Pascal y el niño del metro

El acariciado sueño de convertir L’Enfant du Métro en El niño del metro se debe a la obtención de un estímulo económico para la cultura otorgado por el Mincul en 2021. Gracias a este apoyo, el sello Maquinaciones Narrativa pudo contar con el talento de Nataly Villena y de Gabriela Quispe, quienes se encargaron, respectivamente, de traducir e ilustrar el volumen.

Escribe: José Donayre Hoefken

El 16 y 17 de julio de 1942 son fechas muy ingratas de la historia de París, por entonces una ciudad ocupada por las huestes de Hitler. Hace ochenta años, más de doce mil judíos fueron capturados y conducidos al Vélodrome D’Hiver para concentrarlos en un solo lugar y posteriormente disponer de ellos, cumpliendo con los planes de la irracional maquinaria nazi.

Entre los capturados se encontraba Pascal Behar, un niño judío-rumano de ocho años, y su madre, llamada Sarah. Ella, previendo que las cosas se pondrían peor dado el hacinamiento y la falta de todo lo necesario para la supervivencia, vio la manera de que Pascal huyese. Además de ayudarlo para la evasión, le dio indicaciones muy precisas para que el pequeño supiera qué hacer una vez que saliera del Vélodrome D’Hiver: tomar el metro de París, pero no dirigirse directamente a su departamento, en el distrito XVII, sino ir de una estación a otra, siguiendo una suerte de zigzag, con el propósito de que, si alguien lo seguía, lo despistara.

Pascal, sucio, hambriento y abatido, llegó a su edificio y tocó la puerta de las hermanas Truel, sus vecinas. Ellas, que habían presenciado la redada días atrás, acogieron a Pascal y trataron de que su permanencia en el departamento fuera lo más agradable para él, quien no podía jugar ni reír ni cantar ni llorar. La idea era que pasara inadvertido, pues resultaba imposible confiar en los vecinos.

Madeleine, quien se recuperaba de un terrible accidente, retomó las historias que le contaba a Pascal y a otros niños del barrio tiempo atrás, hasta que no le quedó más opción que inventarle nuevos cuentos. Uno de ellos fue el relato de un niño que nació en el metro y que no podía dejar ese mundo subterráneo porque él y los demás personajes estaban encantados. La historia fue ganando consistencia narrativa, mediante personajes que, de algún modo, daban pistas sobre otros, y situaciones que suponían retos y aprendizajes para el protagonista. Madeleine alteró los nombres de las estaciones del metro con lúdica creatividad, a partir de distorsiones fonéticas y semánticas, consiguiendo alusiones con sutiles guiños sobre lo que ocurría en ese momento en Francia. La historia que le refería Madeleine a Pascal se replanteaba constantemente desde su lógica fantástica y surrealista hasta que finalmente armó un libro casero, con hermosas ilustraciones de su hermana Lucha, para convertirse en un especial regalo de cumpleaños para su pequeño vecino.

Lo que ocurrió después con L’Enfant du Métro se debe en gran medida a Lucha Truel, quien trabajaba en Éditions du Chêne. El libro, a pesar de tratar sobre una comunidad oprimida por un tirano y detallar cómo consigue librarse de este, logró superar la férrea censura fascista, pues estaba escrito en clave. Una vez publicado en 1943, tuvo una buena recepción. Durante la posguerra, fue utilizado por la Alianza Francesa para la enseñanza del francés, contando con varias reimpresiones. Madeleine falleció días antes de que Alemania se rindiese, de manera que nunca pudo saber el alcance esperanzador que su libro ejerció en muchos niños que crecieron en tiempos tan hostiles y desoladores.

El acariciado sueño de convertir L’Enfant du Métro en El niño del metro se debe a la obtención de un estímulo económico para la cultura otorgado por el Mincul en 2021. Gracias a este apoyo, el sello Maquinaciones Narrativa pudo contar con el talento de Nataly Villena y de Gabriela Quispe, quienes se encargaron, respectivamente, de traducir e ilustrar el volumen. Asimismo, involucrar en el proyecto a Hugo Coya, quien en su libro de no ficción Estación final (Lima, Aguilar, 2010) rescatara la figura Madeleine y de su entrañable personaje que en las primeras líneas lo presenta así: Este niño nació en el metro y jamás salió de allí. Ahora este pequeño, que dejó el ámbito francés, nos acompaña en lengua española en momentos casi igual de aciagos, y su historia, lejos de envejecer, se reactualiza como magnífica metáfora de la libertad y la resistencia.