Andrea Montenegro: “Me encantó la experiencia de escribir y dirigir”

Destacada actriz estrena su ópera prima “La Separación” con las actuaciones estelares de Fiorella Díaz y Luis Alberto Urrutia. La pieza teatral podrá ser vista vía YouTube Live los días 10,11,12 y 13 de diciembre a las 9:00 pm. Precio: 20.00 soles. Ventas de entradas: ventas@plotboxproducciones.com

Una de nuestras actrices más versátiles y populares del panorama escénico peruano -intérprete de cine, teatro, televisión- se apresta a asumir el reto de estrenar en línea la pieza teatral “La Separación”, con la participación de los actores Luis Alberto Urrutia y Fiorella Díaz Paz, su ópera prima en donde asume el rol de dramaturga y directora teatral. Al respecto Lima en Escena charló brevemente con Andrea Montenegro, autora y directora de la obra, quien nos ofreció su particular mirada sobre esta nueva experiencia.

-Andrea, estrenas en línea La separación. Dado que es tu primer trabajo como dramaturga y directora. ¿Cómo te sientes en estos momentos?

-Me alegra mucho poder hablar sobre este tema. Me emociona. Soy nueva en esta experiencia. Usualmente, doy entrevista como actriz. Es la primera vez que hablo de un tema diferente. Esta experiencia es novedosa. Obviamente me pone nerviosa.

– ¿Cómo surgió esta experiencia en el campo de la dramaturgia y dirección?

-Honestamente, no tenía la intención de asumir esta experiencia. Desde hace años escribo textos. Historias que escribo para mí… Todos los actores o artistas tenemos un vínculo con otras disciplinas artísticas. Unos pintan, otros escriben. Todos tenemos algo especial con la escritura. Los seres humanos siempre tenemos algo que decir. Si nos ponen un papel en blanco algo escribimos asumiendo una voz que nadie conoce.

El ejercicio de la escritura me acompaña durante años y justamente en esta coyuntura de encierro, de cuarentena, empezó a fluir la idea de ficcionar historias. Escribo historias sobre las personas que conozco, los lugares que visito, sobre problemas específicos o experiencias placenteras con algunas personas. Siempre desde un ejercicio personal.

– A propósito de todo este tema de la escritura. ¿Qué te permitió este período de cuarentena producido por el Covid-19?

-Desde la cuarenta opté por un ejercicio de escritura diferente. Empecé escribir una historia no para teatro sino más bien como una novela o de narración. Así surgió esta historia, esta conversación. Un día me tomé un par de tazas de café y me senté a escribir una conversación entre dos personajes que bien podría ser mi historia o de una amiga, una experiencia que viví, escuché. Surgió de un deseo no concreto. Pensé que esta historia podría ser una escena de una más grande. Cuando la terminé sentí que estaba completa. La leí, la volví a leer y me dije esta es una obra virtual.

-En La separación abordas el tema de la pareja. Cuéntanos qué te llevó a optar por este tema.

-El tema está asociado a las relaciones humanas, a la naturaleza de los vínculos. Un tema que me interpela, que me cuestiona continuamente. ¿Por qué la pareja? Porque podría ser el vínculo más importante de nuestra existencia, aunque en términos de intensidad podríamos afirmar que los hijos también constituyen una parte importante en nuestras relaciones o quizá lo más íntimo lo experimentamos con nuestra madre puesto que en un período determinado estamos dentro de ella, en fin.

Sin embargo, en el plano íntimo de la pareja confluyen una diversidad de intercambios de distintos niveles. Con el paso del tiempo, el desarrollo de la sociedad y la civilización, ahora se le exige más a la pareja. Actualmente, la pareja además de asumir el rol de procrear y formar un hogar, también deben ser compatibles con los diversos niveles de relaciones humanas y sociales en donde deben coincidir.

– ¿Cómo observas a la pareja de estos tiempos…?

-En estos tiempos, más modernos diría, la pareja asume más compromisos. Con el suceso mujer, la pareja se establece en el marco de un sinfín de acuerdos a los cuales hay que decir que sí. El compromiso laboral en pareja implica tener una estabilidad, una independencia. Ahora, la mujer es más independiente y el hombre tiene que abrir su mente, pensar en libertades que antes no se pensaban en relación con la compañera.

La pareja intenta establecerse en este escenario cada vez más exigente, egocéntrico, más difícil, parece un campo minado. A nivel personal el tema de pareja es lo que más me confronta en la vida. Ahora, en plena pandemia, observo también que hay un cuestionamiento profundo sobre si esto de acompañarnos toda la vida tiene sentido.

Hay muchos cuestionamientos sobre cómo deseamos vivir. Hay mucha gente que ha descartado vivir en pareja lo cual me parece triste porque la pareja es la afirmación de la vida. El tema de género también cambió el carácter de la gestión de pareja. Mi cuestionamiento más profundo viene desde qué lugar decidimos y si el amor se acaba.

Mis reflexiones me llevan a afirmar que ningún amor acaba. Ahora, la obra no pretende dejar ningún mensaje, ninguna moraleja. Mi intención y de los actores -ellos durante los ensayos hablaron sobre cómo fue su vida en pareja, cómo desean verse, cómo no desean verse- es aceptar que somos egocéntricos, que disfrutamos el conflicto. En suma, la sensación con la que nos quedamos todos es que no deseamos decir nada concreto. Hay dos escenarios en donde transcurre nuestras vidas: en la normalidad y la superficialidad. Lo inevitable se hace contundente de manera permanente. Es un juego de contradicciones.

-Cómo fue la experiencia de la selección de los actores que participan en la obra?

– En el caso de Fiorella, es una actriz a quien admiro. Siempre me impresionó su potencia emocional en escena. Es una mujer potente. Es enorme en el escenario. Trasmite todo. Cuando pensé en el personaje femenino inmediatamente me vino a la mente Fiorella. Con Lucho trabajamos juntos en la obra Vigilia de Noche en el Mali y me quedé enamorada de su labor como actor. Los dos son actores entregados a su trabajo interpretativo. Llegado el momento de estar en escena son unos apasionados. Estoy agradecida por su trabajo, por su colaboración.

-Andrea, antes de culminar con esta breve entrevista nos gustaría saber más sobre tu relación con la pintura.

-Pinto desde niña. Antes de actuar ya pintaba. Mis primeros recuerdos pintando se remontan a cuando tenía 3 a 4 años. Pintaba en los papeles que envolvían los ternos de mi papá y mi mamá me los daba después de recogerlos de la lavandería. En estos papeles dibujaba y dibujaba. Por una serie de contratiempos con otras labores lo dejé y lo retomé el 2008. Me di la oportunidad de hacerlo nuevamente. Es una necesidad expresarme a través de las imágenes.

El primer retrato que hice fue del actor Miguel Iza. ¿Por qué? No sé. Vi una foto de Miguel en una revista, me impresionó, me gustó y la tomé para pintar. Después pinté a Sofia Rocha. Coincidentemente, le escribí un par de semanas antes de su partida para consultarle cómo se sobrelleva esta experiencia de vivir únicamente del teatro. Admiraba su trabajo, su vitalidad, compromiso con su labor de actriz. Ella me contestó con un mensaje largo y sincero. Quedé satisfecha con su respuesta. Me dio rabia lo sucedido y lloré…

Pinto a personajes que me conmueven mucho. Pinté a Salvador Dalí, a Frida Kahlo, a mis hijos. El ejercicio de pintar es como una terapia. Cuando pinté a mi madre fue como un diálogo. Como una manera de hablar con ella de todo aquello que no se dijo y sin palabras. Igual me sucedió con mi padre. Pintarlos es como ir a ellos continuamente.

– ¿Tienes algún proyecto de trabo en la televisión, cine o teatro?

-Concretamente no. Si pudiera dedicarme solo a pintar lo haría. Después confronto este sueño preguntándome si de verdad me dedicaría únicamente a pintar, sin embargo, cuando me llaman de Lima para hacer una novela me voy corriendo, les agradezco, salto en un pie, me da felicidad. No tengo prejuicio con las telenovelas comerciales, el teatro comercial o independiente. En ambas modalidades trabajo. En este momento me encantó la experiencia de escribir y dirigir. Deseo explorar el tema de la ficción también…