Hablemos de Fiction Lab. Cuentos experimentales. Season 1

Los autores Ricardo Sumalavia y Kathy Serrano gestores de La isla / Escuela Escritura Creativa acaban de publicar Fiction Lab. Cuentos experimentales. Season 1, título con los relatos de Mitzar Brown A., Manuel Terrones, Cecilia Rechkemmer, Guillermo Pacheco, Rocío Meza Suárez y Andrea Jara Hernando, quienes en este especial nos hablan sobre esta experiencia. Fotos: Difusión

¿Qué es La isla / Escuela Escritura Creativa? Es un espacio creativo, lúdico y reflexivo en el que podrás aprender a escribir tus cuentos, microrrelatos, novela, memorias…En suma, son Talleres y Laboratorios de escritura creativa en formato virtual y presencial dirigidos por los destacados autores Kathy Serrano y Ricardo Sumalavia.

Justamente, fruto de su reciente taller publicaron Fiction Lab. Cuentos experimentales. Season 1. Primera edición de La Isla en la Serie Exploradores que cuenta con la participación de los talleristas Mitzar Brown A., Manuel Terrones, Cecilia Rechkemmer, Guillermo Pacheco, Rocío Meza Suárez y Andrea Jara Hernando, quienes en compañía de Kathy Serrano y Ricardo Sumalavia nos comentan sobre todo este proceso de trabajo con la escritura.

Kathy Serrano

Fiction lab / Cuentos experimentales / Season 1 representa el final de un proceso y el inicio de otro mucho más largo. Los cuentos que cada uno de los autores y de las autoras presentan en el libro surgen a partir de diversas y múltiples premisas, arrancadores, impulsos, ejercicios que sesión a sesión de laboratorio les fueron empujando a descubrir mundos, lenguajes, géneros, espacios diversos. Entonces, para mí, Fiction Lab representa el final de una parte del camino, esa parte en la que cada autor y cada autora está dando un primer paso y está atreviéndose a mostrar su voz, a mostrar sus historias, sus personajes a un lector y, por otro lado, representa el posible inicio de la segunda parte del camino que será el que transiten hacia su primer libro en solitario. Algo invaluable para mí es el proceso creativo y cada una de sus etapas. Una cosa fue atravesar el laboratorio y contar con la participación libre y creativa de cada uno, y otra diferente y retadora, fue la etapa de producción del libro: la lectura y selección de los textos, el proceso de corrección y primeras revisiones, ser testigo y participe de su encuentro por primera vez con el trabajo de edición y corrección de texto a cargo de una profesional de la talla de Anahí Barrionuevo, el trabajo final entre ellos, Ricardo y yo, y luego llevar todo este cúmulo de cuentos para que calzara con un diseño creado por un grupo tan profesional y creativo como El Pasto Verde Records y, cuando ya todo estaba listo, la emoción de ingresar el libro a imprenta. En ese sentido, Fiction Lab representa este proceso inicial o iniciático de estas nuevas voces peruanas en la literatura. Me siento orgullosa, feliz, contenta, plena por haber vivido todo este proceso creativo junto a Ricardo Sumalavia y a Mitzar, Manuel, Cecilia, Guillermo, Rocío y Andrea. Por mi parte puedo decir: misión cumplida.

Ricardo Sumalavia

Cuando tienes el libro Fiction Lab entre manos te preguntas ¿Cómo llegamos a este punto? Y pienso en los talleres y laboratorios de La Isla. En este espacio creado entre Kathy y yo. Aquí hemos tratado de que nuestros talleristas dispongan de espacios que conjuguen teoría, práctica, experimentación, estimulación creativa, entre otros. Aquí todo es posible y todo es creación. Claro, esta pasión que Kathy y yo tratamos de trasmitir de pronto se materializa en cuentos y microrrelatos en potencia. Y luego viene el trabajo, igual de apasionante, que es la revisión, el arte del pulimento. Esta etapa también es muy creativa y te permite desarrollar una visión de conjunto. Es así como Mitzar, Andrea, Rocío, Cecilia, Guillermo y Manuel han ido configurando sus universos narrativos y alcanzar una voz personal. Y ahora toca disfrutar sus escritos.

Mitzar Brown A.

Lo fundamental, para mí, en este proceso, ha sido descubrir a las musas modernas. Así las llamo desde que, en los talleres de Kathy y de Ricardo, conocí diversos tipos de arrancadores: visuales, auditivos, emotivos, entre otros, que cumplieron la función de despertar nuestros sentidos en pos de la creación. La idea tradicional y romántica de la musa inspiradora y el escritor con la punta del lápiz sobre la hoja en blanco desparece para dar lugar al encanto y la diversión de escribir, sin mordaza, al ritmo y en el momento que uno escoja. Todo esto ha ido de la mano con el conocimiento o refuerzo de conceptos llevados a la práctica para la elección de nuestros narradores, tipos de diálogos, tiempos del relato, etc., en busca de contribuir a la verosimilitud de estos seis mundos que al ser tan distintos entre sí nos muestran que la creación literaria no tiene parámetros ni límites.

Manuel Terrones


Si bien la escritura es un acto solitario, los textos de Fiction Lab nacieron desde ejercicios colectivos. En este punto es importante la orientación brindada en el laboratorio ya que nos ayudó a canalizar nuestras ideas a través de consignas que sirvieron como disparadores para las historias. Las consignas, por supuesto, terminaron impregnándose de las propias experiencias o motivaciones durante el proceso creativo. Así, por ejemplo, “Polvo de estrellas”, el segmento de microrrelatos de mi autoría terminó siendo un conjunto de inquietudes y perspectivas personales traducidas a ficción. Al leer el libro ya impreso, pude reconocer en los demás trabajos algunos de los disparadores iniciales del laboratorio. Cada uno de estos se abrió paso a muchas posibilidades que terminaron, a su vez, dando forma a los seis universos que integran el libro. Esto me resultó fascinante, ya que pude observar cómo cada escritora y escritor enriquece, con su propia mirada, temáticas y situaciones reconocibles.

Cecilia Rechkemmer

Sensorialidad. Atender las imágenes. Creerles. Seguir la pista. Mundos paralelos. Juego. Libertad. Dar forma. Descubrimiento. Son algunas de las palabras que vienen a mi cuando recuerdo mi proceso de escritura en los talleres. Algo que valoro mucho en todo proceso creativo es la conexión con nuestros sentidos para encontrar una ruta auténtica desde donde expresar eso que clama desde algún lugar por salir. Es como si esos personajes o situaciones estuvieran escondidos esperando colarse a esta realidad. Yo no sabía qué iba a salir, pero les abrí una rendija. Hice caso a ese estímulo, imagen, recuerdo inicial y dejé que me guiara. Es en el camino de dar forma que fui descubriendo eso que necesitaban revelar. Fueron cruciales la libertad y la motivación que recibimos en los talleres, para imaginar, explorar y crear sin prejuicios. Y fue muy divertido. Estoy feliz con el resultado final, con el haber creado en solitario y también juntos, con tener a esos seres fantásticos aquí, en las páginas del libro, en este mundo, para seguirnos hablando y seguir imaginando.

Guillermo Pacheco

Considero que las consignas brindadas en el taller fueron un elemento clave para la creación de estas historias. En mi caso, si bien los temas giran en torno a fantasmas y situaciones diarias que colindan también con la ironía y en ocasiones con lo perverso, he podido construir los relatos a partir de experiencias, anécdotas y situaciones inventadas en el momento debido a la misma dinámica del taller: escribir en el instante -a partir de la consigna- y con la mente abierta, totalmente libre de prejuicios. Por otro lado, los comentarios de Kathy y Ricardo, durante las sesiones, así como los realizados por quienes comparten este conjunto de cuentos fueron de gran ayuda para terminar de configurar los microrrelatos que conforman Rutinas y fantasmas. El resultado para mí ha sido increíble. No solo por el texto en sí y su edición; sino porque en el proceso, además de intercambiar ideas y experiencias con Mitzar, Andrea, Cecilia, Rocío y Manuel, descubres que realmente las posibilidades son infinitas al momento de crear una historia. Siento que he aprendido mucho de ellos.

Rocío Meza

El proceso está muy ligado a los talleres que he llevado con Ricardo y con Kathy. Los talleres me han dado el espacio y las herramientas teóricas y prácticas para sacar lo que llevo dentro, aquello que me preocupa, conmueve, obsesiona, apasiona. En esa atmósfera creativa, empecé escribiendo básicamente sobre los aspectos de mi vida que aún no podía resolver, que me eran una carga emocional y que implicaban una toma de decisión que no llegaba. Ateniéndome a las leyes de la ficción, volqué todo eso en el papel y con paciencia y más paciencia, fue tomando forma de cuentos. Pero luego, cuando esos temas parecían estar saciados, me aventuré a ampliar la mirada, a experimentar también con otras formas y otros fondos. De ese intento han salido estos cuentos, por ello mi sección en el libro se llama Cambalache, porque quería escribir de temas diversos, y no limitarme a una problemática específica demasiado centrada en mí. Esa libertad en la propuesta fue acogida por La Isla, y ahora está plasmada en este libro maravilloso. Aun así, siento que, al menos por ahora, me es más fácil escribir cuando existe un fuerte componente de algo que yo haya vivido, sentido, visto, o imaginado. Por ahora es la mejor manera en la que puedo intentar conectar con esa voz propia, tan buscada por los escritores, que quiero que salga por fin. Ese proceso, como dije, implica paciencia y tiempo. Pero es un proceso maravilloso. Creo que me faltan palabras que describan exactamente lo que Kathy y Ricardo me han ofrecido en sus talleres. Quizá sea libertad la palabra que más se acerca. Les estoy muy agradecida. Y estoy feliz, realmente feliz por esta publicación.

Andrea Jara

Mi proceso de escritura no necesariamente parte de la experiencia propia, más sí de la empatía y el sentimiento compartido frente a situaciones que pueden ser o no similares a las vividas, pero que despiertan emociones equivalentes en intensidad. Por eso, explorar desde la primera persona me parece tan interesante, porque me da la posibilidad de meterme bajo la piel de los personajes, trasladar mis propias emociones a otros planos y vivirlas como ellas o ellos durante el tiempo que me tome contar sus historias. Los talleres me permitieron (y siguen permitiéndome) sacar esas voces que todos llevamos dentro, pero que a veces no sabemos cómo encarnar. A través de diversos ejercicios y, muchas veces a manera de juego, pude encontrar las herramientas y plataformas desde las cuales narrar estas breves historias mías, suyas, y nuestras con total libertad. Tener la oportunidad de compartir este espacio de creación con otras voces, que no son seis sino miles, ha sido tan mágico como verlas finalmente plasmadas en el papel.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.