¡Qué le corten la cabeza!

Se dice frecuentemente que la “realidad supera a la ficción”. Ni la supera, ni es lo mismo. Cada una ocupa distinto tiempo y lugar, y operan de modo distinto. El problema está en que les hemos dado el mismo peso o, como el teatro es conflicto, las hemos enfrentado. Realidad/ficción, imitación/representación son conceptos distintos que al ser puestos en el mismo saco, han provocado que los términos relativos al teatro se usen impunemente en otros “escenarios”. Obsérvese nomás los acontecimientos de las últimas semanas. Hemos sentenciado colectivamente que un ex presidente suicida ha pensado su final como la mejor obra del año.

Escrito por Diego La Hoz

Mientras se incendiaba nuestro ánimo nacional, sucedía un encuentro azaroso de ficciones en el ICPNA de Miraflores. Digo azaroso porque tímidamente se fue uniendo gente de una generación que miraba el teatro como un campo de permanente indagación y convergencia. Todo un acontecimiento para celebrar. ¡Qué rueden cabezas! Encuentro de Artes Experimentales fue, por lo menos para mí, una provocación de conceptos y de-limitaciones espacio temporales. Cada espectáculo tenía su particularidad, pero los tres coincidían en la potencialidad del espacio simbólico. Los tres ponían por delante el valor del proceso más allá del resultado definitorio. Poner en valor “el arte del intento” en un país de dolorosa desesperanza.

La nada de Yvonne von Mollendorff. Bailarina: Carla Picón. Foto: Emilia Mendoza

La primera parada estuvo a cargo de la sicóloga social y creadora escénica Amapola Prada con “Una persona sentada por años se va a”. Pieza unipersonal que dialoga con las contradicciones de la libertad. Un relato de acumulaciones históricas a punto explotar donde la individualidad es puesta en crisis. Las tensiones son síntomas que hay que aprender a observar. Amapola pone el cuerpo para enfrentarse a las tradiciones. Ella es punto partida. Todos podríamos serlo. El segundo día Ítalo Panfichi nos trajo “Pompeya o ¿qué hacemos con la nostalgia?”. Un collage de paisajes dinámicos anclados en recuerdos de patria, de barrio o de sueños compartidos. Conclusos o inconclusos ya no importa. Hay cuerpos volcanes. Hay cuerpos roqueros. Hay cuerpos que se estrellan. Todos suenan y son eco de un testimonio que no debe morir impune. ¿Cómo despertamos un cuerpo emparedado hace medio siglo? Somos en el otro esa posibilidad. Espejo. Para cerrar este recorrido Mónica Vergara presentó “Error”. Una aventura escénica que transita por la duda. El espejismo de vernos y no vernos. El otro como un yo incierto. Cuerpos danzando en el reflejo de los espejos. Luz que atraviesa. Luz que rebota y te vuelve ciego. Una suerte de alegoría de la caverna donde entrar o salir parece ser lo mismo. Sin embargo, se hace urgente errar. Volver al camino. Equivocarse. ¿Por qué no?

Más allá de los materiales escénicos se abre un espacio multidisciplinario para el diálogo. Se pone sobre la mesa la inquietante crisis de la teatralidad en su estado más puro. En ese territorio liminal de convergencia donde nos toca observarnos. No para mezclarlo todo, para hibridarlo, sino por el contrario para entender cómo opera lo otro y cuánto de aquello aporta a un proceso de recuperación vital para las artes escénicas. Ni siquiera pienso, como oportunamente manifiestan las facultades de arte, que haya que sistematizar la práctica. Pensarla sí. Registrarla también. Los paradigmas están hechos para ser cuestionados.

 “Pompeya o ¿qué hacemos con la nostalgia?” de Ítalo Panfichi

Cuando parecía que esta semana de experimentos había terminado, me llega la gentil invitación de la gran Yvonne von Mollendorff para una función especial de su último espectáculo de danza llamado “La nada”. Obra que se estrenó el año pasado en el Cine Olaya. Y cuando se trata de danza contemporánea no hay mejor lugar para el disfrute que el auditorio del ICPNA de Miraflores. No, no es franela. Es mi opinión. Yvonne sigue explorando como creadora escénica y coreógrafa de impecable trayectoria. Esta pieza para tres bailarines y un actor propone el espacio como un personaje más. La coreografía está intervenida por textos dichos que no intentan corresponder a una acción específica. Son cuerpos caleidoscópicos. Danzan, suenan y se mezclan como un espiral infinito. La nada es res nata: cosa nacida. Su origen contradictorio es la obra misma. Nada existe de la nada. Sin embargo, aquello es ausencia. Y lo ausente, de algún modo, está presente a la vez.

Recuerdo que, cuando empezaba a hacer teatro, se discutía si debía decirse danza/teatro o teatro/danza a aquel encuentro de estas dos disciplinas. Así como la realidad no supera a la ficción porque son dos campos distintos. Es más, la realidad tiene mucho de ficción si lo pensamos bien. La danza y el teatro ni se oponen, ni son lo mismo. Ambos son territorios de convivencia y creación, y lo que realmente importa es aprender de lo uno y de lo otro, pero sin dejar a la deriva el lugar donde se echa raíces. La patria o matria en su sentido más amplio. Hay que volver al ejercicio de mirar. Hoy por hoy estamos más interesados en hacer que en mirar. Y no es poca cosa. Quizá ahí está el gran reto de nuestro arte. Volver a mirar.

Actor, dramaturgo y director de teatro. Desde hace 20 años dirige el colectivo EspacioLibreTeatro