A propósito de la publicación de sus obras literarias “Astro de luz sinfónica” y “Los colores de la infancia” (Hipatia Ediciones, 2025), la escritora peruana Patricia Colchado, nos ofreció generosamente un momento de su tiempo para hablar al respecto
Justamente, sobre ambos títulos, la autora señala: “Astro de luz sinfónica me ayudó a sentirme cerca de papá, a través de las palabras, de los versos y las imágenes; y si bien es cierto, en un inicio, el proceso creativo de este poemario reavivó el dolor, el terminar de escribirlo me ayudó a sanar, a recuperarme de su partida”, mientras que desde “Los colores de la infancia” deseo crear conciencia ante ciertas problemáticas, busco que el lector encuentre en estas historias calma, ternura, consuelo; que, al identificarse con alguno de mis personajes, puedan cambiar sus historias de manera más positiva, más esperanzadora. Que sepan que no estamos solos en esta vida, que hay otros seres que también han vivido episodios traumáticos, tristes y terribles.
Sobre este y otros temas le ofrecemos nuestra entrevista con Patricia Colchado, quien nos aproxima a descubrir sus dos obras.
-Patricia, en esta ocasión charlaremos sobre tus dos últimas obras, la primera de ellas de poesía y la segunda de relatos. Permíteme empezar por tu producción escritural. Qué implica navegar entre la poesía y la ficción…
-Crecí rodeada de libros. Desde niña he estado familiarizada tanto con la poesía como con la narrativa. Para mí la poesía se encuentra en las cosas trascendentales y en las más cotidianas de la vida. Por ello, en mis libros abarco desde la poesía intimista y erótica hasta la realidad política y social. La narrativa, en cambio, me permite crear mundos, explorar la psicología de los personajes y desentrañar sus conflictos, más cuando escribo ficción también empleo un lenguaje poético.
Fotos: José Rodríguez Sáez

-La danza y la música están impregnados en tus obras literarias llámese poesía, nouvelle, cuentos. ¿Hasta qué punto tu formación de bailarina y maestra de esta disciplina influyen en tus libros?
-Como aparece en la dedicatoria de mi novela La danza del narciso: “La danza es mi maga y mi musa”. Desde los cuatro años de edad, cuando empecé a tomar clases de ballet, comenzó mi fascinación por este mundo. Lo que viven los bailarines, coreógrafos, costureras, especialistas en el vestuario, los diseñadores de la escenografía y todos los amantes del ballet, tanto dentro como fuera de las clases o de una presentación, será un tema recurrente en mi narrativa. Le he dedicado muchos poemas a la danza y muchas de mis ilustraciones reflejan este arte. Quiero que el lector, la persona que observa sienta el movimiento, el transpirar de mis personajes en mi escritura y en mis dibujos. Concibo mis textos literarios como una coreografía, donde la música y la danza tienen los roles principales.

– Desde una mirada en retrospectiva, ¿qué significó escribir “Astro de luz sinfónica”?
-Escribir este poemario dedicado a mi padre fue avivó la tristeza devastadora que me generó su partida. Fueron muchos meses en que dejé de escribir, bailar y dibujar. Tuve que llevar una terapia para sobreponerme a esta “orfandad”. Antes de escribir Astro de luz sinfónica, expresé en movimientos, en danza, todo ese dolor. Poco a poco, comencé a plasmar ideas, frases, versos en un cuaderno; y si bien es cierto, el escribir el primer poema significó remover esa gran herida, conforme creaba nuevos poemas, me llenaba de calma, de tranquilidad, de fortaleza.
-Un tema relevante en este bello poemario homenaje, tributo a tu padre, es su viva presencia a lo largo del libro. Podrías acercarnos a este proceso, a esta experiencia durante la construcción de “Astro de luz sinfónica” …
-Óscar Colchado Lucio, no solo ha sido mi padre, sino también mi amigo, mi héroe, mi compañero de lecturas y escritura. A veces, los dos estábamos frente a frente, cada uno en su máquina de escribir (desde mi época escolar), siempre le estaba consultando cosas y él me leía a veces los nuevos textos que creaba. Desde que abrí los ojos lo recuerdo tecleando en su máquina de escribir. Cuando vine a vivir a Alemania, hablábamos por teléfono, desde cosas cotidianas y familiares hasta literarias. Las veces que papá nos visitaba, se quedaba varios meses, disfrutaba mucho de estar con nosotros (con mis hijos, mi esposo y conmigo), íbamos seguido a Los Alpes, que le recordaban mucho a sus Andes. Todos estos recuerdos junto a él, desde mi infancia en Chimbote hasta mi vida en Europa, los he revestido de poesía. Mi padre es ahora un astro que continúa alumbrando a su familia con su luminoso amor. Todos estos sentimientos y vivencias junto a él están condensados en las páginas de este poemario.
Fotos: Valentin Witzel

-El libro nos abre también a tu labor artística, a la práctica de las artes visuales: tus ilustraciones o dibujos contenidos en el libro, por ejemplo. No es la primera vez, sin embargo, ¿estás imágenes surgieron paralelamente a los poemas?
-Es difícil no ilustrar mis poemas. En mis años universitarios solía tener no solo un diario en el que escribía las cosas que me habían ocurrido sino también un diario visual, era un sketchbook en el que dibujaba -sobre todo- sucesos que me ponían triste o acontecimientos que me deslumbraban. Desde mi ópera prima Blumen (2005), todos mis libros están acompañados de algunos dibujos. Mi padre también me pedía que hiciera ilustraciones para sus poemarios. En Astro de luz sinfónica las imágenes visuales fueron posteriores a las imágenes poéticas. A veces ha ocurrido que ni bien he terminado de escribir un poema imaginaba inmediatamente este y lo dibujaba. Sinceramente, no estaba segura de ilustrar este poemario dedicado a papá, porque estaba segura que nuevamente me hundiría, y así ocurrió. Tuve que arreglar dos de mis dibujos, ya que mis lágrimas habían desdibujado la tinta.
-Finalmente, ¿escribir Astro de luz sinfónica disipó el dolor de la partida física de un ser querido?
-Astro de luz sinfónica me ayudó a sentirme cerca de papá, a través de las palabras, de los versos y las imágenes; y si bien es cierto, en un inicio, el proceso creativo de este poemario reavivó el dolor, el terminar de escribirlo me ayudó a sanar, a recuperarme de su partida. Papá continúa viviendo en todos esos recuerdos, en nuestras conversaciones familiares, en nuestra memoria y en nuestros corazones.
Sobre “Los colores de la infancia”

-A través de una serie de historias, diversas todas, “Los colores de la infancia” nos conduce a una serie de problemáticas sociales entre estos el acoso y abuso de parte de algunos representantes de la iglesia católica -curas- a las infancias. ¿Qué te llevó a reflexionar, a poner en el tapete, estos abusos a los niños?
-El abuso sexual infantil es una problemática que se produce desde los hogares hasta las diversas comunidades religiosas. Aunque el escándalo dentro de la Iglesia Católica ha tenido gran visibilidad mediática debido a que es la que cuenta con mayor número de feligreses, el acoso y abuso infantil es muy frecuente en una comunidad espiritual. Los curas, los pastores y otros guías espirituales, aprovechan de su autoridad y la imagen sagrada que representan para cometer estos actos aberrantes. La fe de sus devotos los convierte en seres intocables, por eso es que la mayoría de veces quedan impunes. Escribí “Susurros en el huerto”, cuento que toca esta temática para crear conciencia en las personas (lectores) que han padecido este tipo de violencia sexual no se queden callados, denuncien, rompan el silencio y de esta forma liberarse de ese gran trauma y hallar justicia. Yo tenía dieciséis años cuando escuché en las noticias que un padre de la iglesia católica había violado a algunos niños de un coro que él dirigía. Recuerdo que quedé espantada y llena de rabia, y si mi memoria no me falla fue la primera vez en mi casa que se habló de lo que significa una violación. Estos temas, estas problemáticas deben hablarse abiertamente en las familias, en los colegios y evitar de esta manera que se cometan estos delitos abominables y execrables.
– Otro punto relevante en tu cuentario es el tema de memoria referida a la guerra interna. Lo vivido en este período. Época de coches bomba, apagones, desapariciones. ¿Por qué es vital tocar este tema en nuestras literaturas?
-Para que las nuevas generaciones conozcan y entiendan nuestra historia, nuestro pasado, y prevenir así la repetición de la violencia, ya sea violencia terrorista o violencia de estado. Es importante desarrollar una mirada crítica frente a las estructuras actuales. Al narrar el terror, la literatura nos permite procesar el miedo y el trauma colectivo, transformando la experiencia personal de sufrimiento en una resistencia compartida.
-Tus protagonistas: niños, adolescentes, jóvenes, caminan en medio de un país en crisis severa. ¿Cómo observas ese crudo momento ahora y a la distancia en el tiempo?
-Hay sucesos que nos marcan para toda la vida. Por ejemplo, un día a la salida de clases, una de mis hermanas y yo, pasamos por un mercado para luego llegar a casa. En la parte del mercado donde se estacionaban los camiones para dejar sus cargas había gran alboroto. Mucha gente había formado un círculo, mi hermana y yo nos acercamos, vimos a muchos perros callejeros comerse restos desperdigados por el suelo, preguntamos qué ocurría y alguien nos dijo que habían dinamitado a un hombre. Nos miramos horrorizadas y nos fuimos corriendo a casa a contarles a nuestros padres. El peligro se respiraba por todas partes, sabíamos del peligro que había en las calles y sin embargo como niña tenías a tus padres que hacían todo lo posible por apaciguar tu miedo, por protegerte, y así, entre explosiones y apagones, seguíamos disfrutando de nuestra infancia, inventando nuevos juegos, pintando o contándonos historias. Pero a nuestros padres, a los adultos, ¿quién les daba esa seguridad, ¿quién calmaba sus temores? Ahora que soy madre, pienso que si me tocara vivir situaciones similares no podría permitirme sentir miedo, solo haría todo lo posible por proteger a mis hijos. Ahora son tiempos incluso más difíciles, con más guerras, más violencia, más inestabilidad e inseguridad en todo el mundo.
-Pese a todo, las infancias sobreviven de manera esperanzadora unas veces, felices otras. Igualmente, los jóvenes, quienes le dan apertura al amor. ¿Estamos ante una postura de paz, que nos conlleva al amor, la ternura…?
-Sí, eso es lo que intento transmitir en mis cuentos, aparte de crear conciencia ante ciertas problemáticas, deseo que el lector encuentre en estas historias calma, ternura, consuelo; que, al identificarse con alguno de mis personajes, puedan cambiar sus historias de manera más positiva, más esperanzadora. Que sepan que no estamos solos en esta vida, que hay otros seres que también han vivido episodios traumáticos, tristes y terribles. El dolor o el temor nos une, pero también lo hace la esperanza y el amor. Podemos liberarnos de esa carga compartiendo nuestra historia y siendo escuchados por personas con gran empatía y sensibilidad. En el apoyo mutuo encontramos nuestra mayor fuerza para sanar.
-Finalmente. La cartografía por donde nos llevan los personajes: lo urbano, lo porteño, lo costero, lo rural, ¿es una forma de destacar la magia de nuestra megadiversidad geográfica?
-Chimbote, Lampanín, Huaraz y Lima son los territorios por los que mis personajes y yo hemos transitado y vivido. No me propuse de manera consciente resaltar el encanto de nuestra inmensa variedad de paisajes en este libro, gracias por subrayar esa idea Rosana. Me gustaría conocer más y habitar otros pueblos de Los Andes y la Selva, ya en estancias más largas y ambientar ahí también algunas de mis historias. Sin embargo, en mi cuento infantil Mamá Ukumari (Pájaro de Fuego, 2021), que aborda el tema de la muerte, de forma tierna y esperanzadora, los personajes son animales de nuestra bella fauna amazónica en peligro de extinción. Así, debido a la presencia de estos animales en este cuento, la Amazonía también está presente en mi escritura.
Sobre Patricia Colchado
Publicó la plaqueta de poemas Hypercubus (2000); los poemarios Blumen (2005), Las pieles del edén (2007), Ciudad ajena (2015) y Calendario lírico 2017 / Lyrische Kalender. Selección poética (edición bilingüe) (2017); y la nouvelle “La danza del narciso” (2011), traducida al alemán en 2013 y reeditada en español en 2021 por Hipatia Ediciones. En 2005, fundó el sello editorial Pájaro de Fuego. Asimismo, fue directora cultural de la asociación Freunde der Kulturförderung en Múnich, ciudad en la que radica. En 2011, recibió la mención honrosa en el XIV Concurso de Poesía convocado por la Asociación Internacional La Porte des Poètes de Francia. En 2020, ganó el concurso de poesía organizado por el Festival Internacional de Literatura Stadtlesen (Austria), en representación de la ciudad de Múnich, con su poema «Un árbol dentro de mí», perteneciente a Ningunlado. Asimismo, pertenece a la directiva de la asociación TierrArtes Perú. Acaba de publicar la antología bilingüe epañol-alemán, junto a la poeta argentina, Dorita Puig, «Polifonía nocturna. Nächtliche Polyphonie» (Pájaro de Fuego Ediciones, 2026).










