Justicia Poética

Conocí a Magda Portal en 1984, en la inauguración de la biblioteca Flora Tristán a la que decidimos bautizar con su nombre. Era una forma de rendir tributo a la emblemática poeta y novelista a quien reconocíamos como una pionera de la lucha por los derechos políticos de la mujer en el Perú. Recuerdo que me impresionó su mirada inteligente y su sonrisa cómplice. Parecía estar muy contenta con nosotras, compartiendo el vino y sus recuerdos. Magda había nacido con el siglo XX y su larga vida había destacado tanto en el ámbito político como en el literario.

Con medio siglo de diferencia entre su generación y la nuestra, los avances en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, habían sido importantes —como ella misma admitía— pero muy lejos de llegar a la equidad. Ciertamente, hasta hace poco e incluso todavía hoy, en algunos espacios, las mujeres éramos consideradas como menores de edad. Desde los inicios de mi vida profesional, recuerdo a mis colegas varones soltando frases como “eso no lo hace una mujer”, “qué mal se te vio tomando en el bar”, “con quién has dejado a tus hijos”, todas estas, claramente normativas. Sin embargo, la frase más escuchada por las mujeres cuando nos reuníamos en algún lugar público —siempre proveniente de un solitario representante del género masculino— era la siguiente: “qué hacen tan solitas…”. La respuesta que siempre tenía en los labios y no la pronunciaba por temor o autocensura era: “¿Solitas? Si el que está solo eres tú.”

Sin embargo, nos quedábamos calladas hasta que el exponente masculino se retiraba. En ese momento, lo comentábamos entre nosotras, nos burlábamos del desubicado y lo considerábamos un impertinente. Pero lo cierto es que no nos atrevíamos a enfrentarlo. Hoy las libertades se expanden como consecuencia de un proceso largo y matizado por los triunfos y las derrotas de las generaciones que nos antecedieron.

Ahora, imagínense a Magda Portal, en los años 20, poeta, en plena lucha política por el socialismo y la única mujer en un partido en formación, rodeada de hombres que no tenían la menor intención de luchar por el voto a las mujeres, ni cuestionar las injusticias contra ellas y menos aún, reconocer el gran aporte de ella a los derechos ciudadanos. Y sin embargo, Magda, discriminada a pesar de su capacidad de líder y de su gran inteligencia, supo defender hasta el final su autonomía y los derechos de las mujeres.

En *La vida que yo viví… la autobiografía de Magda Portal, que ha publicado la Casa de la Literatura en una bella edición facsimilar, hay un párrafo que me ha parecido medular, pues ilumina con especial claridad esta tensión permanente de las mujeres por vivir en libertad y lo difícil que resulta cuando esta hermosa palabra tiene un significado particular según el género. Esta tensión entre libertad y represión que lleva de la censura social a la autocensura define en mucho la situación de las mujeres, especialmente la de las artistas y dentro de ellas la de las escritoras, pues compromete seriamente su creatividad.

“Soy un ser apasionado y vehemente y por mucho que la poesía fuera parte de mí misma, decidí atender la invitación de Haya y una tarde, en un paseo campestre, llevé los originales de mi primer libro ‘Ánima Absorta’ que viajaba conmigo, y sin muchos aspavientos, lo destruí hoja por hoja, arrojando sus despojos al río de rápida corriente, a cuya vera habíamos pasado la tarde. Recuerdo cómo navegaron las quebradas hojas y se perdieron río abajo, mientras los amigos me miraban extrañado y sorprendidos.” (p.78) Esta confesión en sus memorias es importante porque marca el inicio de su entrega a la vida política y su renuncia a la literatura, en aras de formar un partido. Muy pronto vendrían la represión, el exilio, la cárcel y las amenazas de muerte de parte de los enemigos políticos.

Magda Portal militó en el APRA desde el año 1928 a 1948, cuando las mujeres todavía no tenían el derecho al voto. Luego de este período, en 1957 publicaría su novela La trampa, en la que critica con crudeza al partido que ayudó a construir. A pesar de sus cualidades, esta novela se mantuvo cuasi clandestina por la censura aprista, y su segunda edición recién aparece 25 años después, 1982. Ambas ediciones con distribución restringida.

Irónicamente, en la Casa de la literatura, inaugurada por el aprista Alan García, en su segundo período como presidente del Perú, se ha hecho un justo reconocimiento a esta escritora y política notable, quien fuera considerada enemiga del partido aprista. No solo se han publicado sus memorias, también hay un espacio de homenaje para ella, donde se pueden ver las dos ediciones de su novela, fotos de su actividad política y una cronología de una vida dedicada a la política. A esto se llama justicia poética, que llega impecable para una mujer que fue ejemplo de lucha por los derechos de las mujeres y los pobres.

*La vida que yo viví… Autobiografía de Magda Portal. Ed. Casa de la Literatura. Lima, octubre 2017

Es escritora, periodista, filósofa y activista feminista. Especializada en temas de género e interculturalidad. En 1984 publicó su primer libro de cuentos titulado Desde el exilio, el que fue reeditado en una versión aumentada en 1988 bajo el nombre Desde el exilio y otros cuentos.