Una lectura de Fred Vargas

Un posible “sembrador de peste”, sumado al recuerdo de las plagas medievales y a la aparición de una serie de cadáveres, desata el terror entre los ciudadanos del París contemporáneo. ¿Suena actual? Esa es la trama de Huye rápido, vete lejos, novela de la escritora Fred Vargas, premio Princesa de Asturias en 2018 y reina de la novela policial francesa, una autora a la que es necesario acercarse. Esta revisión personal va con alerta de spoilers.

Por: Anahí Barrionuevo

Leo Huye rápido, vete lejos, de Fred Vargas.

La releo más bien, como releo otros libros de la autora: El hombre de los círculos azules o Los que van a morir te saludan o Más allá, a la derecha o… Pero me detengo sobre todo en el primero. Y quedo atrapada. Otra vez.

En su país, Francia, y por tanto en su lengua, Fred Vargas es una autora superventas. Sus novelas alcanzan más de 500 mil ejemplares en el año de su lanzamiento. Algunos de sus libros han superado el millón. Hasta 2008 se estimaba que sus obras en conjunto habían vendido más de 5 millones de ejemplares. Y desde entonces hasta ahora no ha vendido menos.

Empecemos por el lado personal.

Fred Vargas es el seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau. Es historiadora y arqueóloga, o más precisamente, medievalista y arqueozoóloga. Trabaja en el famoso CNRS, el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, un organismo público dedicado a lo que indica su nombre, uno de los más prestigiosos del mundo. Ha contado que cuando escribió su primera novela, quiso evitar que sus compañeros profesionales del centro pudieran identificarla. Para ellos, presumimos, la exactitud, el rigor y el método deben ser fundamentales, en contraste con las ensoñaciones y veleidades literarias. Y así se decidió por utilizar un seudónimo para firmar las novelas que, disciplinadamente, escribe cada año durante su mes vacacional.

Lo cierto es que su hermana gemela, la pintora Jo Vargas, ya utilizaba el apellido en referencia al personaje interpretado por Ava Gardner en la película de Joseph L. Mankiewicz que recrea la historia de La Cenicienta: La condesa descalza.

No resulta poco probable imaginar, sin embargo, que detrás del seudónimo también se encuentre el deseo de alejarse de un apellido que, al menos la intelectualidad francesa, identificaría muy bien: Philippe Audoin (que obviaba la segunda parte del apellido), padre de Fred Vargas, fue un conocido escritor surrealista, cercano a André Breton, fundador del movimiento. Por si fuera poco, el hijo mayor de Philippe (hermano de Fred y Jo), Stéphane Audoin-Rouzeau, es un historiador de la Primera Guerra Mundial.

Y bueno, si bien Fred Vargas permaneció en el anonimato durante un tiempo, el éxito sacó a la luz ¿su verdadera?, ¿su otra? identidad.

¿Por qué viene a cuento esta historia personal y familiar? Porque no deja de ser curioso cómo esta formación profesional y estas figuras familiares (la gemela, el padre, el hermano) encuentran un espacio en la obra ficcional de Fred Vargas. No se trata, por supuesto, de autoficción, sino de cómo la literatura inevitablemente se alimenta de la experiencia esencial del escritor (escritora en este caso).

La obra narrativa de Fred Vargas se aproxima a la de los grandes escritores clásicos del género policial (Agatha Christie, especialmente, según declaraciones de la autora), en tanto se aleja de ciertas características de la llamada “novela negra” y se centra más bien en el enigma. O eso es lo que la autora suele decir (las pocas veces que habla, si bien recientemente lo ha hecho más). Yo no concordaría del todo y atribuyo sus palabras a la modestia. Primero, porque ahonda en la emocionalidad de los personajes, en sus motivaciones y su historia íntima, tendiente siempre a alguna forma de marginalidad y rareza, algo bastante propio de la novela negra. Y segundo, porque tuerce el enigma en extremo, eludiendo toda previsibilidad, con recursos racionales y culturales que solo pueden denominarse “exquisitos”, y superando, por tanto, las expectativas de ese límite.

Cuenta con protagonistas que se repiten a lo largo de todas las novelas y, en este punto, forma dos ciclos:

  1. Las protagonizadas por el comisario Jean-Baptiste Adamsberg, un tipo atormentado, agudo y caótico, secundado por su mano derecha: Adrien Danglard.
  2. Las protagonizadas por “los tres evangelistas”: Mathias Delamarre (San Mateo), prehistoriador; Marc Vandoosler (San Marcos), medievalista; y Lucien Devernois (San Lucas), historiador de la Primera Guerra; acompañados por Armand Vandoosler, tío y padrino de Marc, y policía retirado.

Huye rápido, vete lejos es una excelente muestra de todo lo mencionado porque, además, aquí, ambos ciclos se encuentran. De hecho es la primera novela de Fred Vargas donde aparecen los evangelistas.

Aunque el eje de la trama es un caso policial, como todas las obras de Fred Vargas no se centra solo en eso, sino que parte de retratar a los ciudadanos parisinos, un abanico de ocho personajes en este caso, algunos con vínculos familiares. Son personajes de oficios en desuso y subsistencias diversas, de eventuales raíces intelectuales y hasta aristocráticas, venidos a menos en general, o diríamos, decadentes, e incluso trágicos. Dispersos principalmente en torno a la Plaza Edgar-Quinet, en la zona de Montparnasse del Distrito 14, funcionan como distractores: cualquiera de ellos podría ser aquel que comete el delito.

En ese escenario, en esa plaza, persiste un pregonero: a la vieja usanza, lee noticias dejadas en un buzón a cambio de unas monedas. Hasta que un vecino, un viejo interesado en la historia, comprende que una serie de mensajes cita antiguos manuscritos medievales que aluden a la peste. Se trata de la Muerte Negra, llegada en 1347 a Europa, donde causó en cinco años la muerte de 30 millones de personas. Rebrotó una y otra vez, y no fue erradicada sino hasta el siglo XVIII. Estos son solo algunos de los datos que utiliza la novela, y aquí viene a cuento mencionar que, firmado bajo su verdadero nombre, Frédérique Audoin-Rouzeau es autora de un estudio histórico llamado Los caminos de la peste. La rata, la pulga y el hombre, que da cuenta de sus investigaciones sobre este asunto.

Simultáneamente, han aparecido en las puertas de los departamentos de varios edificios de París unas misteriosas marcas. Una es un 4 invertido, una cifra talismán para proteger el hogar contra la peste (uso medieval también, que recuerda la bíblica sangre del cordero); y la otra son las siglas CLT. Es la abreviación del mejor consejo medieval contra la peste, enunciado en latín: Cito, longe fugeas et tarde redeas; o sea, Cito, longe, tarde. En otras palabras: Huye rápido, vete lejos (y regresa tarde) en español. Algo así como el actual Quédate en casa.

Algunas puertas, sin embargo, no fueron marcadas, y sus habitantes han muerto.

Descubrir el sentido de los hechos y vincular unos con otros es buena parte del desenvolvimiento del enigma, una tarea que descansa sobre el comisario Adamsberg. Para resolverla, acude esta vez al medievalista Marc Vandoosler, uno de los evangelistas. Al mismo tiempo, el comisario debe evitar que el pánico se esparza por la ciudad, una situación que solo complicaría su tarea. ¿Porque acaso la peste ha vuelto o son las noticias las que la crean? ¿Hasta qué punto el miedo anula la racionalidad?

Una vez realizada la primera tarea, el siguiente desafío para Adamsberg consiste en hallar las contradicciones, las inconsistencias, para identificar y descartar sospechosos. Con esto y más, Fred Vargas urde un procedimiento metódico, cartesiano, científico, donde, sin embargo, no deja de entrar en juego el azar, aunque mejor podríamos entenderlo como universo de probabilidades a partir de variables bien identificadas.

Para no agotar, y no excederme en el spoileo, añado dos detalles más.   El primero es que aquí cumplen un papel fundamental la identidad (que gira en torno a los nombres y las autodenominaciones que evaden las raíces) y las relaciones familiares (especialmente con el padre, pero también con los hermanos), donde no están ausentes el odio y la traición. El segundo es que el descubrimiento del enigma en realidad solo resuelve una parte, porque es más bien a partir de ahí desde donde se entreteje el sentido último de la historia y entendemos que la verdadera motivación de todo es la venganza. Y se verá que en esto, al mismo tiempo que profundiza en sentimientos como la humillación o el dolor, pero también el orgullo y la dignidad, Fred Vargas no evade la crueldad ni el horror, y encara, desde esa potente y compleja mezcla, incluso el sinsentido.

Un último aspecto que quisiera destacar es que Fred Vargas es autora también de un ensayo, que no he leído (apareció en español en febrero de 2020), titulado La humanidad en peligro. Un manifiesto, donde, según indica la sinopsis, aborda la gravedad del asunto medioambiental a partir de datos rigurosamente investigados, y —oh sorpresa—, señala como una de las mayores amenazas las prácticas del sector agroalimentario. Tenemos tareas.

Fred Vargas (2001). Huye rápido, vete lejos. Madrid: Siruela, 2003. 334 pp. Título original: Pars vite et reviens tard. Traducción del francés de Blanca Riestra (2003).

Editora peruana. En el Perú ha editado a escritores como Ryonosuke Akutagawa, Henry James o Franz Kafka; y a escritores peruanos como César Vallejo, Ciro Alegría, Luis Loayza, José Diez Canseco o Jorge Eduardo Eielson, entre otros. Asimismo, ha trabajado en editoriales nacionales e internacionales y en distintos proyectos.