El documental ‘This is Endometriosis’ ha ganado un premio BAFTA al Mejor Cortometraje Británico y no, esto no es un accidente, mucho menos un acto de benevolencia de la industria cinematográfica, es el grito de dolor de cientos de mujeres que hoy por fin hemos sido visibilizadas. Es la evidencia de que una verdad que fue negada durante años reclama, por fin, su lugar en la conversación pública. Este documental no solo retrata la transición de un cuerpo sangrante y doliente, sino la capacidad mental que hemos tenido que desarrollar quienes sufrimos de endometriosis. Nuestras mentes han debido adaptarse para justificar síntomas, interrupciones involuntarias de la vida cotidiana. Malestares lacerantes que hemos aprendido a ocultar frente a nuestros compañeros de trabajo, amigos, familiares, pero sobre todo ante un sistema de salud que parece ignorarnos.
La endometriosis no es una metáfora ni una puesta en escena: según la OMS, es una enfermedad crónica que afecta a una de cada diez mujeres en edad reproductiva en el mundo. Es dolor incapacitante, es fatiga que transgrede el cuerpo, es —en muchos casos— aceptar que tu cuerpo soportará operación tras operación, es un calendario de citas médicas interminable, una lista infinita de medicinas y vitaminas que a veces saben a un poco de esperanza. Y, sin embargo, durante décadas, a muchas nos enseñaron a guardar silencio. A decir, como si fuera algo digno de orgullo: “es solo la menstruación”.
No fue hasta mis treintaiún años que por fin obtuve un diagnóstico: endometriosis profunda y peritoneal. Al fin mi dolor tenía nombre. Antes de ese momento, fingí normalidad en salas de clases, jornadas laborales, reuniones, citas planeadas. Me declaré frente al mundo como una equilibrista del dolor cotidiano, aprendiendo a sonreír mientras mi cuerpo agonizaba por dentro. Y la historia que me acompaña hasta hoy no es solo la mía, sino también la de miles de mujeres cuyos síntomas han sido desestimados como “hipersensibilidad”, “trastorno emocional” o “dolor menstrual fuerte”. Esa narrativa de silencio ha sido también una falla de los sistemas de salud y de las instituciones que se supone deberían protegernos. Un imperdonable error que cometieron al minimizar nuestro dolor durante décadas.
Política y dolor
Hace tan solo unos años en España, el Congreso de los Diputados votó por la aprobación de una ley que permite tomar una licencia pagada a mujeres que sufren de dolor menstrual incapacitante o severo. En el 2024 entró en vigencia, siendo el primer país de la Unión Europea en formalizar este soporte médico, dado que es la Seguridad Social de este país quien asume el pago del salario de estos días. Es decir, el salario por baja médica es completamente financiado por el Estado, algo que parece estar a años luz en un país como el Perú, donde apenas los organismos de salud estatales o privados cubren las necesidades de atención médica, tratamiento y cirugías, dado que el dolor menstrual severo no es una prioridad para el gobierno.
Está medida tomada en España no es nada más que política, pública y profundamente humana. Es la declaración de que el dolor crónico no es un obstáculo invisible, sino una condición real que merece descanso, soporte y medidas estatales que brinden apoyo. Es un avance, no perfecto, pero sí necesario y aunque se haya dado a kilómetros de nuestro país, sentó un precedente. Porque, si un Estado reconoce que una menstruación puede ser incapacitante, entonces abre una grieta en la lógica tradicional que ha invisibilizado el sufrimiento femenino.
¿Cómo podemos seguir permitiendo que la endometriosis sea una anécdota médica en lugar de una prioridad de salud pública? Miles de mujeres en el Perú necesitamos políticas de diagnóstico temprano, cobertura integral para tratamientos y cirugías especializadas. Educación sanitaria y sexual en escuelas, campañas que destierren la idea de que “resistir el dolor” es sinónimo de fortaleza o “normalidad” durante el periodo menstrual. Necesitamos ausentismo laboral con goce de haber, cobertura psicológica y redes de apoyo multidisciplinario. Necesitamos que la ciencia deje de dilatar el tiempo y por fin genere investigaciones contundentes sobre una enfermedad que nos postra en cama por días.
Exteriorizar para sanar
Si bien esta enfermedad no tiene cura, pues es crónica y aunque uno se someta a varias operaciones los tejidos endometriósicos siempre vuelven a crecer en diversas partes del cuerpo —atrofiando órganos múltiples—, contar nuestra historia es una manera de afrontar el dolor que conlleva y darle la importancia que siempre debió tener. Así también lo ha comentado Georgie Wileman, la talentosa documentalista que desarrolló este trabajo audiovisual tomándose como protagonista de una narrativa de supervivencia, pues ella misma enfrenta la enfermedad día a día.
«Si sus familias, amigos (…) y sus médicos les dicen que están mintiendo, que están siendo dramáticos, que buscan atención o que simplemente tienen una baja tolerancia al dolor, tengo una nueva respuesta para ustedes: miren el documental ganador del BAFTA ‘Esto es endometriosis’ y después, díganme que estoy mintiendo».
“Ahora escucho mi respiración amplificada por el oxígeno. Los médicos hablan de tiempos, de dosis, de incisiones. Yo solo pienso en este cuerpo, en todo lo que ha resistido: las agujas, los gritos mudos, las inflamaciones, los cambios hormonales, los miles de días en cama y toda mi guerra”.
Y es casi una grata coincidencia estar escribiendo todo esto siendo hoy el 8M: Día Internacional de la Mujer. Porque claro, este es un día para conmemorar la lucha de miles de mujeres que alzaron la voz mucho antes que nosotras. Mujeres que lograron que tengamos derechos que antes simplemente no habríamos podido siquiera soñar, pero los años transcurren y ser mujer implica continuar en la lucha por ser escuchada; por lo mismo, abordar la problemática de una enfermedad como la endometriosis es hoy más que nunca un grito necesario de resistencia, pues aún nos queda mucho por conquistar.
Sobre la autora de la nota: Lorena Gabriela Bancayán Oré (Lima, Perú)
Es periodista y comunicadora. Magíster en Literatura y estudiante del Máster de Escritura Creativa, se desempeña como Líder de Diseño de Contenidos y docente universitaria. Su escritura explora los vínculos afectivos, la memoria, el deseo y las tensiones de la vida contemporánea desde una mirada íntima y social. En noviembre de 2025 publicó el libro de relatos breves No podría escribir sobre otra cosa. Actualmente trabaja en su primera novela, un viaje por la memoria y los amores contrariados, donde indaga en la persistencia del amor, el tiempo y aquello que permanece en lo que recordamos.
