oler lo ya vivido

En el 2015, recién llegada al Perú me sorprendió encontrar en una tienda de la avenida Larco, del distrito de Miraflores en Lima, un pequeño retablo ayacuchano: un conjunto de músicos integrado por esqueletos y calaveras muy semejantes a la iconografía de los grabados del mexicano José Guadalupe Posada. Tiempo después, ya instalada en Lima, en noviembre de 2016, subí un post al Facebook rememorando un poema de Blanca Varela que, de algún modo, asociaba a la muerte de mi abuela materna:

Ofrenda literaria (A Blanca Varela que creó y salvó el poema, a mi abuela Güicha, Petra Ruíz Tovar de Avendaño que enfrentó su muerte serenamente, con dignidad)

Nadie nos dice cómo
voltear la cara contra la pared
y
morirnos sencillamente
así como lo hicieron el gato
o el perro de la casa
o el elefante
que caminó en pos de su agonía
como quien va
a una impostergable ceremonia
batiendo orejas
al compás
del cadencioso resuello
de su trompa
sólo en el reino animal
hay ejemplares de tal
comportamiento
cambiar el paso
acercarse
y oler lo ya vivido
y dar la vuelta
sencillamente
dar la vuelta.
Blanca Varela

Lo más probable es que Varela conociera el poema “Amanecer” escrito por la mexicana Rosario Castellanos en “Lívida Luz” (1960), textos que se incluyen en el libro “Poesía no eres tú” cuya primera edición, en 1972, fue publicada por Fondo de Cultura Económica.

¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve la cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?

¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?
¿Quién aparta el espejo sin empañar?

Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.
Ya no hay sollozo. Nada, más que un silencio atroz.

Todos son una faz atenta, incrédula
de hombre de la otra orilla.

Porque lo que sucede no es verdad.
Rosario Castellanos

Traigo estos versos aquí, porque evidencian los vasos comunicantes que como lectora encuentro en estas dos admirables poetas de escritura poderosa y porque dan fe de este estar a un mismo tiempo “tan lejos y tan cerca”. Ese mismo espíritu de proximidad entre México y el Perú, se refrenda ahora con la apertura de la librería José María Arguedas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Arguedas, en un artículo publicado en el suplemento dominical de El Comercio en 1960, reconocería su admiración a nuestro Rulfo con quien mantuvo una amistad entrañable de mutuo reconocimiento y admiración.

No menos entrañables hacia México, y hacia Fondo de Cultura Económica una de las instituciones culturales más importantes de mi país, fueron las palabras de Augusto Salazar Bondy, en septiembre de 1959, en la UNMSM: “Al cumplirse los primeros 25 años de la labor editorial del Fondo de Cultura Económica de México no podemos medir todavía en su justo alcance la significación que esta obra tiene para la evolución espiritual de nuestros países”, evento en el que la escritora Magda Portal destacaría: “ mi posición en este momento es singular, pues si, como Delegada del Fondo de Cultura Económica debo agradecer a personas e instituciones que lo han homenajeado, me es deber imperioso decir también mi palabra como peruana aquejada del mal de la lectura en agradecimiento a una empresa editora que nos ha permitido leer en nuestra propia lengua a los mejores talentos de la época y del pasado, mediante su tesonera labor, única en América.”

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Gabriela Olivo de Alba, es una artista, creadora de performances, narradora y diplomática mexicana. Fue agregada cultural de la embajada de México en Venezuela en dos períodos: de 1995 a 2002 y de 2008 a 2014. Asimismo, fue directora del Fondo de Cultura Económica sede Perú del 2015 al 2019.