Ana Peluffo/Francesca Denegri sobre las cartas de Clorinda Matto a Ricardo Palma

Además de destacadas académicas y escritoras latinoamericanas, Ana Peluffo (Argentina) y Francesca Denegri (Perú) son autoras del título Su afectísima discípula, Clorinda Matto de Turner. Cartas a Ricardo Palma, 1883-1897, recientemente publicado por el Fondo Editorial PUCP. Fotos: Lima en Escena

Las cartas que en este libro se presentan constituyen un valioso material de archivo que contribuirá, sin duda, a reconstruir la historia del Perú posbélico y a repensar las estrategias discursivas que Clorinda Matto de Turner utilizó para tejer redes a distancia con Ricardo Palma y otras figuras clave de la cultura latinoamericana de su tiempo. Este epistolario editado y anotado ofrece la oportunidad de cartografiar el campo intelectual peruano en los que Matto buscó posicionarse como agente reconocida por sus pares a pesar de la carga negativa que representaba su género sexual.

Queda claro que en esta activa búsqueda de legitimidad que emprendió Matto a través de su correspondencia con Palma es que tan importante como posicionarse entre los agentes intelectuales de prestigio fue buscar su visibilización entre los más poderosos del campo social. Las editoras Francesca Denegri y Ana Peluffo han incluido exhaustivamente notas a pie de página que aportan información necesaria para entender la compleja articulación entre los campos social, intelectual y político que operaban en la región. Al respecto, Lima en escena charló en línea con ambas personalidades.

– Dado que el título Epistolario general de Ricardo Palma excluyó completamente la correspondencia entre el, Matto de Turner y otras escritoras de la época, ¿qué implica publicar estas 31 cartas en pleno Siglo XXI y qué aportes nos ofrecen en lo histórico, lo social, lo político y lo amical?

-Ana Peluffo. La transcripción que hicimos de las cartas viene a llenar un hueco importante en la bibliografía de Matto y nos permite leer su obra desde un nuevo lugar que es el de la intimidad epistolar. A pesar de que la correspondencia es un género menor en el que las mujeres siempre se destacaron desde la época de Sor Juana Inés de la Cruz y su conocida Respuesta a Sor Filotea, la crítica del siglo XX ha construido un archivo epistolar patriarcal -cito aquí a Mónica Szurmuk- en el que las redes de amistad y los diálogos epistolares a distancia son predominantemente masculinos. En este sentido, que Palma se corresponda con amigas o colegas mujeres es, para la época, bastante atípico. Nos interesaba leer este epistolario, no desde una perspectiva historiográfica, es decir pensando las cartas como documentos de acceso a la referencialidad de la historia con mayúsculas, sino en clave feminista y desde los aportes de la crítica cultural.

Francesca Denegri. La publicación de este conjunto de cartas de Matto a Palma es síntoma del creciente interés académico y editorial por la historia de las mujeres, que responde a su vez al interés público post #niunamenos por indagar en quiénes somos y en las razones por las que el Perú sigue siendo uno de los lugares más letales para las mujeres. Las cartas personales representan espacios confidenciales donde el sujeto epistolar tiene la libertad de compartir deseos, temores y rabias que no manifestaría en público por las represalias posibles, lo que ofrece una oportunidad valiosa para el estudio de las subjetividades. Cuando quien escribe es una mujer, esa confidencialidad adquiere dimensiones mayores, justamente por la desigualdad de género que dicta lo que una mujer puede o no decir, sentir y pensar. Ojalá esta publicación traiga de cola la publicación de nuevos epistolarios de autoría femenina, como lo están haciendo en España, Argentina y México. Sabemos por ejemplo que en la “Correspondencia personal de Ricardo Palma (1880 – 1919)”, custodiada por la BNP, hay una larga lista de cartas de mujeres peruanas, entre ellas, de Lastenia Larriva, Mercedes Cabello, Amalia Puga y Zoila Aurora Cáceres.

-A través de sus cartas, Clorinda Matto de Turner nos ofrece un paneo de inquietudes literarias, periodísticas, políticas, pero también expone a una Clorinda sumida en la precariedad económica, laboral…El despojo, el desamparo. “comprendo lo que es la suerte de una mujer en el Perú”, señala crudamente en la misiva que abre el libro la correspondencia. ¿Qué efectos causaba esta suerte de confesión al amigo, al maestro?

-Ana Peluffo. Creo que hay varias Clorindas que circulan por este epistolario y que ella usa las diferentes poses -amiga, autora, colega y potencial rival- de manera bastante estratégica. Se podría decir que su feminismo en las cartas es un sentimiento que todavía no ha sido etiquetado por el lenguaje. Por otra parte, a partir de la cita que mencionaste surge el dilema de cómo pensar su política de género en términos afectivos. Por ejemplo, hace poco en Estados Unidos, la congresista Alexandra Ocasio-Cortez puso en evidencia a un político republicano que invocaba a su hija para probar que no era misógino. Matto usa la hija de Palma como una herramienta de acercamiento al maestro que le sirve para publicitar sus ideas sobre la igualdad de género. Es un argumento tal vez radical para la época, sobre todo porque Matto habla allí del colectivo mujer como un grupo discriminado, pero altamente problemático en el presente.

-Francesca Denegri. A pesar de las fórmulas de cortesía femenina que Clorinda respeta en su correspondencia con Palma, en esta se configura como una mujer que está pasando pellejería y media para sobrevivir: acaba de enviudar y no tiene capital de ningún tipo, ni económico ni simbólico ni social. Además, es migrante provinciana en Arequipa primero, en Lima y Buenos Aires después, y viaja sola. El tema de la plata es recurrente, yo diría que es uno de los hilos conductores más importantes de las cartas, porque a pesar de su talento y compromiso, le resulta muy difícil conseguir trabajo. De ahí viene lo de ahora “sé lo que es ser mujer en el Perú”. No sabremos qué impacto tuvo esa confesión en Palma, lo cierto es que no tenemos sus cartas de respuesta a Matto, y no las tenemos porque el patrimonio de una mujer intelectual no tiene en el imaginario nacional el mismo valor que el de un hombre, entonces no se le cuida, y si se pierde qué importa. Por eso hemos perdido el patrimonio material de Clorinda y de la primera generación de ilustradas en el Perú. ¿Dónde estarán sus libros, sus cartas, sus objetos? Lo de Palma está muy bien custodiado, lo de Matto en cambio se ha desperdigado y perdido.

-Más allá de buscar la admiración y la lectura de sus trabajos literarios, periodísticos o de sus propias cartas. ¿Qué obtiene Clorinda Matto con esta correspondencia?

-Ana Peluffo. Lo que Matto está tratando de hacer desde el espacio de la correspondencia es redefinir su lugar en el campo cultural de su tiempo. En el siglo XIX hay redes intelectuales hegemónicas y periféricas de bordes porosos y con zonas de contacto entre sí. Matto se mueve en varios de estos entramados, pero tiene un rol más protagónico en las redes femeninas y andinas que se nuclean alrededor de las veladas literarias o de los periódicos que dirige. La amistad con Palma le permite expandir los límites sexo-genéricos de su red y conquistar nuevos espacios para su yo. En varias de las cartas, Matto le pide a Palma que interceda a su favor, no solo para conseguir trabajos o favores, sino también, para suplicarle que lleve ciertos escritores a las tertulias, que luego van a reseñar o escribir sobre su rol como salonnière.

-Francesca Denegri. Creo que buscar la amistad epistolar con alguien admirado y querido habrá sido para Matto una manera de no sentirse tan sola. Pero creo también que era una manera de acercarse al poder. Es impresionante cómo a pesar de los portazos que recibió en su ardua búsqueda de trabajo, nunca tiró la toalla, al revés, seguía su búsqueda con más fuerza ampliando el círculo de sus corresponsales, yendo cada vez más arriba en la pirámide, hasta llegar a Cáceres cuando era presidente, a Lizardo Montero, a Narciso Campero, presidente de Bolivia, a José Félix Benito Uriburu  de la Argentina. Iba hasta las autoridades más altas sin amedrentarse. Tenía agencia a borbotones.

Ana Peluffo y Francesca Denegri

Foto:Rosana LópezCubas

-La relación jerárquica entre maestro y discípula, este tejido amical de admiración, ¿rindió sus frutos?

-Ana Peluffo. Usamos el término “discípula” de manera irónica porque es un término subalternizante que Matto está tratando de subvertir a lo largo de toda la correspondencia. Declararse “discípula” de Palma halaga la vanidad del maestro y al mismo tiempo le da cierta libertad para construirse identidades más peligrosas. El prólogo que Matto le pide para sus Tradiciones Cuzqueñas y que Palma escribió, obviamente a desgano, es un arma de doble filo en la que Palma hace visible su desconfianza, más que su admiración, con respecto a la escritura de Matto. Cuando Matto llega a Buenos Aires usa el aura del nombre de Palma para introducirse en diversos círculos sociales que son por un lado la comunidad de exiliados peruanos en la capital porteña y por otro, personajes políticos de renombre como la esposa del presidente José Félix Benito Uriburu, que le consigue una de las cátedras de enseñanza que le garantizan la autonomía económica que ha estado ansiando por tanto tiempo.

-Francesca Denegri. En un sentido sí. Por ejemplo, cuando enfrentó las acusaciones y las amenazas fiscales y eclesiásticas por la publicación de “Magdala” en 1891, pocos la defendieron. Fue al revés, hicieron leña del árbol caído, excepto Palma y Rossel que se opusieron en el Congreso a una moción para debilitarla aún más. También hay que decir que el prólogo a la primera edición de sus Tradiciones cusqueñas, aunque tibio, significó el inicio de su legitimidad en el campo intelectual. Es como si hoy Vargas Llosa avalara la publicación de una joven escritora cusqueña desconocida en Lima. Sabemos que más allá de su indudable talento y pasión por la literatura, Matto ambicionaba alcanzar el estatus de profesional de las letras, es decir, aspiraba naturalmente a ganarse la vida con su arte. Y el respaldo de Palma era esencial, siendo ella mujer, provinciana y sola, para las ventas de sus libros. Ella lo sabía perfectamente bien, por eso no dudó en insistir una y otra vez, y otra y otra, hasta que por fin después de un año, Palma le mandó el prólogo a Arequipa, que no decía gran cosa, pero que era suficiente viniendo de quién venía.

-Finalmente y para no agotarlas. Para una persona que ha leído las obras, artículos periodísticos, fragmentos de su vida, es descabellado pensar que Clorinda fue una mujer de éxito, “una empresaria lanera astuta y privilegiada” … ¿Qué opinan al respecto?

-Ana Peluffo. No me parece descabellado lo que dices. Si pensamos la figura de Clorinda Matto desde una perspectiva interseccional podemos ver que la preocupación por la sororidad interracial está muy presente en Aves sin nido y en las tradiciones, que son textos políticos y de denuncia, pero no tanto en las veladas donde lxs asistentes están bastante unificadxs en términos de raza y clase. También ese interés en la situación de las mujeres indias va desapareciendo en Buenos Aires donde su feminismo se vuelve más militante pero menos diverso. En Lágrimas Andinas sugerí una lectura de ese tipo cuando argumenté que Matto se apropiaba de la voz del indio para ampliar las fronteras de su propia subjetividad, es decir para construirse una subjetividad política en una cultura misógina que les negaba acceso a las mujeres a ciertos debates. Al mismo tiempo, creo que es muy importante historizar sus propuestas para no olvidar que Clorinda, a quien la cultura bautizó despectivamente como CLOR-INDIA, tuvo que pagar un precio muy alto por ese indigenismo sentimental que hoy nos parece tan problemático.

-Francesca Denegri. Empresaria astuta y privilegiada no creo que haya sido, aunque el mismo Abelardo Gamarra, su gran amigo, fuera el primero en difundir ese mito en una semblanza que escribió sobre ella en la que la representaba como una yankee muy trabajadora y hábil, sentada en su escritorio, en Tinta, haciendo las cuentas de su negocio molinero. Esa imagen es la que nos llega hasta finales del siglo pasado. Hoy sabemos que ese trabajo en Tinta no era para hacerse rica sino para salvarse de la bancarrota en la que la dejó su marido, situación que la obligó a vender su casa, sus muebles y su piano, para luego irse a Arequipa en la pobreza. Entonces no había cumplido los treinta años, y lo que en adelante buscó fue ganarse la vida con sus escritos, o en todo caso, como maestra, pero no como comerciante. También es cierto que fue propietaria de una imprenta, pero me parece que fundó La Equitativa con fines políticos en los que se articulaban sus proyectos caceristas y feministas, más que con fines comerciales. El hecho es que murió sola y dejando algunos pocos bienes que dan cuenta de una vida modesta que nada tiene que ver con lo que se asocia con el estilo de empresaria exitosa y privilegiada.

Sobre las editoras

Francesca Denegri es profesora principal del Departamento de Humanidades de la PUCP, directora de la maestría y del doctorado en Literatura Hispanoamericana de la misma universidad, y coordinadora de RIEL-Perú XIX. Hasta 2002 fue profesora del Departamento de Estudios Latinoamericanos de University College London, Universidad de Londres, y en 2013 fue profesora visitante del Departamento de Portugués y Español en UCLA. Ha publicado Ni amar ni odiar con firmeza. Cultura y emociones en el Perú posbélico (1885-1925) (2019), El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú (1996 y 2018), Soy señora. Testimonio de Irene Jara (2000) y, como editora, junto a Alexandra Hibbett, Dando cuenta. Estudios sobre el testimonio de la violencia política en el Perú 1980-2000 (2016), además de artículos sobre género, literatura, memoria, violencia, entre otros temas.

Ana Peluffo, PhD. por New York University, es profesora de literatura y cultura latinoamericanas en la Universidad de Davis, California. Es autora de En clave emocional, cultura y afecto en América Latina (2016); Lágrimas andinas: sentimentalismo, caridad y virtud republicana en Clorinda Matto de Turner (2005); y editora de Pensar el siglo XIX: nuevas miradas y lecturas (2012). Junto con Ignacio Sánchez-Prado es coeditora de Entre hombres: masculinidades del siglo XIX en América Latina (2010). Su afectísima discípula, Clorinda Matto de Turner. Cartas a Ricardo Palma, 1883-1897 con Claudio Maíz ha coeditado el dossier «Afectos, redes, epistolarios» de la revista Landa (2018). Ha publicado, asimismo, diversos artículos académicos en volúmenes colectivos y revistas especializadas de América Latina, Europa y Estados Unidos.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.