Cielo exhausto

Juan José Soto (Lima, 1965) es un poeta con una trayectoria reconocida e importante en el panorama literario peruano.  Ha publicado los poemarios Cárcel de mi ojo (1994), Morada Diosa (1997) y Palabra sobre los abismos (2005), entre otros

Por: Carmen Ollé

En un libro anterior, Lado B de las sombras, publicado en 2022, las sensaciones y pensamientos existenciales se asocian con un misterioso Tú, que recompone las piezas del amor.  Aunque el tema amoroso no está oculto entre los pliegues de las alas de una gaviota, de las caderas, de los escotes esta vez, sino asociado con otros temas como la muerte, el cambio climático, la astronomía, por citar solo algunos. Y sobre todo lo hallamos en el tráfago diario de las ciudades ruidosas o en el caos global.

Sobre él ha escrito Mazzoti en el prólogo que su imaginería se alimenta de los medios masivos; pienso que, si la poesía nos libera, como afirma el escritor Miguel Ildefonso, a propósito de la poética de Soto, es quizá junto con la música, la pintura y todas las artes nuestra única tabla de redención.

La naturaleza, su destrucción, la música y el fuego son los principales ejes del poemario: que movilizan el contrapunto entre vida y muerte, civilización y barbarie, naturaleza y desarrollo tecnológico. 

Ya no vemos entrelíneas cómo asoma la realidad, sino que esta se configura según un caleidoscopio, y de manera fragmentaria o al estilo cubista.  “Un caleidoscopio en continuo movimiento”, escribe en el epílogo el poeta mexicano Óscar Pirot. Según Pirot, este libro es un testigo presencial que “apunta hacia una alegoría de la destrucción”.

Cuerpos desmembrados como saetas o kamikazes, pero donde el erotismo alcanza sus cotos de caza: los pezones vuelan, los besos se descuelgan como perros en celo, los bíceps de un hombre se balancean en el Metro:

  Piernas

                  Cráneos

                                    Pecho

Van   ligeros         a la balanza

Cielo exhausto está compuesto de 18 poemas y dos secciones: «Cielo exhausto» y «Tiempos del fuego». Si en la primera parte, todo lo que hemos construido con el supuesto nombre de civilización y cultura se desploma; en «Tiempos del fuego» se trata de la guerra: los misiles lúbricos, las bombas que destruyen ciudades, en este holocausto los dioses han desaparecido ¡dónde están!  Qué hacen, clama el poeta, ante la cacería humana.

Los poemas al inicio de Cielo exhausto prefieren la tercera persona singular o la primera persona plural en vez del monologante yo interior. Así se dice El amante ordena un poema de amor o Ella amanece breve transparente. Y más adelante: “Andamos en busca de presagios”. Pero entre los versos coexisten otros personajes que varían el espectro, como Satao, el elefante africano, la Diosa china de la misericordia Kuan-Yin.

A propósito del asunto de la enunciación poética y de quién habla en el poema, la profesora Susana Reisz en un ensayo afirma que, contrariamente a los que piensan que “el poema no habla sobre el mundo sino sobre sí mismo, (y) que el lenguaje poético es autorreferencial, que los poemas son composiciones con un grado de abstracción similar al de la música y que, por lo mismo, la creencia romántica de que el poeta se expresa a través de sus versos es un residuo de ingenuo biografismo”. [i]Ella menciona a Bajtín y sus diferentes nociones de voz: polifónica, dialógica y monológica. La polifonía presenta el discurso de varias voces: autor, narrador, personajes, y también es dialógica.  Creo que la enunciación en el poemario de Juan José Soto no es monológica, según lo planteado por Reisz, ni biografismo ni subjetivismo; ¿quién habla entonces en los poemas de Cielo exhausto? Pues podría ser en sentido polifónico un diálogo con la conciencia colectiva.

Cielo exhausto en su conjunto se configura como un universo alado sobre el que planean seres mecánicos, los modernísimos cíborgs, que no son del todo imaginarios o simbólicos, pues la misma humanidad necesita de órganos sustitutos, ya de carne o de metal para seguir subsistiendo, a tal extremo él mismo está  asolando no solo el planeta, sino también su propio cuerpo;  pero no  agoniza únicamente el iceberg, también la creatividad, la fantasía, ya que se está delegando a robots, chatbots, es decir, a un software basado en inteligencia artificial aquello que es lo más preciado de su naturaleza humana, lo único que lo diferencia del resto de los animales, la imaginación.

Lo que entrelíneas percibimos en este hermoso poemario es la renuncia a la imaginación. Por eso el poeta escribe “La poesía no crece en el algoritmo de las máquinas/Anda ciega y sin conexión/ en el lomo de un relámpago”.

Si el filósofo alemán Theodor Adorno se preguntaba después de la Segunda Guerra Mundial: ¿Es posible escribir poesía después de Auschwitz? Aquí y ahora, Juan José Soto tiene suficientes razones para hacerse la misma pregunta, y se la hace cuando se cuestiona si es posible escribir poesía en el algoritmo de las máquinas, es decir, es posible ¿hacer arte, música, ciencia sin imaginación?

[i] Nuevas calas en la enunciación poética, Susana Reisz, Inti, Revista de literatura hispánica, vol. 1, N°67, 2008

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Prolífica y una de las más importantes escritoras peruanas. Premio Casa de la Literatura Peruana y Premio Iberoamericano de Letras José Donoso. Marcó un antes y un después en la historia de la literatura local a propósito de la publicación de su primer libro Noches de Adrenalina. Ha publicado más de 10 libros de narrativa.