Lima en escena

A tientas, contar con trazos

La narradora y poeta Rocío Uchofen comenta sobre el título A tientas (Hipatia, 2025) de la escritora Elba Luján.

La propuesta de Elba Luján implica sumergirnos en retazos de historias asidos de la imagen y otros textos como el poema de Brian Patten, autor inglés que falleció en setiembre del año pasado, o la voz de Nina Simone cantando «no me dejes» en francés.

Ingresamos en secuencias y atmósferas. La brevedad de algunas historias no nos pierde; al contrario, estamos en un universo narrativo donde el goce de la lectura no necesita un hilo conductor definido. Existen voces, las historias de las mujeres, lo que se cuenta en silencios o impresiones: las esperas, los olvidos, los secretos, los recuerdos terribles, los enigmas. Todo ello implica hilvanar hechos, correspondencias, paralelos, etcétera. El peso de las atmósferas nos sitúa en la narración, en la prosa poética, en la brevedad de sensaciones. Sabemos que hay una historia de amor, de la pérdida del amor, de distancias, de secretos, de lo extraño, incluso paranormal, y existen, además, las imágenes fotográficas que enlazan esas sensaciones. Constituyen, definitivamente, parte de un todo.

La forma de narrar me recuerda a la de los pintores impresionistas, los breves trazos que plasman un cuadro y, al mirarlo, sabemos que el artista nos quiere decir algo más que lo que define al objeto producido. Hace poco, estuve en el museo de Brooklyn, en una exposición titulada «Monet y Venecia». Este pintor impresionista me dejó cavilando. En una sala, había una serie de pinturas del Palacio Ducale y una fotografía actual del mismo espacio; obviamente, el Palacio Ducale se vuelve algo muy distinto en la pintura de Monet: es la luz, la bruma, el movimiento del agua, pero también lo que nos deja ver del mismo palacio. Asimismo, la narradora de A tientas nos entrega atisbos: dos viejos en diferentes espacios y tal vez tiempos, olvidados por su familia o la familia que los acoge; dos personas extrañándose, un baúl de recuerdos, la danza, violencias, una ciudad, un país que agobia. «Tendría unos quince o dieciséis años cuando por primera vez advertí la pobreza de mi país, su rostro triste y polvoriento» (p. 45). Qué gran trazo para iluminar un espacio y un tiempo histórico. Cada personaje que transita por el texto tiene una herida personal de índole distinta. Podemos discernir la clásica historia de un marido infiel, sabemos lo que significa por los detalles, se trata de una conversación común entre amigas. Sabemos que hay varios tipos de familias y que hay personas que por una u otra razón llegan a vivir en una familia sin pertenecer, pero su ingreso hace de ellas esos seres de incógnitas.

El poema de Patten abre la sensación del amor, del desamor, de la distancia, lo que no pudo ser. Las cartas descubiertas en el baúl son, apenas, un atisbo de una historia fenecida. El secreto, lo que no ha salido a la luz, lo que ya no saldrá, lo que ha terminado, pero pervive en el interior de alguien, en su vocabulario (la bailarina lo llama «su cholo adorado»), la distancia y el tiempo son también, en cierto sentido, fuerzas: alejan, difuminan, deshacen.

Y me quedo con la experiencia liberadora del final del texto, ese encuentro en Trujillo con una foto cortada. ¿Quién no ha tenido una vivencia así? (la de las fotos cortadas, en nuestro aquí y ahora sería una foto editada). Yo tenía una tía abuela que falleció soltera; cuando estuvo muy enferma, mi padre la llevó a la casa y ella llegó con un álbum de fotos. Cuando mi tía falleció, me permitieron verlo, ella había sido una mujer muy hermosa de joven, se podía advertir su elegancia y, en todas esas fotos, se notaba que habían cortado a alguien, una figura masculina. En algunas instantáneas, se veía un zapato, un brazo, una sombra. El secreto se había ido con ella; a partir de ahí, todo es especulación o, como en el libro de Elba, un pasaje para buscar a tientas los significados detrás de los pedacitos de información que riegan una o más vidas.  Así, con este intento de carta de navegación, los invito a ingresar a este universo y hallar sus propias correspondencias, yo estoy encantada con las que he encontrado en mi interior.

 Sobre Rocío Uchofen (Lima, Perú)

 Estudió Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y es MA en Inglés por la Universidad Municipal de Nueva York – College of Staten Island (CUNY-CSI). Ha publicado los libros de cuentos Odalia y otros sin esquina (2004), La irrealidad y sus escombros (2021) y Solo para insomnes (2023), y el libro de prosa poética Staten Island personal/Personal Staten Island (2021). Asimismo, ha publicado los poemarios Liturgias clandestinas, El oscuro laberinto de los sueños, Geometría de la urbe y Typewriter, ink, memories and rhythm. Dirige el webzine Híbrido literario desde 2002.  Desde 2017, tiene un programa cultural llamado también Híbrido literario en Maker Park Radio, Staten Island, Nueva York.

Sobre Elba Luján (Lima, 1950)

 Escritora. En poesía ha publicado Negro equino (1997), Mar adentro (2000) y Rastros (2007). En 2013, publicó el cuento álbum Mamá ven y, en 2018, ¡Qué tal vida!, conjunto de crónicas biográficas. Ha sido cofundadora de la revista La Tortuga y colaboradora de las revistas El Salvaje IlustradoPuente y Vuelapluma. Trabaja como editora y correctora de textos.

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