Lima en escena

¿Hay límites en los cuidados?

¿Por qué la inercia de cuidar o asumir la palabra “cuidados” —ya desdibujada— sin un profundo proceso despatriarcalizador es, por sí misma, problemática y contradictoria para el avance emancipatorio de los cuerpos-mujeres? ¿Cómo la práctica de Mafe García se ha ido configurando como una fuerza aliada en los procesos de desarticulación feminista?

Notas sobre los anclajes, ejes y horizontes en los que ahonda la muestra Has cambiado de color (2025) de Mafe García, por Luisa Fuentes Guaza.

[Imagen A, izquierda] “Lazos de familia” (2013) y [Imagen B, derecha] “Has cambiado de color” (2025), ambas por Mafe García.

Tenemos en marcha un proceso abierto con colegas, compañeras, artistas, activistas y pensadoras, en el que vamos–venimos–entramos–circundamos–salimos–descansamos–volvemos–conflictuamos, tratando de enfocar prácticas —cada una desde sus lenguajes— que avancen en la misma dirección, o de forma paralela, a los procesos de desarticulación feminista. Procesos marcados por la identificación constante de tramas y estructuras que nos han obligado —sociohistóricamente— a asimilarnos dentro de trajes identitarios estrechos, exiguos y cargados de psico-obligatoriedades, cuando la llegada al planeta Tierra ha supuesto la activación de la socialización como cuerpo-mujer, con toda la devaluación implícita que esto conlleva.

La práctica de Mafe García forma parte de estas idas y venidas entendidas como intentos continuos desde lo propio, desde la autoexploración. Intentos que se transforman en fuerzas aliadas dentro de la transición —amplia y profunda— en la que nos encontramos, en la cual va tomando cuerpo un cambio de paradigma sobre lo que entendemos como asignaciones, psico-obligatoriedades o inercias psico-afectivas frente al deseo y la proyección despatriarcalizada de tramas de vinculación que no equivalgan a asumir el sostén infinito de la familia consanguínea de origen como destino irreversible.

Podemos identificar cómo este impulso ya aparece en su obra Lazos de familia (2013), donde la artista retrata una identidad socializada como cuerpo-histórico-mujer acoplado a un traje identitario cuyo rasgo principal es la capacidad de asumir la autocensura sin resistencia y la autoexpoliación de energías y fuerzas vitales para acceder a la pertenencia dentro del clan. García no solo identifica esta capa, sino que nos empuja a desentrañar cómo estos procesos de acople identitario, sumidos en la autonegación, reproducen violencias intragrupales que se perpetúan y exigen las mismas condiciones de obediencia a las generaciones siguientes. Lazos de familia no solo trata de lo que “se ha tenido que asumir para sobrevivir”, sino de cómo tales identidades devaluadas se colocan como vehículos de transmisión de psico-obligatoriedades.

[Imagen izquierda y derecha] “Breviario del ser y estar” (2014) por Mafe García.

Ya en 2013, su práctica problematizaba las implicaciones entre procesos de domesticación identitaria —también presentes en Breviario del ser y estar (2014)— y las consecuencias del dolor no narrado, no socializado, que es responsable de reproducir violencias naturalizadas por parte de los propios cuerpos oprimidos. Nos sitúa frente a un ángulo donde la domesticación a la que han sido sometidos nuestros linajes ascendentes ha dejado heridas y psicoherencias transgeneracionales que permanecen en nuestros cuerpos. Heridas marcadas por la imposibilidad de auto-vivenciarnos como sujetas políticas plenas y por la negación de la identidad fuera del traje heteronormativo-opresor, tal como relata Has cambiado de color (2025). Estas implicaciones son responsables, hoy en día, de que continuemos siendo la mano de obra psico-afectiva, afectiva-sexual, psico-reproductiva y energético-atencional gratuita del macho-mundo.

Otra de las preocupaciones que atraviesan la práctica de García aparece en lo que la artista denomina la “jerarquía de los cuidados” o las inercias derivadas de dichas psico-obligatoriedades. Una jerarquía que estructura ese cajón de sastre —o caja negra— sobre-narrado al que llamamos “cuidados”.

Se abren así preguntas que nos colocan frente al proceso pendiente de autoindagación:

¿Sabemos que una de las principales estrategias de jerarquización dentro de la familia de origen patercentrada consiste en asignar el trabajo de sostén —como trabajo psico-obligatorio— a identidades socializadas como cuerpos-mujeres, dificultando el despliegue de tramas de vinculación propias que negocien límites y procesos de autoabastecimiento energético?

¿Somos conscientes de que dicha socialización implica la autoexplotación energética y la idea de que nuestras fuerzas psico-afectivas deben ser expoliadas para justificar nuestra existencia?

[Imagen izquierda y derecha] “Has cambiado de color” (2025), ambas por Mafe García.

¿Podemos avanzar hacia vivencias emancipadas fuera de los “cuidados” normativos como trabajos asignados y forzados por el sistema familiar? ¿Podemos imaginar prácticas de sostén —diversas y negociadas— que no supongan renunciar al propio asunto vital?

¿Reconocemos que esta jerarquización también reproduce opresiones de cuerpos-mujeres sobre cuerpos-mujeres, atravesadas por violencias macho-sistémicas, en un contexto global donde el 84 % de quienes asumen estos trabajos psico-obligatorios son cuerpos-mujeres?

¿Estamos desmontando activamente las psico-obligatoriedades implicadas en cuidar —de forma asignada o forzada— a los vínculos consanguíneos?

[Imagen A, izquierda] “Lazos de familia” (2013) y [Imagen B, derecha] “Has cambiado de color” (2025), ambas por Mafe García.

¿Sabemos cuál es el “costo oculto del cuidado”, entendido como la acumulación de cargas psíquicas continuas e invisibles que asumimos performando que son deseables?
¿Es precisamente esta dimensión —el sostén vivido como mandato negado, silenciado, exigido— la que impide que experimentemos las prácticas de cuidar y las tramas de vinculación profunda desde otras coordenadas posibles, negando su potencia política?

¿Podemos situar en el centro del debate que estas psico-obligatoriedades enferman nuestros cuerpos al ser asumidas como destino identitario?

¿Será que lo que propone García con “descuidar” —un desplazamiento que disloca las asignaciones psico-obligatorias de sostén— funciona como estrategia para abrir un espacio íntimo de autoabastecimiento energético lejos de lo que el macho-mundo exige?

¿Será que “descuidar” permite recuperar la soberanía sobre nuestra despensa psico-energética y desmontar la ficción de los cuerpos-mujeres como depósitos interminables de energía psíquica y emocional?

“Has cambiado de color” (2025), por Mafe García.

Sabemos que llegará lo que ya sabemos “que será”, como un futurible próximo. Mientras esperamos a que “vaya cambiando de color” el proceso sociohistórico en el que estamos —una transición paradigmática respecto a los sobre-narrados “cuidados”— prácticas como la de Mafe García seguirán arrojando pistas para vislumbrar posibilidades emancipatorias. Continuaremos yendo–viniendo–entrando–saliendo–circundando–descansando–volviendo–conflictuando.

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