Lazos afectivos entre México y Perú

Volando en avión y en línea recta existen 4254 kilómetros de distancia entre la Ciudad de México y Lima. Un buque que salga desde el Puerto de Manzanillo hacia el Puerto del Callao habrá de recorrer 4565 kilómetros en una travesía de varios días por el Pacífico. Me pregunto si habrá viajado a México por aire o por mar Blanca Varela a finales de los años cincuenta, acompañada de Fernando de Szyszlo que preparaba una exposición de su obra en mi país, cuando Octavio Paz le insistió a Varela para que publicara sus poemas, proyecto que se concretó con el libro “Este puerto existe” editado por la Universidad Veracruzana en 1959.

Escribe: Gabriela Olivo de Alba

Cuántas cajas de libros publicados por Fondo de Cultura Económica en México habrán realizado ese recorrido, para ser recibidos entre 1958 y 1969 por Magda Portal, primera representante del sello editorial mexicano en el Perú. Cuántas intelectuales, estudiantes universitarios, profesores y académicas peruanas habrán encontrado en los títulos del Fondo ideas reveladoras que contribuyeron a su formación política, humanística y profesional, para que Augusto Salazar Bondy asegurara en un discurso en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que “el Fondo de Cultura ha actuado como motor principal de la integración de los valores hispanoamericanos en la cultura mundial (…) Es Universidad porque a través de su vasta producción ha abarcado todos los campos del conocimiento y está llevando ese conocimiento a todos los públicos. Supliendo en muchos casos las deficiencias o la ausencia de universidades en nuestros países…”

¿Cuántos ejemplares hicieron llegar desde México a la filial comandada por Varela entre 1969 y 1997 y cuántos títulos peruanos fueron publicados desde 1986 para su distribución en Latinoamérica? ¿Desde entonces hasta esta fecha cuántos títulos y ejemplares de esta casa editorial se habrán distribuido en librerías, bibliotecas, colegios y ferias peruanas? Por fortuna, en la actualidad, con un clic, las nuevas tecnologías hacen posible adquirir en versión digital los libros de Jarque, Giusti, Fowks, Agüero, Montalbetti, Pacheco, García Falcón, del Águila, Mamani y Guerrero Peirano publicados los últimos años por FCE, o adquirir por delivery el más reciente libro del doctor Emilio La Rosa La responsabilidad social en salud, título de especial relevancia en tiempos de pandemia global.

Gracias a las redes es factible la ubicuidad y estar en uno y otro sitio a la vez, condición que -en esta inédita etapa de confinamiento por la pandemia del coronavirus- adquiere un valor imponderable. Recientemente aquí en mi casa en México, me mantuvo insomne un intenso dolor gástrico en el esófago, el dolor fue creciendo a tal punto que creí qué tal vez no era un padecimiento gástrico y que podría tratarse de algo cardíaco. No deseaba alarmar a mi madre que dormía en su habitación y dudé en llamar a mi hijo pues no quería hacerlo venir a esa hora desde su casa hasta la mía, pues insistiría en llevarme a una clínica o a un hospital y es lo que menos deseo en estos momentos. Así que respiré profundo, traté de relajarme y distraerme mirando fb. ¡El milagro ocurrió! Alguien había subido un audio de íkaros sanadores cantados por Herlinda Agustín Fernández, sabia mujer de la etnia shipibo-konibo cuyos conocimientos ancestrales y testimonios fueron fundamentales para que estos cantos fueran declarados en el Perú Patrimonio Cultural de la Nación.

Cerré los ojos y acerqué el celular a mi oído, los cantos curativos en su lengua indígena fueron sosegando el dolor y no tengo claro si me fui quedando dormida o si se dio en mí una suerte de estado alterado de conciencia que me conectó a una experiencia estética, la vivida en el 2016 en Lima durante una función de teatro a la que asistí. La agrupación Íntegro presentaba Ino Moxo, puesta en escena basada en la obra de César Calvo, que abría canales sensoriales de interrelación con la naturaleza.

Al día siguiente no había rastro de dolor gracias al efecto curativo de esa voz shipibo-konibo, y a la remembranza de Ino Moxo. Pero, ante todo, desperté agradecida por la oportunidad que Lima en Escena me brinda de escribir en este espacio y, con ello, poder restablecer los vasos comunicantes y afectivos de esta mexicana con el Perú.

Gabriela Olivo de Alba, es una artista, creadora de performances, narradora y diplomática mexicana. Fue agregada cultural de la embajada de México en Venezuela en dos períodos: de 1995 a 2002 y de 2008 a 2014. Asimismo, fue directora del Fondo de Cultura Económica sede Perú del 2015 al 2019.