerdo sino que no respetaba a
su instructor? Muchos de estos militares eran carniceros acomplejados, gente
sin arte que se dedicaba mecánicamente a ejecutar lo ordenado. Dentro del
relato, uno de los cadetes es un esteta del mal y no reconoce al superior como
maestro. Esta historia sobre el mal funciona además en paralelo a otra en la
Argentina del general Videla. En otro espacio, en otro tiempo, otro vuelo de la
muerte está ocurriendo y se repite el mismo esquema de manera simética y
asimétrico. El puente entre los dos vuelos lo forma un tabú histórico: los
franceses le enseñaron a los argentinos a desaparecer cuerpos durante los años
setenta. 
-“Historia
de una rana” es una historia socarrona. Es uno de los cuentos más divertidos y
crueles. Te burlas del mundillo de los escritores ridiculizando a una viuda de
un escritor destacado y sus ansias de sobresalir en este universo banal y
frívolo.
-Me había propuesto escribir un
libro serio, grave, ambicioso pero me di cuenta de que tenía tendencia a
rematar ideas con una salida graciosa. El chiste, como decía Borges, es un
mecanismo particularmente arriesgado porque es efectista. Si el lector no lo
entiende, todo se viene abajo. Entonces decidí darme un espacio para desfogarme
e impedir que todos los textos estuvieran amenazados por esa propensión. Así
empezó “Historia de una rana”, como una excusa para dar rienda suelta a lo
jocoso. Se trata de un cuento cruel que satiriza el mundo del arte
contemporáneo, el arribismo y también el machismo que lo impregnan. En cierta
medida, es un relato de un aprendizaje imposible –como en “Madame Bovary”–
donde una mujer que sueña con convertirse en la esposa de un famoso escritor
mexicano se topa con las barreras sociales, culturales y educativas que obstaculizan
su ascenso. El texto coquetea con la fábula desde el título. Ese animal,
grotesco y repulsivo, simboliza la metamorfosis moral que atraviesa el
personaje principal, Rana Chávez, con tal de conquistar el amor de su esposo.
El origen de su tragedia está en el manejo torpe, y errado, de los
conocimientos que adquiere y que malinterpreta pensando que todo gesto se puede
imitar.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.