Julián Vargas: “El teatro es mi tabla de salvación”

La salud mental, el encierro, el olvido y la exclusión son los temas en Des-conocido, un unipersonal íntimo y conmovedor protagonizado por Julián Vargas y dirigido por Miguel Rubio Zapata, ambos integrantes del Grupo Cultural Yuyachkani, que se presentará del 29 de mayo al 14 de junio, de jueves a sábado a las 8:00 p.m., en el Teatro de la Alianza Francesa de Lima. Fotos: Rosana López Cubas

La obra entrelaza elementos autorreferenciales de la trayectoria actoral y musical de Julián Vargas con testimonios de su labor pedagógica realizada con pacientes del Hospital Víctor Larco Herrera, especializado en psiquiatría y salud mental. El impulso principal de este trabajo es sensibilizar sobre la condición humana, especialmente sobre las personas afectadas por el encierro y el olvido. Parte de la situación de un hombre abandonado en un hospital psiquiátrico, marginado debido a sus estados alterados que se expresan en alucinaciones visuales y auditivas. Cuerpo y mente intentan escapar de ese encierro físico y mental para esconderse en algún lugar.

Al respecto dialogamos con el protagonista Julián Vargas, el director Miguel Rubio, el asistente de dirección Hugo Mendoza Mosquera y Gabriella Paredes Rodríguez, responsable del diseño sonoro.

-Julián, en Des-conocido, un unipersonal íntimo y conmovedor observamos un desdoblamiento entre ser un paciente psiquiátrico, un soldado, un actor. ¿Cómo surgió este proyecto?

-El origen nos remonta a una experiencia de trabajo en el Hospital Nacional Víctor Larco Herrera. La identidad de los personajes son seres que transitan entre la ficción y la realidad. Justamente, entre esa ficción y realidad, las fronteras, las membranas que los separan desaparecen progresivamente. En la interpretación de estos me permití persistentemente entrar en un espacio de riesgo en donde tengo que estar articulando presencia, respiración y tono muscular. Sí hablamos de técnica, cada una de estas presencias pueden durar minutos o segundos creando esta vibración fronteriza.

-Dentro de este universo de personajes hay una recurrencia en el tema marcial…

-Es un tema que me persigue desde jovencito, desde la época de mi postulación al colegio militar (sin éxito) cuando cursaba el tercero de secundaria. No sé si en buena o mala hora no ingresé. Mi padre se preocupaba mucho por verme en el colegio militar. Eso, por un lado, por otro, y volviendo al trabajo escénico, en estas presencias militares se perfiló la figura, la presencia de un Bolívar que quise hacer desde hace más 30 años…

– ¿Es una forma de tributo?

-Es una evocación. Asimismo, se suma la presencia de este soldado emergente, contestatario, ninguneado, marginado. Si bien Bolívar comandó todo este proceso de independencia podemos observar también el abandono a los soldados de la Guerra del Pacífico. Ellos estaban totalmente desamparados. Existían también los Húsares de Junín, quienes lucharon en el proceso de independencia en Junín y en Ayacucho. No nos olvidemos también de los últimos soldaditos que estuvieron ninguneados en el conflicto armado interno. Ellos se jugaron la vida. Tenían 15 o 16 años cuando fueron reclutados y enviados a pelear. Desde que me inscribí en el Servicio Militar Obligatorio fui testigo de la persecución que hacían a los chicos en las calles y los levantaban a la fuerza.

-Observamos la presencia de pacientes psiquiátricos. La esquizofrenia, la bipolaridad, la depresión. Hacen cosas, sienten ruidos, desean cantar.

-Sí, en el 2021 hice esta experiencia de trabajo en el hospital Larco Herrera gracias a la colaboración importante del Dr. Eduardo Gastelumendi, mi acompañante y psicoanalista en ese momento y la Dra. Rivera, directora del hospital. Ellos me permitieron ingresar durante la pandemia, un momento en donde estaba prohibido el ingreso. Más allá de ofrecer un taller fue un encuentro humano con los pacientes a través de un programa de trabajo sobre la identidad en el tiempo del bicentenario. Ellos me pasaron por encima y tuve que tirar abajo la agenda y empezar a dialogar.

-En estas circunstancias hace su incursión la guitarra como un elemento importante.

-Sí, porque la música estaba siempre presente y tejía con la presencia de ellos y la mía en mi papel de músico. A través de las canciones y de las danzas que inventaban los pacientes encontrábamos formas nuevas de diálogo. Observaba una teatralidad de lo inconsciente que contribuyó en el diseño de estas identidades.

– “Soy un actor y puedo hacer lo que se me da la gana”, dices en un pasaje de la obra. Este momento de interpretación es de una soberbia admirable…

-Qué interesante tu mirada sobre la soberbia. En esta interpretación específica la soberbia actúa como soporte humano y emocional. Uno como persona también pasa por diferentes recovecos en el transitar de su propia vida y el teatro es una tabla de salvación. Soy un profesional del teatro, oficio que es mi soporte dentro y fuera del escenario. El teatro es mi tabla de salvación.

Habla Miguel Rubio (dramaturgia y dirección)

-Es un privilegio contar con el teatro como un espacio de creación y de comunicación. Nosotros nos preguntábamos qué sería de nuestras vidas si no tuviéramos esa posibilidad de dialogar con nuestro país, de dialogar con la comunidad inmediata. No es casual que ahora integremos el tema de la salud al trabajo del grupo, por ejemplo.

Des-conocido, es una obra autorreferencial que apela a la memoria personal. Un grupo como el nuestro siempre habla del tema de la memoria social y ahora debemos incorporar nuestra propia memoria personal en la memoria social también. En esta puesta en escena los aportes de Hugo Mendoza Mosquera, nuestro asistente de dirección, son vitales. Él tiene calle, mucha vida recorrida en el Perú y fuera de él. De esta experiencia de vida, de esa mirada más global le brinda el soporte ideal a Julián, quien trae al grupo la ‘calle’. Julián ha cantado en los buses, en los parques, en las plazas. Es una práctica que regresa al grupo ahora enriquecida con otras experiencias como las del hospital Larco Herrera.

Habla Hugo Mendoza Mosquera (asistente de dirección)

-Colaboro en la asistencia de dirección con Miguel y Julián. Ayudo a redondear, cuajar personajes, escenas y escenarios. Estoy integrado a este espectáculo porque todo lo que sucede en nuestro alrededor nos toca a todos los seres humanos. Me preocupo porque las estéticas trabajen. Conseguí todos los materiales que forman parte del escenario para que puedan facilitar al actor su desplazamiento en escena y solucionar las trabas que pueda tener.

– Des-conocido, aborda el tema de las enfermedades mentales. ¿Cómo lo trabajas?

-Acompaño al actor en lo que requiera porque el tema de las enfermedades mentales es fuerte y hay que saber sentir para abordarlo. Soy su soporte en muchos momentos. Julián incluso se quebró en algunos pasajes de la obra. Se sintió tocado. En esos momentos le di energía y fuerza.

Miguel Rubio (dramaturgia y dirección)

El trabajo de Hugo, quien nos ofrece todos estos detalles de acompañamiento a Julián o la misma preparación de los objetos ha sido procesado para que tenga esta textura. Asimismo, permíteme presentar también a Gabriella Paredes Rodríguez, quien forma parte del equipo, responsable además de transformar el sonido en un lenguaje especial.

Habla Gabriella Paredes Rodríguez (diseño sonoro)

Este proyecto escénico comenzó hace dos años. Miguel y Julián me invitan a participar del diseño sonoro y me proponen también trabajar el sonido como una ‘capa’ más de teatralidad. El sonido que signifique memorias, recuerdos del actor y ‘resignifique’ porque no se trata de sacar sonidos de la calle para traerlos a escena sino cómo resignificarlos. Justamente, aquí es donde aparece el mar porque la obra está conectada con el océano, los momentos visuales también. Julián, nuestro protagonista vive en Magdalena por lo tanto el sonido también ‘habla’ por ese lado. Miguel me proporciona el sonido, el clic que me ayudó a componer todo. La textura del sonido debía venir de la cabeza, de su mundo interno. Debíamos encontrar un instrumento que se acerque también a Julián razón por la cual observamos, sentimos la presencia de las guitarras. Trabajamos con Arpegios de guitarra y lo hicimos con ‘capas’ al igual que en el teatro.

– Podrías contarnos sobre el trabajo sonoro asociado a la obra.

– Al igual que Julián soy actriz y desde ese lado creo y traigo a mi memoria muchas cosas que se relacionan con la obra. Estoy vinculada con el tema de las enfermedades mentales porque conozco de cerca la esquizofrenia, estoy familiarizada con el Larco-Herrera. He ido muchísimas veces a visitar familiares y nosotros como grupo hemos transitado por cuestiones de trabajo durante la pandemia. A partir de esta experiencia se va tejiendo y creando. Mi papá es militar entonces desde el lado sonoro también traigo esa carga. En realidad, me siento feliz porque conversamos muchísimo en distintos planos.

 

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. El 2000 fundó el portal digital MIAMI EN ESCENA (Florida, Estados Unidos) en donde radicó 10 años. A su retorno al Perú crea el magazine online LIMA EN ESCENA.