Ricardo Sumalavia en retrospectiva

Una mirada del autor sobre Retratos Familiares, Selección Peruana 2015 y Viajes y Virajes. Antología de cuentos de la comunidad andina. Foto: Kathy Serrano

Si bien la edición de aniversario del cuentarioRetratos familiares”, ocho relatos que nos llevan por una interesante cartografía de la memoria familiar, de las relaciones fugaces de pareja, de los recovecos de la ciudad de Lima, fue pretexto para una charla en línea con el prolífico y destacado escritor Ricardo Sumalavia, decidimos robarles unos minutos extra para hablar de dos de sus antologías recientes: “Selección peruana 2015-2021”, libro de cuentos que reúne a 11 jóvenes autores peruanos y “Viajes y Virajes. Antología de cuentos de la Comunidad Andina”.

-Ricardo, Retratos Familiares en su conjunto, es un atractivo mapeo de la memoria familiar, de distritos emblemáticos de una Lima que creció y se transformó, de relaciones fallidas, de duelos. A propósito de la nueva edición de aniversario. ¿Cómo cambió tu escritura?

-Creo que mi escritura no ha cambiado en sí, sino más bien que le ha tocado cargarse de ciertas experiencias y ampliar su registro. Leo lo que escribo actualmente y veo las mismas preocupaciones planteadas en Retratos familiares. Sin embargo, ahora las puedo afrontar también desde el humor, la ironía y la parodia. No es que antes careciera de estos elementos. Simplemente no lo consideré oportuno para las historias de este libro de cuentos. En el libro siguiente, Enciclopedia mínima, con una distancia de solo tres años, integré todos estos elementos porque el libro mismo me lo permitía. Pero volviendo a Retratos familiares, creo que fue un libro fundamental para mi formación como escritor y para definir con mayor claridad mis temas y mi voz narrativa. Sin este libro, por ejemplo, no hubiera podido escribir mi novela Historia de un brazo, casi veinte años después. Mi narrativa maduró tanto, tomó tanto cuerpo, que hasta le brotó un brazo adicional.

-Todo núcleo familiar envuelve historias oscuras, dramáticas, delirantes. El cine, la literatura, el teatro nos hablan de familias atípicas. Todos los cuentos de Retratos Familiares nos confrontan con familias aparentemente sencillas, sin embargo, en el entramado y el cierre de las historias descubrimos que gozan de lo sombrío, perverso, atípico. Desde tu experiencia. ¿Por qué te atrapa la memoria familiar?

-Recuerdo con precisión haberme dicho un día, cuando tendría 8 años, que yo tenía una familia feliz. Lo recuerdo así de preciso porque días después, mientras me iba despertando de una siesta, escuché a mis hermanas preguntarle a mi madre si ella creía que mi padre estaba loco. La sola pregunta me perturbó y alteró todo lo que yo creía de mi familia. Ello, siendo niño, me llevó a recapitular mi escasa memoria infantil y buscar pasajes en los que mi padre pudiera haber mostrado signos de locura. No los encontré, pero sí descubrí muchas otras cosas. Descubrí que las familias preferían vivir con misterios y que estos se ocultaban justamente para que las familias siguieran viviendo con una peculiar armonía.

Por otro lado, debo admitir que mi familia es muy unida y que nos queremos mucho. Somos desquiciadamente felices, pero con misterios. Además, al menos hasta poco antes de la pandemia, mis hermanos y yo solíamos reunirnos todos los domingos en casa de mis padres y, a media tarde, entre panes, infusiones y café, recordábamos pasajes de nuestra infancia. Lo curioso es que los recuerdos siempre tenían variantes. Siempre surgía un nuevo dato. Aquí hago un paréntesis porque me he dado cuenta de que la anécdota anterior la he contado en pasado, como si ya no volviera a suceder. Apenas superemos la pandemia, sin duda, retomaremos esas tardes y nos dedicaremos a distorsionar el pasado, como siempre y, como ya dije, desquiciadamente felices.

-El elemento erótico, sexual, que también está presente en algunos relatos, está marcado por encuentros fugaces plagado de situaciones perversas. ¿Lo observas así también?

-El elemento erótico de estos cuentos está potenciado por el misterio. El misterio familiar los potencia, pero al mismo tiempo los reprime, los contiene. Por esa razón, apenas se abre una compuerta, esos deseos irrumpen y se desbordan en aquellos encuentros fugaces que mencionas. También está la culpa que refrena esos deseos, o que termina por distorsionarlos, lo cual, asimismo, deriva en situaciones perversas.

II Parte

-Selección peruana 2000-2015. ¿Cómo observas a la narrativa peruana actual escrita por las autoras y autores de las nuevas generaciones?

-El espectro es vasto y variado. El desarrollo de las tecnologías y las comunicaciones les ha ampliado las posibilidades de conectarse con el mundo entero, pero también les está mostrando las trampas del poder cuando se hace mal uso de esas mismas herramientas. En ese sentido, les percibo atentos a lo que sucede mientras se nutren de mucha literatura, pero también de muchas series, películas serie B, cine de autor, manga, anime, entre otros. Todo alimenta su intelecto y creatividad. Esta formación, por tanto, les ha posibilitado narrar desde distintos registros temáticos y formales. Y esto lo noto en autoras y autores de todas partes del país. Por supuesto, sus propias experiencias vitales se han sumado a esta apropiación de nuevos códigos de escritura y comunicación. Selección peruana pretende dar cuenta de esta variedad, que sigue en exploración, por supuesto.

-Los relatos de María José Caro, Romina Paredes, Andrea Rivera Carrillo, Gimena Vartu y Malena Newton nos parecieron sólidos en cuanto a creación. Historias diversas. ¿Qué nos puedes decir de los universos temáticos que nos plantean específicamente las autoras?

-En sus relatos podemos encontrar, efectivamente, un espectro bastante amplio. Va desde el registro fantástico, como el de Andrea Rivera, pasando por aquellos de atmósfera de ensoñación, como el de Gimena Vartu, hasta tender hacia un, digamos, realismo en crisis, como el de María José Caro, Romina Paredes o Malena Newton. Llamo realismo en crisis a aquel que no necesariamente quiere dar cuenta de los problemas sociales de su entorno -pero que estos pueden estar allí como telón de fondo, como fantasmas-, y cuyos conflictos de van diluyendo, pero sin abandonar los puntos de tensión narrativa. En varios de estos cuentos puede haber, incluso, una suerte de hiperrealismo, como en el cuento de Malena Newton, que termina por hacerte dudar de su referencialidad. En Romina Paredes y María José Caro las situaciones familiares se ven afectadas interna y externamente. Las unidades familiares se quiebran, pero suscitan nuevas lógicas en sus relaciones. El universo de todas estas autoras debe ser seguido con mucha atención.

– Desde tu trabajo como editor de la Selección peruana 2000-2015. ¿Cuáles crees son las nuevas formas de escribir ficción?

-Me parece que en todos ellos se manifiesta, entre otros aspectos, la violencia, pero en diversos grados y matices. Si bien ellas y ellos nacieron años después de la época más sangrienta que vivimos en el siglo XX, o todavía eran muy pequeños, la violencia pudo haber dejado un halo, una sombra sobre sus narrativas. Estas formas narrativas, como era de esperarse, han evolucionado con todos los influjos en las comunicaciones que mencioné anteriormente. El cine, internet, los aplicativos, tienen un fuerte peso argumental en los cuentos de J. J. Maldonado, Yero Chuquicaña, Luis Francisco Palomino y Malena Newton. Y más sugerido, con planos oníricos, en Christian Briceño o Stuart Flores. O desde una nueva lógica de la violencia, como en el caso del cuento de Charlie Becerra.

III Parte

-Finalmente. Permíteme robarte una pregunta más sobre “Viajes y Virajes. Antología de cuentos de la Comunidad Andina”, publicado por Ediciones Copé de Petroperú. Me centraré en los relatos de Karina Pacheco, Liliana Colanzi, Pilar Quintana, Magela Baudoin, María Fernanda Ampuero, Solange Rodríguez Pappe, Sandra Araya, Alejandra Costamagna, Fernanda Trías y Marina Perezagua. ¿Existe un hilo conductor entre la escritura de cada una de ellas? ¿Un parentesco…?

-El primer parentesco entre estas autoras es la gran calidad de sus textos. Puedo destacar también el oficio narrativo que se percibe en sus cuentos. Se percibe trabajo, entrega, sensibilidad, entre otros. Pero, sobre todo, veo en ellas una gran búsqueda. No son escritoras que pretendan cumplir con los cánones del cuento. Hay un interés por eclipsar la narratividad de sus historias, por indagar en el lenguaje, en las tramas, en la fabulación. Vemos también que en sus cuentos hay una mayor amplitud en su referencialidad. No hay dependencia de los espacios nacionales. El abanico de propuestas narrativas es bastante amplio y, sin lugar a duda, se ofrecerá todavía más.