Julia Thays: “Nos hemos acostumbrado a la deshumanización”

Actriz, dramaturga y directora teatral nos habla de Jauría, puesta en escena de su autoría que este fin de semana culmina temporada. Dirige: Jesús Neyra. Participan: Gonzalo Molina, Gisela Ponce de León, Anaí Padilla, Dante del Águila, Marcos García-Tizón y Lucía Caravedo. Hasta el 9 de junio en el Auditorio de ICPNA Miraflores. ¡No se la pierdan!

Jauría nos acerca a la historia de un grupo de individuos que son puestos a prueba contra sí mismos a través de conflictos que desnudan sus carencias como colectivo, y de esa manera buscarán reencontrarse con su esencia. Ellos tienen que vivir en una sociedad que los empuja por distintos caminos y, poco a poco, los lleva al aislamiento, incluso de sus propias conciencias. Al respecto charlamos con Julia Thays, autora de la citada pieza teatral. Foto de la autora: Álvaro Benalcazar.

-Julia, Jauría va más allá de la reflexión sobre la formación canónica, si se quiere, del individuo a lo largo de su periodo vital y formativo: la niñez. Háblanos sobre la necesidad de abordar estos temas…

-La crianza que recibimos durante la primera infancia es ciertamente una pauta poderosa que se imprime en nuestro fuero interno y en nuestro cuerpo. Nos da nuestro primer sentido de conciencia de la colectividad. Crecer en un entorno temeroso, arbitrario, cálido, sobreprotector o tierno -sea cual fuere el caso- nos determinará en nuestras relaciones adultas y en la percepción de la realidad que nos circunda. Somos absolutamente capaces de tomar conciencia de las tinturas que hemos adquirido con nuestra crianza a través de nuestra familia. Sin embargo, hacer el viaje de evolución o resolución de las taras que se nos deja es un reto mayor que implica una pequeña muerte de nuestros egos, de nuestros afectos, de las ideas fijas de las que nos asimos para poder también persistir en un mundo muchas veces hostil. Finalmente, emprendido el camino de la autoconciencia, creo que el fin será la evolución de nuestro ser. Por ello, junto a Jesús Neyra, desde el inicio tuvimos una motivación muy profunda de explorar por este lado del aspecto humano tan determinante.

-A lo largo de la obra cada intérprete pone en el tapete asuntos no saldados con la familia, con la sociedad. ¿Cómo observas a las familias de hoy? ¿A nuestra actual sociedad?

-Muchas veces sentimos desesperanza porque la convivencia en una sociedad con tantas fracturas como la nuestra, en donde el racismo, el elitismo, el machismo, el clasismo, la homofobia, la gordofobia están atravesando nuestros comportamientos desde hace siglos, nos da una visión lúgubre. Sin embargo, es súper importante el sostener esas escisiones para acercarnos. Aspiramos a que nuestras diversidades nos enseñen a respetarnos. Donde una familia sea capaz de tener un sentido de escucha y contención con todos sus miembros, más aún con aquellos que rompen los moldes que se esperan sean ejercidos. Tenemos esperanza de las nuevas generaciones, definitivamente. Nuestro instinto de supervivencia nos lleva a eso.

-Me gustó la manera como cada actor se desnuda y vuelca en el escenario sus “grandes” conflictos. ¿Este desnudarse, hablar de manera crítica, es un guiño al psicoanálisis?

-Definitivamente el psicoanálisis es una influencia muy presente en mi obra actual. El viaje a la semilla, el retorno, el encontrar las claves desde nuestro pasado para vitalizar y abrazar nuestro presente es la vía actual desde la que enfoco mi mundo interno y salud mental. Hago psicoanálisis desde hace dos años y encuentro lógico que haya un ventarrón de esta forma de abordaje de la psiquis y el ser. Aunque debo admitir que no está ahí a propósito, de seguro, se nos vierte la vida en la ficción.

-¿Vivimos en jauría?

– Definitivamente sí, no puede ser que nuestras sociedades se hayan organizado a partir del caos; de la agresividad, de la lucha de poderes y las capacidades adquisitivas y sociales que discriminan a quienes no pueden ser parte de estas competencias. Nos hemos acostumbrado a la deshumanización. Hemos normalizado la agresividad y la invasión del otro. El ser rebelde en sociedades como las nuestras implica el desenvolverse con empatía, con escucha y con respeto a los espacios personales de los otros.

-Finalmente. La actuación es una labor que la desarrollas en paralelo con la escritura dramatúrgica. ¿Nos podrías contar qué proyectos vienen tanto en la actuación como en el tema de la dramaturgia? ¿En qué montajes participarás y qué obras estrenarás?

-Desde este martes 11 de junio retorno a mi papel de Sully, una mujer muda que guarda una gran sabiduría clave para desanudar las historias de otros personajes, en la obra “Años Luz” escrita por Federico Abril y dirigida por Ernesto Barraza en el Teatro de Lucía. Estamos los martes y miércoles. También estreno el 11 de julio como directora la obra “Azul y Celeste” en Microteatro Lima, dentro de la temporada “Por los que tuvieron que partir”, que tiene como eje temático la migración.

Asimismo, asumí un papel en cine que pronto grabaré. En paralelo estoy escribiendo el guión cinematográfico de una obra mía. Tengo muchas expectativas de actuar en nuevos proyectos audiovisuales y teatrales. Usar y explorar mucho más mi capacidad de cantar. Y de por fin, terminar de escribir mi nueva obra que combina elementos de realismo psicológico con un mundo onírico.