I feel like singing and drinking and stuff
and I don’t wanna care if I stumble and cry
Largo, Fiona Apple
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.
Alejandra Pizarnik
Escribir o producir discursos que tienen la oportunidad de ser leídos/escuchados es un acto de Poder. En los tiempos crueles que vivimos, I couldn’t help but wonder[1]… ¿cómo he llegado aquí? ¿por qué me ofrecieron la oportunidad de producir un discurso (o reproducir mis propios conceptos de Poder) en una columna en la que tengo la libertad de escribir de los temas que yo quiera?
Quien escribe puede ser autoritario, y es que asociamos al productor de discurso como alguien que tiene algo que decir y que debe ser (si somos lo suficientemente democráticos y respetuosos) escuchado. ¿Qué me diferencia de un evangélico mandando al diablo a Simone de Beauvoir en Plaza San Martín?
El agente de Dios posee un micrófono, parlante, 20 invitados, el respaldo de los serenazgos y el nombre de Dios… y ¿yo? una MacBook pagada a base de deudas, una botella de vino, cigarros que solo puedo fumar si voy a la terraza, una vista a una intersección gentrificada y una postal de María Emilia Cornejo al lado de una de James Baldwin al lado de otra postal que es porno hecho con AI que dice “heavy ballsday”. ¿Por qué tengo la oportunidad de escribir una columna y poder ser autoritari_ en el Lenguaje, y el agente de Dios que está bajo el Sol de 12 a 4pm solo puede jugar con ese pequeño poder de la utterance a través de un parlante barato? ¿Cómo he llegado hasta aquí?
Me he mantenido en una burbuja y muchas personas no me conocen, y si alguien ha intentado conocerme normalmente recibe una negativa introvertida que suele entenderse como arrogancia. Evado la comunicación, como los discursos, y las interacciones sociales. Algo en mí piensa que fuera del Lenguaje se puede evadir las responsabilidades ante el Otro; and therefore, ser libre. Pero siempre me veo volviendo a la palabra y renunciando a algo tan utópico como el mismo concepto de libertad: llamando a Cecilia, a Donat, escribiendo a un Master-Dom pidiéndole que me golpee, y ahora, escribiendo una columna.
Es hora de aceptar que tengo algo que decir y que, como diría Audre Lorde, no hay nada más peligroso que el Silencio. Peleo contra y por el silencio, y eso es, posiblemente, un mero luxury problem en un mundo donde muchas personas son asesinadas por el simple hecho de romper el ruidoso silencio perfecto.
A veces cuando paso y veo las protestas, sean las Pro-Palestina en Berlín o las que piden la libertad de Pedro Castillo en el Centro de Lima, me preguntó quién y por qué escogió al vocero. ¿Por qué, entre todo este tumulto de personas, específicamente esa persona puede sostener el micrófono, levantar la voz, mientras que el resto solo agitamos las vivas o aplaudimos? Ahora que Judith Butler considera el espacio virtual una extensión del espacio público, de alguna manera me he convertido en un vocero de algo…¿en qué protesta me encuentro ahora mismo? y ¿cuáles son mis pedidos? ¿Si quiera pido algo?
Comunicación, o el acto de esta, siempre tiene un objetivo – posiblemente no sea solo el de crear relaciones humanas –, un fin. En el que el que Sujeto A dice “x” y quiere que Sujeto B entienda “x” y haga sea lo que sea que “x” signifique. Una reseña espera que el producto reseñado sea nuevamente consumido, un retrato intenta reproducir un objeto particular, ¿mis ideas? ¿qué fin, evidentemente político, tengo?
Cuando comencé a escribir, y producir sistemas de palabras, solo lo hice para un Él. En una carta de 2023, escrita en la primera página de una antología de María Emilia Cornejo, le decía: “Siempre he sido muy tímid_ y avergonzad_ para hablar y por eso siempre he escrito y escrito sin parar, casi todo fue una necesidad de comunicación contigo – he aquí el miedo!”. Le tenía/tengo pánico a las palabras y a su Poder, aprendí que el Lenguaje solo traiciona. Me mantuve en silencio hasta que encontré espacios y finalmente Fluoxetina… ¿Mi deseo de comunicación se sigue mantiendo exclusivamente hacia Él? ¿Le sigo teniendo pánico a las palabras y sus potencialidades discursivas? Y si es así, ¿qué hago aquí?
Luego de una nueva crisis, dudando entre mandar esta primera columna, temblando en el piso, decidí romper el silencio y producir Lenguaje a través del llanto.
Al final, he decidido estar aquí.
Estar como “ser” más que “permanecer”. “Ser” puede ser un símbolo político cercano a la resistencia. ¿Qué me diferencia de un evangélico machista en Plaza San Martín? Que él produce discursos para destruir a un Otro. Yo produzco palabras para romper el silencio al que me he auto-sentenciado; es decir para (re)crear una Voz, en vez de destruir una externa que no me pertenece.
Escribir y producir discursos es un acto de Poder.
Hannah Arendt relaciona el concepto de Poder más cercano a un concepto de “Potencial”. También tiene una definición de “Speech” en la que no me adentraré más a fondo más que decir que quien no posee la potencialidad de crear un “speech” está muerto. El evangélico de Plaza San Martín y yo podríamos ser la misma persona, tenemos el mismo deseo y casi el mismo Poder, yo no pretenderé potenciar una muerte. Si hago algo, es salvarme de la muerte. ¿Eso me vuelve egoísta? ¿Un poco más fascistoide que él y su parlante?
Finalmente I couldn’t help but wonder… ¿a quién le debo tantas explicaciones por qué acepté la propuesta de Rosana? ¿Por qué me he pasado días y crisis escribiendo esta columna? ¿Por qué le tengo tanto miedo al Poder de la Palabra? Y si le tengo, ¿es apropiado tenerle miedo a las palabras?
Tal vez soy solo “la loca que revuelve en la basura / y estoy aquí gritando”[2]… lo que sea que esté gritanto, tal vez un Nombre, tal vez una ideología, tal vez un deseo.
Solo quiero romper el Silencio y eso me parece suficiente.
[1] Carrie Bradshaw, Sex and the city
[2] Loca del Basural, Rosella Di Paolo