José Respaldiza: “Les mostré a mis alumnos el camino de la investigación”

Premio Nacional de Promoción a la Lectura, en el nivel universitario (1988), nos habla de sus emblemáticos libros “Las fabulosas fábulas”, “La maestra adivinanza”, entre otros temas

Es un escritor prolífico y de larga data. Narrador, poeta, articulista, recopilador y periodista autodidacta. Académicos del sector educación, con justicia, lo consideran uno de los iniciadores de la literatura infantil. José Respaldiza Rojas es, además, uno de los primeros autores locales en investigar, recopilar y publicar las adivinanzas, las rondas y jitanjáforas, expresiones cuyos orígenes nos remiten a la literatura oral.

A lo largo de su trayectoria como académico y escritor, Respaldiza publicó títulos como: Las fabulosas fábulas (Lima, 1986), La maestra adivinanza (Lima, 1991), Las jitanjáforas en el mundo infantil (Instituto del Libro y la Lectura, 1991), Jitancuentos (Tarea, 1995), Jitanjáforas, adivinanzas y otros juegos de palabras (Peisa, 1997), Calcular con fantasía (Ministerio de Educación del Perú, 2003). Para Lima en Escena es un honor charlar con José Respaldiza.

-José, empecemos por los orígenes de su vocación ¿En qué momento decide escribir libros para niños?

-Soy catedrático principal titulado en educación primaria y me enseñaron que antes de iniciar un tema debemos motivar a los alumnos. Desde ese momento, hablo del año 1963, con ayuda de mi memoria recopilé todo tipo de literatura infantil oral. Me costó trabajo ordenar estas recopilaciones. Aún hoy no sé dónde agrupar aquellas palabras que leídas al derecho difieren si se leen al izquierdo, como, por ejemplo: roma – amor, oído – odio. Así recolecté tantanes, adivinanzas, tangramas, retahílas, jitanjáforas, palíndromos, telones, charadas, colmos, canciones para saltar soga, nanas, entre otros. Si se revisa la Revista Cantuta podrán apreciar mis artículos sobre literatura oral infantil en todos los números que colaboré. En una ocasión le mostré mis recopilaciones a mi amigo Alberto Benavides Ganoza. Gracias a él salí de la cola de quienes esperan ver que sus obras se publiquen. Los llevó a la Editorial PEISA y vieron la luz dos hermosos libros.

– ¿Por qué optó por los lectores infantiles?

-Tengo preferencia por la literatura infantil, sin embargo, escribo también para otros públicos como los jóvenes y adultos. Si ingresa a Google podrá leer mis trabajos en prosa y verso que la Revista virtual argentina Archivos del Sur ha tenido a bien publicar. Adiós al colegio, en edición virtual (Free-eBooks.net), es una especie de novela juvenil donde se narra anécdotas ocurridas en el quinto año de educación secundaria junto con semblanzas de profesores.

-Fabulosas fábulas, es uno de sus primeros títulos. Cuéntenos, ¿cómo se gestó este libro y con qué objetivos académicos?

-En el desarrollo de mi asignatura de literatura infantil, en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, traté de incentivar a mis alumnos de la superior colocándolos en el camino de la investigación, ya que en ese mi primer libro se consigna una fábula anterior a los textos de Esopo, y les expuse como uno mismo puede publicar su propio libro. Esa edición la financié vendiéndola entre mis colegas, la reedición la distribuí entre mis alumnos.

-Publicó una colección de libros dedicados a las adivinanzas. ¿Cómo surge la idea de hacer una selección y editarlos?

-Con mis alumnos de quinto de primaria, además de desarrollar las asignaturas que ordena el Ministerio de Educación, realizábamos trabajos de campo. Uno de ellos fue la recopilación de adivinanzas, esfuerzo colectivo que años más tarde sirvió de soporte la mi tesis De cómo enseñar a investigar, investigando o el valor educativo de las adivinanzas, con la que obtuve el grado de Magíster en Educación. Es así como recabé más de seis mil adivinanzas. Fui separando las de quechua, las de doble sentido, las que contenían expresiones gruesas, las pornográficas, que luego aparecerían impresas con el título Adivinanzas impublicables, prologado por Pablo Macera.

– ¿Cuál es el aporte de éstos a la enseñanza escolar?

-Con los estudiantes efectuamos un trabajo que titulamos Los Derechos de los Niños, escrito por los niños mismos, donde ellos reescriben, con su propio vocabulario, cada uno de esos derechos. Al cumplirse el centenario del Sistema Decimal, realizamos un trabajo de campo para comprobar si el sistema decimal se aplicaba en todas nuestras acciones cotidianas y el resultado fue asombroso pues tenían vigencia otros sistemas, como comprar una mano de plátanos o una docena de lápices, un atado de rabanitos. La gasolina que se consume de forma masiva no se compra por litros sino por galones.

-En estos últimos años se destaca el quechua a través de la enseñanza sistematizada. Justamente hace años publicó el libro Mil adivinanzas quechua. Háblenos de esta experiencia.

-Durante mi estadía en Mayocc, un pueblo situado en el límite de Huancavelica y Ayacucho, a la edad de catorce años, aprendí algunas palabras en quechua (la mayoría interjecciones) pero nada más, debido a ello, cuando me topé con adivinanzas en ese idioma tuve que recurrir a la buena voluntad de algunas personas, para su traducción. Me ayudó don Modesto Vargas Brune, enfermero, amigo familiar, el Dr. Manuel Larrú, catedrático de la universidad de San Marcos y el Dr. Luis Cuadros López, colega de la Universidad Nacional de Educación. El texto lo envié a la Editorial ecuatoriana ABYA-YALA que tuvo la gentileza de publicarlo.

– ¿Por qué llegar a los niños o maestros a través de las Jitanjáforas, Jitancuentos?

-Aunque le parezca increíble esas novedades, para nosotros, están en el universo de los niños, sienten suyas las jitanjáforas, las aprenden de solo escucharlas una vez, las asimilan en su memoria con gran facilidad. También apliqué Kolobok una historia de la literatura oral rusa, rescatada por Tolstoy, fue de mucho agrado en el aula.

– ¿Cómo surge Fabulario?

-Fabulario es una continuación de Las fabulosas fábulas y sirvió para que mis alumnos de la superior se atrevieran a escribir sus propias fábulas, que las publiqué a mimeógrafo en una edición muy limitada.

– ¿Y Calcular con fantasía?

-Calcular con fantasía primero se llamó Cuentitos con calculadora. Todo se inició cuando mis hijas trajeron del colegio una breve historia que culminaba con la palabra bebe. Una gran amiga, Viria Salazar Vásquez, natural de Costa Rica, en nuestro intercambio epistolar, en una de sus cartas me puso una serie de palabras que podían ser leídas en la pantallita de una calculadora manual, eso me llevó a escribir pequeñas historias. Para averiguar su impacto entre el alumnado, mi gran amigo Enrique Beteta Montañez, lo aplicó en el Colegio Markham con un resultado extraordinario pues logró que sus alumnos escribieran sus propios cuentitos. Cuando mi hermano Luis tuvo a su cargo la dirección de la USE N° 7, de San Borja tuvo a bien publicarlo con su actual nombre: Calcular con fantasía.

– ¿Qué nos puede decir del título Letras afroperuanas?

-En la universidad siempre realicé trabajos de investigación, como por ejemplo el Tangrama, logrando pasar la leyenda de los Hermanos Ayar. La viuda Ching, pirata, una historia escrita por Borges, El sueño de San Martín, de Abraham Valdelomar, Para bien o para mal y un poema titulado El circo de mi amigo, el escritor Luis Velázquez Rojas, todas ellas escritas con ayuda del tangrama. Al retirarme de la universidad, ese trabajo se lo regalé a mi amigo José Cheche Campos Dávila, quien le agregó trabajos suyos y así ampliado lo presentó al fondo editorial del Congreso de la República, es así como vio la luz en forma de libro.

Siempre escribo. La creatividad esta presente. Al alimón con dibujos de mi nieta Micaela escribí El super Pollo –pollo, un texto inédito. La suerte del capicúa, se originó cuando mis alumnos-profesores cursaban estudios vacacionales para lograr ser titulados. Como se quejaban que el Ministerio no los ayudaba, se me ocurrió escribir una historia usando como material los boletos que otorgan las unidades de transportes y que son desechados, se pueden recoger gratis y sólo se requiere del ingenio de cada profesor. Dónde está mi gorrito, Chin chin chupetín y otros más permanecen inéditos.

Sobre José Respaldiza Rojas

Decano de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (1991). Catedrático principal en calidad de jubilado, recopilador, periodista autodidacta y escritor de literatura infantil. Magíster en Ciencia de la Educación. Entre sus obras publicadas destacan Las Fabulosas fábulas, Fabulario, La Maestra adivinanza, Jitancuentos, Calcular con fantasía, Las jitanjáforas en el mundo infantil, El Tangrama, entre otras. Es miembro de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil, del Centro de Documentación e Información de Literatura Infantil. Ganó el Premio Nacional de Promoción a la Lectura, en el nivel universitario, en 1988. En el año 1997, la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) lo galardonó por su creatividad.