El consentimiento

En “El Consentimiento” (Lumen, 2020), Vanessa Springora (Francia, 1972) relata y analiza su precoz relación con un escritor 36 años mayor que ella. Su valiente testimonio muestra cómo el tiempo le dio la perspectiva necesaria para tener un juicio claro sobre ese vínculo, entender y asumir su situación de víctima y para decidir exponerlo todo públicamente. Este libro provocó revuelo con su publicación en 2020, pues a pesar del evidente carácter malsano de la relación, muy pocos en la élite cultural en la que se movían los protagonistas, se atrevieron a cuestionarla, o al premiado escritor perpetrador del abuso.

Springora evoca los sentimientos de temor y abandono y la necesidad afectiva que siendo ella niña generó su padre, violento y distante. Analiza su comportamiento y el de las personas cercanas a ella. En su relato descubre el espiral de perdición al que la condujo su depredador: reconociendo su vulnerabilidad, arrebatándole su identidad, convirtiéndola en objeto para su satisfacción sexual y su producción literaria. Y lo hizo todo calculando que generaba en ella sentimientos de culpa y vergüenza que la mantenían totalmente aislada de otras personas.

Una vez más, la manifestación escrita pone en perspectiva y dilucida los hechos:

– “Un padre ausente que ha dejado un vacío insondable en mi vida. Una gran afición por la lectura. Cierta precocidad sexual. Y sobre todo un enorme deseo que me miren.
Ahora se cumplen todas las condiciones.”

-“¿Por qué una adolescente de catorce años no podría amar a un hombre treinta años mayor que ella? Cien veces había dado vueltas mentalmente a esta pregunta. Sin darme cuenta de que estaba mal planteada, desde el principio. Lo que había que cuestionar no era mi atracción, sino la suya.”

– “La vulnerabilidad es preciamente ese ínfimo resquicio por el que perfiles psicológicos como el de G. pueden introducirse. Es el elemento que convierte el concepto de consentimiento en tangencial.”

La excusa de la producción literaria cubrió con un velo el juicio de quienes pudieron pronunciarse. Aún las leyes francesas dejaron dudas al débil cuestionamiento de unos cuantos. ¿Era importante saber si una niña de 13 años consintió? ¿Es válido el consentimiento a esa edad? ¿La literatura, el arte en general, están fuera de juicio moral? Una vez más, un libro permite polemizar sobre hechos cuestionables. Y a su autora, esperamos, liberarse, procesar, curarse.

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