Lima en escena

Gonzalo Rodríguez Risco: “Crónica de la peste es la encarnación de los miedos”

Estamos ante un libro que integra el lenguaje dramático y el narrativo lo cual aporta tensión y dinamismo a la historia. Rodríguez Risco entrega una novela que oscila entre la reflexión existencial y la emoción inmediata de una época marcada por el aislamiento y la necesidad de vínculo

En un mundo detenido por la amenaza de una peste, Pedro y Álex —una pareja separada por las circunstancias— sobreviven aislados, conectados apenas por la mediación frágil de las pantallas. Mientras Álex ha dejado Lima para cuidar a sus padres en Chiclayo, Pedro permanece recluido, enfrentando no solo el temor al contagio, sino también un fenómeno inquietante: su casa parece reducirse inexplicablemente, como si el espacio mismo respondiera a su ansiedad. En ese contexto nace el diario de Pedro, que articula la novela Crónica de la peste (Clorinda Editorial, 2026): un registro íntimo que se convierte en una forma de resistencia frente al encierro y la incertidumbre. Pedro documenta el avance de la peste a la vez que explora sus obsesiones, sus miedos y su deseo de convertirse en escritor. Pero, sobre todo, es en el diario donde el amor persiste como una forma de sostener la presencia del otro cuando el mundo se desmorona.

Sobre esta potente novela, Lima en Escena charla con el autor.

 – Gonzalo, permíteme una pregunta cliché, ¿cómo surgió Crónica de la peste?

-Durante el año 2020, en pleno proceso de escribir mi primera novela, El experimento de una familia, estaba, como todo el mundo, encerrado y sin atisbo de cuándo se acabaría esta especie de nueva normalidad. Recuerdo que desperté una mañana y, caminando hacia mi ventana, sentí que daba menos pasos de los usuales, como si mi casa se estuviera encogiendo. Esa fue la semilla de esta novela, una crónica de un mundo que se encoge, y un intento de escape de este mundo opresivo mediante la ficción. Así que supongo que es una novela sobre la encarnación de los miedos.

– Los protagonistas se sostienen en medio de una pandemia mortal. Los miedos, los afectos, entre otros, se ponen en la mesa y se confrontan en el día a día. Desde una mirada en retrospectiva, ¿qué nos puedes decir sobre Crónica de la peste?  

 -Creo que es un libro honesto. Es tan honesto sobre los miedos y las dudas y las esperanzas y las vergüenzas de los personajes como de las mías. Es también una historia de amor. Una que debería construirse desde la madurez de sus personajes, que se conocen al aproximarse a los cincuenta, pero que en realidad es el resultado de la unión de pequeñas heridas de dos hombres que, poco a poco, han logrado sanar. Hasta que los interrumpe una pandemia.

– ¿Qué deseas transmitir a través de este libro?

 -Siempre me ha costado responder este tipo de preguntas porque lo que exploro, especialmente en este libro, no es algo que quiero transmitir sino algo que quisiera comprender sobre mí mismo. Supongo que no es extraño, ya que se trata de la historia de dos hombres gays nacidos en los setentas, que crecen durante la Guerra Fría, viven el conflicto armado interno de nuestro país, atraviesan el terrible e incierto comienzo de la pandemia del VIH, y todo eso es escrito por un hombre nacido en los setentas, que creció con el miedo a la bomba atómica y…

– ¿Qué implica este pase de la dramaturgia a la ficción literaria?

 -Este año cumplo treinta años como escritor de teatro, pero mi carrera como novelista es mucho más reciente. Puedo decir que escribir la primera no me preparó para la segunda, pero ver el proceso de edición y publicación me ayudó muchísimo, y creo (espero) que mejoré. Tal vez la forma más adecuada de definirlo es como lo hice en la primera: soy un viejo dramaturgo y un joven novelista, y no me cambiaría por nadie.

-Dado tu labor como dramaturgo, guionista y escritor, ¿tienes proyectos por estrenar?

 -El año pasado escribí una nueva novela, cuyo título aún no puedo revelar, pero que ha sido una de las experiencias más gratificantes como escritor. Espero que se publique pronto, porque ya quiero escribir la siguiente; tengo 54 años, hay que aprovechar el tiempo. En octubre se estrena, en el ICPNA de Miraflores, una nueva obra teatral, coescrita con mi colega y amiga Marcela Cossíos, y cuyo nombre tampoco puedo revelar, pero que va a dar de que hablar. Y la película La costurera, de la cual soy coguionista, sale en cines en unos meses. Dato curioso: mi primera obra teatral se estrenó en el ICPNA en 1996, mi nueva obra estará en temporada, en el mismo teatro, en 2026.

– ¿Cómo asumes tu labor en estas tres especialidades?

 -Durante treinta años me he llamado “dramaturgo”, hace unos quince empecé a llamarme “guionista”, y solo recientemente, y con bastante cautela, he empezado a llamarme “novelista”. Supongo que, si algo lo encapsula todo, sería que soy escritor. Es lo que amo y posiblemente sea lo único que sé hacer más o menos bien. Bueno, también soy ingeniero, así que se podría decir que soy un escritor muy organizado. Es difícil separar mi vida de escritor del resto de mi vida, porque tengo la suerte de poder hacer lo que amo.

– Los escritores son lectores consumados. Podrías acercarnos a tus lecturas recientes…

 -Lo que sé de los hombrecillos, de Juan José Millás. Lo escogí por recomendación de mi hermano Daniel y no lo pude soltar. La simpleza de su prosa y la profundidad de su historia son fascinantes. Al mismo tiempo, porque siempre leo dos libros al mismo tiempo, leí Supernova Era, de Cixin Liu, autor de El problema de los tres cuerpos, porque es uno de los más grandes exponentes de la ciencia ficción china, y nunca deja de sorprenderme. Ah, también Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, por recomendación de Las Marías Bookclub (síganlas en Instagram), que siempre tiene buenas recomendaciones, y no fallaron con esa. A veces leo tres.

Sobre Gonzalo Rodríguez Risco

Es magíster en Dramaturgia por la Escuela de Drama de la Universidad de Yale y bachiller en Ingeniería Administrativa por la Universidad de Missouri-Rolla. Ha escrito más de veinte obras teatrales y ocho guiones de largometrajes nacionales, y ha traducido más de quince obras de teatro y musicales. También ha colaborado en publicaciones como World Policy Journal, Vol. XXVII (2010), The Best Women’s Stage Monologues and Scenes (2011), Lo nuestro. Puro color (2021), entre otras. Como dramaturgo ha publicado sus obras La manzana prohibida, en Dramaturgia Peruana 2 (2001); Journey to Santiago, en The Private Life (2007); Dramatis personæ, en Teatro de la juventud y la muerte (2015); Luz oscura (coescrita con Julia Thays, 2016); Hijos de la República, en Teatro peruano – Colección Bicentenario, Tomo III (2020); y Nunca llueve en Lima, en De puertas para adentro. Antología de dramaturgia peruana contemporánea (2026). Su relato «La generación de la mermelada» apareció en Cuentos sobre la corrupción (2022). Es autor también de la novela El experimento de una familia (2024).

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