Hace unos días se presentó “Centauro Digital”, nuevo libro del estratega y emprendedor Miguel de la Roca, una publicación que propone convertirse en una guía práctica para empresarios, independientes y profesionales que buscan aprovechar la inteligencia artificial para impulsar el crecimiento de sus negocios sin necesidad de ser expertos tecnológicos.
Centauro Digital demuestra cómo la IA ayuda a gestionar prospectos, personalizar experiencias, automatizar procesos y optimizar presupuestos de marketing. Al respecto, Lima en Escena charló con el autor Miguel De La Roca, experto en el tema.

– Miguel, ¿qué dilema humano se esconde detrás del concepto del “Centauro Digital” y cómo redefine la relación entre intuición y algoritmo en el mundo de los negocios?
-El dilema detrás del “Centauro Digital” es, en realidad, un dilema muy humano: ¿Hasta qué punto debemos ceder nuestro criterio a un algoritmo sin perder la esencia que nos hace emprender? …Ser un Centauro Digital no es reemplazar la intuición por la tecnología, sino fusionar la imaginación, la experiencia y la calle con herramientas que multiplican nuestra capacidad para ejecutar más rápido. La IA es un acelerador brutal, pero también una tentación peligrosa: la tentación de dejar que piense por nosotros. Y ahí está el dilema. Si dejamos que la IA tome decisiones importantes por comodidad, perdemos lo que nos diferencia: la capacidad de interpretar matices, leer personas, entender cultura, sentir riesgo y navegar la incertidumbre, cosas que ningún modelo puede vivir por nosotros. En los negocios, la IA debería ser nuestra primera versión, nuestro borrador rápido, nuestro asistente incansable.
Pero la decisión final siempre debe ser humana, porque es justamente ese criterio —imperfecto, emocional, intuitivo— el que convierte un análisis en una apuesta estratégica. Ser un Centauro Digital es usar la tecnología para pelear contra el lienzo en blanco, para ahorrar tiempo, para liberar creatividad… pero sin renunciar al rol de piloto. La IA puede proponer, puede acelerar, puede equivocarse (y mucho). Nosotros somos quienes decidimos.
-En una época donde la tecnología parece avanzar más rápido que las certezas, ¿qué vacío emocional o profesional busca llenar este libro en el emprendedor latinoamericano?
-Estamos viviendo el famoso meme de “Quiénes somos… Gerentes. Qué queremos… IA. Para qué la queremos… No lo sabemos. Cuando la queremos… ¡Ya!”. Parece broma, pero describe perfectamente la ansiedad tecnológica del emprendedor latinoamericano. Todos quieren usar IA, pero pocos tienen claridad sobre cómo, dónde y sobre todo por qué integrarla. Ese es el vacío que busca llenar este libro: claridad en medio del ruido. Antes de correr a implementar modelos y herramientas, necesitamos hacernos las preguntas correctas, preguntas que también trabajamos dentro del libro. Qué parte de mi negocio puedo automatizar sin perder calidad. Qué resultados espero lograr con IA, si quiero más ventas, menos costos o simplemente mayor velocidad. Qué procesos son repetitivos o ineficientes. Si los datos que estoy recopilando realmente están alineados a mis objetivos estratégicos.
La verdad es que hay muchas preguntas pendientes y es nuestra responsabilidad como empresarios responderlas. Somos la parte pensante del negocio y, aunque a veces quisiéramos delegar todo lo técnico, esta conversación nos involucra a todos. A muchos nos da esa sensación de agobio, como si esto le correspondiera solo a alguien “más digital”. Pero no es así. La IA ya no es un tema para expertos.
Por eso Centauro Digital existe: para demostrar que no es tan complicado como parece, para invitar a experimentar sin miedo, para mostrar que la mayoría de herramientas útiles hoy son No-Code, lo que significa que no necesitas programar nada, solo entender qué problema quieres resolver. Y lo mejor, se integran fácilmente con lo que ya usa cualquier emprendedor, desde Google Workspace hasta las herramientas de Microsoft.
El libro llena ese vacío emocional y profesional que todos sentimos en esta transición, ese deseo de no quedarnos atrás y, al mismo tiempo, de entender la tecnología con cabeza fría, criterio propio y un enfoque práctico.
– ¿De qué manera los ejemplos cotidianos —desde un consultorio dental hasta un emprendimiento gastronómico— revelan que la inteligencia artificial puede ser tan cercana como una herramienta de trabajo manual?
–Los ejemplos cotidianos son la mejor prueba de que la inteligencia artificial ya no es un concepto lejano ni un lujo tecnológico. Cuando vemos cómo un consultorio dental usa IA para ordenar historiales, enviar recordatorios automáticos o mejorar la comunicación con pacientes, descubrimos que no estamos hablando de ciencia ficción, sino de tareas reales del día a día. Y lo mismo ocurre con un emprendimiento gastronómico que usa IA para calcular costos, organizar pedidos, crear contenido o incluso diseñar nuevas combinaciones de platos. Ahí está la revelación. La IA deja de ser un misterio cuando entendemos que funciona igual que cualquier herramienta de trabajo manual. No reemplaza al dentista, ni al chef, ni al emprendedor. Hace exactamente lo que hace un taladro, una batidora o una agenda bien organizada: te da velocidad, precisión y orden. El talento sigue siendo humano.
– ¿Qué temores, resistencias o mitos sobre la IA intenta derribar Miguel de la Roca a través de esta obra, y qué nuevas narrativas propone para reemplazarlos?
–Cuando escribí Centauro Digital, tenía claro que quería derribar varios mitos que frenan a los emprendedores frente a la IA. No desde la teoría, sino desde lo que veo todos los días trabajando con negocios reales en LATAM y Estados Unidos.
Primer mito: “la IA es demasiado difícil”.
No les voy a mentir: no vas a automatizar tu empresa en una hora, ni vas a tener un negocio lleno de robots mientras tomas café. Cada semana aparece una nueva herramienta, un nuevo modelo, una nueva mejora… y sí, abruma.
Pero descubrí algo clave: no necesitas saberlo todo. Lo único que necesitas es tener claro qué problema quieres resolver. Cuando defines bien tu cuello de botella, la IA deja de verse como un monstruo y se convierte en una herramienta concreta. Una llave inglesa.
Segundo mito: “la IA es muy cara”.
Este lo escucho siempre. “Miguel, no tengo 50 dólares para pagar otra suscripción”. Pero la verdadera pregunta nunca es cuánto cuesta la herramienta. La pregunta real es: ¿cuánto te cuesta seguir trabajando como lo haces ahora?
Las tareas manuales, el tiempo perdido, el seguimiento que no se hace, los procesos lentos… eso sí es caro. Hay herramientas desde 10 dólares, otras gratuitas, y otras más robustas. Pero el foco no es el precio, sino el retorno: si te ahorra horas, te devuelve dinero. Y si te ayuda a vender más mientras duermes… es una inversión, no un gasto.
Tercer mito: “esto es solo para los de sistemas”.
Para mí, este es el mito más limitante. Ya usas IA sin darte cuenta: en tu correo, en tu CRM, en tus redes sociales. Hoy, con conocimientos básicos, cualquier emprendedor puede automatizar su atención al cliente, crear un flujo de ventas, organizar datos o estructurar procesos completos. ChatGPT y YouTube se han convertido en los mejores profesores gratuitos que existen. La IA se volvió democrática. Si no estás optimizando procesos, muchas veces no es por falta de recursos, sino porque no lo estás priorizando.

-Si el “Centauro Digital” es una metáfora del equilibrio, ¿qué parte humana considera el autor que es irrenunciable en un entorno cada vez más automatizado?
-Te doy un ejemplo. Yo uso la IA como mi dupla creativa, sí… pero no como mi sustituto. Le suelto el problema con todo el contexto posible, le pido que piense como director creativo, le explico el tono, el ángulo, el tipo de salida que necesito. Le doy mis ideas en borrador y la tengo configurada para que sea brutalmente honesta, porque si no la entrenas así, cualquier IA te va a decir que tu idea es increíble, aunque no lo sea.
Me devuelve rutas, enfoques, metáforas, alternativas. Y a partir de una de esas, yo comienzo a crear. Pero —y aquí está el punto del equilibrio— la decisión final nunca es de la máquina. Decidir cuál camino tiene sentido para la marca, cuál conecta emocionalmente con la audiencia, cuál respeta la esencia… eso sigue siendo humano. Ese es el valor.
Lo mismo pasa con los números: la IA te puede analizar tus estados financieros en segundos, encontrar patrones, mostrar anomalías. Pero las recomendaciones estratégicas que te dé no las vas a ejecutar sin conversarlas con tu financiero, tu contador y tu propio criterio. Parece obvio, pero mucha gente cae en el facilismo: “la IA lo dijo, entonces debe ser así.Ese es el núcleo humano que hablamos en el libro “Centauro Digital”. Lo que no negocia. Lo que nos hace valiosos en un mundo cada vez más automatizado.
-¿Cómo dialoga la experiencia de más de 17 años del autor con las ansiedades actuales de líderes y profesionales que sienten que “llegaron tarde” a la revolución tecnológica?
–Tengo casi 20 años en marketing y tecnología, y esa experiencia me permite decir algo con tranquilidad: nadie llega tarde a una revolución que aún se está escribiendo. Yo también he sentido esa ansiedad. Llegué “tarde” a las aplicaciones de Facebook, a las automatizaciones… y con la IA todos estamos aprendiendo sobre la marcha.
Lo que realmente importa no es haber empezado antes, sino empezar ahora, con intención y foco. He visto empresas que llegaron “temprano” y no hicieron nada, y otras que empezaron después y avanzaron más rápido porque aplicaron, probaron y ajustaron.
En Centauro Digital hablo desde esa perspectiva: tu punto de partida no te define. La IA recién está despegando, y la verdadera amenaza no es llegar tarde, sino quedarse inmóvil.
– ¿Qué transformación personal o profesional debería experimentar el lector al cerrar el libro, más allá de la adopción de herramientas, metodologías o estrategias?
La transformación no es tecnológica: es mental.
Cuando el lector cierre Centauro Digital, no busco que salga con más apps, más modelos o más flujos de trabajo. Eso es lo de menos. Lo que quiero es que experimente un cambio interno: que pase de ver la IA como una amenaza a verla como una extensión de su capacidad. Que termine el libro con una sensación muy clara:
“Yo sí puedo competir en esta nueva era. No estoy tarde. Solo necesitaba entender cómo jugar.”
Quiero que despierte curiosidad, que pierda el miedo a probar, que deje de buscar la “herramienta perfecta” y comience a moverse con lo que tiene.
Que se dé cuenta de que su creatividad, su criterio y su intuición siguen siendo su ventaja más poderosa, y que la tecnología solo amplifica eso. Si quieres vivir esa transformación, abre Centauro Digital y empieza a convertirte en uno.










