Los Regalos son del Viento

“Y el habitante […] estuvo realmente perdido cuando creyó que era un deber moral luchar por el derecho a tener su automóvil particular, para contaminar más el ambiente, en lugar de luchar defendiendo el derecho al aire puro y a las aguas limpias para sus hijos” (¿Qué tierra heredarán los mansos?)

Escribe Diego La Hoz

Alguna vez escuché decir a mi colega Alfredo Bushby que las mujeres y San Marcos salvarían al Perú. Tanto le creo que me apropié de esa sana afirmación. Tanto le creo que casi creo que la inventé yo. Cuando dos mujeres enormes se encuentran uno debe callarse. Escuchar en silencio sus aventuras es como armar una historia con retazos escondidos en una caja de zapatos. Ellas no se veían desde hace cinco décadas. Para ellas no aplica aquello que dice que todo tiempo pasado fue mejor porque sus vidas están cargadas de futuro como talega campesina. Eso es el teatro. El que ellas profesan vívidamente. Lo que las une y las reúne esa tarde de viernes. El aquí y ahora existe porque existe el ¿y ahora? Aquello que mientras sucede te quita el aliento para regalarte luego un airecillo de montaña verde. En oposición a ese “airecillo de esperanza” está el teatro sin futuro, el que honra al pasado, el que nos melancoliza. Un teatro que muere en su presente monumental. Que, así como sube, cae estrepitosamente. Que no dialoga. Que no nace. Que es infértil y rezongón. Pero de él, no hablaremos hoy.

Aurora Colina y Estela Luna son poesía en sí misma. Sus nombres anuncian el colorido encuentro entre el cielo y la tierra. Hay de amanecer y de noche como de luciérnagas. Ambas son maestras. Ambas son mujeres de teatro. Ninguna puso nota de conducta a sus estudiantes porque las travesuras hay que recordarlas con amor. Luego del abrazo, ellas comienzan cantando: “Somos hombres, hombres, hombres. El mundo es nuestro. El saber que he nacido hombre me hace dichoso. Porque el hombre cuando es más feo es más hermoso”. Canción que se encuentra en la obra Eva no estuvo aún en el paraíso que estrenaron con Los Grillos en 1973. Año doloroso para Chile y Latinoamérica. El recuerdo suena a viva voz y yo recién nacía. Estela, para aclarar algunos exabruptos, nos contó con humor de sus malestares: “Yo le canto a este oído (el derecho) para que me deje tranquila, porque tengo un ruido permanente. Me entretengo componiendo canciones durante el día porque en la noche no me deja dormir. Lo interesante es que me he dado cuenta de que también soy compositora” ¡Claro que lo es! Siempre lo fue. Una artista que cuenta y que canta. La música está dentro de uno y el ritmo en el corazón, le escuché decir a Victoria Santa Cruz en una plaza ayacuchana hace un poco más de dos décadas. En 1991, Rafo Raéz (su hijo) grabó un cassette junto a su a madre. Un retrato de los lugares donde ella caminó. Un homenaje a nuestra música. Invitó a colegas músicos, entre ellos a Daniel F, y tituló esa joya Los regalos del viento. Se encuentra facilito en youtube. La canción que dio nombre a esa grabación se ha convertido en un himno en la carrera musical del gran Rafo.

Los Grillos en Tacna con “Eva no estuvo aún en el paraíso” (1973)

Estela es una mujer inquieta. Pionera en discutir sobre igualdad de género y sobre el cuidado de los recursos naturales. Inmensamente patriota. Todas las edades convergen en ella. La vejez no la ha vencido y estoy seguro que no sucederá. Nos contó de su artritis: “Me gusta trabajar con mis manos, mucho más cuando supe de mi artritis, hago muñequitos con material reciclado: uso mis inhaladores como pies, cds como base, botellas de plástico para el cuerpo. Y así, con todo lo que encuentro y debería estar en la basura”. Lo pudimos corroborar cuando nos enseñó su colección. Ella es una domadora de males. Los acepta, los abraza, pero sobre todo, los pone a trabajar.

Otra vez confirmo la importancia del grupo de teatro Homero Teatro de Grillos que estrenó Eva no estuvo aún en el paraíso y Collage de Estela Luna entre el año 1973 y 1975. Textos que señalan con aguda crítica la prepotencia del consumismo y la figura oprimida de la mujer. Son cantos de libertad por donde se miren. La niñez es su principal (pre)ocupación como también lo observamos en la dramaturgia de Sara Joffré y Celeste Viale. La obra ¿Qué tierra heredarán los mansos? Plantea a viva voz su inquietante pregunta a fines de los años setenta.

Algo de su obra se esparció por todo el país gracias a la Muestra de Teatro Peruano. Sin embargo, el teatro del cambio de siglo casi le ha perdido el rastro. Es importante resaltar que, junto a la creación de la MTP en 1974, Los Grillos sacaron cuatro publicaciones de Teatro Peruano. Las tres primeras consignaron textos de autoras y autores peruanos: Sarina Helfgott, Estela Luna, Sara Joffré, Grégor Díaz y Juan Rivera Saavedra (Tomo I, 1975); César De María y Sara Joffré (Tomo II, 1978); Grégor Díaz y Luis Gómez Sánchez (Tomo III, 1978). El tomo IV fue impreso poco después del Encuentro Ayacucho 78 que organizó Cuatrotablas y contiene once testimonios sobre el teatro peruano de la época. Por otro lado, Estela sacó en stencil (la fotocopia de la época) cuatro textos de teatro para niños y niñas que ella misma vendía para dar de comer a sus tres hijos. Ella, como la mayoría de las maestras agremiadas, exigía mejores salarios y era castigada sistemáticamente sin sueldo por el gobierno. El teatro siempre salva la mesa. Según mi registro, Estela Luna publicó con Los Grillos en 1975 y luego con la ENSAD en 2010. Dos textos en 35 años. Y en un conteo rápido, sin incluir sus cuentos, tiene una veintena de textos dramáticos de gran relevancia. ¿Cuántos conocemos realmente?

Su vocación por la enseñanza no tuvo fronteras. Educó a sus tres hijos en libertad y luchó hasta el final. Ahora, su inmensa imaginación e inventiva le siguen regalando buen humor, pero jamás conformismo: “Un día llevé a mis alumnos del colegio a una exposición en Miraflores. Una mujer, señalando a los niños, dijo: ¡Parecen ladrones! Yo volteé y le dije: Usted y yo somos descendientes de ladrones, ellos son los dueños de esta tierra”.

Al mejor estilo brechtiano, Estela decidió terminar este encuentro con una canción Guaraní, como para distanciarnos y ver mejor nuestras cosas. Sí, también ama a Brecht. No era para menos.

“Una noche tibia nos conocimos
Junto al lago azul de Ypacaraí
Tú cantabas triste por el camino
Viejas melodías en guaraní
Y con el embrujo de tus canciones
Iba renaciendo tu amor en mí
Y en la noche hermosa de plenilunio
De tu blanca mano sentí el calor
Que con sus caricias me dio el amor”.

Stencil de Estela Luna

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Actor, dramaturgo y director de teatro. Desde hace 20 años dirige el colectivo EspacioLibreTeatro