Maria Gracia Perez: «Es importante escuchar a la voz propia interior y no limitar el arte»

Bailaba desde que estuvo en el vientre de su madre. Su pasión por la danza en sus diversos géneros y disciplinas prácticamente surgió desde pequeña. Sus padres, Liliana Muñoz y Alfonso Perez, son profesores de baile de larga trayectoria y precisamente fueron ellos los primeros maestros de la destacada bailarina y coreógrafa peruana Maria Gracia Perez Muñoz, quien hoy por hoy, brilla en los escenarios internacionales. Foto de portada: Dez Santana

La Morena

Maria Gracia Perez formó parte de la compañía de danza contemporánea Dactilares Perú y de la compañía de danza Pepe Hevia. Posteriormente, se mudó a Nueva York para continuar su formación como bailarina y coreógrafa. Desde entonces ha interpretado obras de reconocidos coreógrafos como Ohad Naharin, Rami Be’er, Josie Walsh, Edson Santos, Angélica Stiskin, Caleb Teicher, Assaf Salhov, Igal Perry y Alexander Anderson, entre otros. Después de graduarse del Programa de Certificación del Peridance Center en Nueva York, la bailarina y coreógrafa peruana se consolida profesionalmente afianzando su labor en la danza contemporánea participando en una serie de obras coreográficas.

Para Lima en Escena es un honor charlar sobre este y otros temas con la joven y destacada bailarina peruana Maria Gracia Perez.

-Maria Gracia, permíteme empezar por tu formación artística, los orígenes que te llevaron a ser una bailarina de danza moderna. ¿Cómo empezó toda esta experiencia?

– Mi papá y mi mamá son profesores de baile. Desde pequeña los observé bailar razón por la cual bailé desde niña. Bailé incluso desde que estaba en la barriga de mi mamá. Ellos siempre me llevaron a sus clases. Los miraba y me movía. Intentaba copiar lo que hacían. El primer estilo que aprendí formalmente fue la marinera. Empecé con mi papá. Él tenía una clase para niñes y luego continué con otros profesores. La marinera me gustaba mucho, sin embargo, el objetivo final de concursar no me gustaba para nada. Tendría 9 o 10 años cuando me decepcioné por completo de esta disciplina de baile.

Pieza «Chinito Koy Koy», estilo de la danza de Yucatán, México.

– ¿Por qué?

-Porque en los concursos escuchaba a algunas mamás decirles a sus hijas que se comporten de una manera no ética con las otras niñas concursantes. Estas madres fomentaban la competencia insana. Reiteradas veces sus niñas pisoteaban a las otras o les decían palabras ofensivas para desanimarlas y hacerlas sentirse mal antes de salir a bailar.

– ¡Qué terrible! Casi no se habla sobre este tema, ¿no?

-En ese momento no. No me gustaba estas actitudes de parte de estas madres y de sus hijas. Lo más corrupto fue cuando escuché hablar sobre la compra de puestos en este tipo de certámenes.

 -¿Qué tal corrupción?

-Sí… En las escuelas se hablaba de quién compró el puesto o si estaba comprado. Entonces me decía: “¿Para qué voy a seguir bailando?”. Después, mi tía Rita me dijo: “Han abierto D1, la escuela de Vania Masías, ¿por qué no pruebas las clases de danzas urbanas? de repente te gusta”. Visité la escuela y tomé los cursos de hip hop y break dance en el verano de ese año.

 – ¿Una escuela seria?

– Sí. Me gustó mucho. Salí de mi primera clase y le dije a mi mamá: “Quiero ser bailarina. Deseo bailar por el resto de mi vida”

 -Imagino que después de esta experiencia surgió una nueva mirada sobre la danza en el Perú…

-Sí. Prácticamente me “reconcilié” con la danza. En D1 participé de otras clases como el de jazz y de danza contemporánea. Gracias a D1 tuve la oportunidad de ir becada a un workshop en Argentina. Después, pasé a “Dactilares” y me di cuenta que necesitaba técnica y decidí hacer ballet clásico. Al concluir el colegio ingresé a la especialidad de danza de la PUCP. Estudié en la PUCP y en la compañía Dactilares de manera paralela. Dejé D1. Con Dactilares empezamos a concursar y logré ir a otro workshop en Brasil que me encantó. Al regresar me sentí un poco encasillada porque lo que aprendía allá no lo volví a encontrar en Lima. Entonces empecé buscar más oportunidades fuera y así fue que me fui a hacer workshops en Joffrey School, Batsheva Dance Company y Kibbutz Contemporary Dance Company. Hasta que finalmente llegué a Peridance en NYC donde hice el Certificate Program y terminé mi formación artística como bailarina

La Chamuscada 

 – ¿Qué representó esta formación durante todo este periodo de búsquedas?

-Toda la formación recibida en la danza me sirvió muchísimo. Lo aprecio porque me dio versatilidad. Asimismo, me dio la oportunidad de explorar con distintos estilos y reconocer en mi cuerpo distintas formas, dinámicas, texturas de movimiento… Actualmente, exploro con mis propios trabajos coreográficos y observo que puedo expresarme de muchas maneras. 

 – ¿Qué implicó tu experiencia en Dactilares?

-Significó mucho. En Dactilares encontré la profundidad que buscaba, la posibilidad de conectar con mi ser interior, con la danza, con el movimiento, con mis pensamientos, con mis emociones en un estilo que me gustaba más: la danza contemporánea, disciplina con la cual resonaba. Dactilares fue mi formación inicial y me empujó a trabajar en técnica de ballet modalidad que no había visto hasta ese momento. También me impulsó a trabajar con la técnica de la danza contemporánea, a mejorar, a ser detallista, a hacer todo con precisión. Sinceramente, siempre estaré agradecida…

– ¿En Dactilares el aprendizaje fue más profesional?

-Sí, se generó un interés más profundo por la danza y por el proceso de aprendizaje porque me dieron la oportunidad de trabajar en la compañía, aunque desde temprana edad laboré junto a bailarines profesionales. Tomábamos clases juntos y estábamos juntos en los procesos creativos. Estar y trabajar en el mismo espacio con bailarines de trayectoria fue auspicioso para mí como bailarina en desarrollo.

 -Actualmente estás más enfocada en las creaciones, en las coreografías…

-Ahora, son diversas áreas las que me interesan trabajar. Como performer, bailarina y espectadora me importa, sobre todo, la honestidad con la que una obra o propuestas de danza se trabaja y con punto de vista claro. No me gusta cuando las coreografías se vuelven una demostración de habilidades.

-Desde hace un puñado de años estudias y trabajas en el campo de la danza moderna en los Estados Unidos. Háblanos sobre esta experiencia…

-Sí, trabajo en Nueva York. Es valioso observar todas las variedades de movimiento que uno puede encontrar allá. En la escuela Peridance conocí a bailarines de otros países y fue significativo compartir con una serie de creadores. Me encanta ver el recibimiento y la tolerancia a los distintos tipos de movimiento. Cada persona crea a su manera y en libertad. La ciudad tiene un espacio para todes y todas las ideas, proyectos. Fue lo primero que identifiqué ya que en Lima no sentí ese espacio de creación en libertad, por el contrario, sentí mucho juicio de las generaciones previas ante lo novedoso. Lo que me gusta de Nueva York es que siempre hay espacios para que todo lo nuevo se intente. 

Personaje: La Chamuscada de la pieza «Hace un año» a cargo del ballet Valentina

-En el campo de la danza, ¿Lima es canónica?

-Algo así. Cuando entré al mundo de la danza contemporánea en Lima escuchaba frecuentemente interrogantes como: “¿Eso qué es? Eso no es danza contemporánea” … Si bien no eran expresiones de todos, pero sí venían de voces influyentes. Lamentablemente, para bailarines en formación y en crecimiento estas posturas encasillan y limitan la creatividad. Sin embargo, las nuevas generaciones van venciendo esos límites y me alegra muchísimo. Es importante escuchar a la voz propia, interior y no limitar el arte.

– El trabajo coreográfico de este siglo es más enriquecedor en cuento a movimiento y temáticas…

-Las coreografías así empiecen con la exploración de un único tema siempre terminan abarcando otras temáticas más. A mí -en lo particular- me gusta que en las obras coreográficas se involucren las emociones y sentimientos, sin embargo, otras exploraciones no necesariamente involucran el lado personal del coreógrafo y representan una realidad o historia más tangible y precisa. Si bien en el mundo personal. Por el momento participo en este tipo de trabajos.

-Podrías acercarnos a tu labor como bailarina.

-En estos dos años he tenido la oportunidad de trabajar con la coreógrafa Ariel Grossman, de la compañía ARD cuyo trabajo está conectado con su universo emocional. Me encantó la confianza que trasmitía a sus bailarinas y la manera como nos hacía partícipes de su visión para entender de qué manera traer a escena su trabajo coreográfico. Su proceso de trabajo fue colaborativo y lo disfruté mucho. Lo último que hice con esta compañía fue un tour a Italia donde bailé un solo que realizó para mí una coreógrafa italiana, Simone de Tulio, en un intercambio coreográfico. Me quedé trabajando en Ballet Nepantla, una compañía que fusiona folclore mexicano con danza contemporánea y ballet. Con ellos he tenido la oportunidad de representar papeles importantes en sus obras como la Chamuscada y las Adelitas, personajes de la Revolución Mexicana; la Morena, que vendría a ser la Virgen de Guadalupe o la Virgen María. Ambos papeles para su obra de Navidad. Asimismo, representé al Venado en la producción del Día de Muertos cuya aparición es en el primer acto en donde se honra la danza ritual del Venado rompiendo esquemas porque no es tradicional que lo haga una mujer. Aparece también en el segundo acto ya con un estilo de danza contemporánea. Tuve el privilegio de hacer ambas versiones. Con la compañía Nepantla viajé mucho. Aprendí danzas de culturas hermanas lo cual me retó como bailarina. Me gusta aprender cosas nuevas y trabajar temáticas culturales también. Recientemente hemos bailado en conciertos con Los Tigres del Norte y Pedro Fernández.

Me comentaste sobre el deseo de afianzarte como coreógrafa…

– ¡Si! Ese es mi objetivo. Presenté dos trabajos, pero aún estoy en proceso de exploración. Justamente, uno de los motivos por los que estudié tantos estilos de baile es porque quería encontrarme a mí misma en la danza, descubrir mi voz. Trabajar en distintos estilos me ayudó mucho para lograr este objetivo. El año pasado empecé con este proceso creativo, de exploración. Poco a poco he ido reconociéndome, conociéndome, unificándome, reconectando, porque siento que en una etapa de mi vida me perdí un poco, así que he ido reencontrándome. Sobre las estéticas me gusta el movimiento fluido en el que confluyen momentos naturales, humanos y movimientos abstractos también. En lo referido a lo temático me gusta explorar desde mis emociones, desde una perspectiva sanadora, espiritual porque soy terapeuta de sanación energética. Me gusta explorar con relaciones en el espacio donde hay encuentros, apoyo, cuidado y acompañamiento también. Exploro otras temáticas también. Por ejemplo, una de las piezas que presenté se llama “Strength from Within” y es un reencontrarse con el alma basada en mi experiencia. Tengo otra pieza “A walk of two” que no la he presentado aún sobre un reencuentro sanador con alguien que te ve, te entiende, te apoya, te abraza. Asimismo, cuento con una pieza que hice para mi graduación sobre temática política. En este trabajo coreográfico muestro una sociedad controlada y su lucha por la liberación. El año pasado estuve explorando sobre otras curiosidades.  Mi visión de cómo serían las auras si tuvieran cuerpos externos, por ejemplo. Actualmente, trabajo en una pieza sobre una criatura mitológica andina.  

 -Toda obra coreográfica tiene su banda sonora… ¿cuáles son los géneros musicales que están asociados a tus búsquedas artísticas?

-Cualquier género musical que me inspire. Trato de no usar canciones con letra porque siento que muchas veces es limitante para lo que se pueda crear, pero a veces me gusta tanto que la uso porque va perfecto con lo que quiero abordar o decir. Tengo mucho interés por la música experimental, los sonidos repetitivos, naturales, espirituales, andinos. Me gusta mucho la idea también de colaborar con artistas musicales que crean piezas para coreografía. En ARD trabajábamos con un músico. Enviábamos un vídeo y el artista creaba en base a eso. Luego, cuando se unían ambas cosas se ajustaba el track a la coreografía hasta que se llegue a algo funcional. Realmente me encantaba. Espero pronto poder conocer gente para poder colaborar así ¡y también para hacer films! Me encanta la producción en video.

Sobre Maria Gracia Perez Muñoz

En «Nepantla» solo de apertura de Ballet Nepantla

Bailarina y coreógrafa peruana radicada en Nueva York. Nació y creció en Lima, Perú y se graduó del Programa de Certificación del Peridance Center en Nueva York. Comenzó a bailar desde muy pequeña formándose en una amplia gama de estilos que incluyen folclore peruano, bailes latinos, danza comercial, danza contemporánea y ballet. Pérez Muñoz tuvo la oportunidad de estudiar en reconocidos programas como el de Batsheva Dance Company, Kibbutz Contemporary Dance Company, Raca Centro D’Artes y The Joffrey Ballet School. En Lima formó parte de la compañía de danza contemporánea Dactilares Perú y de la compañía de danza Pepe Hevia, tras lo cual se mudó a Nueva York para continuar su formación. Desde entonces, ha interpretado obras de coreógrafos como Ohad Naharin, Rami Be’er, Josie Walsh, Edson Santos, Angélica Stiskin, Caleb Teicher, Assaf Salhov, Igal Perry y Alexander Anderson, entre otros.

 

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. El 2000 fundó el portal digital MIAMI EN ESCENA (Florida, Estados Unidos) en donde radicó 10 años. A su retorno al Perú crea el magazine online LIMA EN ESCENA.