Pablo Sandoval: “Un libro de ensayo es siempre una apuesta política”

La editorial independiente La Siniestra cuya filosofía de trabajo es promover nuevos lenguajes y saberes para imaginar diversos rumbos en nuestro país y América Latina cumple 10 años de sostenida labor en el nicho de las ciencias sociales y humanidades. Su reconocido catálogo reúne a diversos autores y un celebrado número de autoras. Justamente para charlar al respecto contactamos con el antropólogo, historiador y director del sello, Pablo Sandoval, quien nos ofrece una mirada en retrospectiva de una década de labor al frente de uno de las editoriales más innovadoras del sector.  

Nuestro reto es hacer alianzas con otras editoriales de la región y del mundo en habla hispana, pero también crear un espacio de discusión y formación (talleres, cursos charlas) para el público que busca resistir al empobrecimiento intelectual en el Perú. Tenemos varias novedades ya confirmadas y otras por confirmar. Puedo decir que están en proceso textos de Danilo Martuccelli, Patricia Oliart, Guillermo Nugent, José Ragas, Charles Walker, José Luis Rénique. Y por afinar detalles para una edición facsimilar de una emblemática revista política de los años 60s, una compilación con reflexiones sobre José Carlos Mariátegui y un libro sobre el cine en los años del conflicto armado interno”, informa Pablo Sandoval.

-Pablo, La Siniestra cumple 10 años en el segmento de las editoriales independientes con una apuesta por temas como las Ciencias Sociales y Humanidades desde una óptica diferente. ¿Cómo describirías este periplo, esta apuesta, esta experiencia editorial durante esta década?

-Han sido 10 años de riesgo y experimentación. Me uní a un equipo de amigos sanmarquinos conformado por Luis Zuñiga, Leonardo Dolores y Lucero Reymundo, que eran parte de otro sello editorial en literatura (Animal de Invierno). Recibí de ellos la invitación para crear un sello en ciencias sociales, y así nació La Siniestra Ensayos el 2015. Nos movimos al inicio más por intuición que por certezas, pensando en qué tipo de libro le gustaría leer al lector promedio de ciencias sociales. Y la intuición nos llevó a pensar que el campo cultural no es homogéneo sino diverso. Quisimos ubicarnos en aquella zona de lectores que no oponen el libro especializado al libro de ensayo. Esa rivalidad es promovida ilusamente por quienes resguardan su lugar en la academia especializada o entre quienes creen monopolizar el mundo del ensayismo. Pero es ficticio. Nuestro precario mundo editorial no resiste esta dicotomía. Son dos formatos que pueden y deben dialogar. Uno se alimenta del otro.

Fue así como al inicio acudimos a colegas y amigos académicos para que nos confiaran manuscritos abiertos al diálogo para un público lector, algo crítico, algo erudito, algo politizado, algo “multidisciplinario”. Pensamos que ese lector imaginado no deseaba enfrascarse en la lectura de monografías hiper-especializadas cuya lectura se te cae de las manos, o en ensayos generalizantes del tipo “Siete secretos para entender la nación republicana”. Por ello funcionó nuestro primer libro, Incendiar la pradera, de José Luis Rénique, porque fue escrito por un historiador profesional que tuvo la intención explícita de escribir un ensayo abierto y dialogante.

Otro elemento igualmente crucial ha sido el equipo editorial. No provengo del mundo editor. Me he movido más en el ámbito de la investigación social y la enseñanza universitaria. He aprendido -y sigo aprendiendo- de los que saben del proceso de transformación de un manuscrito a un libro. Lucero, Luis y Leonardo fueron claves para pensar el formato de nuestros libros, desde la edición y corrección, la composición tipográfica, el diseño de las portadas (con Carlos Yáñez) y la distribución del libro (con Liz Ocrospoma). Nuestra consigna colectiva es que un libro-objeto de La Siniestra no sea aburrido y se le reconozca por su simple presentación material. Algunos libros han funcionado visualmente mejor que otros.

En estos diez años han ocurrido dos condiciones que han sido cruciales para nuestra riesgosa presencia editorial. Primero, la completa autonomía para escoger nuestros temas y autores. Segundo, nuestro interés en contribuir desde el mundo editorial a una política cultural progresista que no se reduzca al apresurado panfleto de agitación ni tampoco a una infructuosa nostalgia izquierdista. No nos interesan libros premeditadamente neutrales. Toda escritura se define siempre en una lucha cultural entre el mundo del libro, la edición y las ideas. La impulsa alguna fuerza ideológica, algún sentido crítico del mundo. Un libro de ensayo es siempre una apuesta política. Si se quiere, editar libros es nuestra manera de militancia cultural. No arriamos banderas.          

– ¿Qué significó apostar por una narrativa amigable en ensayos que transformaron en una práctica más plural el ejercicio de la lectura?

-Los nuestros son ensayos escritos siempre por académicos profesionales, la mayoría docentes universitarios. Hemos publicado libros que originalmente fueron tesis de maestría o doctorado, también publicamos traducciones que aclimatamos al lenguaje académico en español, o hemos compuesto libros que recogían textos escritos en distintos momentos por algún autor. En todos los casos lo crucial siempre ha sido la disposición del autor para permitir nuestra intervención editorial. Y en ese camino hemos evitado, lo más posible, subestimar al lector porque se dan cuenta cuando se le trata con paternalismo.

La condescendencia es una mala actitud en la vida, y aun peor en el mundo editorial. No hemos querido publicar textos pedagógicos, que ilusamente traduzcan ideas complejas en formatos simplistas. Nuestra idea de ensayo consiste en que las ideas complejas fluyan en un lenguaje claro. Fue el caso del estupendo libro de Fernando Escalante, Historia mínima del neoliberalismo que es un excelente relato intelectual sobre un proceso ideológico global. Da igual si quien lo escribió proviene de la sociología, la historia o la crítica literaria. En todos los casos se necesitará siempre claridad expositiva. La estrategia narrativa puede ser diversa, pero debe ser eficaz. Si no comunica de forma fructífera y se encierra en un lenguaje de ghetto, entramos en un problema. Existen académicos especializados que escriben con humildad y ensayistas que escriben con arrogancia (y viceversa). Felizmente no nos hemos tropezado ni con uno ni con otro.

-Desde una mirada en retrospectiva, desasirse del lenguaje estrictamente académico y apostar por una escritura más accesible, ¿fue favorable para La Siniestra?

-Sí, porque nos ha permitido conectarnos con otros lectores, democratizar el acceso del libro a un público más amplio. Aunque no es posible (ni deseable) deshacerse del lenguaje académico. Se le necesita siempre para explicar procesos históricos complejos. La clave, me parece, radica en la calidad expositiva de las ideas. Y en nuestra cultura letrada reciente, tenemos felizmente varios ejemplos que han combinado la profundidad de ideas y la eficacia en la escritura. Menciono solo a tres: Alberto Flores Galindo, Carlos Iván Degregori y Luis Loayza. Los dos primeros fueron académicos, docentes e investigadores sociales. Escribieron monografías detalladas, redactaron artículos para la prensa, fueron militantes y editores de revistas culturales, y apostaron en más de una ocasión por el ensayo. Son casos que nos permiten entender tanto la importancia del estilo de escritura como la amplia recepción social de sus ensayos. Los menciono adrede precisamente para aludir a otro momento de nuestra cultura letrada que se organizaba bajo otras reglas académicas y otro ecosistema editorial, pero que mantiene hasta hoy el mismo dilema: la búsqueda obsesiva de nuevos lectores.

En la actualidad los soportes para la lectura se han multiplicado y democratizado, pero construir un estilo de escritura sigue siendo crucial para fomentar la lectura y circulación del libro. Para nosotros esto ha sido lo primordial. Solo después podemos pensar en las estrategias publicitarias del libro. En La Siniestra hemos preferido el estilo antes que el marketing. Por supuesto que esta apuesta implica todo tipo de riesgos, desde los financieros (nuestro gran dolor de cabeza), hasta el quedarnos petrificados en un reducido nicho de lectores. Puedo resumirlo así: publicamos libros en una economía de mercado, pero no publicamos libros para la satisfacción cultural del mercado.

Quizá esto sea una limitación, hasta un error comercial, pero siento que no solo nosotros, sino todas las editoriales académicas en el Perú nos movemos en la fricción entre un precario sistema de lectores y un pobre sistema de circulación de libros. Pero debemos agregar a esta situación una limitación estructural: nuestro ecosistema intelectual es limitado. No tenemos tantos autores que escriban, y a veces nos apresuramos y publicamos libros que no están del todo maduros y merecen más tiempo de elaboración. Quizá sea este un error en el cual hemos caído todas las editoriales peruanas. Otra limitación de La Siniestra es que quizá no nos hemos abierto lo suficiente a nuevos temas, a otro perfil de autores, no hemos apostado por otro tipo de formatos de edición y de experimentos en la escritura. A lo mejor, hemos pecado algo de conservadores y de tradicionales.                    

-Títulos como “Sexualidades amazónicas”, de Luisa Elvira Belaunde, “Alberto Flores Galindo. Utopía, historia y revolución” de Carlos Aguirre y Charles Walker, “La domesticación de las mujeres” de Mariemma Mannarelli, entre otros están agotados. Más allá de la demanda, de la acogida, ¿estos libros ya cumplieron una etapa?

-Los libros son productos culturales, siempre son resultado de una cultura académica específica anclada en un tiempo determinado. No creemos en los libros consagrados y eternos. Tenemos la certeza de que ciertos libros son demandados en cierto clima cultural que a menudo se agota y cambia, pero puede volver a encenderse el tema en otro momento, quizá bajo otras preguntas, bajo otras demandas y sensibilidades. Y lo que creíamos temas y autores agotados con preguntas exhaustas, de repente reaparecen y vuelven a la palestra. Lo que quiero decir que nos movemos en un escenario editorial siempre incierto. Hay editores que señalan que son siempre los lectores, con sus gustos y sensibilidades, los que definen las líneas editoriales. Y basan toda su estrategia es “darles lo que quieren” que suele traducirse en un contenido editorial bien pobre, puro “populismo pedagógico”. Nuestros libros agotados quizá no circulen por un tiempo, pero podrían ser demandados nuevamente en otro contexto, ser reimpresos, reapropiados y leídos con otros ojos interpretativos, por otros lectores. Allí interviene precisamente también otra de nuestras apuestas: los rescates editoriales de textos producidos en otro universo cultural pero que pueden ser discutidos ahora bajo otras premisas. Así ha funcionado con la restitución de los escritos de Roberto Miró Quesada (Lo popular viene del futuro) y Maruja Barrig (Mañana fuimos felices) ambos editados por Mijail Mitrovic, o la discusión propiciada por Carlos Aguirre y Charles Walker alrededor de Alberto Flores Galindo (Alberto Flores Galindo. Utopía, historia y revolución).

-El catálogo de La Siniestra no solo destaca por ser de temática diversa sino y prioritariamente por impulsar el debate en coyunturas político sociales como la actual. ¿Por qué es vital promover nuevos lenguajes y saberes desde una visión crítica?

-Tratamos de evitar libros de coyuntura, porque el tiempo corto de la política es efímera y los convierte muy pronto en libros inútiles y oportunistas, y suelen caer en evaluaciones trilladas. No evadimos el tiempo presente, pero nos interesa apostar por libros que nos permitan comprender lo contemporáneo desde una lectura cultural más profunda en el tiempo. Creo que eso es lo que buscan los lectores, otros puntos de vista, con nuevos lenguajes, con otras preguntas. Sospechó que esa “mirada distante”, parafraseando a Claude Lévi-Strauss, nos brinda mejores elementos de comprensión sobre los cambios y persistencias del racismo, las desigualdades, las violencias, las diversidades, la democracia, el reconocimiento, las esperanzas populares. Fue por ello que apostamos por ensayos cortos como los de Anahí Durand (Estallido en los andes) y José Carlos Agüero (Cómo votan los muertos y Desprecio), o en reflexiones más extensas como las de Ramón Pajuelo (La rebelión de la realidad), Danilo Martucelli (El otro desborde) y Joseph Feldman (Cuando el estado elabora el pasado). No quiero decir que todos hayan sido libros exitosos, solo insisto en que han cumplido un rol de discusión pública al momento de su publicación.

– ¿Qué papel juegan Luisa Elvira Belaunde, Patricia Oliart, Verónica Gago, Angélica Motta, Valérie Robin Azevedo, Cecilia Méndez, Maruja Barrig y otras autoras en La Siniestra?

-Todas son académicas con diversos intereses temáticos y múltiples agendas de investigación. No ha sido un acto deliberado nuestro separar autoras mujeres de autores hombres, ni crear un nicho editorial por contenidos de género, aunque reconocemos que existen temas que por razones, éticas, políticas y epistemológicas han preocupado más a autoras mujeres que a hombres. Ellas mismas no se sienten parte de un grupo homogéneo, ni consideran que piensan de la misma forma. Incluso sospecho que no comparten las mismas convicciones ideológicas alrededor del feminismo. Las problemáticas humanas son comunes, aunque hay un elemento central que el feminismo sí ha colocado en la agenda del pensamiento moderno: la estrecha relación entre género, sexismo, clasismo, racismo, violencia y capitalismo. Los feminismos nos han hecho comprender ese nudo de subordinaciones donde se entremezclan sistemas de opresión, explotación y discriminación. Es en ese sentido que nos interesa la circulación editorial de estas ideas críticas porque compromete a toda la sociedad. 

-A lo largo de estos 10 años, ¿cuáles son los títulos de mayor interés?

-No podría mencionar algún libro en específico. Ya llevamos más de 40 libros publicados. Lo que sí puedo decir es que preferimos publicar libros que nos hablen del siglo XIX y en especial del siglo XX (solo tenemos uno sobre el siglo XVIII, el de Sergio Serulnikov, Revolución en los andes. La era de Túpac Amaru). Estamos seguros de que a nuestros lectores les encanta la historia contemporánea. El problema está en los editores que no sabemos responder siempre con propuestas originales. No hemos discriminado entre libros de historia, antropología o sociología. Podría decir que el perfil de nuestro catalogo se ubica en esa zona hibrida de una historia social de la cultura. Por ello hemos apostado por textos tan semejantes como diferentes como los de Guillermo Nugent, Cecilia Méndez, Mijail Mitrovic, Luisa Elvira Belaunde, Joseph Feldman, Zoila Mendoza, Patricia Oliart, Martin Bergel, Danilo Martuccelli, Ricardo Caro, Ponciano del Pino, Jaymie Heilman, Carlos Aguirre, Charles Walker, entre otros.

 -También tienen nuevo formato. Los Cuadernos rojos, por ejemplo…

Los Cuadernos rojos responden a nuestra intención de intervenir con un formato más pequeño, casi como un libro de bolsillo, con ideas más directas, más concisas, pero sin disminuir para nada su complejidad. Para decirlo figuradamente es muestra forma táctica de circular las ideas desde la “guerra de guerrillas editorial” frente a la “guerra convencional” del libro clásico. Y ha funcionado hasta el momento porque ha permitido que los Cuadernos rojos circulen más rápido que el libro, y han generado reacciones como ha ocurrido con los textos de Luis Reyes, Valerie Robin, Mijail Mitrovic, Anahi Durand y José Carlos Agüero.  

– ¿Cuáles serán las novedades de este 2026?

-Este 2026 queremos reevaluar nuestro camino y realizar algunos cambios en nuestras estrategias editoriales, corregir algunos errores que hemos cometido, modernizar procesos editoriales, ampliar nuestro registro sobre el ensayo. En estos 10 años han funcionado bien algunas cosas y no han funcionado muchas de nuestras apuestas. Queremos preguntarnos por qué ha sido así, para poder enfrentar con nuevos elementos lo nuevo por venir, y no quedarnos en la inercia de la autocomplacencia. Sería fatal. Nuestro reto es hacer alianzas con otras editoriales de la región y del mundo en habla hispana, pero también crear un espacio de discusión y formación (talleres, cursos charlas) para el público que busca resistir al empobrecimiento intelectual en el Perú. Tenemos varias novedades ya confirmadas y otras por confirmar. Puedo decir que están en proceso textos de Danilo Martuccelli, Patricia Oliart, Guillermo Nugent, José Ragas, Charles Walker, José Luis Rénique. Y por afinar detalles para una edición facsimilar de una emblemática revista política de los años 60s, una compilación con reflexiones sobre José Carlos Mariátegui y un libro sobre el cine en los años del conflicto armado interno.  

 Sobre Pablo Sandoval López

Doctor en Historia por El Colegio de México y licenciado en Antropología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Es Profesor Principal del Departamento de Antropología de la UNMSM. Tiene múltiples investigaciones y publicaciones entre las que destacan últimamente: Ficciones de la antropología en el Perú. De indios, campesinos y cholos (Fondo Editorial de la UNMSM, 2024), Elogio del trabajo de campo. Historia visual de la antropología en el Perú 1946-1969 (Fondo Editorial de la UNMSM, 2025), Nuestras antropologías. Elaboraciones y problemáticas desde América Latina y El Caribe (junto a Eduardo Restrepo, Asociación Latinoamericana de Antropología, 2024), Antropologías hechas en Perú (Asociación Latinoamericana de Antropología, 2022), No hay país más diverso II. Compendio de antropología peruana (junto a Carlos Iván Degregori y Pablo Sendón, Instituto de Estudios Peruanos, 2018), Las máscaras del poder. Estado, etnicidad y nacionalismo (Instituto de Estudios Peruanos, 2017), Aprendiendo a vivir se va la vida. Conversaciones con Carlos Iván Degregori (junto a José Carlos Agüero, Instituto de Estudios Peruanos, 2015), Antropología y antropólogos en el Perú: la comunidad académica de ciencias sociales bajo la modernización neoliberal (Instituto de Estudios Peruanos-Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, 2010).

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. El 2000 fundó el portal digital MIAMI EN ESCENA (Florida, Estados Unidos) en donde radicó 10 años. A su retorno al Perú crea el magazine online LIMA EN ESCENA.