Irma del Águila: “Deseo hablar de esos tabúes de los cuales no hablamos”

 «Hay violencia en esta escenificación forzada de lo indígena para consumo turístico…», nos dice la autora del libro de cuentos Mínima señal, en un pasaje de la presente entrevista. 

Fotos: Rosana López Cubas
Hace poco
presentó su nuevo título “Mínima señal” (FCE, 2017), segundo libro en lo que ha cuentística
se refiere. Atractivos relatos que además de destacar por su estética, llama
profundamente la atención del lector por sus temáticas y la manera como son
abordadas. Los protagonistas de sus historias son hombres y mujeres que se
desplazan en un medio social rutinario y abiertamente violento que a través del
filtro de la autora nos gritan su condición.
La escritora
Irma del Águila, que en estos momentos cuenta con su segundo libro de relatos
bajo el brazo, será una de las autoras peruanas estelares del Hay Festival –uno
de los eventos culturales más importantes de nuestro país que se celebrará del
9 al 12 de noviembre, en Arequipa– en donde participará en dos mesas de
dialogo. Justamente para
charlar sobre su nuevo y atractivo libro de cuentos Lima en Escena entrevistó a la autora.

De otro lado, el
27 de octubre se presentará “Mínima señal” (FCE, 2017) en Chile en la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA) con la presencia de la autora y los comentarios de la periodista
Vivian Lavín. El evento ha sido concertado por FCE Perú y la Filial en Chile como
parte del programa del Corredor Cultural Grupo Fondo.

-Irma, observamos en tu cuentística un
fuerte dialogo con nuestros problemas sociales que azotan al país como la
violencia de género, por ejemplo…  
¿Estamos ante la mirada o
guiño de la socióloga?
-Es la narradora
la que mira, la que observa. Efectivamente, se puede percibir un filtro, en
este caso, un filtro sociológico. Sin embargo, los relatos no son
exclusivamente ensayos de sociología…
-No, no me refería estrictamente a una
percepción de corte sociológico en los relatos sino más bien a determinadas
temáticas vinculadas a problemáticas de género o sociales.
-La sensibilidad
está antes que el discurso. La autora nos ofrece un filtro una manera de mirar
los eventos. Particularmente, en algunos relatos como Pared medianera, está
claramente contextualizado en el cerro El Agustino. De otro lado, en El baile
de la garza, se narra la cotidianidad de los ciudadanos Bora quienes viven en
las afueras de Iquitos y como consecuencia de los negocios turísticos son
objeto de exhibición de las agencias de viaje. Ellos son puestos en vitrina sin
importar la dignidad de las mujeres, en especial de las niñas.
-Los cierres de cada una de las historias,
el final de cada relato incluido en Mínima señal son únicos. El elemento
sorpresa y el corte intempestivo le dan un ingrediente especial.  
-En El
campanario de San Blas hay un cambio de foco. La mirada de esta mujer/protagonista
de la historia que no termina por explorarse. Ella tiene un quiebre, un momento
de ensimismamiento en el que comienza a evocar asuntos que la perturban. Incluso
suelta una lágrima en medio de la hecatombe, de la significación del fin del
mundo, de la tormenta que se produce en la ciudad del Cusco. Al llegar a la
plaza se da cuenta de la verdadera dimensión de la destrucción, la caída del
campanario de la Iglesia de San Blas. Ella puede ver los escombros sobre el
atrio, los fierros retorcidos, la gente huyendo despavorida, elementos que
evidencian el desastre en medio de una tupida lluvia y los truenos de la
tormenta. Es como si el drama de esta mujer estuviera somatizando el evento y
no al revés.
-Precisamente esta somatización la lleva
a toda esta catarsis de todo lo que le estaba perturbando, ¿no?
-Sí, claro. Nosotros
generalmente tenemos un límite saludable. Como lo dicen algunos psicólogos somos
personas escindidas. No vamos a explorar ese otro lado que nos resulta incómodo
o amenazante pero en esos momentos límites sí. La protagonista encuentra alivio
a la vista de la devastación del atrio, ese espacio consagrado.  Sin saber verbalizarlo. Es como si la
dimensión de su drama encontrara un apaciguamiento en estas ruinas, en esta
destrucción, en este espacio consagrado.
 -Irma, el cuento La piscina goza de una especial poética la cual sorprende porque también -y de manera sutil- está asociada a la violencia sistemática de género.  
-Efectivamente,
es esta sensación de vivir al acecho. La misma sensación y actitud que tenemos
al tomar un taxi. Optamos por no sentarnos adelante -como si lo hacen los hombres-
para tomar distancia. Es una actitud que no es parte de un acuerdo escrito pero
si de un acuerdo tácito.  Es una manera
de educarnos desde que somos niñas, desde que recibimos el primer acoso, que
para los muchachos que piropean puede ser solo eso, piropo. Sobre este tipo de
asedios verbales y físicos de los hombres no se conversa en el colegio. Esto de
caminar y sentir permanentemente la mirada, los gestos y ser abordada
gratuitamente por desconocidos. Creo que no se habla y no explora lo suficiente,
sobre todo entre mujeres en América Latina que viven crudamente este tipo de
experiencias.
Si los chicos,
los varones, pudieran escuchar en las escuelas, reflexiones sobre esta
problemática de acoso, otra seria la actitud. Cuando llegué a vivir al Cusco
sentí los piropos y el sentirme acechada en la calle. En un momento un
individuo me soltó una de esas frases y al voltear me di cuenta que era un
suboficial de la policía. “Oiga, ¿qué le pasa?… Usted tiene el uniforme…”, le
dije. “Te enojas por un piropo”, respondió. “Pierdo mi tiempo”, me dije al no
entender la actitud de esta persona. Es un hombre adulto, un hombre que porta un
uniforme y ni siquiera le pasa por la cabeza que pueda estar agrediendo a una
mujer. Allí está realmente el drama y la imposibilidad de colocarse en el lugar
del otro. Esa otra es literalmente un objeto. Esta problemática parte de raíces
profundas en la sociedad peruana.
-Problemáticas que se observan también en otros de tus cuentos de Mínima Señal.
-Sí, se refleja
también en estas mujeres y niñas que ejecutan el Baila de la garza con el pecho
descubierto. La desnudez no es buena ni mala, es un tema cultural. Pero hay
violencia en esta escenificación forzada de lo indígena para consumo turístico porque
son forzadas a mostrar los senos. Ahí literalmente hay una violencia que se
ejerce en el cuerpo de esta niña que intenta cubrirse pero no la dejan. Hay una
indignidad en ese acto.
-De otro lado, en este nuevo título se repiten personajes o temas explorados en otros libros tuyos. En uno de los
cuentos ubicamos a una periodista,  en otros la diversidad cultural amazónica… Háblanos al respecto.
-Me seduce
explorar estas culturas de lenguas básicamente orales que tienen maneras y
procesos cognitivos distintos de las culturas del texto impreso y que son
culturas de la lectura silenciosa. Porque la lectura medieval era una lectura
en voz alta como la de los  monasterios.
Este tema McLuhan lo explica mucho mejor. En las culturas orales lo tangible
tiene un mayor peso cognitivo. En Haití asistí a un juicio sobre brujería. Una
mujer fue acusada, pese a que la brujería ya no es delito, de haberse
convertido en gato y haber matado a una niña. La “evidencia” de su culpabilidad,
insistía la parte acusadora, estaba en su apariencia física: la anciana tenía  una verruga en el cuello. Esa fealdad física
era la evidencia de su maldad interna. Más que el argumento abstracto de la ley
era el argumento tangible de lo que podían ver y tocar. Los argumentos tienden
a ser más emocionales.
-La periodista es un personaje frecuente
en tus historias. Explícanos por qué esta familiaridad con el quehacer de la
comunicadora que se filtra en algunas de tus historias.  
-En Luces de la
sombra se puede observar un dialogo y signos de interrogación. ¿Qué es un
periodista y para qué está? ¿Qué hace en el país? De hecho esta periodista en
Haití sufre una crisis de fotofobia luego de salir de Puerto Príncipe hacia un
poblado en la planicie, a unas cuatro horas de la ciudad. La reportera llega al
pueblo pero no encuentra el cuerpo solo residuos de sangre, ese rastro
apelmazado en la tierra. Justamente esa ausencia del cuerpo es por donde
finalmente entra la grieta, el malestar. ¿Qué hace una periodista en Haití?
-Mínima señal es tu primer libro de
relatos. Háblanos sobre el porqué de esta incursión en la cuentística.
-Deseo trasmitir
atmósferas más que hechos facticos. Trasmitir pulsiones contenidas, actos
fallidos, perversiones…Deseo hablar de esos tabúes de los cuales no hablamos y
damos vueltas y vueltas, sin embargo, son aspectos importantes y fuertes en
nuestras vidas. Vale la pena contarlos no de manera explícita sino contarlo
como lo que son: hechos soterrados que existen como aprehensión, una culpa, se
mueven en terrenos fangosos. Es difícil ponerle letras, sin embargo, me
interesa “hablar”, aludirlos en mis relatos.
-Los relatos son precisamente una especie
de mínima señal, como el nombre del libro, historias que nos conducen por
universos absolutamente insospechados.
-Son situaciones
que podemos entender caer en lo explícito. Y crear complicidad.
-Evocar a Juan Gonzalo Rose me parece un
punto de suma valía.
-“Tú voz
existe”. También es bella la canción interpretada por Lucha Reyes. Cuando en el
relato se evoca a la Lima de los ochentas, se hace a través de los cuadros que
representan  una Lima sin población, una Lima
con toques de queda. Quienes han vivido estas sensaciones puede entender estas ausencias,
esta tierra de nadie o tierra para nadie, esta ciudad que se recoge.
A propósito de todo este tema de la Lima de
los ochentas o comienzos de los noventas, la Lima del periodo de la guerra
interna, algunos de nuestros autores y autoras han recreado este periodo en sus
libros. Sin tocar estos temas abiertamente en tu escritura encontramos estos
episodios abordados de manera sutil.
 
-Claro, es el
vacío que muchas veces tiene más significado que el contenido. Mostrar una
ausencia es más importante que poner una fotografía explicita, con una
presencia. Mario Montalbetti  en Cualquier
hombre es una isla (FCE), comenta cómo los museos están sobrecargados de
objetos. En contraposición, menciona la exposición de una fotógrafa sobre las
cárceles donde no hay presos, solo se pueden ver celdas desnudas con las
paredes de mayólicas cuarteadas, pintura resquebrajándose, la letrina al
costado del camastro en estado lamentable. Esas imágenes de cárceles “vacías” consiguen
denotar la condición carcelaria del ausente.
Sobre la autora
Irma del Águila,
estudió Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú y obtuvo una
maestría por la Universidad de Nueva York. Ha sido observadora de Derechos
Humanos de la misión conjunta de la OEA y la ONU, en Haití. En 2005, ganó el II
Concurso Internacional de Cuentos de Lan.com y el diario La Tercera de Chile,
con Primera travesía. Asimismo, con El hombre que hablaba del cielo (Planeta,
2011) obtuvo el III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro.
Además, ha publicado las obras El último capítulo (Banco Central de Reserva del
Perú, 2001), Moby Dick en Cabo Blanco (Estruendomudo, 2009) y La isla de Fushía
(Alfaguara, 2016). Sus relatos han sido traducidos al inglés y al francés.
Agenda de la
autora en el ‘Hay Festival’

10 de noviembre
(16:00 – 17:00 h)
Biblioteca
Regional Mario Vargas Llosa
Violencias. Irma
del Águila, Sheila Alvarado, Verónica Ferrari y Edurne Portela
11 de noviembre
(10:00 – 11:00 h)
Auditorio del
Colegio de Arquitectos de Arequipa
Carlos Arambulo
e Irma del Águila en una mesa de dialogo con Juan Carlos Pérez.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.