Alberto Ísola: “Creo en los ideales, en los mitos, en las ideologías…”

¿Ya fueron a ver Vladimir, obra que junto con El caballo del Libertador y Pequeños héroes forma parte del Proyecto Trilogía? ¿No?… ¡No se la pierdan! Va en el teatro del CCPUCP

Actúa, dirige, y junto al dramaturgo, actor y director Alfonso Santistevan, es uno de los gestores de Trilogía, proyecto organizado por el Centro Cultural y la Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP. Considerado una de nuestras figuras más relevantes del teatro peruano, Alberto Ísola reflexiona sobre el reestreno de memorables obras como Vladimir, El caballo del Libertador y Pequeños héroes, montajes que originalmente fueron estrenados entre los años 1986 y 1994.

-Alberto, la actual coyuntura política nos ha sumergido nuevamente en una ola de corrupción. ¿Las obras que comprenden el proyecto Trilogía tejen de alguna manera con todos estos hechos?

– Trilogía es un proyecto que tiene aproximadamente 10 años y las obras no se escogieron pensando en todo lo que está pasando en el país. Sin embargo, la intención era reflexionar sobre todos estos últimos años. La situación política por la que atraviesa el país en estos momentos le dio una mayor urgencia a cada uno de los montajes.

-¿Cómo surgió la idea de agrupar estas piezas teatrales?

-Estas obras no formaban parte de una trilogía. De pronto se me ocurrió convertirlas en una trilogía. Alfonso dice que las escribió sin pensar en una trilogía. Aparentemente no tienen nada que ver una obra de la otra, sin embargo, durante los ensayos nos dimos cuenta del vínculo que existe entre una y otra. Incluso, algunos textos se repiten.

-Los textos se repiten, la historia se repite. ¿Nada es casual?

– Nada es casual. Ambientadas entre 1986 y 1994, las tres obras estaban centradas en momentos duros y difíciles de nuestra historia. Ambos consideramos importante hablar de este período que sigue siendo fuente de discusión. Discusiones agrias con algunos intentos de borrar este período de nuestra historia. Nosotros sí teníamos todo el interés de hablar sobre la memoria, reflexionar sobre quiénes somos desde que empezó la República. ¿Qué nos pasó?… Sí hay una intención de repasar y de tocar ciertos temas que nos parecen urgentes. Lamentablemente, como lo dije al comienzo, todo lo que pasa en estos momentos con nuestro país hace más urgente la temporada de estas tres obras.

-Te consulto sobre estos posibles vínculos entre la actual coyuntura política y las temáticas de reflexión de las obras porque gran parte de nuestros jóvenes no tienen idea de lo que pasó en los ochenta.

– ¡Claro! ¡Absolutamente! Me parece importante y pertinente hablar de ello. Todo este tema coincide también con la manera cómo las obras han sido producidas. El proyecto Trilogía es una producción del Centro Cultural de la PUCP y la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP. Esto implica que en cada obra participan entre uno o dos jóvenes actores o actrices de la Facultad. Asimismo, los dos asistentes de dirección son jóvenes que tienen menos de 25 años al igual que los intérpretes.

– Vladimir se visualiza desde la mirada del joven hijo. ¿Por qué?

-Porque nos pareció importante tener otra mirada. Justamente pensando en los jóvenes decidimos que Vladimir se trabaje desde su mirada, la mirada del hijo joven. Cuando empezamos a leer y a trabajar sobre las obras el desconocimiento era grande. La idea era llegar a los jóvenes para que sepan qué nos pasó. Somos terriblemente desmemoriados y descuidados con nuestra historia. Volviendo a tu pregunta. Siento que, en todas las obras de Alfonso, pese a la dureza de las temáticas hay una sensación de continuidad. Nos parecía importante saber qué ha hecho este chico con el fracaso de sus padres razón por la cual Vladimir empieza con un prólogo silencioso. La escena del inicio de la obra original, que es la historia de estos padres de izquierda la pusimos al final. Deseaba ver la obra desde el momento actual por eso la trabajamos desde la mirada del hijo. Cosa que no pasa con El caballo del libertador o Pequeños Héroes, que están ambientadas en el momento que fueron escritas. Me agrada la idea que a pesar de todo avanzamos. Pese a ser pesimista creo en el avance. Hay una vieja frase zulú que Luis Peirano repite frecuentemente. “Es preferible avanzar y morir, que detenerse y morir”. Creo en esta teoría.

– La migración es un tema que sigue latente y nos tocó de manera directa.

-Sí. Ahora es al revés y les pasa a los venezolanos. Es importante decirlo. Hice las maletas para irme a vivir a Venezuela la noche que cogieron a Abimael Guzmán. No concreté la posibilidad de quedarme porque pensé que algo iba a pasar. Esto pasó en el año 1994 durante la crisis de la izquierda, la crisis de muchos ideales; todo tenía un rol distinto al que se tiene ahora. En ese momento la obra sabía amargamente a derrota.

-Lo de derrota es por el fracaso de los ideales progresistas para pasar a la etapa neoliberal.

-Así es. Peter Brook es un hombre sabio. Él dice: “Yo no creo que uno pueda trabajar y vivir siguiendo una sola ideología. Uno también puede trabajar sin tener una ideología”. Es un juego de palabras que me parece importante. Creo en los ideales, en los mitos, en las ideologías. Están ahí para crecer, decaer, morir, dar lugar a otras y renacer. Pese a ser pesimista, escéptico ante determinadas cosas, para mí hacer teatro es apostar por que las cosas mejoren. Sino no habría teatro. No me gusta ir a ver un tipo de teatro o cine en donde me digan que el ser humano es algo horrendo sin alternativa para ejecutar el cambio.

– A pesar de que una porción de la juventud es indiferente a las cosas que pasan en el país una buena cantidad de ellos participa en manifestaciones que piden a gritos un cambio. ¿Este manifestar te dice algo?

– ¡Claro! Desde hace algunos años los jóvenes protestan vivamente sobre una serie de cosas que para mí es una maravillosa señal. En un momento se pensó erróneamente que teníamos una juventud indiferente, sin embargo, verlos protestar me llena de entusiasmo y de fe. Justamente, la idea de poner a Vladimir como el hilo conductor de la obra respondió a este manifestar de los jóvenes.

-Pasemos a El caballo del libertador…

-Cuando se habló de trabajar las obras se pensó en mi como director de las tres. Una idea peregrina, sin embargo, siempre le decía a Alfonso lo difícil que me era tocarla. Es más, no me acordaba de El caballo del libertador pese a que en su primer estreno me impactó mucho. Finalmente, Alfonso me dijo que asumiría la dirección. A Carola y a mí nos correspondería asumir la actuación. El teatro no es un museo. Si bien trabajamos de acuerdo con el montaje original, no estamos ante el montaje original. Siempre habrá cambios. Hacer El caballo del libertador ahora fue como entrar a una obra contenida dentro de sí misma. No me imaginaba otra manera de hacerla y trabajarla con la memoria de dos grandísimos actores: Maritza Gutti y José Enrique Mavila, los primeros intérpretes que la hicieron, ha sido muy fuerte. La obra nos ha permitido a Carola y a mí buscar ciertas cosas e innovarlas. De los tres espectáculos ésta es el más cercana al montaje original.

Sobre Escena Contemporánea

-Alberto, antes de terminar, permíteme charlar sobre Escena Contemporánea, productora teatral con más de cinco años de vida, alrededor de 15 montajes, talleres… ¿Cómo surgió?

– Un día estábamos Magali Bolívar, Juan Carlos Adrianzén y yo. Somos amigos desde hace mucho tiempo. Creo, si mal no recuerdo, nos estábamos quejando de algo relacionado a las artes escénicas. De pronto, uno de nosotros propuso hacer algo en lugar de quejarnos. Fue así como decidimos apostar por un trabajo teatral distinto. Para mí fue difícil aceptar porque vengo años trabajando en teatro. Fundar grupos como Ensayo, Quinta Rueda, Umbral, no fue fácil en su momento. Soy además miembro fundador de Cola de Cometa con Celeste.

– ¿No estabas convencido de formar este equipo?

-Lo pensé y pensé. Finalmente acepté.

– ¿No es una tarea fácil hacer teatro en el país?

– ¡No! Sin embargo, es importante resaltar toda esta experiencia ganada en Escena Contemporánea porque hacemos teatro independiente, un teatro que realmente deseamos hacer. Siempre terminamos arañando las paredes, nunca ganamos, en fin. Nos sentimos orgullosos de toda la labor emprendida. Es un espacio fundamental que se amplía poco a poco. Al comienzo era yo quien dirigía lo cual siempre me pareció mal. Ahora hicimos Bárbaro con Franklin Dávalos. Asimismo, tenemos los talleres. Si bien es un trabajo con el cual estamos contentos, vivimos en carne propia todas estas dificultades para montar una obra. Por un lado, tenemos el privilegio de ser invitados a La Plaza o el Británico en donde para producir una obra cuentan con un presupuesto. Por otro, tenemos que hacer cola para conseguir una sala, buscar algún tipo de auspicio, es una realidad que nos produce shock. Es la otra realidad del teatro.

– ¿Qué están haciendo en estos momentos?

– A propósito que Juan Carlos vive en Bogotá nos estamos abriendo a otros lugares, otros países. Nuestras obras viajan ahora. Bárbaro se fue a Bogotá y allá realicé algunos talleres también. Cintas de seda y El dolor tendrán una temporada en Colombia. En breve reponemos Cintas de Seda aquí. Todo esto para mí es la posibilidad de seguir apostando por un futuro y un avance.

Sobre Alberto Isola

Se formó como actor y director en Perú, Italia e Inglaterra. Ha recibido condecoraciones por el Congreso de la República, el Gobierno de Italia, la Municipalidad de Lima, el INC entre otros. Es profesor de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP y de los Talleres de Escena Contemporánea. Ha participado en más de un centenar de espectáculos teatrales, siendo los últimos, como actor, “Vanya, Sonia, Masha y Spike”, “Cielo Abierto”, “El gran teatro del mundo”, “La tempestad”, “Todos los sueños del mundo” y “Almacenados” en el teatro del CCPUCP. Asimismo, como director ha estrenado en los últimos años “Nunca llueve en Lima”, “El dolor”, “La historia de un soldado”, “La piedra oscura”, “Cintas de seda”. Además, ha participado en múltiples telenovelas y series televisivas peruanas.