José Carlos Agüero: “Lima, no es la Lima de Ribeyro”

Lima en Escena charla con el Premio Nacional de Literatura 2018 y autor del libro “Persona”, que este viernes 21 se presenta en la Feria del Libro de Los Olivos

En “Persona” (FCE Perú, 2017), el último título del autor, se evidencia una meditación descarnada sobre la convención de que el yo nos permite sobrevivir al horror, sobre el modo en que negamos colectivamente una cuestión cruel: que no lograremos conservarnos como sujetos para fundar una historia o una experiencia que pueda ser transmitida o heredada. En este título, “el cuerpo, el cuerpo mínimo para ser cuerpo, no resiste. Es destruido sistemáticamente. No tiene orden natural, extensión ni permanencia”. Los sujetos se deshacen, mientras nosotros “no reconocemos la necrópolis que compartimos”.

Cabe destacar que el pasado 5 de setiembre José Carlos Agüero, presentó “Persona” en la Librería Gonzalo Rojas del FCE Chile. En noviembre regresará a Santiago de Chile para participar en la Feria Internacional del Libro de Santiago/FILSA 2018. Asimismo, el Museo de la Memoria y Derechos Humanos de Chile tiene prevista en su programación la presencia del autor para compartir temas de memoria y experiencias con la audiencia chilena. El 08 de noviembre en los espacios de la FILSA, FCE ha coordinado la presentación de “Persona” con la participación del autor y comentarios de la académica peruana Lucero de Vivanco y la investigadora chilena Tamara Vidaurrazaga.

Precisamente sobre “Persona”, en las siguientes líneas le ofrecemos una charla con el autor y Premio Nacional de Literatura 2018.

-José Carlos, Persona, es un libro infinito y va más allá del tema de la memoria. Permíteme centrar nuestra charla en los objetos, personajes, libros, películas que pueblan o habitan en tu libro, y que los asocio a la cultura popular, a nuestro día a día.

-Estos personajes o objetos a los cuales te refieres ocupan un lugar que consolidan asuntos de la vida cotidiana, de la vida en común, de la memoria. Son disciplinas que se subestiman. Se minimizan los hábitos de nuestras costumbres habituales y a todo aquello que nos forma a través de los años. Minimizan nuestra mirada sobre las cosas sencillas. Mi mirada no sólo se formó de la academia, de la historia, de la memoria o la violencia, sino de las cosas que advertimos en nuestro entorno y que también habitan en todos los lugares del mundo. Nuestro cotidiano está poblado de personajes populares los cuales tienen una categoría importante que al tejer con categorías de la academia se relacionan y como resultado final tiene mucha potencia.

– Crecimos con el manual de Carreño y los libros de Mafalda, a quienes citas al inicio de Persona.

-Sí… Antes cito a César Vallejo. Carreño y Mafalda vienen después. Estas citas dan la clave del tono que tendrá el libro. Para abordar asuntos graves no necesariamente se hace de manera solemne. La solemnidad sobra cuando vas a hablar de cosas serias. Me refiero a la solemnidad como decorado.

-De otro lado, La buena tierra de Pearl S. Buck, es un libro significativo para ti. Lo percibo en la lectura de Persona. Háblanos de este vínculo.

-Este libro es importante porque lo asocio con hechos que me impactaron mucho. Este título, en efecto, forma parte de mi historia familiar. Mi mamá me lo regaló. Lo leímos juntos hasta que físicamente se malogró. De tanto leerlo se deshojó y se dañó. Más allá de este deterioro, de la significativa historia, y de lo que representa para mi, nunca dejé de pensar en la suerte de los personajes, principalmente en la de O-Lan, la mujer.

– ¿Por qué te impactó O-Lan?

– Por ese infeliz destino. Nació esclava, servía a un latifundista chino, era fea y despreciada. Solo aspiraba a casarse con un hombre pobre. Ella sabía y fue consciente de toda esa desdicha. Vivió en medio de la miseria y el duro trabajo al lado de Wang Lung, su esposo. Eso es lo que me duele. Su familia creció económicamente y pensé que su destino podría ser diferente. Ellos sobrevivieron a la sequía, migraron y regresaron a la tierra que perdieron y recuperaron. La trabajaron duro y la familia pasa de ser pobre a ser de clase media alta. Ella es el cerebro, el eje de esa prosperidad. En medio de un régimen ingobernable ella mantiene sosegada y unida a su familia. Sin embargo por una y otra razón Wang Lung la empieza a maltratar…

– ¿Te conmueve O-Lan por la naturaleza del personaje?

-Porque no pudo escapar de su destino. La vida de ella es impactante. Siento vergüenza ajena por todo lo que le pasó. Me parece inaceptable.

– ¿La separación de Wang Lung?

-Wang Lung, no era un tipo malo. Él tenía una cantidad de cualidades. Era un buen padre, por ejemplo. Él se da cuenta que la trata mal y no lo puede evitar porque desea otras cosas. Desea ascender socialmente, desea olvidar que alguna vez fue pobre. En ese proceso desea a otra mujer y desea cambiar. O-Lan ya no le sirve más y la tiene que dejar. El se siente culpable pero no lo puede evitar. Ella lo encara y se lo dice. En este pasaje de la historia sentí vergüenza. Sentí como si fuera Wang Lung. Me sentí en esa situación…

 

– El capítulo Mapas abre con un poema de Fabio Morabito. ¿Te es familiar su escritura?

-He leído a Fabio Morabito tardíamente gracias a las recomendaciones de Felipe Aburto y Gabriela Olivo de Alba. El nos visitó en la penúltima FIL de Lima y me regalaron uno de sus libros. Leí además otros poemas suyos y encontré vasos comunicantes con lo que escribía en poesía. Sentí familiaridad con su poética y el texto que escogí para Persona me pareció inteligente. Me gusta la poesía que te ayuda a reflexionar.

– Los mapas que pueblan este capítulo tienen un lazo concreto con tu biografía.

-En mapas se observa una serie de circuitos, de hitos, de marcas sobre territorios que pertenecen a mi vida de niño y adolescente. Caminos que le atañen más a mis padres. Soy un personaje que los acompaña alrededor de la ciudad. Ellos se movilizaron mucho como se puede apreciar en los mapas. Algunos de esos lugares dejaron de ser parte de mi circuito habitual.

– ¿San Martín de Porres, Condevilla, también?

-No. Todo lo contrario. Viajo seguido por San Martín de Porres, El Agustino, Villa María del Triunfo. Todos los distritos cambiaron. En este barrio en particular todo cambió. No sé si para bien o para mal. Imagino que para bien ¿no? La Avenida Perú es otro mundo ahora. Alguien debería escribir algo espectacular sobre la Avenida Perú o sobre la Avenida José Granda. Todo ese cruce, toda esa parte de la rivera del Callao para acá, el borde con Morales Duárez, es una zona extraña.

– ¿Extraña? ¿Por qué?

-Porque es criolla. No es tan antigua. La habitan migrantes afincados en la década del 60 y los 70. Ahora es próspera. San Martín de Porres cambió, se desarrolló, creció increíblemente, pero también se empobreció, se deterioró físicamente. Tú la ves y no es como Los Olivos o Comas, que más allá de su vida superficial observas progreso. En San Martín de Porres hay decadencia. La Avenida Perú fue un eje importante para nosotros. Te conectaba con Lima a través de Zarumilla, Pocitos, lugares en donde todo es precario y la pobreza aún se observa claramente.

-Lima no es precisamente Barranco, Miraflores o San Isidro. ¿No?

– ¡No! Sin duda. Cuando hablamos de Lima automáticamente pensamos en una Lima que sólo está en nuestra cabeza y no hacemos referencia a la conexión con la enorme diversidad que es nuestra ciudad. Lima, es un satélite y está fragmentada en Lima Norte, Lima Sur, Lima Este y Lima Oeste, en fin. La Lima que tenemos en la cabeza es la de los libros de Ribeyro. Lima, no es la Lima de Ribeyro.

– Quentin Tarantino se filtró en Persona. ¿Tiene que ver con la carga de violencia en sus películas?

-Podría ser. El libro es un esfuerzo por rechazar la representación de la violencia y el fracaso. Tarantino justamente no tiene problemas con estos temas. El lo asume y lo celebra porque es parte de su ser. Quentin se formó de la mano de la cultura pop razón por la que su cine tiene tanta vitalidad. Es auténtico.

– El cine de Tarantino al igual que Persona, tu libro, es infinito y lo podemos reflexionar desde varias aristas.

-Es un tipo inteligente. Es consumidor del cine negro, del arte pop, es un icono del cine de los años 80 en adelante. Él lo sabe, lo dice, es consciente y no se hace problemas. El no quiere fingir razón por la que sus películas lo dicen todo. Quentin Tarantino me gusta precisamente por eso y porque también recurre al humor.

– Un humor corrosivo…

-Un humor violento, rompedor, es ácido. Recuerdo una escena de Reservoir Dogs. Una en donde Michael Madsen se queda solo con un policía. El se pone a escuchar música mientras empieza a torturar al policía. En esta acción hace unos movimientos en donde puedes apreciar claramente el goce, él está gozando mientras tortura al policía. Va y viene. En este ir y venir le corta una oreja, regresa y le corta la otra, lo va mutilando. Tarantino combina música y violencia con maestría. Hace uso de ambos elementos como una ilustración. En Kill Bill, por ejemplo, le cortan a alguien el brazo que sale disparado y la sangre salpicando por todos lados, el liquido rojo sale volando también. Esta escena al igual que la primera tiene también un fondo musical ¡Una locura!

-Hablas de goce, de cómo estas escenas de violencia brutal, acompañadas de una banda sonora especial, va de la mano del goce también…

-Tarantino mueve algo en nosotros referido al goce. A mí me gusta pensar en el tipo de relación que él establece con nosotros, con sus seguidores, con el público que ve sus películas. El nos coloca en una situación extraña. Sonreír y disfrutar del sadismo, de las masacres que se ven en sus películas, es algo extraño, ¿no?

-Me interesa ahondar en una breve cita. Es sobre El Pozolero. Una pequeña frase cuyo fondo también está asociado a matanzas brutales. En este caso hablas de un personaje mexicano.

-Sí. La mención a la célebre frase del Chapulín Colorado es un guiño. El personaje a quien me refiero es astuto, es un vulgar personaje mexicano, un pobre diablo: el Pozolero, un albañil que se dedicó a disolver cuerpos humanos con sosa cáustica. Mató a unos 300 ciudadanos los cuales estaban desaparecidos. Este trabajo lo realizó para algunos cárteles de la droga que se disputan el control de sus negocios en Juárez. Estás matanzas suceden en todos lados y todos los días. Un tipo ordinario llega a un lugar y hace un montón de cosas corrientes. Sólo el hecho de disolver personas con ácido lo saca de su habitual rutina y lo hace a la perfección. La perfección es vulgar y su astucia es nada.

-Las fotografías de tus padres. Una toma se convierte en dos, sin embargo, la de la cantante es claramente significativa, poderosa.

-Sí, es la foto de mis padres. Es un pretexto para pensar en todas las habilidades que uno tiene para no acabar aniquilado. Quiero decir: “pudiste evitarlo” aunque al final del libro lo que sugiero es que hay cosas que no se pueden evitar. Es el destino. El destino de muchas personas…

-Te comenté al inicio de nuestra charla que Persona nos ofrece una serie de pistas que tienen que ver con la música, la literatura… ¿Consideras que estás disciplinas son elementos importantes en tu libro?

– ¡Claro que sí! Todo el libro está atravesado por un sin número de claves culturales, musicales, literarias, cinematográficas y académicas. Están puestas así sin llamar la atención porque creo que así debe ser. Es lo normal y lo usual. Comparto mí vínculo con estas disciplinas sin pretensiones. Son cosas que habitan en tu mundo. Para mí la música es fundamental. Nada está puesto al azar.

– Casi al final de Persona en donde hablas de las mujeres violentadas encuentro un vínculo con todo este tema de feminicidios que azotan nuestro país actualmente.

-Más allá de los hechos específicos, de los agravios a estas mujeres que también fueron víctimas de la violencia de género lo que siento es profundamente demoledor. Este tema es la matriz y la estructura de nuestra sociedad. Una estructura cuyo origen es el patriarcado. Toda esa matriz es machista y se reproduce a partir de la desigualdad de género en situaciones de conflicto. El cuerpo de la mujer se convierte en un territorio de guerra lo cual produce violencia sexual masiva y atroz.

-Durante el período de la guerra interna las mujeres de las diversas comunidades campesinas fueron violentadas igualmente.

-Durante el período de la violencia interna hemos tenido comunidades campesinas que fueron arrasadas sexualmente. Hasta el momento no se ha escrito sobre las miles de mujeres que fueron violadas, violentadas sexualmente en todas estas comunidades en donde operaban bases militares o cuarteles.

– ¿Por qué crees que no se escribe al respecto?

-Es una historia difícil de contar. Es una parte de nuestra historia que todavía está allí por develar adecuadamente.

-El rol de las mujeres en nuestra sociedad esta ligada a la violencia de género. En los ochentas fueron víctimas de la guerra interna y ahora de sus esposos, compañeros, acosadores, delincuentes, quienes las matan, las queman.

-La patria es nacionalista y militar, la patria es también macha. Una patria así seguirá existiendo y seguirá matando, torturando, golpeando y agrediendo a las mujeres. Nuestra sociedad construye hombres que asumen roles machistas, patriarcales. El resultado final: son violentos, maltratan, pegan y hasta asesinan a sus compañeras. Los hombres en nuestro país son construidos de una manera muy desgraciada.

-Para terminar. El final de Persona me parece demoledor…

-El libro acaba de manera pesimista porque lo que indagué en los capítulos anteriores son rastros, piezas, para ir fingiendo que los cuerpos se pueden recuperar, la memoria se puede rearmar, la vida se puede recontar… Conforme iba terminando el libro asumía que todos estos elementos constituyen una especie de consuelo porque el cuerpo no está más, se fue…

Sobre el autor

José Carlos Agüero (Lima, 1975) Historiador, poeta y escritor. Investigador en temas de violencia política y memoria histórica, y activista de derechos humanos. Realizó trabajo de campo en zonas rurales de Ayacucho para la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Ha publicado Los rendidos. Sobre el don de perdonar (IEP, 2015), el poemario Enemigo (Intermezzo tropical, 2016), y el conjunto de relatos Cuentos heridos (Lumen, 2017), entre otras obras relaciona- das con desaparecidos, violencia política y educación pública en el Perú. José Carlos Agüero es hijo de padres senderistas ejecutados extrajudicialmente en el Perú.

Periodista y fotógrafa. Siguió la carrera de Comunicación Social y Periodismo Económico. Laboró en los diarios La Voz, Síntesis, Gestión y en la revistas Oiga. Desde el 2010 labora en Lima en Escena.