La política asimétrica del teatro escaparate

La inclusión social ha pasado de ser un tema de sobremesa a convertirse en una lucha social de urgencia global. Sin embargo, y como suele pasar en los países del llamado tercer mundo, esta lucha suele ser usada como caballito de batalla para camuflar la verdadera intención neocolonialista de los que manejan la industria cultural. La intervención mediática construye un escaparate muy bien diseñado para que los consumidores sientan una “oportuna compasión” y se identifiquen rápidamente con estas propuestas que operan desde el arte. O sea, sentirse parte de una lucha de-la-que-no-tienen-idea. Pero ¿el arte no garantiza una buena práctica? Pienso que no. Fotos: Archivo Puckllay

Escribe: Diego La Hoz

El problema con el arte reside en que todavía no hemos sido capaces de definirlo. Incluso no podemos saber si existe eso que, para entendernos, hemos convenido en denominar “arte”. Por otro otro lado, lo que hemos conocido históricamente como movimientos artísticos, han estado siempre ligados a movimientos religiosos, políticos, económicos y hasta bélicos. Es decir, exaltaciones de algún tipo de poder terrenal o ultra terrenal. Los artistas de occidente no tomaron conciencia de su propia libertad creativa hasta la llegada del Romanticismo del Siglo XIX. Libertad que aún no hemos aprendido a manejar o que manipulamos con desparpajo para someter al semejante. Y es que la libertad en sí misma es paradójica: no somos libres, pero aspiramos a ella con toda el alma. Una vida entera, quizá.

Hace unos días pensaba, con evidente tristeza, en la denuncia pública que hiciera Anabelí Pajuelo, fundadora y directora de la Escuela de Arte y Comunidad Puckllay. Colega que conozco (y admiro) hace más de dos décadas. Ella, como yo, tenemos dificultades motrices en las extremidades inferiores. Muchas veces tenemos que dejar de hacer cosas o postergarlas o simplemente hacerlas con ayuda de personas a las que, por lo general, debemos pagarles de nuestro dinero porque de lo contrario no tendríamos trabajo. Cabe resaltar que este país no tiene políticas efectivas de apoyo al discapacitado. En nuestro país existen más de 1.5 millones de personas con discapacidad y en términos laborales nos encontramos aún muy lejos de ser un país inclusivo con este grupo de personas. Según la definición universal, una persona con discapacidad es aquella que tiene una o más deficiencias físicas, sensoriales, mentales o intelectuales de carácter permanente que, al interactuar con diversas barreras actitudinales y del entorno, no ejerza o pueda verse impedida en el ejercicio de sus derechos y su inclusión plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones que las demás.

Anabelí recibió una invitación de IDEA (International Drama/Theatre and Education Association) para un encuentro realizado en el Teatro La Plaza en Larco Mar de Miraflores. El evento se llamaba Construyendo puentes en favor, a través y por la educación teatral. Trabajo que, desde hace 15 años, viene realizando Puckllay. Sin duda, una gran oportunidad. Luego de sortear el tráfico limeño y la hostilidad de sus calles para una persona en silla de ruedas, ella y su acompañante fueron en busca de las rampas para llegar al ascensor del conocido centro comercial. Hay que acotar que el teatro queda varios pisos abajo del acantilado en el que está enclavado el modernísimo Larco Mar. Cuando llegaron al ascensor notaron que no funcionaba. Su acompañante buscó ayuda, pero no encontró a nadie que se la brinde. “De aquella generosa invitación solo quedó la buena voluntad, nada más” cuenta Anabelí. Para su sorpresa, La Plaza se pone en contacto con ella algunos días después para pedirle disculpas y ver el modo resarcir este impase. Ella aceptó sus disculpas y les propuso presentar en su teatro el trabajo de sus jóvenes. Obras que, por lo demás, tienen el rigor de años de ejercicio y el aval del Ministerio de Cultura al otorgarles un importante estímulo económico para realizar su Gira Nacional “Caminos” 2019.

La Plaza respondió lo siguiente: “Para lo que queda del 2019 y el 2020, nuestra sala ya está comprometida con nuestras temporadas, pero podríamos brindarles un espacio el día que descansamos, miércoles. Evitamos colocar proyectos ese día porque necesitamos que nuestro equipo descanse, pero al ser un caso como este podríamos hacer una excepción. Avísame si esto les sería atractivo y las necesidades del montaje”. Luego de conversarlo con su equipo, agradecieron la oportunidad y solicitaron agendar el miércoles 6 de noviembre. La respuesta no se hizo esperar. ¿Crees que se pueda realizar el siguiente año? La Plaza no tenía, según dijeron, ningún miércoles de este año disponible. O sea, lo mismo de siempre: pasa el tiempo y te olvidas.

Cito a Anabelí: “El tema en realidad es muy simple. Existe un discurso lamentable en el que se elaboran estrategias para ser políticamente correctos. Sin embargo, en esencia no existe realmente ni el cuidado, ni el respeto, ni los detalles para poder ser consecuentes con nuestro discurso. Yo habría preferido mil veces que estos señores no me contacten para hablar de un dolor que no sienten, para pedirme unas disculpas que no están dispuestos a dar de verdad o para hablar de inclusión cuando de esto en realidad les falta mucho. Digo esto porque luego generaron una situación mucho más grave que la ocasionada inicialmente. Y si ahora vuelven a escribir o intentar contactarnos, ni yo ni la Escuela Puckllay, estamos interesados en ser parte de sus estrategias de lavada de cara, ni discursos políticos falsos. Nosotros creemos profundamente en la consecuencia y en los valores que el teatro puede [aportar] en la formación de las personas, para que estas sean precisamente eso que nuestro país necesita. Buenas personas, claras, coherentes y, sobre todo, consecuentes. De esto lamentablemente La Plaza y su equipo han demostrado muy poco”.

He decido tomar este hecho como una radiografía de nuestra falta de compasión y empatía. Donde seguimos dándole poder al que oprime. Donde la cultura y su proceso de industrialización pretende seguir modelos ajenos a las minorías. O lo que es peor, usar a las minorías y poblaciones vulnerables para fines oportunistas, y perpetuar así políticas asimétricas que se alineen con el mandato vigente que propugna el vaciamiento cívico/cultural al que estamos acostumbrados desde 1990.

La Ley 29973 tiene la finalidad de establecer el marco legal para todo aquello relacionado a la vida y protección de derechos de una persona con discapacidad. Esto busca el buen desarrollo de la persona y una participación efectiva en la vida política, económica, social, cultural y tecnológica de nuestro país.

 

*Lima en Escena es un medio independiente e inclusivo abierto a los diversos puntos de vista de nuestros colaboradores a quienes respeta, sin embargo, no necesariamente coincide con las opiniones de los mismos. 

Actor, dramaturgo y director de teatro. Desde hace 20 años dirige el colectivo EspacioLibreTeatro