Lima en escena

Verónica Ramírez: «Antes que nada, yo soy lectora»

La periodista y escritora peruana conversó con Lorena Bancayán (@lectora.constante) para Conversaciones Constantes, sobre ‘Casi todo desaparece’, su primera novela que aborda la infancia, el paso del tiempo y la memoria. Antes de escribir, Verónica Ramírez leyó. Esa respuesta aparece apenas iniciada la conversación y termina explicando buena parte de Casi todo desaparece, su primera novela. Cuando le pregunto de dónde nace el deseo de escribir, no habla de publicaciones ni de una vocación temprana. Habla de una infancia que estuvo acompañada por historias.

—¿De dónde nace ese deseo de escribir?

“Sobre cómo nace la escritura en mí, no lo tengo tan rastreado ni tan mapeado. Supongo que, para acompañarme de alguna manera en una infancia quizás solitaria, me llené de historias (…). Antes que nada, yo soy lectora. Realmente mi primera vocación es la de ser lectora”.

La respuesta conduce de manera natural a otra pregunta.

—Si la lectura fue el punto de partida, ¿qué autores siguen acompañándote hoy?

Ramírez sonríe ante la dificultad de elegir favoritos. Compara la pregunta con pedirle a alguien que escoja a uno de sus hijos y termina mencionando a Carson McCullers, Philip Roth, Tolstói y otros escritores que forman parte de una biblioteca donde conviven los clásicos con la narrativa contemporánea. Pero la conversación no tarda en desplazarse hacia el oficio. Durante años ejerció el periodismo antes de publicar ficción, dos formas de escritura que, aunque comparten herramientas, requieren exigencias distintas.

—¿Qué has tenido que desaprender del periodismo para narrar desde la ficción?

“La literatura sí es perderte un poco en el mar”, responde. Mientras el periodismo obliga a verificar, ordenar y llegar a una conclusión, la novela le permitió aceptar la incertidumbre y descubrir la historia mientras la escribía.

Ese mismo proceso aparece al hablar de Vera, la protagonista de Casi todo desaparece.

—¿Cómo encontraste la voz de Vera?

“Poco a poco me fui metiendo en la piel del personaje”. La voz no surgió desde el primer borrador ni la primera persona estuvo decidida desde el inicio. Ambas llegaron conforme el personaje adquiría espesor y comenzaba a reclamar una manera propia de narrarse.

La infancia toma y aborda otro lugar central en la conversación, así como en la novela.

—¿Por qué volver a la infancia para contar esta historia?

Ramírez explica que allí se fijan experiencias que acompañan toda una vida. Por eso la guerra y el exilio nunca aparecen aislados del recorrido íntimo de Vera. Lo importante no son únicamente los hechos históricos, sino “la manera en que una niña aprende a vivir con ellos”.

La estructura de la novela también fue producto de un proceso largo. Durante cerca de ocho años escribió, corrigió y reorganizó el manuscrito hasta encontrar el equilibrio entre dos tiempos narrativos que dialogan sin revelar demasiado pronto aquello que el lector todavía necesita descubrir.

Hacia el final de la entrevista, la conversación deja la novela para hablar del oficio.

—¿Cuál sería tu recomendación para quienes empiezan a escribir?

“Considerar el error como parte del proceso”, responde. Menciona disciplina, compromiso y la necesidad de seguir intentando encontrar la mejor manera de contar una historia. Son —dice— palabras que también se repite a sí misma.

Al terminar la conversación queda la impresión de que Casi todo desaparece no nació únicamente de una historia que necesitaba ser escrita. Nació antes, de una lectora que un día empezó a preguntarse quién estaba detrás de los libros que la reconfortaron. De esa curiosidad por entender la mirada de quien escribe una historia. Y claro, eso sigue presente, pero ahora desde otra perspectiva, pues ahora es ella la que escribe historias que otros leerán.

Si quieres ver la entrevista completa con Verónica Ramírez, puedes hacerlo en el canal de YouTube de @lectora.constante

También puedes escucharla en el podcast en Spotify

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