Olivia Arévalo. ¿Por qué lloramos sobre la leche derramada?

Hace unas semanas Olivia Arévalo, la última sabia indígena de la etnia Shipibo Konibo fue cruelmente asesinada. La Organización Regional de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana en Ucayali (ORAU) señala que la anciana no era una activista contra la tala ilegal, era la cultura viva del pueblo Shipibo. Gráfica: Álvaro Portales.

Con sus conocimientos de medicina tradicional shipiba, artesanía antigua y sus cantos ancestrales íkaros era un símbolo vivo de la cultura amazónica, lejana y extraña para gran parte de la sociedad urbana de este país. Más reconocida y venerada fuera de los límites de Perú, su deceso y el rebote mediático internacional me hace pensar en lo poco que como sociedad nos interesamos por conocer y mantener nuestro legado cultural.A fines de abril, en el portal Mongabay Latam, la ministra de cultura Patricia Balbuena indicó que en las próximas semanas se debería promulgar la estrategia de protección y conocimientos tradicionales para tener un registro de las sabias y sabios indígenas y lo que representan: cultura viva y la preservación de nuestra herencia. Me pregunto si no será ya muy tarde, al ritmo que estas comunidades están siendo abatidas por diversos factores: abandono del estado, pobreza, narcotráfico, actividades económicas ilegales, entre otros.

Sabemos que la Amazonía peruana enfrenta muchos retos para preservar sus riquezas, materiales e inmateriales, pero estoy convencida que más allá de la lentitud del Estado para resolver problemas estructurales, a cada uno de nosotros nos corresponde desde nuestra posición, promover y cultivar el legado de nuestros antepasados: somos un país de diversas etnias, cosmovisiones y un sin fin expresiones artísticas que merecen ser preservadas a fin que como nación no perdamos nuestra identidad.

Es así que en Lima en Escena estamos decididas a difundir y dar visibilidad a las expresiones culturales de nuestro país, rescatando la esencia de cada región o comunidad que día a día enfrenta los retos de no encontrar espacios para mostrar al mundo lo que hace y lo que representa. El arte y herencia de Olivia, y así de otros tantos sabios, artistas, actores, escritores debe tener exposición y relevancia en la educación de nuestros hijos. Son importantes los homenajes póstumos, alivian las conciencias, pero desde mi punto de vista no resuelven la situación crítica que viven las poblaciones más allá de la Costa urbana, si no van acompañados de acción.

Olivia, meraya shipiba descansa en paz.

Romina Paredes

Profesional de Marketing Management. Experta en planificación estratégica, marketing digital y comunicaciones integradas de marketing. Es Gerente de Mercadeo Regional de Cisco Systems para la región (América Central, el Caribe, Perú, Ecuador, Venezuela y Bolivia). Dirige Lima en Escena.