Lima en escena

Magdalena Suárez Pomar: “Evitar el miedo es la mejor forma de enfrentar al terruqueo”

Este año el sociólogo y escritor Héctor Béjar vuelve a Ediciones Achawata con la publicación del libro Así llegamos a esto. Relato de quinientos años de tiranía y un manifiesto antisistema. Hace lo propio, la socióloga y experta en temas de género, Lucía Alvites, quien publicará Las indómitas, un libro que analiza el rol de las mujeres andinas en el estallido social que se produjo contra el régimen de Dina Boluarte. Ambos títulos son apenas dos de las diversas novedades que la mencionada editorial les ofrecerá a sus lectoras y lectores…

Este 2026, Ediciones Achawata empezó con pie firme y perspectivas de crecimiento. Además de las diversas novedades en lo referido a su catálogo editorial, hace unos días inauguraron en el Centro Histórico de Lima, el Centro Social – Librería Achawata, un espacio de venta de libros, presentaciones de títulos diversos y mesas de diálogo. Cabe destacar que el aludido sello lleva cinco años publicando libros que revolucionan el pensamiento. Justamente, para charlar sobre estos puntos, Lima en Escena entrevistó a Magdalena Suárez Pomar, codirectora Ediciones Achawata. Foto de portada: Rosana López Cubas

Fotos del Centro Social – Librería Achawata: Samantha Vílchez

-Magdalena, a manera de reflexión. Lo sucedido en la FIL 2025 con intervención de la Fiscalía y la Dircote en su stand a propósito del libro “Revolución en los Andes”, la historia de Víctor Polay Campos, se sumó a los atropellos sistemáticos del estado, organismos afines y privados al desarrollo de nuestra cultura. ¿Cómo palear estas agresiones, a esta política del terruqueo que tiene como fin desprestigiar, silenciar, opinar?

-Lo sucedido en la FIL 2025 fue un hecho preocupante porque evidenció, una vez más, que el campo cultural puede ser objeto de vigilancia, intimidación y censura cuando se abordan temas incómodos para el poder. Lo que le pasó a Achawata es solo un caso más de una constelación de incidentes similares en diferentes ámbitos de la cultura: el teatro, el cine, y disciplinas afines. Y sirve también para lxs que dicen “Yo hago cultura, no política” entiendan de una vez por todas que todos los ámbitos de la vida son políticos. El de la cultura también. La presencia de la Fiscalía y la Dircote en un stand editorial no es un gesto menor: es un mensaje que busca instalar el miedo y desincentivar el debate público.

Frente a ese tipo de agresiones, creo que la respuesta no puede ser el silencio ni el repliegue. Al contrario, lo que se vuelve fundamental es reforzar la dimensión colectiva de la cultura. Las editoriales independientes, lxs investigadorxs, lxs lectorxs, lxs artistas y las instituciones culturales debemos entender que estos episodios no afectan a un proyecto particular, sino al ecosistema cultural en su conjunto. Cuando un libro es objeto de intimidación, lo que está en juego es la posibilidad misma de pensar críticamente nuestra historia.

También es importante no caer en la lógica del miedo que estas prácticas buscan instalar. El terruqueo funciona precisamente como un mecanismo de disciplinamiento: intenta reducir la discusión pública a etiquetas estigmatizantes para evitar debates complejos sobre el pasado y el presente del país. Frente a eso, la tarea de quienes trabajamos con libros es seguir haciendo lo que hacemos: investigar, editar, publicar y sostener espacios de conversación informada.

En nuestro caso, la respuesta ha sido seguir trabajando con mayor convicción. Ediciones Achawata nació con la idea de ampliar los horizontes de lectura y de discusión sobre la historia y la cultura peruana. Eso implica asumir que algunos libros incomodarán, pero precisamente por eso son necesarios. La defensa de la cultura pasa por no amedrentarse, por sostener el trabajo editorial con responsabilidad y por entender que el pensamiento crítico solo puede florecer cuando existe libertad para leer, debatir y disentir.

 -En los últimos años el Perú ha sido tomado y saqueado por una banda de delincuentes, violadores que operan en el Palacio de Gobierno, el Congreso, el Poder Judicial y este 2026 es de elecciones. Frente a este panorama, ¿qué estrategias asumirán para fortalecer el sector del libro independiente?

 –El momento político que atraviesa el país es muy complejo y, como ocurre muchas veces en nuestra historia, las crisis institucionales terminan impactando también en el campo cultural. Cuando las instituciones se debilitan y el debate público se empobrece, la cultura se vuelve un espacio aún más importante para sostener la reflexión crítica, la memoria histórica y la circulación de ideas.

Desde Ediciones Achawata creemos que fortalecer el sector del libro independiente pasa, en primer lugar, por fortalecer sus redes. Las editoriales independientes no pueden trabajar de manera aislada: necesitamos construir alianzas entre proyectos editoriales, librerías, ferias del libro alternativas, espacios culturales y lectorxs. La sostenibilidad del ecosistema del libro depende en gran medida de esa capacidad de articulación colectiva.

En segundo lugar, creemos que es fundamental seguir apostando por catálogos coherentes y por libros que contribuyan a pensar el país. En contextos de crisis política, el libro se convierte en un espacio privilegiado para la elaboración crítica de la experiencia histórica. Por eso en Achawata seguimos trabajando en la recuperación de textos olvidados, en la reedición de materiales fundamentales para entender nuestra historia y en la publicación de nuevas investigaciones que dialoguen con los debates contemporáneos.

Finalmente, creemos que también es importante ampliar los públicos del libro. Esto implica pensar nuevas formas de circulación, llegar a espacios fuera de los circuitos tradicionales y fortalecer proyectos que acerquen la lectura a jóvenes, estudiantes y organizaciones sociales. El libro independiente no puede limitarse a un circuito reducido; su fuerza está precisamente en su capacidad de abrir conversaciones más amplias en la sociedad. En ese sentido, más que replegarnos frente al contexto adverso, nuestra apuesta es seguir construyendo comunidad alrededor del libro. Porque incluso en momentos de crisis política, o quizás precisamente en esos momentos, la cultura sigue siendo un espacio fundamental para imaginar otros horizontes colectivos.

-Las ayudas de parte del Mincul se redujeron significativamente. ¿Cómo contrarrestar esta falta de apoyo?

 -El tema de los estímulos culturales es muy importante y merece una conversación amplia y serena dentro del sector. En países donde la producción artística y cultural enfrenta condiciones de gran precariedad, las políticas públicas de apoyo resultan fundamentales para sostener proyectos, ampliar públicos y fortalecer ecosistemas culturales diversos.

En el caso de Ediciones Achawata, durante nuestros cinco años de trabajo no hemos solicitado ni recibido estímulos económicos del Ministerio de Cultura. Esto responde también a una decisión editorial: hemos querido construir un proyecto verdaderamente independiente, en el sentido más amplio de la palabra. Independiente para decidir qué publicar, qué temas trabajar y qué debates abrir, sin depender de financiamiento que pueda condicionar nuestras decisiones. Esto no significa que estemos en contra de los estímulos económicos del Ministerio de Cultura. Al contrario, creemos que en un país donde el arte y la cultura enfrentan condiciones de gran precariedad, estas ayudas son necesarias y deben existir. Sin embargo, también es evidente que el sistema de estímulos en el Perú podría beneficiarse de una revisión más profunda en términos de diseño, distribución y fiscalización.

En distintos espacios del sector cultural se ha señalado que existe cierta concentración de estos apoyos en determinados proyectos o círculos, así como prácticas informales que distorsionan el espíritu de las convocatorias. Por ejemplo, hay casos en los que se organizan postulaciones utilizando nombres de distintas personas o colectivos para aumentar las probabilidades de acceder a fondos. No se trata de afirmar que todos los estímulos funcionen mal, muchos han permitido proyectos valiosos, pero sí de reconocer que sería importante contar con investigaciones serias y transparentes que permitan evaluar cómo se están otorgando y qué impactos reales están teniendo.

Más allá de ese debate necesario, creemos que una de las formas de enfrentar la precariedad del sector cultural es fortaleciendo las comunidades que se construyen alrededor de los libros. En nuestro caso, eso significa trabajar con librerías independientes, ferias del libro, espacios culturales, investigadorxs, lectorxs y organizaciones que encuentran en los libros herramientas para pensar el país. La sostenibilidad de un proyecto editorial también se construye desde esos vínculos. Cuando una editorial logra conectar con una comunidad de lectorxs interesadxs en los temas que trabaja, se generan redes de apoyo, circulación y conversación que permiten que los libros sigan existiendo incluso en contextos difíciles. En ese sentido, el desafío es doble: seguir exigiendo políticas culturales más justas y transparentes, y al mismo tiempo seguir construyendo colectivamente espacios donde el pensamiento crítico y la producción cultural puedan sostenerse y crecer.

-Hablemos de Ediciones Ediciones Achawata y basándonos en la versión que acuñan: “libros que revolucionan el pensamiento”. ¿A que le atribuyen el interés del público académico, universitario, el general o de a pie por sus libros?

 -Creo que el interés por los libros de Ediciones Achawata tiene que ver con varias cosas. En primer lugar, con una apuesta editorial muy clara: publicar libros que ayuden a pensar el país, su historia y sus conflictos desde perspectivas críticas. Nos interesa trabajar con textos que abran preguntas, que recuperen debates olvidados o que permitan mirar procesos históricos y culturales desde otros ángulos.

La frase que usamos, “libros que revolucionan el pensamiento”, no se refiere únicamente a libros sobre revoluciones, sino a libros que tienen la capacidad de mover ideas, de incomodar certezas y de ampliar los marcos desde los cuales pensamos la realidad. Creemos que el pensamiento crítico no pertenece únicamente al espacio académico; también forma parte de las conversaciones cotidianas que muchas personas sostienen sobre el país, la historia y la política.

Otro elemento importante es que intentamos construir un catálogo que dialogue con distintos tipos de lectorxs. Muchos de nuestros libros interesan al público académico porque trabajan con temas históricos o políticos relevantes, pero al mismo tiempo están pensados para que puedan ser leídos por cualquier persona interesada en comprender mejor el Perú. Nos interesa mucho romper esa separación tan rígida entre el libro “académico” y el libro para el público general.

Finalmente, creo que también hay algo generacional en el proyecto. Hay muchxs lectorxs jóvenes que buscan materiales que les permitan entender procesos históricos que no siempre se enseñan en la escuela o en los medios de comunicación. Cuando esos libros logran conectar con inquietudes reales de la sociedad, se genera una comunidad de lectorxs que no solo consume los libros, sino que los discute, los comparte y los convierte en herramientas para pensar colectivamente. En ese sentido, el interés que vemos en el público es también una señal de que existe una necesidad muy fuerte de reflexión crítica sobre nuestra historia reciente y sobre los desafíos del presente. Los libros simplemente abren ese espacio.

– ¿Cuáles fueron sus títulos de mayor demanda el 2025?

-Durante el 2025 hubo tres títulos que tuvieron una demanda muy fuerte por parte del público. Uno de ellos fue De mi letra, mi corazón rebelde, un libro que reúne documentos y escritos de Micaela Bastidas, una figura fundamental de nuestra historia que durante mucho tiempo ha sido relegada a un segundo plano en los relatos oficiales. Otro de los títulos que generó mucho interés fue Revolución en los Andes, de Víctor Polay Campos, un libro que propone una lectura desde la experiencia política sobre uno de los capítulos más complejos y discutidos de nuestra historia reciente. Su circulación abrió debates muy intensos sobre memoria, violencia política e interpretación histórica. Y finalmente también tuvo una gran acogida La revolución peruana. Ideología y reforma agraria, de Luis de la Puente Uceda, un texto clave para comprender los proyectos revolucionarios y los debates políticos que marcaron el Perú en la segunda mitad del siglo XX.

Creo que el interés por estos títulos tiene que ver con algo que vemos constantemente en las ferias y en las presentaciones: existe una gran necesidad de volver a discutir la historia del Perú desde nuevas preguntas. Muchxs lectorxs buscan libros que les permitan entender procesos históricos y políticos que muchas veces han sido simplificados o silenciados. Cuando esos libros logran abrir conversaciones, se genera una circulación muy viva entre lectorxs, estudiantes, investigadorxs y público general.

-Podrías adelantarnos sobre sus novedades editoriales para este 2026 en sus principales categorías?

 -Para este 2026 tenemos varias novedades editoriales que nos entusiasman mucho porque continúan la línea de trabajo que hemos venido desarrollando en estos años: libros que dialogan con la historia del Perú, con los debates políticos contemporáneos y con procesos sociales que muchas veces no encuentran suficiente espacio en el debate público.

Uno de los títulos que marcará nuestro catálogo este año es el regreso de Héctor Béjar, quien vuelve a Ediciones Achawata con el libro Así llegamos a esto. Relato de quinientos años de tiranía y un manifiesto antisistema. En este texto Béjar propone una lectura de largo aliento sobre la historia del Perú, reconstruyendo cómo se han configurado las relaciones de poder desde la colonia hasta el presente. Es un libro de divulgación histórica que busca explicar de manera clara y accesible cómo se llegó al momento político que vive hoy el país, combinando reflexión histórica con una mirada crítica sobre las estructuras de dominación que han marcado nuestra historia.

Otro título muy importante será Las indómitas, de Lucía Alvites, un libro que analiza el rol de las mujeres andinas en el estallido social que se produjo contra el régimen de Dina Boluarte. El libro pone en el centro a las mujeres que participaron en las movilizaciones y examina su papel en la organización de las protestas, en la defensa de sus comunidades y en la construcción de formas de resistencia frente a la violencia estatal. Es un aporte muy relevante para comprender la dimensión territorial, comunitaria y de género de las movilizaciones recientes. Además de estos títulos, durante el año publicaremos otros libros muy interesantes que continúan explorando temas de historia política, pensamiento crítico y memoria social. Nuestro objetivo sigue siendo el mismo: construir un catálogo que contribuya a pensar el país desde perspectivas críticas y que permita abrir conversaciones necesarias sobre nuestra historia y nuestro presente.

– ¿Los libros populares también cuentan con novedades? De ser así nos podrías adelantar algunos nombres.

 -En el caso de la Biblioteca Popular Achawata, nos gusta que cada nueva entrega llegue como una pequeña sorpresa para nuestrxs lectorxs. Lo que sí podemos decir es que seguimos trabajando activamente en nuevas incorporaciones para la colección. La Biblioteca Popular es uno de los proyectos que más ilusión nos genera, porque busca recuperar textos fundamentales del pensamiento político y social peruano en ediciones accesibles, pensadas para circular ampliamente entre lectorxs jóvenes, estudiantes y público general. Así que sí, habrá novedades durante el año, pero por ahora preferimos mantener el suspenso. Muy pronto estaremos anunciándolas y esperamos que, como ha ocurrido con los títulos anteriores, vuelvan a generar mucho interés y conversación entre nuestrxs lectorxs.

-Finalmente, ¿qué esperan en este 2026 en cuanto al desenvolvimiento de editoriales independientes?

-Para este 2026 esperamos, sobre todo, que el campo de las editoriales independientes siga fortaleciéndose desde la colectividad. El año pasado vivimos un momento difícil cuando ocurrió la intervención en nuestro stand durante la FIL, y algo que nos conmovió profundamente fue la solidaridad de muchas editoriales, incluso de proyectos que no necesariamente comparten nuestra línea política. Ese gesto mostró que, más allá de las diferencias, existe una conciencia común de que el espacio del libro independiente debe defenderse colectivamente.

Creemos que el campo editorial independiente tiene que seguir siendo diverso, plural y solidario. La riqueza de este ecosistema está precisamente en la existencia de catálogos distintos, sensibilidades distintas y proyectos editoriales que dialogan desde perspectivas muy variadas. Pero esa diversidad también necesita sostenerse sobre una base de respeto mutuo y de defensa compartida frente a cualquier intento de censura o intimidación.

Además, el 2026 nos encuentra en un momento muy especial para nuestro proyecto editorial. Hace poco inauguramos el Centro Social – Librería Achawata, un espacio que soñábamos desde hace tiempo y que finalmente pudimos abrir gracias al esfuerzo colectivo de muchxs compañerxs. La inauguración fue realmente emocionante: asistieron muchxs lectorxs, autorxs de nuestro catálogo, amigxs del proyecto y personas que creen en la importancia de construir espacios culturales autónomos. Este año queremos consolidar ese lugar como un punto de encuentro para presentaciones de libros, debates, actividades culturales y conversaciones necesarias sobre el país. Ojalá que este año sigamos fortaleciendo esas redes entre editoriales, librerías, ferias, espacios culturales y lectorxs. Cuando el sector del libro logra trabajar de manera articulada, no solo se fortalecen los proyectos individuales, sino también el ecosistema cultural en su conjunto.

Sobre Magdalena Suárez Pomar

Es estudiante del tercer año del doctorado de Estudios Hispánicos en Washington University in St. Louis. Es egresada de la maestría en Estudios Literarios por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV). Formó parte del Comité Editorial de la revista de crítica literaria peruana Entre Caníbales y fue investigadora adscrita al Instituto de Literatura Hispanoamericana de la UBA. Es cofundadora de Ediciones Achawata, una editorial independiente peruana, y directora del proyecto Biblioteca Popular Achawata, una iniciativa dedicada a democratizar el acceso al libro y a la lectura. Su investigación, materializada en artículos publicados en diversas revistas académicas, se centra en los circuitos intelectuales y editoriales del Perú de inicios del siglo XX, así como en las experiencias de producción cultural popular en el Perú de los años sesenta y setenta, enfocándose en sus soportes, prácticas y articulaciones con espacios públicos no hegemónicos. Suárez Pomar ha registrado, escrito y publicado el testimonio de Máxima Acuña, una campesina peruana y activista ambiental galardonada con el Premio Medioambiental Goldman en 2016 en el libro Máxima. La voz de la tierra.

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