El autor del libro NosOtros, los cholos (Heraldos Editores, 2026), empezó el proceso de construcción del citado título prácticamente desde su niñez: “mis padres nos contaban aspectos de su historia personal y familiar. Ya de adulto empecé a tomar apuntes de mis conversaciones con diferentes parientes y tracé árboles genealógicos de los Soto Zevallos y los Merino Oré para estructurar el libro”, cuenta en un pasaje de la presente interviú.
Justamente, sobre NosOtros, los cholos, el filósofo Rubén Quiroz Ávila señala: “es una travesía honesta, reveladora, abundante en incisiones biográficas, ya que solo así se nos muestran los escenarios históricos y emocionales que han movilizado su incansable aventura por el mundo a través de sus propias búsquedas vitales. Todo lo que escribe Soto está impregnado de su historia personal y familiar, de esas raíces que habitan su ser, su epistemología personal, su existencia como peruano. Al contar su itinerario, nos abre su intimidad; por eso, cada descripción de su pasado, cada aventura con sus familiares, es un descubrimiento poliédrico, una multiplicidad de seres tan suyos que conforman su propio mosaico”. Al respecto, Lima en Escena charla con el autor.
-Raúl, ¿qué papel jugó el tema de la memoria familiar, geográfica, social y política en la construcción de NosOtros, los cholos, tu nuevo libro?
-El proceso de producción de NosOtros, los cholos prácticamente se inició durante mi niñez. Recuerdo que mis padres nos contaban aspectos de su historia personal y familiar. Ya de adulto empecé a tomar apuntes de mis conversaciones con diferentes parientes y tracé árboles genealógicos de los Soto Zevallos y los Merino Oré para estructurar el libro. Al mismo tiempo, revisé cada álbum de fotografías de mi casa y les pedí a mis familiares que me enviaran fotos de nuestros abuelos. Así fui organizando la información y mis propias reminiscencias. Es necesario precisar que la memoria siempre está relacionada con el olvido. Los recuerdos se activan fortuitamente: alguien ha dicho que nos visitan como los sueños. Rememorar no es tan fácil como tocar la pantalla de un teléfono para proyectar imágenes de tu pasado. Entonces, ¿cómo organizar mis reminiscencias fragmentadas? ¿Cómo reconstruir las historias de Marcelina —mi abuela materna— y las de mis padres: Tomás Raúl y María Elena? Aquí es donde confluyen memoria y narrativa. En NosOtros, los cholos cada personaje cuenta su historia en primera persona y lo hace a su manera.
En cuanto al desplazamiento geográfico de mi familia, podemos hacer un mapeo que comienza en Ayacucho y Huancavelica, continuando en Ica y Lima. En mi caso se extiende hasta Nueva York. Como bien sabemos, la migración interna y externa es fundamentalmente por razones económicas. Y sí, mi memoria personal y familiar no pueden escapar de la memoria colectiva y aquí entran a tallar los aspectos sociales y políticos. Por ejemplo, la educación fue fundamental para que mis padres salieran adelante gracias a su propio esfuerzo. Hasta mediados del siglo XX la educación secundaria no era gratuita. La instrucción terminaba en el quinto año de primaria para los varones y en el tercero para las niñas. Mi abuelita Marcelina tuvo que llevarse a mi madre desde Huaytará, Huancavelica, hasta Lima para que pudiera seguir estudiando. Ya te imaginarás cómo fue ese viaje a lomo de mula y en camioncitos, ya que en 1928 no existían carreteras adecuadas ni empresas de ómnibus. Y Marcelina no paró hasta enviar a su hija a la normal de Huancavelica. Mi madre fue con una beca completa — como alumna interna—porque no tenían los recursos para pagar la pensión ni la matricula. Mi madre quiso estudiar en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero no podía solventar los gastos. Mi padre era ayacuchano y también fue normalista. Pero tuvo que trabajar de ayudante de sastre para poder costear su educación secundaria. Ambos se graduaron con el título de maestros rurales de segunda categoría, ya que no estudiaron en una universidad. La ventaja es que los dos eran completamente bilingües y, gracias a su dominio del quechua, al egresar de la normal inmediatamente iniciaron sus carreras de educadores en Capillas, una aldea de Huancavelica, donde yo nací.
– NosOtros, los cholos dialoga también con la coyuntura actual: la peruana y la global desde temas como identidad, racismo. No es una coincidencia, ¿no?
-El tema de la identidad es un problema global y siempre está relacionado con el otro —la alteridad—. Al mismo tiempo, tiene que ver con las migraciones —internas y externas— y con el racismo. En el caso del Perú, todavía no hemos resuelto nuestra identidad como nación. La heterogeneidad étnica y lingüística en vez de concertar nos separa. Claro, todo es consecuencia de las abismales diferencias económicas y de las taras sociales que heredamos del periodo colonial. Estas contradicciones de nuestra identidad de alguna manera se expresan en el vocablo NosOtros. El concepto y la grafía fueron establecidos por el filósofo chileno Ricardo Espinoza Lolas. La grafía NosOtros nos permite visualizar el contenido dialéctico del concepto, o sea, su significado dual. Nos representa el yo colectivo de una comunidad —sea local, regional o nacional— y Otros la diversidad de quienes la conforman. Mejor dicho, NosOtros vendría a ser los otros en nosotros. En palabras de Espinoza Lolas: «el otro constitutivo y una unidad en la distinción». Si conectamos NosOtros con cholo/s, entonces cada uno y todos representamos al otro gracias a la diversidad de nosotros, los cholos. Es decir, nuestra identidad en construcción se afirma a través de la diferencia. Por ello es necesario repensar lo cholo — también la choledad y la cholitud— para rechazar y subvertir la significación habitual que no nos representa. Es lo que trato de hacer en el ensayo que da título al libro.
Pintura: Bruno Portuguez
-Ica, Huancavelica y Ayacucho son relevantes en esta cartografía hilvanada por la voz que recuerda. Si le sumamos Puno, Apurímac y Cusco es el Sur del Perú. El Sur andino olvidado que ahora se levanta y no desea transar con la derecha bruta y achorada. ¿Cómo observas el Sur peruano desde los ojos de tu adolescencia hasta la actualidad?
-Yo nací en una aldea de Huancavelica, pero cuando tenía cinco años mis padres consiguieron su nombramiento para trabajar en Ica. A pesar de mis raíces andinas durante la adolescencia trataba de ignorarlas, supongo por mi inseguridad étnica y porque estaba explorando otras expresiones culturales como el rock. Fueron dos viajes —uno a Huancayo y otro al Cusco— los que me abrieron los ojos respecto a mi identidad diversa, pero que ahora incluía elementos de la cultura andina. A la par, leí la obra narrativa de Arguedas. En Lima descubrí esa bella música marcial interpretada con zampoñas y bombos: el sikuri. Yo me fui a vivir a Lima en 1974. Entonces el activismo político de la izquierda peruana crecía, pese a que vivíamos bajo la atípica dictadura militar de Velasco. Al mismo tiempo, la efervescencia cultural rescataba diferentes aspectos de la cultura andina, sin duda por la política cultural del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada.
El sur andino siempre se caracterizó por su oposición al centralismo limeño. No es una casualidad que Túpac Amaru y Micaela Bastidas hayan iniciado la insurrección contra la corona española en el Cusco. Ahora estoy leyendo La rebelión de Túpac Amaru del estadounidense Charles Walker. Este libro fascinante contradice lo que aprendemos en la historiografía oficial: que la rebelión terminó con el ajusticiamiento de ambos líderes. En realidad, se trasladó a Puno y el Alto Perú bajo el mando de Diego Cristóbal Túpac Amaru y se prolongó hasta principios de 1783. Esta tradición de lucha de Puno, Cusco, Ayacucho y Arequipa está viva. Lo ha demostrado las protestas populares contra el gobierno espurio de Dina Boluarte y el voto masivo contra el fujicerronismo en las elecciones recientes.
-Tus padres, ambos educadores, fueron la columna vertebral del núcleo familiar en la cual te formaste, creciste. Háblanos sobre esta educación impartida por tu madre y tu padre. ¿Qué la diferencia de nuestra alicaída educación que ahora se imparte en las escuelas del Perú?
-Hasta mediados de los 1970, los educadores peruanos ganaban un sueldo competitivo que les permitía vivir con decoro y dedicarse 100% a sus carreras. Por ejemplo, mi madre hacía confeccionar sus vestidos con una modista y los profesores impartían sus lecciones de terno y corbata. Ahora un/a maestro/a gana poco más que un obrero y debe tener un segundo trabajo para poder sobrevivir. La calidad de la educación pública era de primera debido a un presupuesto estatal adecuado que permitía pagar bien al profesorado y capacitarlos todos los años. Mis padres tuvieron que trabajar durante su adolescencia y esa ética laboral nos la transmitieron. Nuestra economía familiar era bastante sólida debido al ingreso de dos sueldos. Sin embargo, mis hermanos y yo íbamos los sábados a ayudar a los albañiles que estaban construyendo nuestra casa en Ica. Durante el verano, los seis hijos teníamos que hacer lo que ahora se llama vacaciones útiles: lecturas y manualidades.
-Para ir terminando. Raúl, en NosOtros, los cholos aludes a escritores como Anibal Quijano, Mario Vargas Llosa, José María Arguedas y Jorge Luis Borges, por ejemplo. ¿Cuáles son los puntos relevantes que los conectan con tu libro?
-La memoria juega un rol importante en la obra narrativa de Borges: un ejemplo evidente es su cuento «Funes el memorioso». Aunque Proust fue el precursor inadvertido de los estudios neurocientíficos sobre la memoria. Cuando el narrador de En busca del tiempo perdido remoja el bizcochuelo en la taza de té el olor y el sabor le activan imágenes de su infancia. Y esta memoria involuntaria es recobrada por medio de la escritura. Anibal Quijano establece el concepto del cholo integral. En su libro Dominación y cultura. Lo cholo y el conflicto cultural en el Perú, escrito en 1964 y recién publicado en 1980, señala el carácter transicional de nuestra sociedad y propone el vínculo dialéctico entre los conceptos de lo cholo étnico y lo cholo como expresión cultural. Ambos elementos constituyen una totalidad conflictiva, parafraseando a mi maestro Antonio Cornejo Polar. En mi libro critico La utopía arcaica: José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. En su análisis impresionista y psicologista, Mario Vargas Llosa distorsiona puntos esenciales de la obra arguediana y enfatiza la exclusión basada en las diferencias culturales. Por el contrario, Arguedas tuvo la certeza de que nuestra pluralidad cultural lograría concordancia.
-Finalmente, ¿qué nos puedes decir del trabajo sobre mestizaje de Magdalena Suárez Pomar?
La bibliografía sobre la identidad peruana y/o lo cholo sigue creciendo y supera la teoría tradicional que se centraba en el mestizaje. Un ejemplo son los trabajos de Cecilia Méndez. En NosOtros, los cholos parafraseo un excelente ensayo de Magdalena Suárez Pomar sobre Arguedas, uno de los ejes de nuestra nacionalidad en construcción junto con Mariátegui y Vallejo.
