Querida Libertad (Dos)

“Cuando canto me pongo en un estado muy extraño. Incluso cuando llego al camerino no me acuerdo de nada. No sé cómo explicarlo. Es un estado mágico, místico. Y, a partir de ahí, he tratado de que los sonidos que salen de mi cuerpo correspondan a la emoción que estoy sintiendo. Mi voz se ha ido coloreando. La voz de mi alma.” (Tania Libertad)

Tania Libertad me recibe en su casa de la Ciudad de México. Lo puedes leer en la primera parte de esta entrevista. Es 2005 y segunda vez que nos juntamos. Un jovencísimo Daniel Loyola me acompaña. Él es un estudiante mejicano que ama la idea de ser artista. Mientras tanto hace de chaperón para no perderme en las calles donde las casas son grandes. México siempre intimida. Otra vez, Tania contesta.

DLH.- Tu voz tiene particularidades que han sido reconocidas mundialmente por diversos artistas. ¿Qué opinas al respecto?

TL.- Yo he conocido mi voz cantando. Nunca pensé en ella como prodigiosa ni nada de esas cosas. Sin embargo, mi maestro de canto y Plácido Domingo me explicaron cosas que no sabía. Mi voz lanza una nota que puede abarcar todo el acorde. O sea, se oye en un solo sonido.

DLH.- Hay un pensamiento recurrente, más allá del atento cuidado de la voz, que tiene que ver con el sentido de éxito de un artista. ¿Qué significa para ti ser una cantante exitosa?

TL.- Yo siempre pienso que la base de mi crecimiento está en que nunca me la creí, ni me la creo, ni me la creeré. Tú puedes decirme algo feo y al día siguiente se me olvida. Subo al escenario como si fuera la primera vez. Siempre es así. Los mismos miedos, los mismos fantasmas conviven con esas mismas ganas de abrazar al público. Hubiera sido muy fácil perderme en este camino. Muy fácil. Siempre pienso que lo puedo hacer mejor y mejor y mejor. Sigo estudiando, sigo tratando de conocerme cada vez más para poder conectarme con esos públicos que no hablan mi idioma. Es un contacto emocional que trasciende la palabra misma. Es maravilloso.

DLH.- Personajes claves que recuerdes en ese camino.

TL.- Siempre he tenido coincidencias curiosas. Un día conocí a José De Sousa, yo me apellido De Sousa, pero él es conocido como José Saramago. Plácido Domingo un día me llama a mi casa para grabar con él. Era domingo y los ensayos fueron tres domingos. He tenidos encuentros claves con Serrat, con Mercedes Sosa. Mucha gente ha venido a esta casa, pero Serrat y Mercedes Sosa son los que siempre me llaman cuando vienen a México. Luego del concierto, hacemos pachanga con vino y tequila. A veces, un champagne para empezar. Cantamos, platicamos y volvemos a cantar. Soñamos conciertos que, por lo general, no se concretan. Pero algo soñamos juntos.DLH.- ¿Volverías al Perú?

TL.- Solo para cantar. Mi vida está en México. Aquí tengo la libertad de ser quien soy… Y eso, no lo cambiaría por nada del mundo.

Así de enfática concluye Tania. Tengo la entrevista que quería. Saber de primera mano las razones que hicieron que una “artista mejicana de origen peruano” se convirtiera en lo que es. El Perú es un país maravilloso, pero sumamente hostil con la cultura y sus artistas. Nos toca reflexionar al respecto. Mirarnos con sinceridad para comprender, de una vez por todas, que nos estamos perdiendo de grandes oportunidades para ser reconocidos en el mundo. Tania sale un momento y regresa con varios discos firmados. Me da un largo abrazo y me dice con voz suave: ¡Escúchame!

Actor, dramaturgo y director de teatro. Desde hace 20 años dirige el colectivo EspacioLibreTeatro