Lima en escena

Gloria Portugal: «No me interesan los héroes ni las heroínas: escribo sobre quienes sobreviven»

Ganadora del II Concurso Nacional de Poesía de Mujeres Scriptura por su poemario “Insanías” (2010) y Primer Premio en la VI Bienal de Cuento Infantil ICPNA, por su libro de literatura infantil y juvenil “Cuatroojos (2027), la autora peruana Gloria Portugal, nuestra invitada de hoy nos acerca a su labor de autora

Publicada en Argentina y este 2026 en España, en estos últimos años el desarrollo y producción literaria de la escritora trujillana Gloria Portugal creció a pasos agigantados. El 2025 publicó “A lo mejor soy otro”, un cuentario que reúne siete relatos de alta factura. Le siguieron “Pequeñas historias” (2025) y este año publicará “Y ahora que encontraste el amor, ¿qué harás con él?” (2026). Para Lima en Escena es un honor charlar con la destacada autora peruana.

-Gloria, empecemos por tus libros para niños. El 2025 publicaste «Pequeñas historias». Cuéntanos sobre estos relatos…

 -Esta es la historia de este libro que casualmente se llama «Pequeñas historias». Cierto día, hace varios años, un buen amigo me preguntó si además de poemas escribía cuentos para niños. Él tenía un proyecto sobre un plan lector popular, esta vez para primaria, con autores de La Libertad, lugar de donde ambos provenimos. Le dije que no, que aparte de un cuento largo sobre una niña muy miope no tenía otra cosa. Pero lo que tengo son muchas ideas, le dije, solo que no sé si serán «para niños». Algunos de esos temas me han perseguido desde pequeña, otros aún me obsesionan. Y le hablé de esas ideas: la de la cucaracha que era limpia, no comía porquerías y vivía entre libros; la del amigo imaginario que sufría mucho porque ningún niño lo imaginaba bonito; la del gato negro que sabía de los humanos supersticiosos y a propósito se cruzaba en el camino de la gente solo para fastidiarlos; la de la araña que se hizo amiga de una viejecita para que le enseñara a tejer con crochet; la de la tortuga de dos cabezas con personalidades y costumbres muy opuestas que vivían en pelea continua dentro de un único caparazón; la de la crayola blanca que se sentía desdichada porque nadie la quería usar ya que no pintaba sobre papel común y corriente; la del caballo de madera de la calesita que no se resignaba a dar vueltas y vueltas y deseaba tener la libertad de los caballos de verdad; la del gato que descubre a una genio al tirar una botella al piso y los deseos que esta le concedió… Por supuesto, tenía muchas más. Pero mi amigo, aprovechando que me callé un segundo para respirar, me dijo de inmediato: Escríbelas todas y yo con gusto las leeré. Y eso hice. Tiempo después, este mismo amigo, Carlos Santa María, director de Editorial Nectandra, seleccionó las siete que más le gustaron y se convirtieron en libro.  

 -No eres ajena al género de literatura infantil y juvenil. Tienes publicado dos y uno traducido al inglés. ¿Es el público infantil más exigente que el lector convencional?

 -Supongo que sí. La capacidad de concentración de los niños es mucho menor que la de los adultos. Con los niños no se puede dar vueltas alrededor del mismo punto porque es muy fácil para ellos distraerse y perder el interés. Es necesario llamar su atención y hacer lo que sea para mantenerla. Los adultos pueden tolerar descripciones y explicaciones más o menos largas, aunque no siempre. Yo me ubico en el grupo de los niños, no por poseer una pobre capacidad de concentración, sino porque leer para mí tiene que ser un placer y espero que un libro me entretenga. Si no es así, debo soltarlo, aunque me cause tristeza hacerlo. Ya no estoy en el colegio o en la universidad para leer por obligación. Cuando escribo algo, sin importar el público, utilizo el mismo criterio. Si me aburro escribiendo significa que mi historia es mala, así que la abandono y empiezo otra cosa. Si a mí me aburre, imagínate al pobre lector. ¡Y con lo difícil que es conseguir que alguien abra un libro tuyo! Siempre tengo eso presente.

– ¿Qué parentesco hay entre las historias de tus cuentarios y los de literatura infantil y juvenil?

-Mi manera de abordar los temas es el mismo en todo lo que escribo, inclusive en poesía. Utilizo la brevedad, la ironía y últimamente cierto humor que desemboca en lo absurdo. No me interesan los héroes: escribo sobre quienes sobreviven. Suelo apostar por seres rotos que de vez en cuando tienen chispazos de felicidad en sus vidas miserables. Es más fácil empatizar con un antihéroe que con alguien que tiene todo para salir adelante. Ese tipo de historias me parecen más conmovedoras. Tampoco me gustan los finales felices simplemente porque la vida real no es así. Es cierto que a veces le inyecto mucha fantasía a lo que escribo, pero solo por momentos, cuando los personajes sueñan o se imaginan mejores de lo que son. Luego los hago volver a donde pertenecen: a este valle de lágrimas.

Sucede en todos mis cuentos, ya sean para niños o para adultos. Cierta vez, mi editor y yo tuvimos discrepancias con respecto al final de un cuento infantil. Quería que cambiara el final porque era muy cruel, en su opinión. El cuento terminaba en que un ratón, después de escucharla por horas contándole su historia de abuso familiar por tener gustos distintos, se comía a una cucaracha. Me dijo que el mensaje para el lector era horrible: si eres diferente, debes morir. No, le dije. No me interesa transmitir ningún mensaje. Es mi cuento y así quiero que acabe. Pero al final lo cambié para no pelear con él.

-Permítenos pasar a otros temas. Si bien escribes narrativa casi en paralelo con la poesía, observamos que estos últimos años hay un ejercicio más sólido en el relato. Háblanos al respecto…

 -La poesía fue mi primera forma de expresión. Sin embargo, desde niña me han gustado las historias. Las escuchaba de mi abuela materna y de mi abuelo paterno. Cuando aprendí a leer devoré todos los cuentos que encontraba en casa, en libros heredados de mis hermanos mayores. El que lee historias termina escribiéndolas, según dicen. No obstante, escribir narrativa y ficción, en particular, no es algo sencillo, especialmente si tiendes a la brevedad y a la economía de medios que has aprendido a usar al escribir poesía primero. Teniendo la tendencia a escribir poemas narrativos, llegó un momento en que mis textos se alargaron demasiado y entendí que ya no eran poemas sino cuentos. Así nacieron mis primeras historias. Ha sido un proceso largo y duro porque es muy difícil escribir algo interesante. Quisiera hacerlo algún día. Mientras tanto puedo jactarme de conocer la obra de cuentistas maravillosos, aunque no son tantos como quisiera, a quienes también he tratado de imitar (sin éxito, por supuesto).

-En «A lo mejor soy otro» (2025), tus personajes son los que más me seducen. La psicología de estos está marcada por hechos trágicos, hechos traumáticos…

 Sí, en efecto son seres que han sufrido algún trauma durante su vida. Generalmente en la niñez. Los dos primeros cuentos tienen como protagonistas a niños y si quisiéramos imaginarnos cómo serían ellos de adultos, definitivamente encontraríamos personas rotas que van por la vida preguntándose si de verdad existen o no porque este es precisamente el resultado de haber sufrido este tipo de experiencias en la niñez. Los otros cuentos tienen protagonistas adultos. En ocasiones he podido recrear el mundo subjetivo de estas personas y el inicio de sus traumas, pero no en todos los casos. Son personas que ostentan algún tipo de manía. Hay un personaje que tiene una obsesión con la limpieza, por ejemplo, y esa fijación la hace olvidarse del mundo y produce una desgracia. Hay otro personaje al que le atormenta la necesidad de entrar y salir por la misma puerta y claro, aquello hace que su vida sea muy complicada.

-Me llamó la atención tu interés por el universo infantil dentro del núcleo familiar…

-Una vez escuché a Marco Aurelio Denegri decir que el hogar es el lugar más peligroso que existe y me horroricé luego de reflexionar y constatar que es cierto. Es terrible, pero es muy común que, en el hogar, el lugar donde se supone que los niños deben ser amados y protegidos, se encuentran los peores agresores.  No hay manera de escapar, no hay modo de recurrir a nadie porque no te creerán. Es una verdad que produce una disociación tremenda pues hay que amar al agresor para poder sobrevivir. De eso trata «El atrapasueños», uno de los cuentos que tiene a una niña como protagonista. No está segura si lo que le sucede de noche es un sueño o es verdad. Por supuesto, su madre no le cree. En otro cuento, «Los patos mandarines», un niño trata de resolver los problemas conyugales de sus padres. Es otra situación en la que, desesperado por cambiar la realidad, el protagonista recurre a la fantasía. Cree fervientemente que unos patos de porcelana, mágicos para él, lograrán que sus padres dejen de ser una pareja tóxica.

Me gusta escribir sobre niños porque mi infancia es la etapa de mi vida que recuerdo con más claridad. No diría que es la más feliz, pero puedo seguir sintiéndome como una niña y eso le podría dar autenticidad a lo que escribo. Además, me llevo muy bien con los niños. Cuando hablo con ellos, nunca me ubico en un desnivel. Solo me encojo un poco, porque tengo tamaño adulto, y hablamos en la misma lengua. Tienen ideas interesantísimas.

-Yéndonos un poco más hacia tus influencias estrictamente literarias percibimos un guiño a Gabriel García Márquez, el maestro del realismo mágico, en uno de los relatos de «A lo mejor soy otro».

 -Sí, especialmente en el cuento donde hay una sirena que se llama «Tenía largos cabellos y una cola de pescado». Gabriel García Márquez me fascinó desde el principio. Comencé con las novelas, pero cuando tuve la oportunidad de leer sus cuentos, mi admiración creció más puesto que el cuento es un género muy difícil.  Mi favorito es «Un señor muy viejo con unas alas enormes». Solo un genio es capaz de insertar un ángel en una realidad, en grupo humano, y que el lector se lo crea. He leído ese cuento muchas veces y sé que me seguirá maravillando cuando lo vuelva a leer. Él es uno de esos autores que me hacen sentir que el mundo es más bonito porque ellos pasaron por aquí y dejaron sus libros. Lo de la sirena pasó tiempo después. Tengo temporadas en las que me obsesiono con ciertos temas, precisamente como los locos que siempre están presentes en las narraciones de Gabo. En ese tiempo estaba haciendo investigaciones sobre las sirenas. Empecé en La Odisea y terminé en las sirenas de río de la Amazonía, pasando, por supuesto, por Hans Christian Andersen. Antes de sacar mis conclusiones, y dejar inconclusas mis averiguaciones para pasar a otro tema, como suelo hacer, se me ocurrió la idea de hacer aparecer una sirena en Huanchaco, mi balneario favorito. Y así, pensando en Gabo nació la historia. Es mi pequeño homenaje.

– ¿Qué nos trae este 2026?

 -Estoy muy emocionada porque en pocas semanas entrará en circulación mi nuevo libro de cuentos que se titula «Y ahora que encontraste el amor, ¿qué harás con él?». Son diez cuentos sobre relaciones románticas fallidas, pero no por eso menos divertidas. Es sobre el amor, ese gran tema, pero desde mi lugar y visto a través de mis anteojos. Me divertí mucho escribiendo cada cuento. Espero que los lectores también.

-Finalmente, te publicaron en Argentina y lo harán en España también.

 -Sí, claro. «Tarde llegaron las hadas» es un libro de poesía y fue publicado por la editorial Buenos Aires Poetry el año pasado. Este año se publicará otro libro mío con Valparaíso Ediciones. Se llama «La vida es bella». ¿Cómo pasó esto?  Siempre he sido muy entusiasta de los concursos y he enviado libros míos a muchísimas convocatorias. Pocas veces he ganado, pero he sido muy feliz las veces que ha pasado. Y lo seguiré haciendo, porque soy fiel al mensaje que aparecía en las chapitas de las bebidas gaseosas de la infancia: «sigue intentando». Es mi lema. En algún momento debí mandar mis manuscritos a estas dos editoriales, no recuerdo cuándo. Solo recuerdo que en noviembre del 2024 me contactó el editor de Buenos Aires Poetry, y en enero del 2025 lo hizo el editor de Valparaíso Ediciones. ¡Ambos estaban interesados en publicar mis manuscritos! ¿Qué más decir? Casi me mata la emoción. El año pasado se publicó «Tarde llegaron las hadas». Este año saldrá a la luz «La vida es bella». He enmarcado la carta de bienvenida de Valparaíso Ediciones porque dice (y déjenme alardear ya que esta es una de mis «contadas alegrías»): «Será un auténtico honor contar con usted en nuestra colección, donde ya contamos con la presencia de algunos de los poetas internacionales más importantes, como los premios Nobel Derek Walcott y Gabriela Mistral, Pulitzer como Charles Simic, Mary Oliver, Jericho Brown o Natasha Trethewey, y poetas como Ernesto Cardenal, Eduardo Lizalde, Claribel Alegría, Luis García Montero o Rafael Cadenas, entre otros”»… No sé qué me vieron. Solo trato de creer que es cierto.

 Sobre Gloria Portugal Pinedo

Ha publicado los poemarios Insanías (2010), ganador del II Concurso Nacional de Poesía de Mujeres Scriptura; Estrellas en el cielorraso (2016), Canción del manicomio (2021), El libro de los lugares lejanos (2022) y Tarde llegaron las hadas (2025). En narrativa: Cuatrojos (2017), primer premio en la VI Bienal de Cuento Infantil ICPNA, A lo mejor soy otro (2025), Pequeñas historias (2025) y Y ahora que encontraste el amor, ¿qué harás con él? (2026). Actualmente reside en Lima, donde se gana la vida como profesora de inglés, aunque en realidad sobrevive a base de café y videos de gatitos.

 

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