Lima en escena

Directora y elenco nos hablan de Mudarse de sí (pollito con papas)

Tirso Causillas (dramaturgia/actuación), Nani Pease (dirección), Bruno Espejo (actor), Mariana Palau (actriz), Loko Pérez (músico) y Alfredo Anderson (músico) nos ofrecen sus apreciaciones sobre Mudarse de sí (pollito con papas)

Este fin de semana se despide de casa de Yuyachkani “Mudarse de sí (pollito con papas)”, puesta en escena de Tirso Causillas, dirigida por Nani Pease y producida por /Otro/colectivo teatro, autoficción sobre la violencia intrafamiliar, la migración simbólica y el laberinto del amor familiar. Montaje que recorre los últimos días de una familia atravesada por la ausencia, la agresión, el alcohol y los gritos por Skype. En este se cuenta la historia de Tirsito (Tirso del pasado) quien acompañado de Tirso (el del presente) nos llevará por las tensiones, querencias, intensidades y dificultades de crecer en su familia, y al mismo tiempo de las luchas y retos por ser actor en una ciudad que te la hace tan difícil como es Lima.

Al respecto, Lima en Escena charló con la directora, el autor e intérprete de la obra y el elenco, quienes nos brindan su particular mirada de su trabajo en la aludida pieza teatral.

Nani Pease

-Dirigir esta obra ha sido una gran oportunidad y un gran reto. Un reto en primer lugar porque implicaba vivencias muy personales de Tirso, quien es muy importante para mí. Si bien en /Otro/colectivo intentamos siempre construir procesos en los que prime el cuidado de los equipos con los que trabajamos, aquí la historia era muy muy cercana y como dices en momentos desencarnada. Mi trabajo se ha movido entre la tensión de intentar hacerle justicia a la historia y al punto de vista desde el que Tirso decidió dar cuenta de ella, a la vez que cuidar su mente y la mente de lxs actorxs que lo acompañan, conteniendo y acompañando. También ha sido una enorme oportunidad, porque como dices el tema, pese a ser profundamente personal tiene la capacidad de resonar en las historias de muchos peruanxs. Las violencias en nuestro país están tan naturalizadas, recibimos tanto daño en demasiadas ocasiones de quienes debieron cuidar de nosotrxs. Lo que más me atrajo de la obra es que antes que simplemente elaborar en las violencias, en la precariedad, en las injusticias, y en la herida que ello supone, Tirso compartía una postura ante ello: hablaba del derecho a tener otra vida. Del derecho a poner un límite. Y de poner ese límite desde el reconocerse merecedor de algo mejor, sin que eso implique dejar de amar. Sentí que la mirada de la obra tenía que recoger esa reflexión, ese crecimiento desde el trauma y ese poder mirar con compasión lo ocurrido. Decidí por eso hacerla con la crudeza que necesita contarse: comiendo pollo, mostrando cuerpos, sudor, calor, náuseas, pero a la vez cuidando lo que necesitaba ser cuidado para evitar revictimizar y para evitar celebrar las violencias: protegiendo a Tirso de la mirada de ciertos momentos, usando la música y el canto para decir ciertas cosas que duele decir y que hace daño decir, sugiriendo la violencia con imágenes antes que ejecutándola nuevamente. Creo que el teatro tiene enorme capacidad de denunciar, de hacer visible lo que aún no es visible a nuestros ojos. Pero creo que no debe hacerlo a costa de quienes son los creadorxs. Tiene que hacerlo cuidando a sus creadorxs, protegiéndolos incluso de hacerse daño en escena al crear. Espero que la obra esté honrando esa idea.

Sobre los roles de cada autor

-Desde que decidimos hacer la obra explícitamente como una autoficcción decidimos con Tirso que habría menos actores que personajes. En esta familia siempre se habla de alguien que no está. Siempre hay movimiento de un país al otro, siempre se extraña a alguien y nos parecía interesante que eso supusiera un reto escénico. Lo primero que definimos es que Tirsito (el Tirso del pasado) sería el único que sea una constante y que Tirso (el del presente) estaría en la historia, interrumpiendo, aclarando elaborando lo cual se fue convirtiendo en escribirla en escena. La idea fue poder representar en la pieza misma la manera como la mente construye y reconstruye las heridas de violencia. Este recuerdo nunca es lineal. Se va y se viene. Se repiten frases, escenas, tratando de hacer sentido. La obra tenía mucho de eso y llamaba por explicitarlo en su puesta en escena. Partimos de la idea de que Tirso (el dramaturgo) fuera acompañado por personas importantes y cercanas a él a contar esta historia. Personas que pudieran cuidarlo, acompañarlo, contenerlo y que por tanto cambien de roles en su intento conjunto de contar algo difícil, algo indecible y confuso, como es la herida de violencias. Tirso me sugirió hacer él en la primera escena de su mamá y su papá, idea que inicialmente rechacé, no porque dudara de su capacidad de hacerlo extraordinariamente bien como lo hace, sino, honestamente por el temor que me producía el impacto de ello sobre su mente y su bienestar. Hicimos una suerte de “prueba” de la escena en la que terminé profundamente movida, en lágrimas. Me conmovió muchísimo el que un hijo quisiera hacer de su papá y su mamá para poder dar cuenta de lo que significó crecer con ellos, para encarnarlos y entenderles, para poder finalmente perdonar y dejar ir y mudarse de la historia vivida. Me pareció que muchos íbamos a conectar con esa sensación y entender algo más profundo que la historia misma y por eso decidimos no solo hacerlo sino explicitar esas decisiones en la obra. Por eso Tirso interrumpe la acción pidiéndole a Bruno o a Mariana que haga de su mamá. Por eso se nombran los personajes y se lee el guión en algunas de las escenas. En términos de construcción de personajes, trabajamos con cada personaje como una unidad independiente, desde el cuerpo, la voz y la mente y nos ayudamos del vestuario y la música para resaltarlos. Eso, claro, es algo que sólo puedes hacer con actores maravillosos como Tirso, Bruno y Mariana.

Tirso Causillas

¿Por qué es vital hablar sobre la precariedad y violencia familiar en el teatro?

-Creo que es vital llevar estos temas al teatro porque, lamentablemente, se están convirtiendo en la norma. La precariedad es cada vez más en el Perú una fisura que atraviesa a casi todos. Es por eso que es discurso del emprendedor cala tanto; si no hay estabilidad, si no hay derechos laborales, si no hay garantías estatales, ni oportunidades, entre otros. Creen que la fantasía del emprendimiento nos da un salvavidas simbólico: todo podrá ser una mierda, pero, si soy lo suficientemente creativo y “la veo”, a mí me va a ir diferente. Es una especie de respuesta en positivo ante la agotadora realidad nacional.

Por otro lado, estamos viviendo tiempos de impunidad ante la violencia y el asesinato por parte del Estado que hacen necesario tratar temas como el silencio, el olvido, el trauma, la memoria reciente. No son tiempos de conciliación. Y, a mi juicio, no es el rol del teatro calmar las aguas; somos el arte del conflicto. Sin conflicto no hay hecho escénico. Sobre todo, porque mucho de lo que hoy fácilmente llamamos “polarización” es en realidad una politización de una enorme parte del Perú olvidada por Lima y su mal gobierno.  Por eso creo que es necesario llevar a la tarima estos temas. Aunque en Mudarse de sí (pollito con papas) refieran a una familia, mi intención es que sea una metáfora de nuestro país.

El humor negro, la ironía, la socarronería, vías para hablar sobre la violencia familiar en sus diversas y crudas facetas

– El humor es un fenómeno sumamente colectivo. Es una forma de regalo a los demás. Cuando trato de hacerte reír trato de hacer que sientas, un ratito, algo placentero. Estoy tratando de entregar un buen momento. Y, también, estoy tratando de crear complicidad, comunidad. Pero, además de todo esto, el humor tiene el beneficio de que hace muy, muy difícil caer en poses solemnes. El humor siempre señala la fisura, denuncia la imperfección. En ese sentido, es un arma contra la idealización y la ceguera. De ahí que la sátira política pueda ser tan eficaz. Y creo que, a un nivel, la obra es una sátira de la idealización de la familia heteronormativa en un país lleno de violencia intrafamiliar. Al mismo tiempo, es un juego en torno a la ingenuidad del que se hace llamar artista. Aunque, me parece, los caminos del arte y el crecimiento salen bien parados.

Mariana Palau

¿Por qué es significativo hablar de la violencia familiar?

-Me parece que el tema de la violencia familiar es un tema del cual es importante hablar en el Perú porque está normalizado o invisibilizado, sin embargo, ocurre con lamentable frecuencia.  Me siento contenta de trabajar con todo el equipo, maravillosos compañeros, compañeras y directora. Hacer esta obra es un reto y un disfrute a la vez, por su juego, su intensidad y porque me da la posibilidad de trabajar diferentes personajes y un rango de emociones muy variado.

 Bruno Espejo

 ¿Qué representa para ti asumir el rol de Tirsito?

-En realidad, varios puntos. Primero, mi amistad con Tirso. Lo conocí en el 2009 cuando debuté en la obra “El señor de las moscas”. En ese momento él actuaba conmigo. Hicimos amistad. Particularmente, no conocía su historia. Con el paso de los años empezamos a frecuentarnos de manera recurrente y me fue contando un poco de esta suerte de dramas que hoy son más claros para mí. Como actor, como intérprete, no es simplemente asumir la historia de mi amigo. Si bien retrata con valentía, con fulgor teatral su historia con la de muchos otros, siento que el rol no atañe únicamente a Tirso como individuo, sino que representa a una generación. A una generación de chicos y chicas, actrices y actores intentando ser artistas en un país como el Perú. ¿Qué significa un país como Perú? Simple, el Perú es un país completamente precarizado no únicamente de sus valores en el arte y en sus escuelas, sino también en los núcleos familiares en donde hay precariedad y abuso. Es una sociedad conservadora, una sociedad en donde la familia es solo un slogan que se destruye todos los días. Para mi es el retrato de una generación, para mi es la voluntad que, a través de las artes, del teatro o de un acto ritual como ir a una sala, se apaguen las luces los actores y músicos a través de la oscuridad encuentren luces que nos permitan florecer.  

 Loko Pérez (músico)

Tu vínculo con /Otro/colectivo teatro no es nuevo. Cuéntanos sobre tu aporte musical en “Mudarse de sí (pollito con papas)” 

-Ha sido oportuno mi rol en esta obra porque hay un historial de años trabajando con /Otro/colectivo. Más allá de la funcionalidad sonora de estar ahí para «emitir» canciones o sonidos particulares/predeterminados; este proceso ha requerido la creación de material musical nuevo y concreto: específicamente, canciones. Y, se espera que estas canciones cumplan una función delicada en relación al montaje. Por un lado, deben sintonizar en temática, tono y energía con las necesidades dramáticas de cada momento de la narración; pero también hay otro nivel más personal y más humano.

Tirso Causillas, autor del texto, actor en la obra y protagonista de las vivencias en las que está basada la historia tiene una sensibilidad musical que forma parte sustancial de su identidad tanto personal como artística. En gran medida, las composiciones debían encontrar la forma de sentirse compatibles y familiares con una persona que, lógicamente, no las había conocido previamente. Y ahí es donde entra en virtud la longevidad del vínculo con /Otro/colectivo y, por supuesto, con sus miembros humanos. La materialización de la música de esta obra es posible gracias a la confianza entregada y recibida entre un grupo de personas que se conoce, se escucha y se entiende. La naturaleza de ese lazo propicia que cada entrada musical sea mucho más que una participación superficial, mucho más que un efecto o un cumplimiento de formato.

Creo que la confianza ha sido clave en permitir que las experiencias y sensibilidades del autor y la directora sean usadas como materia prima para esculpir las canciones. Agradezco mucho que nos hayan entregado un abanico tan rico de sensaciones las cuales plasmar en la composición. Tirso y Nani comparten un proyecto íntimo y desnudo cuyo riesgo encontró una alta recompensa en un producto ancho, humano y potente.

Alfredo Anderson (músico)

 ¿Qué nos puedes decir sobre tu trabajo en la banda sonora de “Mudarse de sí (pollito con papas)”?

-Mi intención como músico en la batería y percusión ha sido representar con sonidos las emociones de los personajes a lo largo de la obra. Transitar con ellos del dolor al conflicto, la rabia, la locura y de allí al humor, al caos bizarro, a la tristeza profunda, al perdón de sí mismo. Para lograrlo fue importante entender la obra, sentirla, encontrar la emotividad en cada escena, hacerla propia y pensar en la música como un personaje más, como un personaje que ayuda a los otros personajes, y a la obra misma, a decir lo que tienen que decir. Reventando la batería por momentos, tocando la percusión con suavidad y únicamente como fondo cuando se necesita.

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