Kathy Serrano: “Tengo la necesidad de empoderar a las mujeres”

Húmedos, sucios y violentos (Estruendomudo, 2020) libro de la actriz, dramaturga, directora teatral y autora “no solo dialoga con las ficciones perturbadoras de Mónica Ojeda y Mariana Enríquez, sino con El proceso de Gilles de Rais de Bataille y El corazón de las tinieblas de Conrad”, señala acertadamente el escritor Fernando Iwasaki sobre la ópera prima de nuestra invitada de hoy. Fotos: Ricardo Sumalavia.

En el titulo Húmedos, sucios y violentos (Estruendomudo, 2020) de Kathy Serrano, el sexo como abuso y transgresión, la venganza como móvil del deseo, la lujuria como riesgo, la trampa del prejuicio, o la muerte como crimen y accidente son los ejes de este interesante libro. Estos son los hilos conductores de los sesenta y seis microrrelatos que aquí habitan, y que funcionan como tenues, sutiles focos que iluminan los rincones generalmente oscuros de la existencia. No faltan el humor o la ironía, que de algún modo aliviarán el escalofrío que habrá de recorrer al lector cuando se asome a una página cualquiera de este libro. No sorprenderá menos la breve obra de teatro incluida al final, cuyos móviles últimos son otros y, curiosamente, los mismos.

Al respecto, Lima en Escena charló con la autora.

-Kathy, algunos relatos de tu ópera prima me llevaron a temas crudos que mujeres, niñas, niños, viven en medio de la otra pandemia, la pandemia de la violencia de género. Tus historias nos hablan de violaciones a niñas, jóvenes…

-Muchas gracias por la lectura Rosana. Soy una madre primeriza y este libro es mi hijo o hija creativa. El tema de la violencia en contra de la mujer, niñas, niños, jóvenes, ancianos, o sea del género que fuere, a mí me golpea mucho. Me golpea y me hiere desde que tengo uso de razón. Desde niña, de una u otra manera, viví la violencia de género de cerca. Mi madre fue víctima de sus propias violencias. De la madre, de la pobreza, de la sociedad que le tocó, de su pareja, de la imposibilidad de seguir estudios superiores. Sin embargo, a ella le gustaba leer, estar informada. Por otro lado, uno de mis hermanos fue violento. Obviamente todos estos puntos hicieron de este un núcleo familiar disfuncional. Desde niña tengo una mirada crítica a los límites patriarcales de los cuales somos objeto las mujeres.

El concepto mismo de virginidad es absolutamente patriarcal. De niña, por ejemplo, antes te prohibían subir a la bicicleta porque podrías perder la virginidad. Lo mismo te decían con la práctica de la gimnasia. En general, la vida de todas las mujeres y de las que vi desde niña, estaban limitadas. Crecí en medio de esas limitaciones. Luché contra algunas y desterré otras. Cuando empecé a escribir microrrelatos, todos estos temas que me duelen, que me hieren, fueron surgiendo. Y, lógicamente, mi objetivo al escribir fue evitar lo panfletario. “Caperucita y los lobos”, por ejemplo, si bien no es un microrrelato, va en la línea de los otros textos. Me encanta este relato. Disfruté mucho escribiéndolo porque tengo una necesidad interior de empoderar a las mujeres, a mí misma, a las múltiples protagonistas, como la propia Caperucita, para que tengan la posibilidad de lograr lo que deseamos.

– Húmedos, sucios y violentos, destaca por sus originales atmósferas, pero sobre todo por la psicología de los personajes. Las víctimas, los victimarios.

Húmedos, sucios y violentos es el resultado de tres años de trabajo en la escritura. Tres años de exploración. Tres años de camino en la ficción. Escribo desde chica. No estudié literatura, pero sí actuación y dirección teatral. Estudié en Caracas con toda la pasión del mundo. Allí, en las clases de actuación, haciendo improvisaciones, en las clases de dramaturgia, empecé a explorar y acercarme a la construcción de personajes, de atmósferas, de historias. Siempre me gustó leer y contar historias. Posteriormente, en Rusia, mi vida estuvo en movimiento constante. Experiencias que te repletan de dolores y alegrías que van formando tu ser. Durante mi estancia en Rusia escribí poesía, seguramente muy mala, pero lo hacía motivada por una fuerte necesidad. Rusia es hermosa, pero tenía su lado triste. Por ejemplo, un invierno muy largo y frío. Otras cosas, como el arte, el teatro, los museos, me ponían muy alegre. Luego, desde que llegué a Perú en 1994, intenté continuar con la escritura. Escribí cuentos y otros textos, entre ellos cincuenta páginas de una posible novela sobre una señorita arequipeña muy mayor. Pero en el 2012 me robaron la laptop y allí se fueron todas esas historias. Recién hace tres años empecé a escribir con disciplina y dedicación un género al que pude en esos momentos conocer por su nombre y apellido: el microrrelato. Y me quedé enamorada de este género.

Todos estos microrrelatos son el resultado de ser mujer, migrante, extranjera, actriz, directora de teatro, gestora cultural, productora de una muestra permanente y de festivales de cortometrajes por muchos años. Visionar un sinnúmero de cortometrajes me hizo una enamorada de la brevedad. Cuando me inicié en la escritura del microrrelato, me apasioné por las estructuras, los juegos de lenguaje. Húmedos, sucios y violentos es, en suma, el compendio de mi propia libertad.

-En tus microrrelatos encontramos también una fuerte dosis de thriller cargados de humor negro…

-Es mi particular sentido del humor. Bromeo incluso conmigo misma en situaciones extremas; por ejemplo, cuando hablo de la muerte. La muerte es un tema que me acompaña desde pequeña. Vi morir a mi padre cuando tenía ocho años. Recuerdo que la noche que él falleció, salí de casa, me fui donde mi vecina, toqué la puerta y dije: “Mi papá ha muerto. ¿Puedo jugar con Charito?” Siempre exploro y juego con este tema. Me gusta imaginar que humanizo a la muerte. Que tengo chance de jugar de charlar con ella. De saber si le gusta su trabajo. Si tiene idea de las preguntas existenciales de la vida. Creo que mi humor es un mecanismo de defensa para ponerme a salvo en situaciones difíciles.

En tus historias todo se confabula para que la muerte se convierta en la protagonista…

-Pues sí… La muerte me atrae mucho. Es uno de los misterios de este mundo que más me interesa. De la tierra nadie sale vivo. Si la tuviéramos más presente disfrutaríamos más de la vida. La muerte nos llega desde todas sus formas. Sobre todo, me llama la atención los temas que nos hacen más vulnerables; aquellos que nos tumban los egos, las envidias, y nos muestra el lado oscuro de los seres humanos. Me interesa la muerte porque es lo único que me pertenece, lo único seguro. Por eso siempre me ha atraído el protagonismo de la muerte en todas las expresiones artísticas, como el cine, el teatro, la literatura, la pintura… el arte en general. Y pienso seguir observándola, explorándola, escribiéndola.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.