Casas vacías/Maternidades secuestradas

Casas Vacías, es la ópera prima de la mexicana Brenda Navarro publicada por Sexto Piso. La madeja de la novela es la maternidad: la deconstrucción de ese bordado precioso que las mujeres cargamos desde niñas sin que se nos permita sospechar que, en ocasiones, ser madre se parece más a una piedra que a una flor.

“Daniel desapareció tres meses, dos días, ocho horas después de su cumpleaños. Tenía tres años. Era mi hijo.”

Con estas líneas, que establecen el soliloquio de la madre del pequeño Daniel, la escritora mexicana Brenda Navarro inicia la novela “Casas vacías”, su ópera prima publicada originalmente (2018-2019) en formato digital por Kaja Negra, proyecto editorial periodístico y literario que apuesta por las plataformas y, posteriormente (2020), en e-book y libro impreso por la editorial Sexto piso. Las voces narrativas protagónicas, de dos mujeres sin nombre, relatan alternadamente una misma historia desde sus respectivos puntos de vista, la madre y la raptora: la primera de clase media, madre biológica de Daniel/Leonel, la otra de un estrato social bajo, convertida en madre sustituta del niño autista de tres años que ha robado en un parque.

Navarro pone sobre la mesa temas sensibles en México como el de la maternidad ¿(auto) impuesta?, el de las desapariciones forzadas y el feminicidio, cometido en España por el padre de Nagore, prima hermana del pequeño Daniel… Mientras leía la novela de corta extensión -apenas 164 páginas- de una profunda crudeza, me vino a la mente el proyecto de la artista y activista feminista mexicana Mónica Mayer, quien en el 2012 convocó a creadoras a realizar obras en torno al tema “Una maternidad secuestrada es”. Las piezas abordaban aspectos del día a día que convierten a las mujeres en “cuidadoras” y seres cautivos de la maternidad, hasta situaciones límites de aquellas que, ante la indiferencia e incompetencia de las autoridades, se organizan como “rastreadoras” para buscar con palas, picos y sus propias uñas, en terrenos inhóspitos, los restos de sus hijas e hijos desaparecidos. Navarro ha declarado “Hice uso del oficio (…) mi apuesta literaria era nombrar aquellas cosas que a mí me costaba trabajo encontrar.”

Han transcurrido varios años desde esa convocatoria de Mónica Mayer, invitándonos a hacernos cargo de lo que representa la “maternidad secuestrada”. Hoy, la novela Casas vacías de Brenda Navarro traducida al italiano, holandés, portugués, griego y turco -con personajes alejados de estereotipos y un lenguaje crudo, de una oralidad que parece rehuir lo literario- nos lleva a cuestionar la maternidad en el contexto social y en los ámbitos de lo ético y lo político. La autora apuesta a lidiar con nuestra propia monstruosidad a través de personajes que en momentos despiertan empatía y en otros desprecio.

Desde el confinamiento en su casa en Madrid, con espíritu similar al de Mayer en Ciudad de México en el 2012, Navarro da un paso más adelante al convocar en marzo del 2020 a un curso en línea titulado ¿Mi casa es un campo de batalla? asumiendo el hogar como espacio de resistencia creativa, convocatoria a la que respondieron en su mayoría mujeres pero también varones tocados por el tema. Esta iniciativa se suma a otro proyecto de mayor aliento: Enjambre literario, espacio digital destinado a publicar obras y dar a conocer el pensamiento producido por mujeres.

Sobre Brenda Navarro
Foto: Archivo de la autora

Ciudad de México,1982. Es socióloga y econo­mista feminista por la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó un máster en Estudios de Género, Mujeres y Ciudadanía en la Universidad de Barcelona. Ha sido redactora, guionista, repor­tera y editora. Ha trabajado en diversas ONGs relacionadas con derechos humanos. Es fundadora del #EnjambreLiterario, un pro­yecto editorial enfocado en publicar obras escritas por mujeres. Casas vacías es su primera novela.

Gabriela Olivo de Alba, es una artista, creadora de performances, narradora y diplomática mexicana. Fue agregada cultural de la embajada de México en Venezuela en dos períodos: de 1995 a 2002 y de 2008 a 2014. Asimismo, fue directora del Fondo de Cultura Económica sede Perú del 2015 al 2019.